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Los libros de autoayuda contra la clase obrera | 2 MINUTICOS

Los libros de autoayuda o de superación personal ofrecen soluciones particulares a problemas colectivos. Anulan la capacidad organizativa de la sociedad civil. Lo explico de forma amena en este vídeo:

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Mundos Divididos: “Yo también he sentido cadenas, cosa que ahora no permito”

Detrás de Mundos Divididos hay una “persona que siente y no sabe cómo explicarlo, por lo que tiene que escribirlo”, concretamente una alfarrasinense de veinticuatro años que hace tres dejó a un lado sus presuntas inseguridades para contarle al mundo, a través de Youtube, que lo suyo era escribir.

A la edad de ocho ganó un concurso de poesía, pero no lo supo hasta hace unos días, que descubrió que su necesidad de transmitir su realidad mediante la escritura venía de lejos. Su mundo no está dividido, o sí, no lo sabe, pero lo que da nombre a su obra es el origen a pachas de un canal confeccionado entre dos amigas que finalmente decidieron tomar caminos separados en el mundo literario.

Tiene 55.913 suscriptores en Youtube, 20.312 seguidores en Facebook y más de 200.000 visitas en su blog. ¿Dónde está la clave? Según ella, en la escritura simple. “Si tengo que poner en mis vídeos que estoy hecha una mierda, pongo que estoy hecha una mierda”. La poesía no es para ella, “no he escrito ni la voy a escribir nunca”. Además, afirma, “si escribiera poesía tal vez la gente no se sentiría tan identificada”.

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Imagen cedida por Mundos Divididos

Mundos Divididos es tangible desde hace ya 3 años. ¿Has notado algún tipo de evolución tanto en la calidad como en la variedad temática de tus textos?

Yo quería quitar el primer vídeo, porque es como intentado imitar la voz de Mónica Gae, no soy yo, y con el tiempo me di cuenta de que si quería hacer algo mío tenía que ser yo. Finalmente no lo he eliminado porque refleja mi evolución.

Con respecto a la calidad de los textos, yo escribo lo que siento. Mi ventaja o mi inconveniente es que escribo lo que me da la gana, no pienso en si queda bien o mal.

Poco más de un año después de empezar a hacer vídeos publicaste tu primer libro. ¿Qué sentiste cuando hiciste la presentación en tu propio pueblo?

Fue el último sitio en el que hice la presentación, porque no quería. Fui a Valencia y a otros sitios a recitar y no me importaba, pero en mi pueblo no quería porque me conoce todo el mundo y suponía dar a conocer una parte de mí que yo, en ese momento, no quería que la gente conociera. Fue el alcalde el que me animó a hacerla y fue medio obligada. Al final me gustó mucho, pero reconozco que me costó mucho decir que era yo la que estaba haciendo eso.

¿Tus cercanos te apoyaron desde el principio? ¿Sentiste que alguien comenzaba a hacerlo una vez empezaste a tener éxito?

Yo tenía el libro hecho, pero sin terminar, y lo publiqué gracias a que un amigo me insistió en que lo terminara. Y tengo la suerte de que siempre he notado apoyo tanto de mis padres, que, aunque en un principio me negué, hicieron una inversión previa en ello, como del resto de gente cercana a mí. Hay gente del pueblo con la que, a lo mejor, no me llevo bien y luego me ven y me dicen que les gusta mucho lo que hago, pero pienso que ya no. Esa gente no me importa. Yo soy muy mía, yo y mi gente. Lo que pueda pensar el resto ahora mismo me da igual.

¿En algún momento te has planteado publicar con una editorial?

De momento no, porque es verdad que haciéndolo yo es mucho más trabajo pero es lo que yo quiero. Nadie me puede decir que no ponga un texto o no diga tal cosa. En mi libro hay una página en blanco que pone “en los libros, como en la vida, hay gente que no te aporta nada y tienes que pasar página”. A lo mejor una editorial no me permitiría dejar una página en blanco. Yo hago lo que me da la gana. Autopublicar te da muchísima libertad.

De momento así me ha ido bien, la gente que ha querido comprar ha podido hacerlo porque se puede comprar por internet a nivel mundial. Hay editoriales que solo distribuyen en España. Yo tengo más seguidores en México que en España, aunque suene raro. Lo que me interesaba, entre otras cosas, de la autopublicación era que llegase allí.

