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El té de la tarde

Hace 204 días que marché de El Aaiún tras nueve días de parón, para mí, en el espacio y el tiempo. Todo se reanudó tan rápido al llegar a España que me quedé sin voz. Me la había dejado anclada a esas decenas de pupilas a las que no fui capaz de volver a mirar en el último adiós. Y desde entonces volver a casa no significa lo mismo.

El mundo es tan grande aquí fuera que se hace difícil hacer sonar vuestra voz. Todo son hagstags, trending topics, likes, enlaces compartidos, oídos que no escuchan, gargantas encabritadas por nimiedades, seguidores que suben y bajan, cuentas corrientes, acuerdos cautivos, móviles rotos, peleas por ver quién sale en la foto…

Y yo solo pienso
en las migas de pan,
en la arena que arde,
en el agua que falta,
en el té de la tarde.

En la melfa que esconde
todas las verdades,
en el cielo infinito,
en la mierda de cables.

En la luz que no llega,
en el rezo invisible,
en los ojos vidriosos,
en la ayuda inservible.

En el cole que acaba,
en el maldito hambre,
en el silencio nocturno,
en la lucha incansable.

Hoy es un día para hacer que el Estado empachado de poder mastique la arena del desierto, para llenar con claveles el fusil que asesina corazones aunque no dispare balas.

Sandrela os sigue echando de menos.

La lucha sigue. Sáhara Libre 

Té

Aprendiendo a hacer té saharaui en los campamentos de refugiados del Sáhara / El Aaiún

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Elogio de la ilegalidad

Al hilo de los últimos acontecimientos en Cataluña, se están produciendo interesantes puestas en escena para la defensa de la “legalidad” por parte de diferentes partidos políticos, con el apoyo, además, de gran parte de la prensa generalista española. El diario La Razón publicó, ya en mayo de este año, una especie de manifiesto propio en forma de editorial titulado “un pacto por la defensa de la legalidad” en el que se criminalizaban las pretensiones de la Generalitat al respecto del referéndum y se alababan las medidas que la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría anunció que se tendrían que tomar para frenar la “deslealtad” de Puigdemont.

También se han pronunciado al respecto de la defensa de la legalidad diarios como El Español o El País (este último con una noticia sobre una PNL presentada por el grupo parlamentario de Ciudadanos en Cataluña para el “apoyo institucional en defensa de la legalidad democrática en Cataluña”). Además, el Partido Popular, el PSOE y otros partidos sin representación parlamentaria como VOX o UPYD han utilizado también el concepto de “legalidad” como mantra principal para la construcción de sus respectivos discursos en torno al tema catalán.

(Léanse las siguientes líneas con voz fantasmagórica) Legalidad. Lo legal. La ley dice que. Hay que respetar la ley. La ley no lo permite. Solo se puede dialogar dentro de la legalidad. La legalidad vigente. (Ya se puede parar la voz fantasmagórica).

Se acostumbra a trazar un abismo entre lo legal y lo ilegal (mejor dicho, entre lo que, según aquellos que manejan la ley, ha de pasar por ella y lo que no en función de intereses muy concretos), entre constitucionalismo y anti-constitucionalismo, entre orden y desorden. Todo ello desde la realidad conceptual fabricada por las primeras opciones, las hegemónicas, y en detrimento de las segundas.

Quizá cabría preguntarse si la ley siempre es justa solo por su condición de norma jurídica; si lo ilegal siempre es negativo, violento e inaceptable solo porque reside fuera de los márgenes establecidos para la convivencia hasta un determinado momento; si una determinada Constitución sigue siendo útil y protege todas las necesidades de las personas que están sometidas a ella décadas después de su redacción inicial. Incluso, habría una de preguntarse qué había antes de que la ley fuera ley, cómo la ley se convirtió en ley, por qué de esa manera y no de otra, por qué unos determinados preceptos y no otros, en base a qué, como consecuencia de qué hechos, y un largo etcétera.

Utilizar la palabra “legalidad” de manera banal para dar empaque a un discurso que lo único que pretende es criminalizar todo aquello que cuestione unas ciertas prescripciones hegemónicas lo que consigue es, precisamente, restar validez y efectividad a dicho discurso. Lo hace ridículo y aburrido y lo aleja de la realidad de las calles.

Atendiendo a aquello de hacernos preguntas, sería interesante recordar algunas cosas que solo a través de la ruptura con la legalidad se convirtieron en logros de la sociedad civil que hoy los miembros de esa “legalidad” reivindican como victorias de la justicia y el parlamentarismo. Qué ironía.

De aquellas huelgas estos derechos

Los derechos de huelga, de reunión y manifestación son hoy una realidad incuestionable en el ordenamiento jurídico de la mayoría de países a nivel mundial (en términos teóricos, claro, porque hace mucho que se vislumbra una práctica contraria a la defensa de los mismos). Sin embargo, hubo un antes de esos derechos, no aparecieron por arte de magia en las constituciones de todo el mundo.

El 14 de noviembre del año 1.166 a.C., “obreros y artesanos egipcios construían el templo funerario de Ramsés III”. Había constantes retrasos en el pago de sus salarios (diez hogazas de pan y una medida de cerveza diaria) y el hambre se hacía cada vez más notorio. La situación era desesperante. Los obreros “abandonaron sus puestos de trabajo y permanecieron concentrados mientras no le pagaran lo que se les debía. “Hicieron sentadas, ocuparon edificios y acamparon una noche en el templo”. Así lo cuenta el portal Egiptomanía. En el Museo de Turín hoy se conserva el “Papiro de la Huelga” que recogía el testimonio de los manifestantes: “… los trabajadores traspasaron los muros de la necrópolis (se pusieron en huelga) diciendo: ‘Tenemos hambre, han pasado 18 días de este mes… hemos venido aquí empujados por el hambre y por la sed; no tenemos vestidos, ni grasa, ni pescado, ni legumbres. Escriban esto al faraón, nuestro buen señor y al visir nuestro jefe, que nos den nuestro sustento”.

Finalmente, los obreros consiguieron que les pagaran y el conjunto de sus acciones fueron consideradas como la primera huelga de la historia. No, claro que no tenían derecho a huelga. Se lo fabricaron ellos mismos. Aunque quizá tengan razón los “constitucionalistas” y lo que tendrían que haber hecho era dejarse morir de hambre, porque exigir el sustento vital no entraba dentro de la “legalidad vigente”.

