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Margarita Ruiz: “¿Estás vendiendo un producto o estás vendiendo mi cuerpo?”

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Imagen cedida por Margarita Ruiz

Margarita Ruiz, natural de Murcia, tiene 21 años, es estudiante de Realización de proyectos audiovisuales y espectáculos y, desde enero de 2017, modelo en la agencia murciana Covers Models. Ha sido imagen de marcas como Inside, Rocai o Flamingos, entre otras. Se declara feminista y no se puede callar –afirma- “cuando hay algo que no le suena bien”. Nos habla de su experiencia en el mundo del modelaje y transmite su opinión acerca de la situación de las mujeres en esta industria y en la publicidad.

 

La modelo Cameron Russel, en diciembre de 2017, confesó en su cuenta de Instagram que, a la edad de 15 años, fue agredida sexualmente por el fotógrafo con el que hizo unas pruebas. A raíz de esta declaración, su perfil en las redes ha sido altavoz de hasta 60 casos de abuso a modelos.  Otras modelos, motivadas por las recientes denuncias de acoso por parte de actrices de Hollywood, también se han animado a hacer públicas situaciones de abuso vividas durante su carrera. ¿Has presenciado o vivido tú alguna situación de indefensión en primera persona desde que eres modelo?

 

Sí. Fue la única vez que me ha pasado algo así y desde entonces no he vuelto a trabajar con esa persona. Yo acababa de entrar en la agencia y me dijeron que tenía que hacer fotos en ropa interior o bikini (se hace para enseñar a las agencias cómo es tu cuerpo, si tienes tatuajes y demás) con un fotógrafo de renombre. Fui sin saber nada (normalmente no te informan mucho sobre el trabajo que vas a realizar, no te dicen exactamente lo que te vas a poner ni lo que vas a hacer). Me dieron un bikini muy pequeño y me asusté. Si esto se me llega a informar antes, hubiera dicho que no. Iba con una chica que era menor, sus padres firmaron el consentimiento.

En un momento dado, el fotógrafo me pidió que me quitase la parte de arriba. Pensé: “¿qué?”. No. Dije que no y fue que no. Pero después vi las fotos de la otra chica (yo no veía el trabajo de ella mientras lo hacía) y efectivamente esta chica sí que no llevaba nada, y era menor. Yo en ese momento no dije nada porque esta persona era bastante conocida, pero no volví a trabajar con él ni tengo interés en hacerlo. Yo tengo claro que hay cosas que no voy a hacer, porque tengo principios, y menos con alguien que no conozco.

En enero de este año, el New York Times publicaba que la reconocida compañía Condé Nast -propietaria de Elle, Cosmopolitan y otras publicaciones- ha establecido nuevas reglas para prevenir el acoso. Entre ellas se incluye no trabajar con modelos menores de edad, que no haya alcohol en los sets, que las modelos no se queden solas con fotógrafos u otros colaboradores, etc. ¿Crees que toda agencia de modelos o compañía propietaria de publicaciones de moda debería establecer normas de este tipo?

Por supuesto, porque parecen casos aislados pero no lo son, pasa. Se supone que, si un trabajo es realmente profesional, no debe haber ningún tipo de droga en el set. Ni de coña. Por otra parte, normalmente una sesión de fotos es una colaboración de al menos cinco personas, es imposible que estas cosas pasen, solo te dejan sola para cambiarte, nadie tiene por qué verte ni hacer nada. Pero, si estas cosas siguen pasando, será por algo, así que veo bien este tipo de medidas preventivas. Que todo se globalizara como una regla establecida sería positivo.

Christy Turlington, modelo de los años 90, dedicó unas palabras a propósito de la serie de denuncias que se desataron en Hollywood en torno al productor Harvey Weinstein. Decía que “el acoso y el maltrato siempre han sido ampliamente conocidos y tolerados en la industria de la moda”. ¿Dirías que es así? ¿El acoso y el abuso de poder son recurrentes en el mundo del modelaje?

Desde mi experiencia diría que no. El caso que he contado antes ha sido el único caso que he vivido y fue la primera sesión. Aunque es cierto que yo lo que hago son trabajos sueltos, porque a mí este mundo no me va. Me da dinero pero no me entusiasma. Pero bueno, no creo que el abuso sea algo recurrente, creo que hay otros problemas en el mundo del modelaje. Yo no he visto nada parecido. Tampoco tengo muchos amigos modelos.