¿Da Youtube y la venta de libros para vivir?

Depende. El primer mes que publicas el libro te da para vivir tres meses. Pero el libro es como todo, cuando lo sacas lo compra todo el mundo, y luego la gente que ya lo ha comprado, lógicamente, no va a volver a hacerlo. Algo que me ha sorprendido es que se siguen vendiendo libros, porque cada vez hay más gente en el canal y al descubrir que tengo un libro publicado deciden comprarlo. No es lo mismo que el primer mes, pero sigo vendiendo libros. Ahora, solo con Youtube o solo con los libros no te da para vivir. Si lo juntas, dependiedo de la gente que vea los vídeos y demás, hay meses que sí y meses que no.

“A veces escribo lo que me hubiera gustado que alguien me dijera cuando estaba mal”

Además de publicar, también pusiste voz a la intro del último disco de Forraje, que se grabó en DVD como último concierto de la última gira del grupo en Madrid. ¿Cómo surgió la oportunidad?

Yo había hecho una versión de una canción de Forraje y se ve que Lülu, el ahora excantante de Forraje, la vio y le gustó, y cuando fueron a sacar el último disco me habló para ver si quería hacer la intro de “Quince duchas de agua helada”. Yo era seguidora de ese grupo y me dio mucho vértigo. Pensé en no hacerlo, pero hablando con mi gente, que me animó, terminé grabándolo, y en el concierto de Madrid, en la Sala Caracol, lo pusieron y quedó grabado en el dvd de Forraje.

Normalmente escribes en primera persona, pero, ¿eres tú la que siente, ama, odia, llora, vive en tus textos?

Depende. La mayoría de cosas sí las escribo sobre algo que he sentido yo, aunque seguramente no en el momento. La gente dice que cuando se está mal es cuando mejor se escribe, pero yo, cuando estoy mal, lloro, no escribo. Entonces, si he estado mal en el pasado, escribo hoy lo que sentía en ese momento.

Algo que antes siempre hacía era escribir triste, porque le gusta a la gente y a mí me saca muchas espinas. Ahora si escribo triste siempre tiene un final de superación. Muchas veces lo que escribo es lo que me hubiera gustado que alguien me dijera cuando estaba mal. “No dejes que te pisen”, “si te está doliendo no te está queriendo bien…”, etc. Hay gente de 14 años que me habla y veo que está confundida con lo que es el amor y me pongo nerviosa de ver las relaciones que tienen con esa edad. Y eso que yo también las he tenido, yo también he estado presa en una relación y también he sentido cadenas, cosa que ahora no permito.

Entonces, hay veces que alguien me cuenta una historia y escribo sobre ello, pero la mayor parte de mis textos son cosas que he vivido yo.

¿Lees para escribir? ¿Qué te hace coger papel y boli cada día?

Leo muchísimo. Elvira Sastre, por ejemplo, me inspira mucho para escribir. Hay frases suyas a partir de las cuales puedo sacar un texto. Pero no, normalmente a lo mejor estoy en la cama y digo “me tengo que levantar a escribir”. Otras veces es al contrario, me pongo delante del ordenador y me pongo a escribir y si me sale algo bien y si no nada. Entonces, sí que leo mucho, pero porque me gusta. Sí es verdad que leo a gente que hace lo mismo que yo, prosa poética, porque me ayuda de alguna forma a escribir.

Tus textos suelen ser sobre amor, ya sean positivos o negativos, pero también tienes algunos más reivindicativos o de crítica social. ¿Por qué no escribes más de ese tipo?

Porque es más fácil escribir sobre el amor o el desamor. Tampoco quiero que mi canal se convierta en un canal de política. Quiero escribir en cada momento lo que yo sienta, lo que a mí me mueva. Si hay un día que me apetece escribir sobre que una mujer tiene el mismo derecho que un hombre, por ejemplo, lo escribo, pero la mayoría de veces me sale más sobre amor o desamor.

Al tener tantos seguidores y ser tan constante en la publicación de vídeos, ¿alguna vez te has sentido obligada a escribir?