 

Cuando el diálogo no sirve

Unos cuantos miles de años después de la primera huelga, tras años de protesta y peticiones formales a través de la participación en partidos políticos como el Partido Laborista Independiente, las sufragistas británicas “se cansaron de luchar con la palabra y pasaron a la acción. Deeds, notwords”. Así lo explica el diario El Mundo en un reportaje sobre las “sufragettes”. Por medio de la WSPU (Unión Social y Política Femenina) fundada en 1903con EmmelinePankhurst como lideresa referente, comenzaron a protagonizar acciones que las llevaron a estar fuera de los márgenes legales: sufrieron cargas policiales en manifestaciones como la de Londres en febrero de 1907; “se encadenaron a la verja de Downing Street, residencia del primer ministro, e incluso llegaron a entrar en ella; realizaban lanzamientos de octavillas desde globos; organizaban mítines multitudinarios para los que fletaban trenes (en el de 1908 en Hyde ParkThe Times calculó que 500.000 personas habían acudido)”, según narra la Universidad de Barcelona en un artículo sobre las principales luchas del movimiento sufragista.

Manifestación sufragista en Hyde Park el 21 de junio de 1908 / Foto: El País

Después de ello, engañadas de nuevo por los liberales -que prometían incluir a la mujer en el sufragio universal y finalmente desoyeron la petición-, la WSPU llevó a cabo en 1912 lo que denominó “el argumento de la piedra” y rompieron todos los escaparates de la zona comercial de Oxford Street en Londres. Fueron encarceladas, siguieron luchando desde la clandestinidad y continuaron los apedreamientos, los incendios provocados, las huelgas de hambre e incluso una de ellas, Emily Davidson, se arrojó a los pies del caballo del rey Jorge V en el Derbi de Epsom de 1913 y murió cuatro días más tarde, lo que “dio lugar a las manifestaciones sufragistas más importantes”.

En 1918, el Parlamento británico permitió votar a las mujeres mayores de 30 años. Fue el primer paso hacia el sufragio universal.

La jornada de ocho horas

Entre 1810 y 1817, cuando el empresario y socialista Robert Owen difundió la idea de que la calidad del trabajo está directamente relacionada con la calidad de vida del obrero y acuñó el lema “ocho horas de trabajo, ocho horas para vivir, ocho horas de descanso”, comenzó a gestarse la reivindicación de la reducción de la jornada laboral y con ello las protestas en los centros de trabajo a lo largo y ancho de EE.UU. con la jornada de trabajo de 8 horas como demanda principal.

Las condiciones de vida de las personas trabajadoras eran pésimas en EE.UU. en las décadas de los 70 y 80. El hambre y el cansancio eran notorios y con ello creció el descontento. La jornada laboral era, en muchos casos, de 18 horas y el trabajo infantil era una realidad irremediable. Como consecuencia de ello, los trabajadores empezaron a unirse, a organizarse y a protagonizar acciones de protesta. En 1886, la Federación Americana de Trabajadores, en su cuarta asamblea, estableció la petición al gobierno de la reducción de la jornada laboral a 8 horas, sin cuya toma en consideración se iría a la huelga.

“El presidente de Estados Unidos, Andrew Johnson, promulgó la llamada Ley Ingersoll, estableciendo lasocho horas de trabajo diarias”. Sin embargo, los empresarios desoyeron la nueva normativa e incumplieron sus preceptos, lo que provocó que el 1 de mayode ese mismo año tuvieran lugar multitudinarias manifestaciones de trabajadores en múltiples ciudades de EE.UU. Cientos de miles de trabajadores salieron a la calle para exigir que se cumpliera la ley. En Chicago, en la protesta contra la empresa de maquinaria agrícola McCormick, la carga policial dejó varios muertos y un número indeterminado de heridos.

La respuesta de los trabajadores fue prolongar la huelga durante varios días. En ellos, la policía continuó cargando contra los manifestantes, asesinando a algunos de ellos, y los trabajadores siguieron agitando Chicago. El 4 de mayo, una carga policial con varios muertos y más de 200 heridos provocó que algunos huelguistas lanzaran una bomba, dejando a 7 policías muertos. Muchos trabajadores fueron detenidos, torturados, condenados y ejecutados. Los hechos fueron recogidos por periódicos como el Chicago Tribune (5 de mayo de 1886) o The New York Times (3 de mayo de 1886).

Mapa de los disturbios en Chicago en 1886 / Chicago Tribune

Según relata el portal Academic, a finales de ese mismo mes (mayo de 1886) “varios sectores patronales accedieron a otorgar la jornada laboral de ocho horas a centenares de miles de obreros”.

La abogada Isabel Elbal recuerda, en un artículo publicado en la revista La Marea, que la Constitución Española de 1978reza que “la justicia emana del pueblo” y que, sin embargo, el Poder Judicial, lejos de ser efectivamente “emanante de la soberanía popular”, está cada vez más “alejado del ciudadano medio y más próximo al defensor técnico del sistema establecido”, aquel que “no cuestiona el orden constitucional y lo acata ciegamente”.

La gestión de la problemática de Cataluña por parte del Gobierno actual se ha basado en “la resolución del conflicto político mediante la aplicación del Código Penal”. Ignorando el hecho de que el Estado español se circunscribe en términos teóricos como una democracia, Mariano Rajoy ha retorcido la “legalidad” para hacer que la justicia se convierta en un valor secundario, en un objetivo sin importancia. Lo mismo sucede con la democracia. A través de la continua reconstrucción del discurso oficial, se ha conseguido meter en el saco del desorden todo aquello que choque frontalmente con los intereses particulares del partido de gobierno y los poderes fácticos que lo mantienen. El imaginario colectivo es ahora el cajón desastre del franquismo, pues es evidente que se están vendido a precio de democracia políticas cuasi-fascistas sin que nadie se dé cuenta.

La legalidad que hoy defienden los partidos políticos y gran parte de los medios de comunicación abarca todas aquellas prácticas y medidas que, en cualquier país con un mínimo de salud democrática, deberían de estar consideradas como un delirio y deberían suscitar el rechazo masivo de la población o, como mínimo, de toda la clase obrera.

La reminiscencia de cómo únicamente sobrepasando los límites de la legalidad y del discurso de la legalidad se ha conseguido romper los techos de cristal de la injusticia (qué ironía), se torna necesaria en estos tiempos de enajenación democrática que está viviendo España. Pese a quien pese, es indiscutible que, frente a la opresión, la única receta útil siempre ha sido la desobediencia.

 

Oh Coño Todopoderoso | 2 MINUTICOS

Reabren la causa contra la protesta del Coño Insumiso de 2014.