Hablemos de redes sociales. Sin ellas no se entiende ninguna industria en la actualidad. Los trabajos que realizas para tu agencia no se quedan dentro de esta, sino que se comparte en las redes sociales. De esta manera, el público puede interactuar contigo directamente. ¿Has recibido algún comentario especialmente desagradable o inapropiado o conoces algún caso cercano?

Parece ser que, dentro de lo que cabe, tengo unos seguidores muy educados y, si piensan cosas, no comentan. Pero alguna vez sí he visto algún comentario con emoticonos que no me ha sentado bien. Son simples emoticonos, pero yo me pregunto “¿por qué?”, “¿para qué?”. Igual publico alguna foto en la que puedo ser –por decirlo de alguna manera- sugerente y la gente se cree con la libertad de comentar lo que le dé la gana. Emoticonos con babas y demás. Y, sinceramente, si no eres un amigo mío de confianza, la verdad es que me da un poco de grima. Pero en general no recibo comentarios así en público. Privados sí.

“Hay agencias que son nazis con los contratos”

Como modelo eres herramienta de y para la publicidad. Tu imagen, tu cuerpo, en última instancia, sirve a marcas concretas para vender sus productos. ¿Tienes o sientes que tienes libertad para elegir a quién sirves y a quién no? ¿Cuentas con algún tipo de herramienta de la que te puedas servir para rechazar ser imagen de una determinada marca cuyo producto o mensaje no te parece adecuado o no te interesa?

Depende de la agencia. Yo considero que en la mía, a lo mejor no tendré los mejores trabajos, pero tengo una libertad absoluta. Por eso estoy aquí. Podría estar en agencias en las que me salieran trabajos mejores, pero estoy contenta de poder decidir lo que quiera, cuando quiera y por los motivos que quiera. He rechazado trabajos porque tenía clase, porque no me encontraba bien o porque no iban conmigo con total libertad.

De la misma manera, conozco agencias que son –diría- nazis con los contratos. Exigen exclusividad máxima con multas de hasta 10.000€, etc. Y he trabajado con muchos modelos diferentes. Hay agencias en las que no tienes libertad ni para hacerte una foto a nivel profesional con un amigo tuyo, aunque no ganes dinero. Cedes tu imagen completamente a la agencia.

No es difícil encontrar diferencias entre imágenes de hombres y de mujeres en la publicidad. En ellos encontramos posturas, por lo general, más naturales. Sin embargo, en multitud de campañas podemos ver a mujeres siendo casi contorsionistas, con posturas incómodas e incluso peligrosas a simple vista. Hemos visto mujeres metidas en carros, haciendo formas con su cuerpo que en nada se corresponden con la realidad. ¿Qué opinas al respecto? ¿Has vivido alguna situación en la que la postura te incomodara o te pareciera surrealista o innecesaria?

Sí. De hecho, en la misma sesión de esta persona que contaba antes. Él está especializado en fotografía de desnudos y lo que pretende únicamente es crear sensualidad y provocar atracción con los cuerpos femeninos,  más que crear belleza. A mí no me han mandado a trabajar en nada así pero, si me dieran esas premisas, no aceptaría. Me preguntaría: “¿estás vendiendo un producto o estás vendiendo mi cuerpo?”. Veo horrible ese tipo de imágenes. Es publicidad hecha por hombres para hombres. Y la responsabilidad es de esas marcas que creen que es buena idea publicitar, por ejemplo, un perfume de esa manera.

También vemos continuamente –esta es la base de la publicidad sexista- cómo se reproducen los estereotipos de los roles de género en las imágenes publicitarias: hombres fuertes, con imagen de seguridad, control, dominio de la situación y del espacio, mirada al frente. En contraposición, mujeres delicadas, con imagen de debilidad y la mirada más bien dirigida hacia un lado. Las mujeres no miran, son miradas. ¿Se percibe esto entre las mujeres dentro del mundo del modelaje?

La verdad es que no. En el único trabajo en grupo que he hecho, nosotras éramos las dominantes, totalmente al contrario. En la publicidad en general claro que lo veo. Es publicidad dirigida a un cliente concreto, al caucásico de entre 20 y 30 años que consume mucho porno y demás. En los look books se hacen posturas rarísimas e incómodas. Se podrían hacer posturas para que se viera bien la ropa, el maquillaje o los zapatos, pero se busca la extravagancia, hay que llamar la atención.

