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Déjate ser

Déjate ser. Si quieres… ríe aunque no toque, llora porque sí, teme a la muerte y anhélala a ratos, escribe para ti y para cualquiera, sé hipócrita, siente vergüenza y aprende, miéntete conscientemente para descubrir todas tus verdades, rómpete la boca a carcajadas en un baile, folla lento y no termines si no quieres, lánzate al vacío, desaparece, vuelve a renacer si te apetece, date una ducha en la bañera de los dioses cuando tengas miedo y después vuelve al infierno escogido, no te calles ni aunque te amordacen, destroza el bozal, átate de pies y manos cuando no sepas qué hacer, déjate mecer en el Cantábrico. Come lo que puedas, lo que quieras, lo que tus principios te permitan, come para cuidarte, para saciarte, para engordarte de alegría, y después cómete el mundo si te apetece, y si no, mastica bien tus miedos para que no se te hagan bola.

Ahorra, gástalo todo de golpe, dona tu cuerpo a la ciencia inexacta de otro cuerpo, duda, sal huyendo, regresa a ti y a todo, y aprende a bailar bien agarrada a la tristeza. Ponte a prueba y no te superes si no te sale. Sé tú en los tiempos verbales que te dé la gana. Sé cosas nuevas. No anheles ser libre, vive como si pudieras serlo. Acaricia sin poner nombre a la piel.

Y ama. Ama para toda la vida o solo un rato, ama un poco lento, algo más fuerte, algo más torpe. Ama unos segundos, deja de amar y perdónate, y perdona a la vida, y perdona los pisotones de los bailes, las heridas. Ama aunque no sepas cómo hacerlo, ama aunque no sepas si es amor, ama los instantes que te pongan de los nervios, ama a cientos de personas a la vez, ama en silencio y ama a viva voz, a viva piel, saca tu amor por la ventana y contamina tu barrio con ello. Ama a los seres que te regalan el lujo de respirar. Ama las curvas de la vejez, las arrugas de tu alma, la comisura de las caderas menos tonificadas, los dientes manchados de felicidad, las canas, los ojos rojos de llorar, o de fumar.

Ámate. Ámate feliz y ámate insegura. Ámate sin fuerzas, ámate agotada. Ámate. Déjate sentir. Déjate ser. Así, sin apellidos.

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Foto original: Claudia Nicolás

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Grietas

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Salí a respirar y lo hice, me deshice y me recompuse. Pero el nudo permanece en mi garganta. Cada centímetro de universo me recuerda que donde antes habitada la eternidad ahora llueven pianos. Y escuece como una herida abierta sumergida en alcohol, aunque no me he mojado ni los labios.

Tengo la lengua agrietada de lamer mis propias cicatrices y, aún así, no es suficiente. No vine al mundo para fingir con orgullo, mi dignidad reside en el rugir de mis pupilas.

Mario Marzo: “No hay nada como salir para abrir la mente, e invito a todo el mundo a que lo haga”

Cinco años después del final de Los Protegidos, Mario Marzo vive inmerso en sus estudios musicales y en su canal de Youtube en Berlín. En un hueco entre los múltiples proyectos audiovisuales que está desarrollando, el actor y pianista madrileño hace un recorrido por su trayectoria profesional y relata las ventajas e inconvenientes que experimenta un joven de veintiún años que decide buscar su independencia económica a 1.870 kilómetros de casa.

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Mario Marzo frente al piano / Foto: Álex Domarco

Se te conoce, principalmente, por tu participación en la serie televisiva Los Protegidos, pero en la actualidad te dedicas a otras cosas. ¿Quién es Mario? ¿Cómo definirías tu vida profesional? ¿Cómo te presentas ante el mundo?

Es una pregunta bastante difícil. Yo llevo trece años tocando el piano, es lo que más he hecho en mi vida, seguramente, junto a comer y dormir. Entonces, se podría decir que soy pianista, que soy músico. Aunque, realmente, el dinero que gano no viene, para nada, del piano, porque soy músico clásico, no estoy en un grupo de rock-pop en el que pueda ganar dinero por conciertos o festivales. También he trabajado como actor y ahora mismo estoy dirigiendo mi primer documental. Eso es lo más serio que podría decir. (risas)

Tienes veintiún años y vives en Berlín de manera independiente. Hay quienes dirían que tal vez eres un poco joven para haberte lanzado así hacia el abismo de la vida adulta. ¿En qué momento decides dar ese paso y emprender proyectos diferentes fuera de las fronteras españolas?