Credo versión Coño Insumiso: “Creo en mi coño todopoderoso, creador del cielo y de la tierra, creo en mi orgasmo, mi única norma, nuestro placer, que fue concebido por obra y gracia de mis pulsiones sexuales, nació de mi decisión libre, padeció bajo el poder del terrorismo machista, fue condenado, quemado e invisibilizado, descendió a los infiernos, con el pasar de los siglos resucitó de entre las represalias y subió a los cielos, está localizado en la parte superior de mi vulva y desde allí viene a proporcionarme placer, mientras esté viva y hasta que muera, creo en mi útero sagrado, me lo suda la Santa Iglesia Católica, creo en el bukake de los Santos, el pendón desorejado, la eyaculación de la carne y la corrida eterna. Himen” (Fuente: eldiario.es)

Sáhara Occidental: los otros refugiados [vídeo]

La ocupación marroquí continúa, y con ello la violación de derechos humanos en el Sáhara Occidental. En los campamentos de personas refugiadas la vida es amarga como el té. Ante esta situación de vulnerabilidad y de injusticia política y humanitaria, toca decidir si también queremos que continúe la indiferencia de la comunidad internacional.

 

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Sáhara Occidental: los otros refugiados

Colonización suena a prehistoria, pero sabe a despreciable actualidad.

Como relata el Consejo Español en Defensa de la Solidaridad y de la Paz (CEDESPAZ) en un trabajo sobre la situación jurídica del Sáhara Occidental, “tras la II Guerra Mundial, en 1955, España ingresa en Naciones Unidas. Como estado miembro a esta organización internacional, España ha de […] aplicar la Declaración sobre concesión de Independencia de los países y territorios coloniales. […] Se comienza a debatir intensamente sobre la situación de los pueblos sometidos al yugo de las potencias coloniales. El Sáhara Occidental es un territorio muy rico en recursos naturales que reportan unos beneficios multimillonarios para la oligarquía económica y política de la época. Para eludir la inmediata aplicación de los principios de la ONU a sus últimos territorios coloniales, España pone en marcha una elaborada estrategia. En el ámbito interno, la dictadura franquista se esfuerza por consolidar “la provincia española del Sahara”, y para lograrlo, pone en funcionamiento el aparato legislativo del régimen, promulgando el Decreto 21 de agosto de 1956, con doble objetivo: […] un cambio en la nomenclatura administrativa española respecto a los territorios coloniales, y demostrar internacionalmente que no existían posesiones coloniales en territorio saharaui”.

El Sáhara Occidental ha sido colonia española desde 1884 hasta que, en 1975, Marruecos ofrece a España un negocio más rentable si cabía.

En los años sesenta, el pueblo saharaui pone en marcha la lucha pacífica por su independencia. Sin embargo, más de 400 encarcelados después, se ve obligado a levantarse en armas. Frente a las protestas armadas del Sáhara, y en medio de un proceso de descolonización en el continente africano, España prometía a los saharauis un referéndum de autodeterminación. Solo hizo falta un año para que el gobierno de Arias Navarro firmara un acuerdo –nunca publicado en el BOE, lo que lo hace ilegal- con Marruecos y Mauritania por el que España se comprometía a retirarse del Sáhara Occidental haciendo posible el reparto del territorio entre los otros dos países firmantes.

De ese Tratado destacan los anexos secretos de los Acuerdos de Madrid, que establecen, principalmente, tres aspectos relevantes entre otros: 1) Marruecos se compromete a realizar concesiones a España en materia de pesca en aguas saharauis, 2) a España queda garantizada la propiedad de bienes de naturaleza pública encontrados en el Sáhara, y 3) España vende a Marruecos el 65% de las acciones de una empresa exportadora de fosfatos.

La validez jurídica de ese Tratado fue cuestionada por el Secretario General Adjunto de Asuntos Jurídicos y Asesor Jurídico de las Naciones Unidas, Hans Corell, en un dictamen de 29 de enero de 2002. Además, viola una resolución del Tribunal Internacional de Justicia.

Manchas de sangre

El 6 de noviembre de 1975, días antes de firmarse el acuerdo entre España, Marruecos y Mauritania, y como estrategia de presión sobre España para acelerar su abandono del territorio en disputa, Marruecos iniciaba la llamada Marcha Verde, que se tradujo en la huida de miles de saharauis hacia Argelia tras sufrir bombardeos por parte de las fuerzas marroquíes. Ello obliga al pueblo saharaui a levantar campamentos en mitad del desierto, al sur-oeste del territorio argelino. Hoy, más de 40 años después, siguen allí, como bien apostilla Alberto Sicilia (Principia Marsupia) en un artículo para el diario Público en mayo de 2013.

El Frente Polisario, un movimiento de liberación nacional del Sahara Occidental que tiene su razón de ser en la lucha por conseguir el fin de la ocupación de Marruecos y la celebración del referéndum de autodeterminación, planteaba entonces una guerra de guerrillas frente al ejército marroquí (al que apoyan Francia y EE.UU). Mauritania aceptó su derrota en 1979 y reconoció, como correspondía, la soberanía del pueblo saharaui. Sin embargo, los enfrentamientos con Marruecos se prolongaron 16 años.

No es hasta 1991 cuando Marruecos y el Frente Polisario firman el alto al fuego por petición casi expresa de la ONU. Pero el desequilibrio continuaba, en tanto que Marruecos asumía el control de un 80% del territorio del Sáhara Occidental (incluyendo la mayoría de zonas pobladas, los depósitos de fosfatos y los caladeros pesqueros). Para más inri, Marruecos construyó un muro (conocido como el “de la vergüenza”) de más de 2.200 kilómetros que separa ambos territorios. Se trata de la segunda barrera más larga del mundo, después de la Gran Muralla china. Y a su alrededor, uno de los campos de minas antipersona más extensos del mundo.

El acuerdo de 1991 preveía la creación de un censo electoral para celebrar el referéndum de autodeterminación del pueblo saharaui, a través del cual este elegiría entre la integración en Marruecos o la independencia. Tras 8 años de demora en la confección del mismo, Marruecos decide negarse, en el año 2000, a realizar la consulta.

La solución es política

“Ningún país del mundo reconoce el Sáhara Occidental como parte de Marruecos. Pero los intereses de sus aliados (los gobiernos de Francia y EEUU, las grandes empresas españolas) hacen que Marruecos no sienta ninguna urgencia por encontrar una solución”. Así explica CEDESPAZ, en su documento sobre la situación jurídica del Sáhara Occidental, cómo aquel acuerdo tripartito ilegal de 1975 no solo es parte fundamental del problema sino que, por consiguiente, impide su definitiva resolución.

Ello pone de manifiesto la innegable responsabilidad que tiene España al respecto de este conflicto que se extiende más de 40 años en el tiempo y cuya esperanza resolutiva va menguando irremediable aunque pausadamente entre los saharauis.