Compartes agencia con otras mujeres y también con otros hombres. ¿En base a qué criterios se establece el precio a tus trabajos? ¿Se sufre la brecha salarial también en el modelaje; cobras menos que tus compañeros hombres por trabajos similares?

Creo que no es ya una cuestión de género. Dependiendo del trabajo se cobra una cosa u otra –yo no decido cuánto cobro, evidentemente. Tampoco sé cuánto cobran los demás porque no acostumbro a preguntar por ello. Por otra parte, también depende de la agencia. Dos chicas, dentro de una misma agencia, pueden cobrar muy diferente. ¿En base a qué? No lo sé bien, pero supongo que será en base a la cantidad de contratos que hagan, la subida de caché, que tengas una imagen diferente, etc.

En la campaña grupal que hice, los chicos, entre ellos, cobraban diferente; la otra chica no sé cuánto cobraba, pero sí sé que cobraba más que yo. Igual que sé que los chicos cobraban alrededor de 100€ más que yo. No sé si por el hecho de ser hombre o por la agencia. No sabría decirte, pero desde entonces pienso mucho en ello.  Pienso que influyen muchos factores. La agencia, por ejemplo, se queda normalmente con un 20% de tu trabajo, y cada una tiene sus normas.

“Me pregunto por qué en un rodaje en exterior el chico lleva chaqueta, pantalón y bufanda y yo tengo que ir con faldita y en tirantes”

A medida que la conciencia feminista va teniendo más repercusión en todas las capas de la sociedad, los roles se van deconstruyendo, hay situaciones y mensajes que se dejan de tolerar y vamos viendo imágenes y estilos diferentes. Tú tienes un piercing visible en la cara y apareces con él en las fotos sin problemas. ¿Es posible generalizar una publicidad y, por ende, un modelaje feminista y que fomente la libertad de identidad y de decisión?

Yo creo que sí. La moda innova constantemente y vuelve hacia atrás. Es cíclica. Aun así, pienso que sí se da una adaptación constante a las necesidades. Antes se criticaba y se marginaba más, ahora creo que cada vez se acepta más que cada uno tiene su propio estilo. Es más natural, ya no eres “el raro”.

Por otra parte, si se publicitan cosas que no entiendo por qué se tienen que publicitar, ¿por qué no va a publicitarse esto (el feminismo), que es un movimiento que beneficia a todo el mundo? Yo creo que es un pensamiento que hay que inculcar desde la educación, desde pequeños. Hay que enseñar que esa chica o ese chico que tienes al lado es otra persona, y que da igual el género o la raza. Hay que darle publicidad (al feminismo), y habrá quien diga que es porque está de moda y se saca dinero con ello, pero pienso que no es así. Yo si cobrara lo mismo que mis compañeros, estaría igual de feliz que ellos, por ejemplo.

Desde tu ámbito de conocimiento y de trabajo, el del modelaje y la publicidad, entre otros, ¿crees que se desaprovechan las herramientas disponibles para transmitir mensajes que puedan cambiar a mejor la situación de discriminación, violencia y desprotección hacia las mujeres?

Por supuesto, pero no interesa porque mueve dinero. El hecho de que decidan qué publicidad te estás comiendo en la televisión –tú y tus hijos- es una cuestión de interés, de control, de poder. Las herramientas están desaprovechadas porque se prioriza en la venta de productos a cualquier precio.

¿Qué se podría cambiar dentro del modelaje para que los trabajos tuvieran unos resultados menos sexistas?

Yo me pregunto por qué en un rodaje en exterior, por ejemplo, el chico lleva chaqueta, pantalón y bufanda –si me apuras-, y yo tengo que ir con una faldita, en tirantes y tengo que actuar como si no estuviera a 2ºC. O por qué a él tardas cinco minutos en maquillarlo y a mí una hora y media. Cambiar eso sería útil para transmitir una imagen diferente. Las mujeres no somos perfectas, ¿por qué se empeñan en hacer creer que lo somos? Lo único que se consigue es hacer pensar a las chicas que si no son perfectas no van a ser nadie en la vida. Hay que mostrar, además, la diversidad de cuerpos.

¿Qué le dirías a una mujer joven que esté pensando en adentrarse en el mundo del modelaje?