Sí. Y no me gusta. Yo, de 5 vídeos que subo a la semana, a lo mejor realmente he sentido escribir tres. Yo tengo una ventaja y es que puedo ser, entre comillas, una máquina de escribir. Ahora me das un ordenador y te escribo un texto, de lo que sea. Pero no lo siento. Muchas veces lo he hecho y la gente no lo nota, porque le gusta, pero yo sí lo noto y la gente que me conoce sabe que ciertos textos no los he escrito porque me haya apetecido o lo haya necesitado.

Y no me gusta. Yo escribo porque quiero gritar cosas y no quiero que sea una obligación. Me he propuesto que, si no me apetece escribir, no voy a hacerlo. Porque la gente no lo nota pero yo me fuerzo y si me fuerzo no me gusta el resultado de lo que hago. Y si no me gusta a mí…

¿Cómo se vive el hecho de que haya gente que comente tus textos diciéndote que le ayudas o que se siente identificada con lo que transmites? ¿Sientes responsabilidad?

Nunca me lo he tomado como una responsabilidad. Me acuerdo de una chica, que fue la que más me marcó, que me dijo que llevaba un año y medio en una relación sufriendo maltrato psicológico y físico y que en uno de los vídeos se dijo a sí misma: “tengo que salir de aquí”. Me dijo que gracias a eso había salido de ahí. Que una chica te diga que gracias a ti se ha ido del lado de una persona que la está maltratando… Yo no sabía ni dónde meterme. No es una responsabilidad, pero cada vez que alguien te dice algo así te marca.

“A mí, el texto en el que más visitas tengo, no me gusta”

¿Guardas recuerdo de algo extraño o sorprendente que te haya pasado con algún seguidor?

Hubo una ocasión en que lo pasé fatal. Me habló una chica y me dijo que su prima había muerto de cáncer con 18 años y que ambas eran seguidoras mías. Quería leer algo mío en el entierro y me pidió que escribiese algo para ello. Sentía que no podía decir que no pero no sabía qué decir. Las palabras que yo podía decir no iban a ser suficientes. Lo pasé mal para escribir eso. Se lo envié a la chica, pero ahí sí noté cierta responsabilidad.

¿Hay algún texto que a priori no creyeras excesivamente bueno y luego resultara gustar mucho? ¿Y al revés?

El texto de “Hoy te he vuelto a recordar”, que es el que más visitas tiene (540.673), a mí no me gusta. Y no sé qué le pasa a la gente con ese texto, que despuntó, tiene el doble de visitas que el resto. Para mí es un texto que está bien pero no es de mis favoritos ni de lejos.

El de “Unos tanto y otros tan rotos”, por ejemplo, es un texto que me gusta muchísimo, que me parce que es un texto que hay que escuchar y solo tiene 6.400. Y hay otros que a lo mejor he escrito por obligación, como decía antes, y tienen 30.000. No suelo estar de acuerdo con la gente. (risas) Hay un texto que me parece precioso, “Sin motivos y a la vez por mil razones”, que creo es el que más visitas merece pero no es triste y la gente no lo escucha tanto.

Respondiendo a preguntas cortas…

  • Una canción que te salve la vida: Por verte sonreír, de La Fuga.
  • Una canción que nadie se esperaría que te guste: Se nos rompió el amor, de Rocío Jurado.
  • Tu texto propio favorito: Por todas tus heridas
  • Un lugar para amar: El lugar es quien tienes al lado, no un sitio concreto.
  • El lugar más extraño en el que hayas escrito un texto: En el festival ViñaRock a las 6 de la mañana.
  • Un libro que te haya cambiado/impactado: El sexo de la risa, de Irene X.
  • Un/a poeta que te sorprendiera: Iago de la Campa

¿Qué te sugieren estas palabras?