Armas incautadas a las fuerzas marroquíes y su procedencia

Desde la traición española y la consecuente huida hacia Argelia, con la proclamación de las República Árabe Saharaui Democrática (RASD), el pueblo saharaui mantiene su estructura civil y política democráticamente, pero la ocupación marroquí continúa, y con ello la violación de derechos humanos en el Sáhara Occidental. Ante esta situación de vulnerabilidad y de injusticia política y humanitaria, toca decidir si también queremos que continúe la indiferencia de la comunidad internacional.

Fuentes: Principia Marsupia, Museo Nacional de la Resistencia (campamentos de refugiados saharauis), CEDESPAZ, Alouda Cantabria, El País, El Mundo, Portal Rebelión.

Víctor Bueno: “La revolución tiene que ser un proceso personal”

El veinteañero Víctor Bueno, guadalajareño de sangre y madrileño de corazón, convierte la injusticia social en letras y acordes cada vez que puede. Al terminar el bachillerato de artes, pretendía estudiar sonido, pero finalmente decidió invertir su oxígeno en llenar de crítica todos los micros abiertos de Madrid. Se descalza para cantar y, aunque tiende a agachar la cabeza para sonreír, expone sus ideas con precisión y seguridad.

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Víctor Bueno en Retiro

Para quien no te conozca, ¿cómo te definirías?

Es complicado. Definir lo que vemos y a las personas que conocemos parece mucho más fácil que a uno mismo. Si me tengo que vender, quizá me vendería como un  cantautor que hace lo que le da la gana. Nací con vocación de ser cantante de rock and roll, pero hubo un día en que me di cuenta y me dije “no, tú eres cantautor, y lo demás está de más”.

Has tocado en Madrid, Plasencia, Cáceres, Ferrol, Guadalajara… Y la ruta continúa por Valladolid, Salamanca, e incluso estarás presente en Viña Rock. ¿Cómo se te presentan esas oportunidades?

Esos conciertos surgen en el momento en el que me pongo en el ordenador, en casa, empiezo a buscar sitios donde tocar y me dejan. Ninguno es que me hayan contratado. Lo del Viña es muy gracioso porque, cuando lo publiqué, mucha gente empezó a preguntarme sorprendida. Lo que vamos a hacer en realidad es un concierto en el camping. (risas) Montaré un altavoz y haré un concierto con un amigo rapero que toca también la flauta travesera. Creo que va a quedar muy guay.

¿Tu música recibe influencias de otras agrupaciones musicales o cantantes?

El comportamiento humano en sí está basado en la influencia. Los homínidos lo aprendemos todo a través de la imitación. Con la música pasa igual, creo que no hay melodías por inventar, todo se versiona. En mi caso, al principio estaba influenciado por el rock and roll en castellano, ahora por el mundo del cantautor.

¿Cómo definirías tu música si tuvieras que clasificarla en algún género?

Si tuviera que encajarlo en Spotify, ¿no? (risas) No lo sé. Creo que antes sí tenía un estilo más de balada, pero ahora hago lo que me viene. No sería capaz de definirlo, podría meter cada canción en un estilo, pero toda la obra no.

Libertad 8, Aleatorio Bar, La Fídula, Fulanita de Tal… son bares en los que se organizan micros abiertos musicales y poéticos. ¿Son realmente útiles estos espacios para los y las artistas que están empezando? 

Mi opinión es que sí, sin duda. Creo que es muy necesario para el movimiento de la cultura en una ciudad. Es muy importante que existan esos espacios. Cuando escribía mis primeras canciones, yo quería ir a La Riviera y llenarla, obviamente, pero ni tenía público ni tenía forma de hacer un concierto mío, ni tenía repertorio. Entonces iba al micro abierto, había 20, 30 o 40 personas que me estaban escuchando sin tener que mover yo a un público particular. Eso muy complicado. Luego pienso que es muy importante.

Por otra parte, en el caso, por ejemplo, de Libertad 8 hay mucho nivel, nunca te regalan el aplauso y eso te hace saber dónde estás en cada momento. Cuando recibes un poquito de ese aplauso te das cuenta de cómo avanzas y de la manera en que lo haces. A mí me aporta mucho.

¿En qué momento das el paso de participar en micros abiertos?

Hoy, casualmente, buscando unos apuntes, he encontrado una hoja que escribí el primer día que fui al Libertad 8, creo que fue el 3 de abril de 2015.  No fue el primer micro abierto al que fui pero sí fue el primero al que fui asustado, porque Libertad 8 es como el templo de la canción de autor, y es un sitio conocido en muchas partes del planeta. Es alucinante que un bar, por el hecho de acoger a la canción de autor, sea tan conocido.

La primera vez que fui a un micro abierto estaba en un proceso de montar bandas de rock and roll, tenía alrededor de 5 bandas y ninguna salíamos a tocar, pero me gustaba estar en movimiento e ir todos los días a la sala de ensayo. Recuerdo entonces que habíamos empezado a formar un grupo en Vallecas. Nacimos con la idea de tocar canciones del estilo de Extremoduro y un día le dije al guitarrista que había un micro abierto en Rivas y me apetecía ir. Toqué una o dos canciones mías y una de Rulo y fue precisamente porque no estaba preparado para dar un concierto como tal pero me quería subir a un escenario. Creo que, posiblemente, ir a un micro abierto surge por la necesidad de medirte y de verte en un escenario.

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Víctor Bueno en Retiro

¿Le pedirías algo a las instituciones en materia de oportunidades para el mundo de la música?

Es clara la respuesta: que se despenalice la música en directo. No puede ser que haya bares que tengan que echar el cierre porque no pueden hacer música en directo por las condiciones de los ayuntamientos y de los gobiernos. Entiendo que lo del ruido es algo que hay que medir, pero creo que todo el mundo podría hacer un concierto en un bar.

Y también sería muy importante despenalizar la música callejera. Entiendo también que hay algunos lugares en los que se debe regular, como son los centros de las ciudades, porque si no se llenarían, pero tiene que haber cultura en todos lados sin ningún tipo de prohibición. Creo que esas serían las dos cosas que habría que gritarle a la cara a las instituciones.

En tus canciones prima la crítica social y política. ¿Por qué crítica social y, de alguna manera, activismo musical, y no canciones de amor al uso? ¿Qué te lleva a escribir ese tipo de letras?

Mis primeras canciones eran de amor y desamor. Luego empecé a verme desde fuera, me miraba desde otras perspectivas y no entendía qué hacía escribiendo canciones de amor. A partir de ahí descarté hablar sobre ello, creo que no es útil. Todas las personas podemos enamorarnos y des-enamorarnos y no hace falta que nos cuenten cómo es.