Muchas cosas. Lo fundamental es la madurez mental. Le diría que, hasta que no sienta que sus principios no van a ser perturbados por nadie, no lo haga. Tienes que ser una persona muy fuerte mentalmente para estar aquí. Tienes que enfrentarte a opiniones que te pueden afectar. Yo agradezco haber empezado con 20 años. Si hubiera empezado con 16, ¿quién me soportaría? Creo que sería una persona superficial y no apreciaría a la gente que me rodea. El mundo de la moda es así, es imagen y superficialidad. Le diría que no lo hiciera por fama, que los seguidores no importan nada, que medite mucho los trabajos –porque estás vendiendo tu imagen y puedes arrepentirte de muchas cosas- y que se forme, que estudie mucho. Pero, sobre todo, como digo, la madurez mental es clave. La necesitas para poder rechazar, para poder opinar, para no quedar como una estúpida el resto de tu vida.

 

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Los libros de autoayuda contra la clase obrera | 2 MINUTICOS

Los libros de autoayuda o de superación personal ofrecen soluciones particulares a problemas colectivos. Anulan la capacidad organizativa de la sociedad civil. Lo explico de forma amena en este vídeo:

Nunca estamos seguras

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Hace una tarde estupenda para ser esto Bilbao, qué extraño y qué bien. Sería un crimen quedarme en casa. Mira, un mensaje del grupo. Que si vamos a tomar algo al centro de la ciudad. Joder, pues claro. Va, me pongo lo primero que pille y fuera.

Hay que ver lo que tarda en llegar el ascensor cuando más ganas tiene una de salir a la calle. Uy, ya está aquí. Si antes lo pienso.

Cero. Uf, tampoco es que haga calor, eh. Pero esta chaqueta servirá, paso de subir otra vez a casa. Total, si voy a estar en un bar y seguramente habrá calefacción. Por lo menos hace sol, que, aunque no caliente demasiado, endulza el paisaje. La verdad es que Bilbao es una ciudad muy bonita. He acertado mudándome aquí para estudiar. Al principio todo es caos y desubicación, pero, joder, tengo dieciocho años, ¿qué más puedo pedir? ¡Ya iré aprendiendo!  En fin, ya debe quedar poco para llegar al sitio en el que hemos quedado. Creo que hay un teatro bastante conocido cerca. No estoy segura. Lo cierto es que debería salir a pasear y explorar la ciudad más a menudo.

La ría es una pasada. Aunque, a decir verdad, hoy parece un poco sucia. Se lo perdono a esta tierra tan bonita. Todo es verde mires donde mires. Es la recompensa por soportar lluvias casi a diario. Mis pupilas lo agradecen. ¡Qué llueva todo lo que tenga que llover, así se caiga el cielo! Qué exagerada soy, me he venido arriba. ¡Uy! Creo que me he pasado la calle. Al final voy a tener que poner el GPS, qué desastre. Bendita herramienta y bendita tecnología, ¿no? Ya estoy. Creo. Ah, sí, ahí están. Qué cabronas, han pedido ya.

Hola, ¿qué tal? Anda que esperáis. Vaya sol hace, ¿eh? Después de estar andando un rato tengo calor y todo. Quién lo diría. Buenas, una caña, por favor. ¿Qué tal el día, chicas? El mío ha sido algo aburrido, pero productivo. ¿Has estado toda la mañana durmiendo? Lo tuyo es un caso aparte. Veo que está siendo un lunes al uso para todas. Da gusto salir, al menos, un rato a tomar el aire. Oíd, he visto el cartel de una obra de teatro. Podríamos ir, creo que estará hasta la semana que viene. Gracias, ¿me cobras ya? Vale, gracias. Hmm qué fresca está.

¿Jugamos al billar? Os aviso que soy muy buena. ¡Venga, moved el culo! Va, yo echo la moneda. Pues hoy he estado practicando con la guitarra y he conseguir aprender a tocar una canción que me encanta. Qué gozada. ¡Bien! Vamos a lisas nosotras. Buen tiro. Sí, llevaba tiempo sin tocar, porque este verano no he parado de hacer cosas, pero ahora lo estoy retomando. He visto en las redes sociales las fotos de tu verano, tampoco lo has pasado mal tú, eh. ¡Mierda! ¿Cómo he sido capaz de meter la negra? Joder, qué mal. Pues nada, se acabó el juego. En fin, no voy a tardar en irme, que tengo que cenar, ducharme y demás antes de acostarme. A ver si quedamos más a menudo, ya que hemos coincidido en la ciudad.