  • Amistad: Confianza
  • Cerveza: Amigos
  • Familia: Todo
  • Música: Vida
  • Valencia: Hogar
  • Madrid: “Ella es Madrid”
  • Poesía: Música

Si le preguntas sobre su futuro, Mundo Divididos responderá que no quiere verse de aquí a diez años, sino que prefiere “vivir el día a día”. Y sí, se aproxima a las estanterías de todos sus seguidores el segundo libro, pero hasta sobre ello se resiste a adelantar información. Ahora prefiere brindar “por estar viva”.

|Co-autora: Ainhoa Canales |

 

Mario Marzo: “No hay nada como salir para abrir la mente, e invito a todo el mundo a que lo haga”

Cinco años después del final de Los Protegidos, Mario Marzo vive inmerso en sus estudios musicales y en su canal de Youtube en Berlín. En un hueco entre los múltiples proyectos audiovisuales que está desarrollando, el actor y pianista madrileño hace un recorrido por su trayectoria profesional y relata las ventajas e inconvenientes que experimenta un joven de veintiún años que decide buscar su independencia económica a 1.870 kilómetros de casa.

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Mario Marzo frente al piano / Foto: Álex Domarco

Se te conoce, principalmente, por tu participación en la serie televisiva Los Protegidos, pero en la actualidad te dedicas a otras cosas. ¿Quién es Mario? ¿Cómo definirías tu vida profesional? ¿Cómo te presentas ante el mundo?

Es una pregunta bastante difícil. Yo llevo trece años tocando el piano, es lo que más he hecho en mi vida, seguramente, junto a comer y dormir. Entonces, se podría decir que soy pianista, que soy músico. Aunque, realmente, el dinero que gano no viene, para nada, del piano, porque soy músico clásico, no estoy en un grupo de rock-pop en el que pueda ganar dinero por conciertos o festivales. También he trabajado como actor y ahora mismo estoy dirigiendo mi primer documental. Eso es lo más serio que podría decir. (risas)

Tienes veintiún años y vives en Berlín de manera independiente. Hay quienes dirían que tal vez eres un poco joven para haberte lanzado así hacia el abismo de la vida adulta. ¿En qué momento decides dar ese paso y emprender proyectos diferentes fuera de las fronteras españolas?

Yo con quince años, cuando empecé a trabajar en Los Protegidos, estaba convencido de que iba a salir de mi casa a los 18 años, porque no aguantaba a mi madre, no aguantaba a mi padre, no aguantaba nada. Después, cuando llegué a los 18 años, se me pasó la tontería y vi la realidad. Me di cuenta de que no quería salir de casa, no por motivos económicos, sino porque los pensamientos que había tenido eran fruto de la adolescencia y vi que estaba muy bien en casa.

A los veinte años me concedieron una beca Erasmus en el conservatorio y vine a Berlín, porque conocía a un profesor con el que estaba muy interesado en trabajar. Después de un año trabajando con él, vi que estaba muy a gusto, que había mejorado mucho, que estaba aprendiendo y que me encontraba muy cómodo, de manera que decidí hacer pruebas en el conservatorio y entré. Esa ha sido la razón por la que me he ido a vivir al extranjero.

Tuve la posibilidad, gracias al Erasmus, de probar lo que era vivir solo lejos de casa, en un país en el extranjero. Dentro de que no fue una experiencia fácil, mereció la pena y, sobre todo, aprendí muchísimo. Aprendí cosas que no creo que hubiera sido capaz de aprender en Madrid. Gracias a eso me mojé los labios con la miel, me gustó y por eso ahora vivo solo.

En los últimos años, cientos de miles de jóvenes se han visto obligados a salir fuera de España para encontrar trabajo o, sencillamente, poder dedicarse a lo que querían. Por lo que cuentas, no es tu caso. ¿No es que no tuvieras un hueco en España sino que tenías otras aspiraciones?

El planteamiento cultural por parte del Gobierno de España es muy malo. Casi nulo, me atrevería a decir. No quiero comparar la cultura con la economía, pero no veo que haya un planteamiento cultural similar (con vistas al futuro), unas bases ni unas ganas de hacer crecer la cultura. Y hablo desde el sector más beneficiado, que es la música y la actuación. Si fuese escultor, pintor o escritor estaría, hablando rápido y mal, comiéndome los mocos.

Yo no me fui de España porque no tuviese oportunidades, sino porque quería estudiar, pero quizá no veo que tuviese esas limitaciones porque mis dos padres trabajan. No somos ricos, ni mucho menos, pero me puedo pagar la matrícula. Pero es cierto que, en España, la matrícula del conservatorio me costaba unos 2.000€ al año, aquí en Berlín me cuesta 400€ al año. El máster en Madrid creo que son 9.000€ el año y en Berlín, 600€. No me he ido porque me obligase España, pero tarde o temprano iba a salir. Para crecer como persona, para crecer como profesional y para sentirme valorado.