Yo con quince años, cuando empecé a trabajar en Los Protegidos, estaba convencido de que iba a salir de mi casa a los 18 años, porque no aguantaba a mi madre, no aguantaba a mi padre, no aguantaba nada. Después, cuando llegué a los 18 años, se me pasó la tontería y vi la realidad. Me di cuenta de que no quería salir de casa, no por motivos económicos, sino porque los pensamientos que había tenido eran fruto de la adolescencia y vi que estaba muy bien en casa.

A los veinte años me concedieron una beca Erasmus en el conservatorio y vine a Berlín, porque conocía a un profesor con el que estaba muy interesado en trabajar. Después de un año trabajando con él, vi que estaba muy a gusto, que había mejorado mucho, que estaba aprendiendo y que me encontraba muy cómodo, de manera que decidí hacer pruebas en el conservatorio y entré. Esa ha sido la razón por la que me he ido a vivir al extranjero.

Tuve la posibilidad, gracias al Erasmus, de probar lo que era vivir solo lejos de casa, en un país en el extranjero. Dentro de que no fue una experiencia fácil, mereció la pena y, sobre todo, aprendí muchísimo. Aprendí cosas que no creo que hubiera sido capaz de aprender en Madrid. Gracias a eso me mojé los labios con la miel, me gustó y por eso ahora vivo solo.

En los últimos años, cientos de miles de jóvenes se han visto obligados a salir fuera de España para encontrar trabajo o, sencillamente, poder dedicarse a lo que querían. Por lo que cuentas, no es tu caso. ¿No es que no tuvieras un hueco en España sino que tenías otras aspiraciones?

El planteamiento cultural por parte del Gobierno de España es muy malo. Casi nulo, me atrevería a decir. No quiero comparar la cultura con la economía, pero no veo que haya un planteamiento cultural similar (con vistas al futuro), unas bases ni unas ganas de hacer crecer la cultura. Y hablo desde el sector más beneficiado, que es la música y la actuación. Si fuese escultor, pintor o escritor estaría, hablando rápido y mal, comiéndome los mocos.

Yo no me fui de España porque no tuviese oportunidades, sino porque quería estudiar, pero quizá no veo que tuviese esas limitaciones porque mis dos padres trabajan. No somos ricos, ni mucho menos, pero me puedo pagar la matrícula. Pero es cierto que, en España, la matrícula del conservatorio me costaba unos 2.000€ al año, aquí en Berlín me cuesta 400€ al año. El máster en Madrid creo que son 9.000€ el año y en Berlín, 600€. No me he ido porque me obligase España, pero tarde o temprano iba a salir. Para crecer como persona, para crecer como profesional y para sentirme valorado.

“Los de la serie fueron de los peores años de mi vida fuera del set de rodaje”

¿Cómo se produce ese cambio de actor a youtuber en términos personales? ¿Cuando estabas en Los Protegidos te planteabas dedicarte al mundo audiovisual?

Para nada. Yo llevo muy poco tiempo cogiendo una cámara. Hace un año, aproximadamente, edité mi primer vídeo. Nunca me había llamado la atención. Todo esto vino porque, a partir de la serie, conocí a gente que me hacía fotos y hacíamos excursiones en las que se dedicaban a hacerme fotos, a hacerse fotos entre ellos, etc., y, cuando no me hacían fotos a mí, yo solo miraba, no podía hacer nada. Ahí empezó a apetecerme tirar mis fotos.

Fue en ese momento cuando compré mi primera cámara, y me gustó mucho. Sobre todo, me encantó abrir las puertas del arte que yo quería transmitir, abrir las puertas de mi mente que antes estaba únicamente limitada a lo que podía hacer con la música y, si eso, con la actuación. Esa posibilidad fue un mundo completamente nuevo para mí. La cámara me ha aportado mucho, y no lo digo por dinero, acciones comerciales o por viajes y experiencias, que también, sino por la capacidad de transmitir algo que no podría hacer de otra manera. Hacer vídeos es donde veo que va a ir mi vida. Me he dado cuenta de que quiero contar cosas, y ojalá vaya muy bien y estas ganas que tengo de transmitir funcionen.