No, tías, no hace falta que me acompañéis, si estoy a diez minutos de casa y hay buen alumbrado público. De verdad, no es necesario. Sí, os avisaré cuando llegue. ¡Agur! Me encanta usar palabras en euskera, ojalá se me pegue aunque sea el acento, qué chorrada.  Uy, pues ha anochecido bastante rápido, con estas se me pasa el tiempo volado. Bueno, me gustan mucho las ciudades en su versión nocturna. La luna y el alumbrado iluminan la ría y se ven los edificios reflejados en el agua. Qué pasada. Voy a echar una foto. Uy, vaya mierda, no se ve casi nada. Bueno, servirá. ¡Hala! Ya son casi las diez. Hoy me tocará acostarme tardísimo, veremos cómo me levanto mañana para ir a clase.  Anda, este edificio tan grande debe de ser el teatro que había por la zona. “Teatro Arriaga”. Vaya nombre. Está guay, seguro que por dentro es enorme y precioso. La fachada es bonita. En fin. Uy, se nota ya la oscuridad. Da un poco de miedo, no hay casi gente por la calle. Excepto ese hombre que, por cierto, viene en la misma dirección que yo. ¿No parece que me mira mucho? A ver si me va a estar siguiendo. No, ¿no? Va, no seas tonta, es un hombre sin más. Tú a lo tuyo. ¿Por qué ando más rápido? En serio, relájate, que no es nada. ¿¡Qué me va a hacer!? Además, a ver si va a ver que aligero el paso y va a pensar que le tengo miedo y eso lo incomoda. Además, es que no le tengo miedo. Ya no queda mucho para llegar a casa, voy a tranquilizarme. ¿A ver? Joder, es que parece como si me estuviera siguiendo, no deja de mirarme. Qué imbécil. Me estoy poniendo de los nervios. Va, voy a caminar como si estuviera tranquila. Si ando rápido o corro se va a pensar que estoy histérica. Y no lo estoy. Casi. Igual me estoy montando una película yo sola y el hombre va a comprar el pan. Me cambio de acera y listo. ¿En serio? Hostia, que se ha cambiado él también. Esto ya no me gusta. Voy a girar por aquí a ver si lo despisto. Venga, por favor, rápido, tengo las piernas ya cansadas. Vale, ya. ¿A ver? No viene. Uf, menos mal. No me estaba siguiendo, si es que soy una paranoica.

Venga, que en dos calles estoy en casa. Creo. ¿O no? Mierda, ¿dónde estoy? Qué desastre, me he perdido. Con los nervios me he desorientado. Menos mal que me queda batería, puedo buscar en el GPS. Bueno, primero voy a avisar a alguien de lo del tipo ese, por si acaso, yo no me fio. “Tía, creo que me ha estado siguiendo un hombre. Vamos, creo que lo he despistado y ya no viene, pero estoy muy nerviosa, tengo miedo”. “No, no vengas, si ya no me sigue, creo que estoy cerca de casa pero no sé dónde exactamente. Era para que lo supieras. Voy a poner el GPS”. A ver, la tercera calle a la derecha, luego la primera a la izquierda y ya estaría. Vale, voy a guardar el móvil a ver si con la tontería me lo van a robar. La verdad es que esta calle ni me suena, ¿cómo narices habré llegado hasta aquí? En fin, rapidito ya para casa, coño, el turismo para otro día. Ya no queda na…¡¡¡AAAAAAH!!! ¿Quién eres? Por favor, no me hagas nada. Por favor. Solo quiero ir a casa, por favor, déjame. ¿A un hotel? No, no, no. Por favor. ¡SUÉLTAME, JODER!

Corre, corre. Mierda, joder, me va a matar, me va a violar, joder, no puedo respirar, corre. ¿Qué coño hago? Me sigue, me está siguiendo. El teléfono, corre, que no se me caiga. Vamos, cógemelo, por favor, rápido. Vamos, va.. “¿Hola? Tía, ven por favor, estoy por la ría. Un tío me ha agarrado del brazo. Estoy corriendo, no sé si viene detrás. Joder, ven por favor, avisa a alguien y ven. Vale. Vale, no tardes por favor”. No puedo respirar, no puedo más. ¿Dónde está? Mierda, no lo veo. Ya no viene. Joder, joder, joder. Va a salir de cualquier lado. No, por favor. Respira. Respira. No está, hay más luz. Venga, enseguida viene ésta a por mí. ¿Dónde está? ¿Por qué no llega? Voy a llamarla. “¿Dónde estás? Tengo mucho miedo, no lo veo, no sé dónde está. Vale, perdona, aquí estoy, no tardes, por favor”. Vale, tranquila, ya llega. Tengo frío. Y calor. Qué mierda todo. Que llegue ya, por favor. No pienso llorar. Vaya basura, qué asco. Joder, ya estoy llorando. Sshh, que no te oigan, que no te oigan. ¡AHÍ ESTÁ! Joder, menos mal. Por fin. Bendito abrazo, lo más cálido desde hace horas. “Gracias por venir, siento la molestia”.