“Los de la serie fueron de los peores años de mi vida fuera del set de rodaje”

¿Cómo se produce ese cambio de actor a youtuber en términos personales? ¿Cuando estabas en Los Protegidos te planteabas dedicarte al mundo audiovisual?

Para nada. Yo llevo muy poco tiempo cogiendo una cámara. Hace un año, aproximadamente, edité mi primer vídeo. Nunca me había llamado la atención. Todo esto vino porque, a partir de la serie, conocí a gente que me hacía fotos y hacíamos excursiones en las que se dedicaban a hacerme fotos, a hacerse fotos entre ellos, etc., y, cuando no me hacían fotos a mí, yo solo miraba, no podía hacer nada. Ahí empezó a apetecerme tirar mis fotos.

Fue en ese momento cuando compré mi primera cámara, y me gustó mucho. Sobre todo, me encantó abrir las puertas del arte que yo quería transmitir, abrir las puertas de mi mente que antes estaba únicamente limitada a lo que podía hacer con la música y, si eso, con la actuación. Esa posibilidad fue un mundo completamente nuevo para mí. La cámara me ha aportado mucho, y no lo digo por dinero, acciones comerciales o por viajes y experiencias, que también, sino por la capacidad de transmitir algo que no podría hacer de otra manera. Hacer vídeos es donde veo que va a ir mi vida. Me he dado cuenta de que quiero contar cosas, y ojalá vaya muy bien y estas ganas que tengo de transmitir funcionen.

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Foto: Juan Carlos Quintero

Expones tus ambiciones como si de un híbrido entre el arte y el periodismo se tratara. Eso de transmitir historias de vida, de mostrar cada día algo más, el añadido a la simple imagen, lo que hay detrás, es lo que se está viendo en tus últimos trabajos.

Sí, donde me gustaría que fuera mi carrera como director o videógrafo sería conseguir lo más aséptico posible a mí. Yo no quiero salir en mis vídeos, sino ser un conector entre la historia y el espectador. Lo que pasa es que es muy difícil, sobre todo sabiendo tan poco como yo sé. Me gustaría hacer un contenido que fuese con mi sello, hecho por mí, editado y grabado a mí manera y demás, pero que yo no fuese el protagonista.

Ahora estoy planeando vídeos y tengo que aparecer yo porque, primero, es lo que mejor feedback, lo que mejor respuesta de la gente tiene y, aunque no me quiera vender a ello, si quiero tener vistas a producir un documental más grande necesito tener a gente detrás que lo respalde. Viviendo en mi torre de marfil del artista diciendo “no, yo solo hago lo que yo quiero, no me quiero vender” no lo voy a conseguir..

En este sentido, teniendo en cuenta que tú ya tienes una imagen pública construida a partir de tu papel en Los Protegidos, ¿has podido utilizar esa imagen para dar a conocer tu trabajo actual y posicionarte en las redes, o en alguna ocasión has sentido que tu trabajo se valoraba por quién eres y no por la calidad de tu contenido?

Puede ser que al principio fuese así, pero creo que después, cuando se ha ido asentando mi audiencia, la gente que se interesa por mi trabajo deja de ser ya por quién soy yo, que es lo que pasaba durante la serie. Los de la serie fueron de los peores años de mi vida fuera del set de rodaje por lo que conllevaba el reconocimiento público, el empezar a ser alguien y el que todo lo que dijera tuviese repercusión. Fue de las peores experiencias que he tenido en mi vida por culpa de la serie. Y todo lo que guardo de la serie es positivo. Echo mucho de menos trabajar allí, estar con la gente. Fueron, seguramente, los mejores años de mi vida, pero solo cuando estaba rodando. Cuando no, era un castigo, y maldecía el primer día en que me metí en ello porque no podía ir al cine, no podía ir con mis amigos a la calle, llamaban a mi casa, sabían mi teléfono.