También coincidió con que yo venía de un colegio privado de curas y estaba muy influenciado por ello. Vine a Madrid, conocí la escuela pública, conocí a las personas de la escuela pública, conocí el hecho de amar a otras personas que no son de tu cultura o de tu país y estas cosas básicas que de otra forma no hubiera podido conocer. Me pilló esa época entre ver cómo estaba el mundo y escribir sobre mi mundo. Descarté lo segundo, porque no le interesa a nadie, y pensé que era útil escribir lo que sucedía y propagarlo mediante las canciones.

Y ahora estoy en un momento en el que creo que tampoco es suficiente con escribir lo que ves y lo que hay y analizarlo. Los análisis ya están hechos, tenemos que ponernos a trabajar en dar soluciones, más bien por medio de uno mismo que a gran escala.

¿Combinas el activismo musical con el activismo en la calle?

Sí, pero tampoco mucho. Me he decepcionado muchísimo con lo que yo defino como grupos de izquierdas. No me refiero a los grupos de izquierdas como ideología sino como formas de actuar, asociaciones asamblearias y demás. He estado en muchas asociaciones y en organizaciones con fines sociales y al final me di cuenta de que pasábamos muchas horas debatiendo sobre el color de una pegatina, sobre la frase que íbamos a poner en una camiseta o sobre lo que íbamos a hacer en vez de haciendo cosas.

Entonces, he llegado a la conclusión de que la revolución tiene que ser un proceso personal, un proceso que tenemos que hacer con las personas que nos rodean más que a gran escala. Creo que si tú piensas que no debes tirar aceite por el fregadero para que no vaya a los ríos, en vez de ir a protestar y a tirar bengalas, a lo mejor es más útil no tirar el aceite por el fregadero y conseguir que no se haga en tu casa.

Volviendo a la música. ¿Te has planteado grabar un disco o un EP?

Desde que empecé a hacer la primera canción yo ya tenía el disco hecho. (risas) Hice una canción y dije “esto ya va, esto tiene que..”. Me fui dando cuenta de que no, de que había que hacerlo con calma. La primera canción la terminé en una semana y me motivé. La grabé en el estudio, me gasté un dinerito, sonaba muy bien, pero me di cuenta de todo lo que estaba haciendo, y tampoco quería sacar un disco sobre amor. Y al final creo que voy a tener que forzarme a sacar algo inminentemente, porque me estoy volviendo tan perfeccionista en algunos casos que al final no hago nada. Quiero que la canción sea perfecta, que acabe en la nota exacta que quiero, etc., y al final, o tienes unas aptitudes cojonudas o, en mi caso, no voy a conseguir esa perfección que tengo en mi mente.

Tengo pensado sacar algo, pero no tengo un proyecto hecho. No sé si tengo que hacer lo que debería según mis cánones o lo que yo quiero en ese momento.

¿Lo harías con una discográfica u optarías por la autoproducción?

Autoproducción, sin duda. Y quiero hacerlo yo, diseñarlo yo (o un amigo, pero que sea lo más cercano posible a mí). Un disco ya no es un producto o un simple medio de ganancia, tiene que ser algo muy tuyo, es tu niño. Tengo que estar muy convencido de lo que hago.

Aparte de eso, no quiero saber nada de las productoras, en principio. Hasta que no salga una productora de discos que considere honesta y que sea algo que trabaja a escala cercana… De las grandes compañías, en principio, no quiero saber nada. Porque a mí me van a intentar manipular a toda costa. Si yo fuera Sabina, podría contratar con quien fuera porque publicarían lo que yo quisiera. O no, no lo sé. Pero no quiero saber nada de las multinacionales.

Algunas preguntas cortas:

  • Una canción imprescindible: La vida es la mayor canción imprescindible. Si quieres una canción de verdad… es imposible.
  • Un libro que te haya cambiado la vida: Hubo uno, que no era una novela ni nada, sobre el análisis del lenguaje corporal que me dejó loquísimo. Lo empiezas a leer y ya no puedes no prestar atención a esas pequeñas cosas.
  • Una canción para practicar sexo: alguna muy africana, con tambores, ¿no? (risas)
  • La película que te define: El guerrero pacífico
  • Un lugar para morir: Galicia

¿Qué piensas o sientes al escuchar estas palabras?:

  • Amor: Vida
  • Política: Circo
  • Música: Vibración
  • Hambre: Ímpetu
  • Democracia: Telón
  • Pobreza: Indigno
  • Dignidad: Libertad
  • Madrid: Todo

¿Qué esperas de tu futuro en relación con la música?

Trabajar poco y vivir bien.

(Hacer click en la imagen para reproducir vídeo)

¿Nos gusta que nos roben?

No he utilizado la palabra corrupción en el titular porque intuyo que casi nadie entraría a leer el artículo. Parece que ya no interesa. ¿Efectivamente es así?

Según los indicadores del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), el paro y la corrupción son, por ese orden, los asuntos que más preocupan a la ciudadanía española, aunque este último ha bajado 13,7 puntos desde febrero del pasado año. A ello le siguen los problemas económicos y “los políticos en general, los partidos políticos y la política”.

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Captura parcial de los indicadores del CIS

A pesar de ser la corrupción la segunda variable que más preocupa a los y las ciudadanas  y del hartazgo con respecto a lo que podríamos denominar la “clase política” (los matices de esta cuestión se abordarán en otro artículo), esta coyuntura ya no tan coyuntural sino más bien estructural, no parece provocar reacción concreta alguna. Esto puede comprobarse atendiendo a los resultados de los últimos comicios y a los últimos barómetros, que sitúan al partido en el que más casos de corrupción están siendo juzgados e investigados en los últimos años como claro y continuo ganador.

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Gráfico estimación de voto en elecciones generales / Metroscopia

El Partido Popular ha de estar frotándose las manos, pues las últimas resoluciones judiciales por casos de corrupción están pasando casi desapercibidas ante la espectacularización del proceso de primarias en Podemos, entre otras cosas, que está copando informativos y portadas. Cabe, entonces, bajar a la arena y hacer hincapié en lo verdaderamente alarmante.

Según relata eldiario.es, “el Tribunal Superior de Justicia de la Comunidad Valenciana (TSJ) ha condenado a 13 años de prisión a los cabecillas de la trama Gürtel, Francisco Correa y Pablo Crespo; a 12 a su lugarteniente Álvaro Pérez ‘El Bigotes’ y a 9 una exconsellera del PP, Milagrosa Martínez, por la operación urdida para conceder de manera irregular varias adjudicaciones de la Generalitat entre 2004 y 2009, cuando el PP gobernaba la Comunidad Valenciana, a empresas de la trama. Correa, Pérez y Crespo son culpables de tres delitos: Asociación ilícita, cohecho activo y tráfico de influencias”.