“¿Por qué has venido sola? Ah, joder, gracias. No puedo tranquilizarme, estoy muy nerviosa. Lo siento. Joder, es que soy idiota. Mis amigas… No viene,  ¿no? Estate atenta, por favor. Mis amigas han dicho de acompañarme a casa, pero les he dicho que no porque estaba cerca. Tendría que haberles hecho caso. Soy imbécil. Perdona, siento haberte hecho venir, no sabía a quién llamar. Muchas gracias. Gracias, de verdad. Ya, sé que el problema no es que yo vaya sola y que la solución no es ir acompañada, pero es que no podemos ir tranquilas por la jodida calle. Es enfermizo. No puedo evitar tener miedo. Es que… primero me ha seguido un hombre cerca del teatro Arriaga, ¿lo conoces? Pues ese, al lado de la ría. Y me he puesto muy nerviosa, pero nada, lo he perdido de vista. Y después ya me estaba tranquilizando un poco y, de repente, un tío me ha agarrado súper fuerte del brazo y me ha dicho que si quería irme con él a un hotel. Sí, tía, tal cual. Me he asustado un montón, al principio no podía soltarme. No sé ni cómo he podido escaparme y salir corriendo. Estaba acojonada y pensaba que me seguía pero después he visto que no estaba. Qué mierda. Casi no podía respirar del susto. Creía que me iba a violar o a matar, joder. Necesito llegar a casa ya. Sí, será mejor que me tranquilice. No, gracias, no hace falta, me he dejado la cena preparada”.

Ya estamos, al fin. “Nunca dejaré de darte las gracias. Sí, ya ha pasado todo. Sí, lo he pensado, pero no creo que lo haga. No sabría describirlo físicamente, no recuerdo su cara, ni siquiera sé si se la he llegado a ver. Solo he sido capaz de salir corriendo. No serviría de nada denunciar sin datos. Lo que sí he pensado es escribir sobre ello y contar lo que me ha pasado públicamente. A lo mejor ayudo a otras mujeres. No sé, lo pensaré. Oye, me da miedo que vayas sola a casa. Es muy de noche, ¿y sí te pasa algo? Bueno, vale, pero avísame en cuanto llegues. Muchas gracias, de verdad. ¿Segura? Ya… Ya sé que nunca estamos seguras”.

Ser LGTBIQ no está normalizado | 2 MINUTICOS

Se hace viral el vídeo de un chico diciéndole a su madre que es gay. ¿Eso es normalización? Piensa por qué si eres LGTBIQ tienes que contarlo pero nadie pregunta a los y las heterosexuales por qué lo son ni cuándo se dieron cuenta de que lo eran.

Queda mucho por hacer. Debatamos.

Por qué las huelgas educativas sí están justificadas

[Artículo publicado inicialmente en Nueva Revolución. Abril 2017 http://nuevarevolucion.es/derechos-las-huelgas-educativas-estan-justificadas/%5D

 

A principios de este mes de marzo tuvo lugar una de las múltiples huelgas educativas que se están poniendo y se van a poner en marcha en todo el país contra los recortes en Educación y la implantación de la LOMCE y el denominado 3+2. El Ministro de Educación no tardó en mostrar su menosprecio afirmando que dicha convocatoria de huelga era “injustificada” y que carecía de sentido.

Convendría, entonces, hacer memoria al señor Méndez de Vigo. Y lo más apropiado para él, puesto que parece no llevar demasiado bien la comprensión lectora, visual y auditiva, es una sencilla enumeración de acontecimientos poco casuales.