Una vez se asentó el boom hubo gente que realmente quedó interesada por lo que yo hago. En este momento creo que la mayoría de gente no está en mi canal por ser quien soy sino porque tienen curiosidad por lo que hago y sienten empatía por la manera que tengo de contar las cosas.

¿Que haber salido en la serie me ha ayudado a tener los seguidores y la repercusión que tengo? Sin ninguna duda. ¿Que le debo gran parte de lo que estoy haciendo ahora a la serie? Sin ninguna duda. ¿Que sin la serie no hubiera sido posible? No creo. Hubiese sido más difícil, pero creo que la gente que ahora está diciendo que le gusta mucho mi contenido, si yo no hubiese sido Mario Marzo le hubiese gustado igual. Espero. (risas)

“Muchos españoles vienen aquí a Berlín, la ciudad del tecno, de las oportunidades, y se dan con la puerta en la cara”

Hablando del contenido, ¿cómo se te presentan esos proyectos? ¿Responden a iniciativas propias o los desarrollas partiendo de peticiones concretas de marcas?

A mí hacer vídeos me cuesta muchísimo, porque creo que hacer otro tipo de vídeos me sería mucho más fácil y me requeriría mucho más tiempo, pero lo que decía antes de mi torre de marfil, de lo que quiero yo hacer, no me lo permite. Me permite hacer vídeos que en un principio tendrían mejor repercusión o serían más aceptados. Me cuesta mucho hacer vídeos, no solo por el trabajo sino por la idea y por intentar que haya algo más detrás del vídeo. Y no siempre lo consigo.

En este caso vienen muy bien las marcas. Cuando una marca me escribe para un vídeo, me lanza palabras, ideas, que a mí me llevan a sacar mis propias conclusiones sobre qué es lo que me apetece hacer para colaborar con ellos. Y, aunque trabajar con marcas no es lo que más me guste hacer del mundo, lo veo completamente necesario porque, de otra manera, no podría permitirme mejorar mi equipamiento, viajar y demás. No tendría dinero.

Sería interesante, con respecto a la parte más técnica del trabajo que desarrollas, para todos aquellos jóvenes que se buscan la vida fuera de España ya sea por ambición o por necesidad, conocer un poco mejor cómo puedes permitirte llevar a cabo tus proyectos. Se entiende que eres freelance. ¿De dónde proviene la financiación de tus trabajos cuando no es de marcas? ¿Con qué equipo material cuentas?

Si yo estoy en Berlin ahora y si estuve el año pasado no fue por la beca. Fue porque, como he comentado, mis padres son funcionarios y yo he tenido la suerte de trabajar tres años en televisión y tengo dinero ahorrado. Si no, no me hubiese sido posible. La beca Erasmus era una miseria, no cambiaba nada que me la hubiesen dado o que no, económicamente hablando, y de ahí es de donde viene la posibilidad de que yo pueda hacer lo que hago.

Yo no pongo anuncios en mis vídeos porque no veo la necesidad. Es un incordio, el beneficio que me daría sería de 15€ al mes y la molestia es increíble. Cuando una marca me ofrece un dinero para hacer cierto tipo de contenido, intento gastar parte del dinero en hacer algo que sea de un poco más de calidad que el resto. Porque de eso se trata, creo yo. Creo que ahí está el problema de las colaboraciones que se hacen hoy en día en redes sociales, que la gente recibe el dinero, se lo queda y hace un vídeo completamente normal. Eso lo que hace es ensuciar un mundo bastante sucio de por sí como es el de la publicidad y tener muy poco respeto a lo que es el trabajo de los demás.

Yo intento ahorrar, porque sé que lo necesitaré en el futuro y porque, por supuesto, lo que me está pagando el alquiler son básicamente las redes sociales. Estimo qué dinero puedo ahorrar y el resto lo invierto en el vídeo, ya sea alquilando mejor equipo, contratando a gente que me pueda ayudar o en un viaje.

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Foto: Álex Domarco

¿Trabajas solo? ¿Con qué material de trabajo cuentas y cómo has ido pudiendo ampliarlo?

Trabajo completamente solo. Yo lo hago todo. Me gustaría tener a alguien conmigo y, si en algún momento los presupuestos son más elevados, podré permitirme llevar a alguien que me grabe a mí. Si no, no será posible.