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Foto: Juan Carlos Quintero

Expones tus ambiciones como si de un híbrido entre el arte y el periodismo se tratara. Eso de transmitir historias de vida, de mostrar cada día algo más, el añadido a la simple imagen, lo que hay detrás, es lo que se está viendo en tus últimos trabajos.

Sí, donde me gustaría que fuera mi carrera como director o videógrafo sería conseguir lo más aséptico posible a mí. Yo no quiero salir en mis vídeos, sino ser un conector entre la historia y el espectador. Lo que pasa es que es muy difícil, sobre todo sabiendo tan poco como yo sé. Me gustaría hacer un contenido que fuese con mi sello, hecho por mí, editado y grabado a mí manera y demás, pero que yo no fuese el protagonista.

Ahora estoy planeando vídeos y tengo que aparecer yo porque, primero, es lo que mejor feedback, lo que mejor respuesta de la gente tiene y, aunque no me quiera vender a ello, si quiero tener vistas a producir un documental más grande necesito tener a gente detrás que lo respalde. Viviendo en mi torre de marfil del artista diciendo “no, yo solo hago lo que yo quiero, no me quiero vender” no lo voy a conseguir..

En este sentido, teniendo en cuenta que tú ya tienes una imagen pública construida a partir de tu papel en Los Protegidos, ¿has podido utilizar esa imagen para dar a conocer tu trabajo actual y posicionarte en las redes, o en alguna ocasión has sentido que tu trabajo se valoraba por quién eres y no por la calidad de tu contenido?

Puede ser que al principio fuese así, pero creo que después, cuando se ha ido asentando mi audiencia, la gente que se interesa por mi trabajo deja de ser ya por quién soy yo, que es lo que pasaba durante la serie. Los de la serie fueron de los peores años de mi vida fuera del set de rodaje por lo que conllevaba el reconocimiento público, el empezar a ser alguien y el que todo lo que dijera tuviese repercusión. Fue de las peores experiencias que he tenido en mi vida por culpa de la serie. Y todo lo que guardo de la serie es positivo. Echo mucho de menos trabajar allí, estar con la gente. Fueron, seguramente, los mejores años de mi vida, pero solo cuando estaba rodando. Cuando no, era un castigo, y maldecía el primer día en que me metí en ello porque no podía ir al cine, no podía ir con mis amigos a la calle, llamaban a mi casa, sabían mi teléfono.

Una vez se asentó el boom hubo gente que realmente quedó interesada por lo que yo hago. En este momento creo que la mayoría de gente no está en mi canal por ser quien soy sino porque tienen curiosidad por lo que hago y sienten empatía por la manera que tengo de contar las cosas.

¿Que haber salido en la serie me ha ayudado a tener los seguidores y la repercusión que tengo? Sin ninguna duda. ¿Que le debo gran parte de lo que estoy haciendo ahora a la serie? Sin ninguna duda. ¿Que sin la serie no hubiera sido posible? No creo. Hubiese sido más difícil, pero creo que la gente que ahora está diciendo que le gusta mucho mi contenido, si yo no hubiese sido Mario Marzo le hubiese gustado igual. Espero. (risas)

“Muchos españoles vienen aquí a Berlín, la ciudad del tecno, de las oportunidades, y se dan con la puerta en la cara”

Hablando del contenido, ¿cómo se te presentan esos proyectos? ¿Responden a iniciativas propias o los desarrollas partiendo de peticiones concretas de marcas?

A mí hacer vídeos me cuesta muchísimo, porque creo que hacer otro tipo de vídeos me sería mucho más fácil y me requeriría mucho más tiempo, pero lo que decía antes de mi torre de marfil, de lo que quiero yo hacer, no me lo permite. Me permite hacer vídeos que en un principio tendrían mejor repercusión o serían más aceptados. Me cuesta mucho hacer vídeos, no solo por el trabajo sino por la idea y por intentar que haya algo más detrás del vídeo. Y no siempre lo consigo.

En este caso vienen muy bien las marcas. Cuando una marca me escribe para un vídeo, me lanza palabras, ideas, que a mí me llevan a sacar mis propias conclusiones sobre qué es lo que me apetece hacer para colaborar con ellos. Y, aunque trabajar con marcas no es lo que más me guste hacer del mundo, lo veo completamente necesario porque, de otra manera, no podría permitirme mejorar mi equipamiento, viajar y demás. No tendría dinero.