Además, el pasado miércoles se confirmó que el ex-ministro de Economía, Rodrigo Rato, cobró de varias empresas del IBEX cuando era Vicepresidente del Gobierno con Aznar, a través de una sociedad constituida con sus hermanos, con la intención de “lograr contratos de las empresas públicas del momento: Endesa, Retevisión, Altadis o Paradores, entre otras”,  según ha informado también eldiario.es.

Estas, como digo, son las últimas informaciones obtenidas, pero a ellas las han precedido decenas de otros hechos de igual bajeza moral. Las escandalosas cifras, que se pueden consultar en los enlaces adjuntos, son la cuestión de menor importancia en este proceso de continuo fraude al contribuyente. Es difícil afinar el porqué del aparente pasotismo ciudadano ante las evidencias, el porqué de la normalización de estas peripecias que no cesan.

¿La sobrecarga de casos de corrupción ha normalizado, efectivamente, la operación de expolio que está llevando a cabo desde hace años el partido de gobierno? ¿La palabra corrupción ha dejado de crear alarma? ¿El ‘exceso’ de información, fruto de los múltiples casos, ha hecho que se asuma impasiblemente esta situación de desvergüenza? ¿Se ha llegado al punto en el que el hecho de ser ‘atracados’ y ‘atracadas’ continuamente está perdonado de antemano?

Hace unos días, en Rumanía, la población consiguió que se derogara un decreto aprobado por el Gobierno que despenalizaba los casos de corrupción por debajo de los 44.000€.  Fue a partir de multitudinarias manifestaciones en la calle como, finalmente, se revertió la impudicia del gobierno. En España, a pesar de haber tenido lugar en toda su historia y solo que se conozcan casi 100 casos de corrupción, estos no han tenido excesivas consecuencias judiciales. Y, más preocupante aún, no han tenido, en absoluto, consecuencias políticas ni sociales.

Según un mapa de corrupción elaborado por El Mundo en 2014 (hoy son más los casos), solo 82/483 implicados han sido condenados, y, de estos últimos, solo 28 han estado o están en prisión. Son datos no actualizados, pero a la vista de acontecimientos más recientes, la tendencia no ha variado en demasía.

Cabría hacerse unas cuantas preguntas: ¿Nos gusta que nos roben, o es que ni siquiera sentimos que nos lo estén haciendo? ¿Tenemos consciencia de la importancia de los servicios sociales y del necesario mantenimiento de los mismos para la mejor gestión de nuestras vidas? ¿Somos conscientes de que la corrupción, esa palabra ya tan explotada que ni parece doler, supone el robo explícito de los fondos que entre todos y todas llenamos cada día y que han de responder ante las necesidades sociales y no ante la codicia de unos pocos? ¿Sentimos como nuestras la sanidad, educación, transporte, pensiones, públicas? ¿De alguna manera, estamos contribuyendo al desmantelamiento de las mismas y, por consiguiente, al fomento del discurso de la inutilidad de estas?

A menudo se banalizan los debates haciendo sonar la palabra populismo. Si hablas explícitamente los problemas cotidianos de la gente, estás siendo populista. Sería bastante más útil observar lo que tienen de realidad ciertos discursos. Es verdad que si se vacía la hucha de las pensiones para solventar problemas que no hemos causado nosotras y nosotros, nuestros y nuestras mayores van a tener (como ya están teniendo que hacer) que elegir entre pagar la luz y comer.

Es verdad que, si se desvían fondos necesarios para cubrir las demandas educativas, el estudiantado no va a tener ni tizas para escribir en la pizarra, y los docentes van a ver mermadas sus posibilidades de desarrollo educativo en las aulas y frustradas sus condiciones de calidad laboral. Es verdad que si se adjudican obras a multinacionales se está perjudicando a la pequeña y mediana empresa y que ello se traduce en que la mayoría de familias van a tener que hacer malabares para llenar la nevera (porque las pymes representan el 99’9% del total de empresas en España, aunque se pretenda hacer ver otra cosa).

Es verdad que las relaciones que mantienen, en clave económica, miembros del gobierno con empresas estratégicas y el establecimiento de mecanismos para favorecer sus intereses mutuamente se traduce en que familias enteras no puedan poner la calefacción, ducharse con agua caliente, o que una señora muera incendiada por tener que usar velas por no poder pagar la luz.

Todo lo relatado, y muchas más cosas, forma parte de la realidad y es imprescindible entender que la relación entre la corrupción y las medidas políticas poco éticas con los problemas cotidianos de la gente son reales. Que las prácticas indecentes llevadas a cabo por quienes gobiernan afectan directamente a nuestra posibilidad de comprar la barra de pan de hoy. No es populismo, es afinar y traducir la realidad.

La corrupción es una lacra que hay que exterminar, no solo condenar verbalmente. Normalizar la desvergüenza es perpetuarla.

A 2017 le pido intolerancia

Sería infinitamente más útil, o, como mínimo, definitivamente menos agotador, que todas y cada una de esas personas que expresan sus mayores (y poco originales) deseos para el año que comienza a través de Facebook y otras redes, interrumpiendo el flujo de información interesante, lo hicieran por otras vías. Por ejemplo, para sí mismos. Se sorprenderían de lo placentero que es mantener una conversación con una misma sin romper el maravilloso silencio de las demás.

El caso es que, como esta práctica/bombardeo innecesario es algo que desequilibra mi paz interior cada enero, he decidido compartir mis anhelos también, a ver si puedo desequilibrar un poco la tranquilidad interior de algunas de mis iguales. No obstante, seré breve.

A 2017, sí, le pido intolerancia.

Pido intolerancia a la escandalosa, estresante, demoledora y, como diría un grande que se acaba de marchar, líquida rutina que nos aprieta la garganta cada día. Pido intolerancia a los parches emocionales, a la contaminación y al aceite de palma. Pido intolerancia a la criminalización de la protesta ciudadana, a la represión de los pueblos a manos de las fuerzas armadas y a los Estados fascistas democratizados.

Pido intolerancia al maltrato animal, al maltrato psicológico hacia el prójimo, al maltrato físico, al maltrato. Pido intolerancia al machismo, al que se ve y se oye, y al que casi no se puede percibir.  Pido intolerancia a la falta de calidad informativa, a la manipulación de los medios, a la permanencia en prime time de personas que difaman, calumnian, mienten. Pido intolerancia a la corrupción, al adueñamiento de unos pocos de la Patria, de la cultura popular y de los valores de los pueblos. Intolerancia a la usurpación de la hegemonía.

Pido intolerancia al arrebatamiento de la libertad de las personas, de los animales y de todos los seres vivos que habitan el planeta. Pido intolerancia al aniquilamiento de la Madre Tierra, al consumo compulsivo y a la devaluación de la felicidad como camino y objetivo vital. Pido intolerancia a la explotación, la opresión, la hemorragia de la clase obrera, de los trabajadores y las trabajadoras (la mayoría social).