22 de mayo de 2012: La comunidad educativa se pone en pie contra el Real Decreto 14/2012, que establece medidas como el aumento de las ratios de alumnos por aula, la imposibilidad de sustituir a docentes hasta cumplidos los 10 días de baja laboral o el recorte en becas, entre otras. Todo ello con para conseguir “la racionalización del gasto público en el ámbito de la educación, de conformidad con los principios de eficiencia y austeridad que deben presidir el funcionamiento de los servicios públicos” (o lo que es lo mismo: para poder cuadrar los sobres de Génova por otro lado).

9 de mayo de 2013: alumnado, padres y madres y docentes se echan a la calle para protestar contra los recortes, que no cesan, en Educación. Concretamente, además, contra la nueva ley educativa que se estaba desarrollando (la LOMCE).

13 de noviembre de 2013: las universidades españolas llenan las calles rechazando el Plan Bolonia. Su implantación suponía no solo una completa reestructuración de la enseñanza superior, sino la desaparición de carreras, la imposibilidad de que todos los estudiantes pudieran acceder a “una formación de calidad”. Una de las proclamas más destacadas fue el hecho de que este Plan significaba “que la universidad pública comenzara a financiarse por sí misma, es decir, a través de empresas privadas”.

24 de octubre de 2014: gran huelga estudiantil pidiendo la dimisión de Wert. Contra la reforma educativa, los recortes, que nunca pararon de producirse, y el endurecimiento de las becas, entre otras cosas. El que fuera ministro de Educación hasta ser enviado de vacaciones permanentes a París con piso y sueldo corriendo de nuestra cuenta, consiguió que hasta los padres y las madres se organizaran con sus hijos e hijas y los docentes para mostrar su rotundo rechazo al progresivo desmantelamiento de la educación pública.

25 y 26 de octubre de 2015huelga estudiantil, con manifestaciones en todo el país, contra el Real Decreto 43/2015 (conocido como 3+2) y contra los recortes en educación.  “Con esta normativa los grados se convertirán en papel mojado para el mercado laboral, por lo que la mayoría de estudiantes deberá cursar un máster para tener “una licenciatura real”. Los altos precios de los posgrados provocarán que solo aquellos que tienen disponibilidad económica, puedan permitirse cursarlos”, según explicaba el Sindicato de Estudiantes.

9 de marzo de 2017: huelga estudiantil en toda España contra la LOMCE (para denunciar que sigue en vigor) y contra la privatización de la enseñanza a todos los niveles.

1988, 1990, 2001, 2002… son otras movilizaciones en defensa de la educación pública memorables en este país. Es lo que sucede, señor Méndez de Vigo, cuando se manosea de cualquier manera el derecho a una educación gratuita y de calidad, cuando se favorece a la enseñanza privada y concertada en detrimento de la pública, la de todos y todas. Sucede cuando, a pesar de que toda la comunidad educativa está en desacuerdo, los recortes se producen, el Plan Bolonia se implanta, la LOMCE entra en vigor y las becas y subvenciones se convierten en algo que te toca casi como si fuera la lotería.

Pero eso son solo datos, nombres de decretos indescifrables por el conjunto de la sociedad, números, fechas. Detrás de los decretazos, de los famosos recortes, de los “que se jodan” con el micro abierto, hay consecuencias y efectos reales. Y hoy voy a contar esos efectos haciendo un pequeño viaje al que fue mi comienzo en lo de entender quién es quién, de dónde vengo y por qué esta violencia institucional.

Activismo adolescente: comprendiendo la realidad

Yo tenía entre 13 y 14 años cuando algo dentro de mí empezó a decirme que la realidad que estaba viendo y viviendo no tenía por qué ser de esa manera, que colectivamente se podían mejorar las cosas, que era posible crear desde abajo, moverse. A disgusto de mi madre, por supuesto, que me veía como lo que era: pequeña, ignorante en lo político y vulnerable en lo físico, empecé a acudir a convocatorias de manifestaciones en defensa de una educación de mayor calidad y accesible para todas las personas.

Evidentemente, yo no entendía nada, como cuando leí las primeras líneas de Hegel o de Bauman, o como cuando intenté nombrar a Hannah Arendt en voz alta por primera vez (de eso hace relativamente poco). No tenía recursos intelectuales para analizar qué era aquello que pasaba en las plazas, pronunciaba los cánticos sin entender muy bien su conexión con la realidad. “No hay pan para tanto chorizo”, “si somos el futuro, ¿por qué nos dan por culo?”, “la hija de la obrera, a la universidad”. Eran frases llamativas, molaban y vestían cierta coherencia, y me dejaba la voz, pero también me daba la risa.