Sería interesante, con respecto a la parte más técnica del trabajo que desarrollas, para todos aquellos jóvenes que se buscan la vida fuera de España ya sea por ambición o por necesidad, conocer un poco mejor cómo puedes permitirte llevar a cabo tus proyectos. Se entiende que eres freelance. ¿De dónde proviene la financiación de tus trabajos cuando no es de marcas? ¿Con qué equipo material cuentas?

Si yo estoy en Berlin ahora y si estuve el año pasado no fue por la beca. Fue porque, como he comentado, mis padres son funcionarios y yo he tenido la suerte de trabajar tres años en televisión y tengo dinero ahorrado. Si no, no me hubiese sido posible. La beca Erasmus era una miseria, no cambiaba nada que me la hubiesen dado o que no, económicamente hablando, y de ahí es de donde viene la posibilidad de que yo pueda hacer lo que hago.

Yo no pongo anuncios en mis vídeos porque no veo la necesidad. Es un incordio, el beneficio que me daría sería de 15€ al mes y la molestia es increíble. Cuando una marca me ofrece un dinero para hacer cierto tipo de contenido, intento gastar parte del dinero en hacer algo que sea de un poco más de calidad que el resto. Porque de eso se trata, creo yo. Creo que ahí está el problema de las colaboraciones que se hacen hoy en día en redes sociales, que la gente recibe el dinero, se lo queda y hace un vídeo completamente normal. Eso lo que hace es ensuciar un mundo bastante sucio de por sí como es el de la publicidad y tener muy poco respeto a lo que es el trabajo de los demás.

Yo intento ahorrar, porque sé que lo necesitaré en el futuro y porque, por supuesto, lo que me está pagando el alquiler son básicamente las redes sociales. Estimo qué dinero puedo ahorrar y el resto lo invierto en el vídeo, ya sea alquilando mejor equipo, contratando a gente que me pueda ayudar o en un viaje.

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Foto: Álex Domarco

¿Trabajas solo? ¿Con qué material de trabajo cuentas y cómo has ido pudiendo ampliarlo?

Trabajo completamente solo. Yo lo hago todo. Me gustaría tener a alguien conmigo y, si en algún momento los presupuestos son más elevados, podré permitirme llevar a alguien que me grabe a mí. Si no, no será posible.

En cuanto al material, todos mis vídeos están grabados con una cámara réflex y un par de lentes buenas. Ya está, eso es todo. Llevar más material es complicado. Por ejemplo, el vídeo de India fueron diez días de viaje con mi chica y fue tremendamente difícil, porque es un sitio muy incómodo, con mucha suciedad, los trenes se mueven mucho y hacen que en general el ambiente, aparte de que lo que ves no es agradable de por sí, sea un poco difícil para el trabajo. Si no hubiese sido así, me habría llevado un trípode, un micrófono, alguna luz. Pero no es posible.

¿Encontraste barreras en tu emigración a Alemania? ¿A qué tipo de inconvenientes o desventajas se enfrenta un joven de veinte años que decide mudarse a Berlín con recursos económicos limitados?

La barrera más importante es el idioma, y de esto me he dado cuenta hace relativamente poco tiempo. Llevo más de un año y medio viviendo fuera y, ahora que por motivos de trabajo viajé a Londres y que iba en el autobús y entendía la conversación que tenía la gente de detrás, que cuando estaba en el aeropuerto y decían el nombre de un vuelo y la hora a la que salía lo entendía sin prestarle atención… vi que eso hace que te sientas integrado en una sociedad, que seas parte de ella y estés cómodo.

Eso no me pasa en Alemania. Ahora que he vuelto, voy en el metro y no entiendo la conversación de quien tengo al lado, y eso que yo hablo alemán y puedo mantener una conversación, pero eso no implica que yo lo tenga interiorizado o naturalizado en mí, que yo vaya a un supermercado y entienda lo que la cajera le está diciendo a un señor. Eso es muy frustrante y crea una soledad y un no sentirte acogido por el país, de manera involuntaria, muy fuerte. Ese creo que es el mayor inconveniente.