Pido intolerancia al egoísmo, a la deshumanización de las naciones, al cierre de fronteras y a la vulneración de los Derechos Humanos. Pido intolerancia a la alienación de la ciudadanía, al racismo y la xenofobia, a la pobreza energética y al abandono de nuestras iguales en la calle. Pido intolerancia a los desahucios, al hambre de nuestras vecinas y a los recortes en sentido común. Pido intolerancia al desmantelamiento de lo público: Educación, sanidad, pensiones, transporte.

Pido intolerancia al abuso de poder, a la violencia institucional, a la desigualdad salarial entre hombres y mujeres, a la desigualdad en general y a la discriminación. Pido intolerancia al fascismo, a la homofobia, a la experimentación con animales, a la asfixia de las pymes y a la colonización de los territorios y de los pueblos. Pido intolerancia a la provocación, la participación y el fomento de las guerras.

Pido intolerancia al autoritarismo, a la supeditación de la vida a las redes sociales, al dominio privado de los medios de producción y a los feminicidios. Pido intolerancia a la conservación de símbolos franquistas (fascistas), al olvido de nuestra historia y a las carencias democráticas. Intolerancia a la falta de solidaridad, de justicia, de equidad, de tranquilidad, de amor.

La intolerancia, a veces, se hace necesaria.

[Foto: Pixabay]

¿Son útiles las instituciones para las personas sin techo?

Gestión del sinhogarismo: alternativa libertaria

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Son cuatro los años que el Instituto Nacional de Estadística (INE) lleva sin actualizar los datos en relación con las personas sin hogar en España (en 2012 cifraba 22.398). A pesar de ello, asociaciones como RAIS Fundación y organismos como el Comité Europeo de las Regiones estiman que el número total de personas sin hogar se sitúa en torno a los 35.000 en España y los tres millones en Europa. Por su parte, activistas como Lagarder Danciu, constantes en el análisis de la situación de sinhogarismo a lo largo y ancho del Estado español, elevan la cifra nacional a 50.000 personas.

Desde el último estudio del INE, los datos numéricos de personas sin hogar no han hecho sino incrementarse. Además, según relata Alfonso Hernández, periodista especializado en el ámbito social y portavoz de RAIS Fundación, a partir de una campaña llamada “HomelessMeetUpValencia”, se ha encontrado que “cuanto más tiempo pasa una persona en la calle, más probable es que continúe en ella. En el caso de Valencia, un 35% de las personas permanecen, de media, en la calle más de 5 años, y un 15% más de 10 años”.

Según explica Patricia Benedicto, psicóloga clínica y maestra, las personas que se ven abocadas a esta situación de absoluta precariedad tienden a presentar “cuadros clínicos caracterizados por sentimientos de tristeza o vacío, pérdida de peso, fatiga, insomnio, sentimientos de culpa e inutilidad, indecisión y, en algunos casos, pensamientos recurrentes de muerte, inestabilidad, desmayos, opresión torácica, miedo”. Son síntomas que “se vienen manifestando desde que estas personas son conocedoras de su situación”, lo cual provoca que la ansiedad, por ejemplo, vaya en aumento.

Los niños tampoco están exentos de verse en estas tesituras  y, por consiguiente, de padecer los cuadros clínicos enumerados, ya que es algo que afecta a familias enteras. En este sentido, según relata Patricia Benedicto, “los programas de prevención de trastornos psicopatológicos en la infancia y la adolescencia son bastante escasos”, y aunque en situaciones tan estresantes es difícil evitar lo anterior, se puede “trabajar desde las escuelas y desde programas de acompañamiento”.

Es fundamental “contar con una extensa red social de apoyo”, tanto a nivel institucional como por parte del conjunto de la sociedad. Benedicto cree que una forma eficaz de revertir la parte “prejuiciosa” de la ciudadanía con respecto a las personas sin hogar puede ser el trabajo en la escuela, ya que entiende esta como “un espacio privilegiado para trabajar valores” como la empatía “y fomentar un estilo asertivo en los alumnos, caracterizado por el respeto a los demás y a uno mismo. Como podemos ver  escrito en la pared del centro de Jesús Abandonado  «si juzgas mi camino, te presto mis zapatos»”.

De esta manera, a través de lo que se entiende como una parcela de educación en valores en los centros educativos, se puede desarrollar una conciencia colectiva de asunción de las problemáticas sociales que se suceden y de respeto igualitario al resto de personas independientemente de su situación económica. Tal como relata Benedicto, “un estudio de la Universidad Complutense de Madrid afirma que el 46.7% de las personas sin hogar son felices. Quizás deberíamos plantearnos si no somos nosotros, las personas ajenas, las que tenemos miedo y no ellos”.

Centros de atención infrautilizados

Para paliar la incesante problemática de sinhogarismo, las instituciones ofrecen centros de atención a personas sin hogar y albergues con diferentes servicios básicos y –aunque no siempre- de orientación. En 2014, el total de centros ascendía a 619. La ocupación de los mismos nunca llega al 100% a pesar de la inferioridad del número de plazas con respecto al número de personas sin hogar.

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Cabe preguntarse los motivos por los cuales ningún centro de este tipo consigue completar su aforo. En septiembre de 2015, el diario El Mundo mostraba que “solo 1 de cada 4 sin techo va a centros de atención”. El resto de personas decide “buscarse la vida fuera, en los metros, en los puentes, en los portales, en cualquier rincón”.

Un hombre, apodado “El Papi”, que ha vivido más de 22 años en las calles de Madrid, declaró en una entrevista concedida a eldiario.es que, si estuviera en su mano, “lo primero que haría sería acabar con los albergues, porque son como cárceles a régimen abierto”. También introdujo la idea de abrir espacios autogestionados donde ellos mismos pudieran organizarse “sin que hubiera detrás ninguna empresa con ánimo de lucro”. Muchas de las personas que han preferido ocupar las calles muestran su descontento con el trato recibido en dichos centros y con la inutilidad de los mismos a largo plazo.

La experiencia libertaria de La Esperanza

En este sentido, se podría enfocar la mirada hacia una extraordinaria experiencia autogestionaria que ha tenido lugar en Gran Canaria desde 2013: La Esperanza, considerada la mayor comunidad okupa de España. En ella viven 77 familias (alrededor de 250 personas). Se trata de “una experiencia libertaria llevada a cabo por gente no anarquista”. Esta iniciativa se desarrolló en un contexto “de precariedad social en Canarias”. El paro registrado alcanzaba el 35% y tuvieron lugar “más de 4.000 ejecuciones hipotecarias” durante ese año.