En cuanto al material, todos mis vídeos están grabados con una cámara réflex y un par de lentes buenas. Ya está, eso es todo. Llevar más material es complicado. Por ejemplo, el vídeo de India fueron diez días de viaje con mi chica y fue tremendamente difícil, porque es un sitio muy incómodo, con mucha suciedad, los trenes se mueven mucho y hacen que en general el ambiente, aparte de que lo que ves no es agradable de por sí, sea un poco difícil para el trabajo. Si no hubiese sido así, me habría llevado un trípode, un micrófono, alguna luz. Pero no es posible.

¿Encontraste barreras en tu emigración a Alemania? ¿A qué tipo de inconvenientes o desventajas se enfrenta un joven de veinte años que decide mudarse a Berlín con recursos económicos limitados?

La barrera más importante es el idioma, y de esto me he dado cuenta hace relativamente poco tiempo. Llevo más de un año y medio viviendo fuera y, ahora que por motivos de trabajo viajé a Londres y que iba en el autobús y entendía la conversación que tenía la gente de detrás, que cuando estaba en el aeropuerto y decían el nombre de un vuelo y la hora a la que salía lo entendía sin prestarle atención… vi que eso hace que te sientas integrado en una sociedad, que seas parte de ella y estés cómodo.

Eso no me pasa en Alemania. Ahora que he vuelto, voy en el metro y no entiendo la conversación de quien tengo al lado, y eso que yo hablo alemán y puedo mantener una conversación, pero eso no implica que yo lo tenga interiorizado o naturalizado en mí, que yo vaya a un supermercado y entienda lo que la cajera le está diciendo a un señor. Eso es muy frustrante y crea una soledad y un no sentirte acogido por el país, de manera involuntaria, muy fuerte. Ese creo que es el mayor inconveniente.

“Ojalá estas ganas que tengo de transmitir funcionen”

¿Has podido conocer a gente de tu edad que se encuentre en una situación de mayor vulnerabilidad económica y tengan empleos que poco o nada tengan que ver con su ámbito de conocimiento?

Claro, aquí pasa mucho. En Berlín hay una falsa imagen de ciudad abierta y barata, que lo es, en la que con el inglés se sobrevive, y no es así. La gente viene aquí pensando que esto es jauja y para nada. Berlín tiene un paro altísimo, como en España, como en Madrid. Muchos españoles vienen aquí, a la ciudad del tecno, de las oportunidades, y se dan con la puerta en la cara. Conozco a mucha gente que está aquí en Berlín intentando buscarse la vida y todos trabajan de camareros o de repartidores, porque es el trabajo que hay. Es así. Yo tengo la suerte de que estoy en Berlín estudiando. Si no fuese así, trabajaría de redes sociales, pero no me daría para vivir y tendría que trabajar en otra cosa y, como no tengo alemán, los trabajos que me quedan son bastante limitados.

¿Qué le recomendarías a una persona que tuviera que plantearse la vida fuera de España con posibilidades mínimas? ¿Cómo retratarías la vida en el exterior?

Yo invito a toda la gente a que salga. Saliendo es como más se crece personal y laboralmente. Aunque vayas a un país en el que no puedas trabajar, ver cómo se trabaja allí, los sistemas, los estudios, va a hacer que espabiles. Y creo que ir a probar suerte dos años a París y volverte porque no has podido no es un fracaso. Contarás con una ventaja enorme cuando vuelvas. No hay nada como salir para abrir la mente, e invito a todo el mundo a que lo haga.

También se ha de saber a lo que se va, que ya no es un juego. A mí me echaron de la casa en la que vivía, me pusieron las cosas en la calle, y me tuve que buscar la vida. De repente entras en la vida real, en un nivel en el que no se puede guardar y volver hacia atrás (como en los videojuegos), ni hay una cama siempre disponible en la que dormir. Ya es la realidad. Y a mí me ha tratado muy bien, pero hay momentos en los que no, y hay que estar preparado, hay que saber qué puede pasar, hay que saber que, como me pasó a mí, si ocurre cualquier cosa estás solo anímicamente. Vendrán días malos que no van a mejorar de ninguna manera, pero que pasarán. Hay que saber sobrevivir y sobrellevar los mejores y los peores momentos.