“Ojalá estas ganas que tengo de transmitir funcionen”

¿Has podido conocer a gente de tu edad que se encuentre en una situación de mayor vulnerabilidad económica y tengan empleos que poco o nada tengan que ver con su ámbito de conocimiento?

Claro, aquí pasa mucho. En Berlín hay una falsa imagen de ciudad abierta y barata, que lo es, en la que con el inglés se sobrevive, y no es así. La gente viene aquí pensando que esto es jauja y para nada. Berlín tiene un paro altísimo, como en España, como en Madrid. Muchos españoles vienen aquí, a la ciudad del tecno, de las oportunidades, y se dan con la puerta en la cara. Conozco a mucha gente que está aquí en Berlín intentando buscarse la vida y todos trabajan de camareros o de repartidores, porque es el trabajo que hay. Es así. Yo tengo la suerte de que estoy en Berlín estudiando. Si no fuese así, trabajaría de redes sociales, pero no me daría para vivir y tendría que trabajar en otra cosa y, como no tengo alemán, los trabajos que me quedan son bastante limitados.

¿Qué le recomendarías a una persona que tuviera que plantearse la vida fuera de España con posibilidades mínimas? ¿Cómo retratarías la vida en el exterior?

Yo invito a toda la gente a que salga. Saliendo es como más se crece personal y laboralmente. Aunque vayas a un país en el que no puedas trabajar, ver cómo se trabaja allí, los sistemas, los estudios, va a hacer que espabiles. Y creo que ir a probar suerte dos años a París y volverte porque no has podido no es un fracaso. Contarás con una ventaja enorme cuando vuelvas. No hay nada como salir para abrir la mente, e invito a todo el mundo a que lo haga.

También se ha de saber a lo que se va, que ya no es un juego. A mí me echaron de la casa en la que vivía, me pusieron las cosas en la calle, y me tuve que buscar la vida. De repente entras en la vida real, en un nivel en el que no se puede guardar y volver hacia atrás (como en los videojuegos), ni hay una cama siempre disponible en la que dormir. Ya es la realidad. Y a mí me ha tratado muy bien, pero hay momentos en los que no, y hay que estar preparado, hay que saber qué puede pasar, hay que saber que, como me pasó a mí, si ocurre cualquier cosa estás solo anímicamente. Vendrán días malos que no van a mejorar de ninguna manera, pero que pasarán. Hay que saber sobrevivir y sobrellevar los mejores y los peores momentos.

Atardece en el Faro de Higuer

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¿Para qué tanto faro con luz apagada? ¿Para qué tanto espacio vacío de vida? ¿Para qué tanto cielo cubierto de ojos que no pueden mirar? ¿Para qué tanto ladrillo que a nadie abriga? ¿Para qué tanto ornamento si el valle es de lágrimas? ¿Para qué tanta seguridad que a nadie protege? ¿Para qué tantos muros? ¿Para qué tantas balas disparadas por la paz? La belleza es más la brisa que el espacio, el hambre no se sacia con cemento, las almas no se pueden emparedar y la voz no la calla la mordaza.

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Qué vértigo observar a tantos tratando de hacer equilibrio allí arriba. Qué estúpido penar por encontrarse abajo, siendo cimiento. Qué necesario seguir caminando para que no haya cimas ni miserias, para que los ‘todos’ saboreen el barro de los ‘nadies’. Qué utopía y qué ineludible.

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Aquello que no vemos, pues tenemos la mirada emborronada con mentiras, es vereda hecha a gritos de lucha. La libertad queda lejos, pero sólo hay que saber enfocar los esfuerzos. Solemos quedarnos atados a la señal que indica que es correcta la senda que nunca emprendemos. Si unimos las manos en lugar de encadenar las pisadas, Dignidad estará cerca, justo al saltar la valla del miedo.

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A veces la Luna -que entra, que sale, que vive, que duerme, que crece, que mengua, que llora, que surge, que observa- nos mira confusa. A veces la Luna enmudece. Con gritos nublados nos cuenta lo mierdas que somos, la enorme miseria que estamos creando, los buenos valores que estamos perdiendo. Peor, los muchos que nunca adquirimos, lo cobardes que son los ojos vendados. Nos tilda de ruines y no pierde razones, advierte que el fin justifica los miedos, que los medios solo oprimen, asesinan, amargan al pueblo. La Luna comprende que, aun siendo una sola, la lucha no acaba. Que hay miles de puños tocando las puertas del cielo.