La Federación Anarquista de Gran Canaria (FAGC) planteó, entonces, el proyecto de ocupación de un edificio cuya construcción estaba inconclusa. Se unieron muchas familias, creando una comunidad en la que “el asamblearismo fue la principal forma de organización”, según cuenta Ruymán Rodríguez, portavoz de la FAGC. En La Esperanza viven con luz de obra, bidones de agua y aproximadamente un 30% de los vecinos se alimentan a partir de una huerta común. Entre todos los miembros de la comunidad gestionan el funcionamiento y la vida de la misma y son autosuficientes a partir del trabajo colectivo.

Comunidad “La Esperanza” / Fotos: cedidas por miembros de la comuna

 

Desde la Federación Anarquista de Gran Canaria, impulsora de esta comuna, explican la experiencia.

Cansadas de la inutilidad de los centros de atención, algunas voces han planteado que exista la posibilidad de habilitar espacios en los que las personas sin techo puedan autogestionar su situación. ¿Es una buena idea?

La autogestión pasa por ser hoy la única alternativa que ofrece garantías. El problema de los albergues es sólo que son parches temporales, y que sus ridículos requisitos y la propia estructura de la institución son diseñados para imposibilitar que las personas que sufren indigencia puedan encontrar soluciones reales a su situación. Y menos todavía que sean protagonistas de dichas soluciones. Por ahora, ni los subsidios ni las ONG’s han solucionado nada de forma duradera. En nuestra experiencia, sólo cuando las personas sin hogar se han organizado y han tomado inmuebles abandonados, han podido paliar su estado de desamparo.

En La Esperanza hubo algunos problemas de organización cuando la FAGC se retiró de allí para dejar que el proyecto se desarrollara autónomamente. Quizá debido a que en la sociedad, en términos generales, no existe costumbre de asamblearismo y la organización de grupos de trabajo se torna difícil. ¿Cuáles son los pros y los contras de la autogestión?

Lo ocurrido en La Esperanza es parte de un proceso de aprendizaje, de ensayo y error. La FAGC intervino a petición de los vecinos, pero quizás hubieran llegado a las mismas conclusiones sin nuestra influencia. Probaron un modelo de delegación, presidencialista, y no les convenció. Actualmente se autogestionan solos al 100%.

Los pros de la autogestión son evidentes: permite al afectado intervenir en sus problemas de forma directa y hallar la solución que más se ajuste a sus necesidades. No solo reporta, a niveles psicológicos, responsabilidad, dignidad y autoestima; a nivel social y económico es mucho más funcional y resolutivo. ¿Esperar un subsidio que no llega cuando puedes ocupar un pedazo de tierra, plantar y alimentarte? ¿Aguardar por una vivienda de protección oficial que no vas a poder pagar cuando hay más de 135.000 casas vacías en Canarias? La autogestión es más eficiente.

Los contras: tomar decisiones por uno mismo, cuando se nos enseña desde la infancia a delegar, no es sencillo. Si algo se rompe, si surge algún problema, no hay estancias superiores a las que recurrir; es la comunidad, con sus límites, la que tiene que usar su saber y fuerza para resolver los problemas. Puede que vivir así implique un coste: la necesidad permanente de autocapacitarse. Pero vivir dignamente lo merece.

Aunque suene contradictorio, ¿hay algo que puedan hacer las instituciones para hacer que iniciativas de este cariz sean de más fácil desarrollo? ¿Es posible un proyecto mixto autogestión-institución?

Un “proyecto mixto” nunca sería realmente autónomo. La autonomía implica independencia de las instituciones. No es un concepto ideológico, sino de sentido común. Quien paga manda. Si una institución interviniera, el espacio para la autogestión sería mínimo, estaría encorsetado.

Las instituciones, en nuestra experiencia, sólo han entorpecido este tipo de proyectos. Para que pudieran hacer algo tendrían que cuestionarse principios como el de propiedad privada, competencia, capitalismo, y primar otros como el de derecho al techo, a la autonomía y a la propia vida por encima de cuestiones monetarias. Y los poderes públicos no están por la labor.

Podrían quitar las viviendas que “regalaron” a los fondos buitres, acabar con las gestoras privadas de vivienda pública, garantizar suministro eléctrico y acuífero a la población por debajo del umbral de la pobreza, entregar viviendas públicas con las que especulan a indigentes y desahuciados. Es algo que está en su mano, pero no lo hacen ni lo piensan hacer.

Por lo tanto, ¿cómo podrían ayudar? No estorbando.

¿Qué podemos aprender de La Esperanza?

Una lección de capacidad: sobre el potencial organizativo de los que han sido excluidos de la vida social y política; sobre la fuerza de las mujeres como dinamizadoras, sobre la plasticidad de los niños; sobre el talento desaprovechado de todo un sector de la población arrojado a la indigencia después de años construyendo mil estructuras con sus propias manos. Podemos aprender lo difícil que es asomarse a la autogestión sin sentir vértigo, lo duro que es romper con dependencias y subordinaciones, lo complicado de tener tu vida en tus manos sin tomar decisiones contraproducentes que saboteen tu propio proyecto.

 

“No puedes no conocer a The Beatles”

Hay voces que gritan -porque no queda otra- que la invasión y el expolio de América fue el acto de inauguración oficial del capitalismo más salvaje. Luis Nitrihual recordaba hace unos días, en el contexto de una conferencia sobre la estructura de medios en América Latina, que la llegada de la modernidad y el progreso al continente llevó consigo poco menos que un “desarrollo frustrado del capitalismo” que comentaba antes, pues en lugar de permitir el desarrollo de una industria propia e independiente a los pueblos latinoamericanos, se apostó por la extracción abusiva de materias primas mediante la explotación de las tierras para una posterior producción de bienes en Europa. Dejando así, a estos, en la más absoluta situación de indefensión y dependencia económica. Es la enésima muestra de un ejercicio de desvergüenza en la historia de la humanidad.

Así contado, en un cutrísimo párrafo de ciento treinta y nueve palabras, suena frívolo y casi pueril. Y es una lástima, pero no tenemos la culpa de ser vividos –que no vivir- en la era del neofascismo democratizado cuyas ciudadanías crecen, se reproducen y mueren –convencidas de la idoneidad del mismo- desprovistas de cualquier fórmula de empoderamiento y control de la propia vida. Tampoco tenemos culpa de tener el discurso limitado a trescientas palabras en las que, además de contar todo lo que se sucede en su mundo, tenemos que demostrar que hemos leído Territorio Comanche del muy español y mucho español Pérez Reverte, que las mesas de nuestras casas están bien calzadas con Los pilares de la Tierra,  que tenemos una opinión formada sobre la cobra de Bisbal a Chenoa y que nos gustan The Beatles. No vaya a ser que en la esfera pública se empiece a leer a Bakunin.

¿O sí?