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Muy pocas veces lo vemos, aunque siempre está vivo. Detrás de ese nudo de polvo, de humo, egoísmo, oscuridad, desvergüenza y cinismo hay todo un mundo creando luz propia. Aquello que pretenden que pensemos que es fuego, es hoguera que da calor, ternura y aliento a la agotada esperanza social. Quedan océanos de tiempo para poder mirarte a los ojos, Justicia, pero alzando la voz abriremos la grieta de la sinrazón para construir con amor el poder de los pueblos.

Ideas desordenadas

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En mi cara se dibuja tu recuerdo,

enloquezco, me divierto, me apresuro.

Pidamos a la vida un “alto al fuego”,

yo solo veo en tus ojos mi futuro.

Mirar los miedos siempre de reojo,

Ilusión me han contado que se llama

la ternura de pensarme independiente.

Acaricio con los dedos mis anhelos

aunque a veces se vuelven intermitentes.

Mirar los miedos siempre de reojo, es darle la razón a la corriente. Mejor luchar la vida codo a codo,  que vivir siempre condenado a la muerte.

Mirar los miedos siempre de reojo,

es darle el timón a la corriente.

Mejor luchar la vida codo a codo,

que vivir siempre condenado a muerte.

Maria 7

Escogí la libertad como alimento,

que ser mujer no ha de ser un sufrimiento.

Prefiero ir reconstruyendo los escombros,

que aceptar ya, tan temprano, el desaliento.

Elena 4

“El sol es una estufa de butano”, dijo Joaquín.

Yo siempre he sido de calor humano.

Añoro aquellos versos que, en mi espalda,

dibujabas con la arena de tus manos.

Elena 6

La oscuridad es mi libertad, siempre me escondo,

nunca guardo la sonrisa entre los dientes,

a veces me santiguo como Rubens,

mi vida parece pintada al óleo.

Maria 6

El límite de la alegría es un invento

de los dioses que crearon firmamento.

La meta no es final, sino camino.

Me lo llego a creer y no lo cuento.

 

Que si arrugas, que si granos, que si bolsas. Olvidemos por un rato tanta ruina. No maldigas los efectos de la vida, esta risa es más verano que la costa.

 

Que si arrugas, que si granos, que si bolsas.

Olvidemos por un rato tanta ruina.

No maldigas los efectos de la vida,

esta risa es más verano que la costa.

Soledad, qué bonito nombre tienes, cuando enredas con el tiempo mis pisadas. Si anduviera...¿ no habría visto tanta vida en las paredes.

Soledad, qué bonito nombre tienes

cuando enredas con el tiempo mis pisadas.

Si anduviera apuntalada a la rutina

no vería tanta vida en las paredes.

Maria 5

Tengo veinte años menos dos

y ocho meses de una hermosa taquicardia,

vivir fuera de casa es lo que tiene,

la sonrisa sale si bajo la guardia.

Son ciento dos los besos que nos dimos, un poema a medias que escribimos con la Luna, siempre nos despedimos en la cima, dejando todo lleno de locura.

Son ciento dos los besos que nos dimos,

un poema a medias que escribimos con la Luna,

siempre nos despedimos en la cima,

dejando todo lleno de locura.

Maria 2

Los labios se me agrietan a diario,

a veces me falta hasta el aliento.

La lluvia me cuelga de las pestañas

si pongo el alma fuera de mi barrio.

Maria 9

La impotencia de quien ve el telediario,

o la inocencia de creer que Dios nos guía.

Si me dieran a elegir, no tengo dudas,

yo me quedo con el humo del cigarro.

Las manchas de la lluvia de tu espalda, son rosas sin espinas en mi pecho, miradas que hacen fuego en la cocina, recuerdos de algún polvo a ras de cielo.

Las manchas de la lluvia de tu espalda

son rosas sin espinas en mi pecho,

miradas que hacen fuego en la cocina,

recuerdos de algún polvo a ras de cielo.

La luz a veces ciega, qué locura, y las dudas siempre campan a sus anchas , tendremos que cubrirnos las espaldas, la vida acompañada es menos dura.

La luz a veces ciega, qué locura,

y las dudas siempre campan a sus anchas,

tendremos que cubrirnos las espaldas,

la vida acompañada es menos dura.