En la segunda o tercera manifestación a la que acudí estaban también presentes algunos profesores y profesoras de mi instituto, pero ellos y ellas no se reían, ni una pizca. “Estado de malestar”, lucía uno de ellos en una pancarta hecha con un trozo de cartulina y un rotulador desgastado. Otro llevaba un cartel de “SE VENDE ESCUELA PÚBLICA”. Empecé a hacerme preguntas que no sabía ni cómo formular.

Mientras yo empezaba a tender puentes entre mis pulsiones y aquellos cánticos, se comenzaba a hablar de una tal “Spanish Revolution”. Que si “indignados”, que si “juventud sin futuro”, que “no nos representan”. Una movida demasiado grande que se me escapaba de las manos, pero a la que me adherí como pude sin pensarlo. El 15M.

Es verdad que yo al principio cantaba un poco siguiendo la corriente, pero pronto empuñé algún que otro megáfono con quizá demasiada seguridad. Y fue porque al fin empezaba a sintetizar en mi cabeza lo que estaba pasando. Una niña de 15 años no puede comprender un texto publicado en el BOE, pero puede darse cuenta de que cuando baja a la conserjería de su instituto, de repente, ya no le dan las tizas que precisa, sino que le piden que, por favor, corte una por la mitad y se lleve solo un trozo.

Por las tardes, el instituto estaba más oscuro; los profesores hacían fichas con los ejercicios casi amontonados para que solo ocupara un folio por las dos caras; las fotocopias había que pagarlas y, si llevabas tú los folios, mejor; ya no había tizas de colores; pasábamos frío en invierno porque el centro no podía pagar el combustible para la calefacción; en informática teníamos que ponernos tres personas por ordenador; en clase, de repente, éramos 40 y teníamos que pasar mesas y sillas de un aula a otra para poder sentarnos; la “ayuda para libros” dejó de existir y padres, madres, profesores y alumnos teníamos que organizar bancos de libros para hacerlos rotar; los laboratorios y salones de actos se convertían en aulas ordinarias; no dejaban los rollos de papel higiénico en los aseos, sino que había que pedir el trozo de papel para cada ocasión; algunos profesores se quejaban del cansancio y las horas de trabajo, otros de no saber si el año siguiente iban a conservar la plaza, los docentes especialistas se iban evaporando. Y un larguísimo etcétera.

Y lo he expuesto en pretérito imperfecto (y nunca mejor usado), pero no tiene nada de pasado, porque esa yo de 15 años de 2011, es hoy mi hermana, también de 15 años, en 2017. A ella no le choca tener que pedir el papel higiénico para ir al aseo, ni que no haya tizas de colores, ni que los exámenes teóricos de educación física se hagan en el suelo del gimnasio. No le sorprende porque creció con ello. La falta de material, la asfixia de los docentes, la escasez de recursos económicos para actividades extraescolares, la merma de asignaturas que ponen a trabajar la expresividad, la imaginación… se ha normalizado.

Padres, madres, alumnos, alumnas, profesores, profesoras, personal técnico, nos hemos acostumbrado a trabajar, vivir, aprender, enseñar, crecer en precario. Más de 30.000 profesores y maestros han perdido su empleo y los que quedan tienen los pulmones a punto del desborde, pero es que qué más queremos. Más de 50.000 alumnos han tenido que dejar la universidad por no poder pagar las tasas, pero es que no se puede tener todo.

Nos hemos conformado con las migajas y nos hemos creído el cuento de que la austeridad es no solo la forma de vida más ejemplar, sino lo máximo a lo que podemos aspirar; del mismo modo que nos creímos la leyenda de que para merecer llegar a fin de mes hay que trabajar desde que sale el sol hasta que se pone.

Hoy tengo unos pocos años más (no demasiados), sé leer los documentos del BOE y viajando entre los libros y desgastando las botas he aprendido que los derechos no caen del cielo ni se mantienen del aire, y que es por ello que las huelgas educativas no solo están completamente justificadas, sino que además son el único camino posible para mantener la dignidad de la mayoría social.

 

 

¿Nos gusta que nos roben?

No he utilizado la palabra corrupción en el titular porque intuyo que casi nadie entraría a leer el artículo. Parece que ya no interesa. ¿Efectivamente es así?

Según los indicadores del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), el paro y la corrupción son, por ese orden, los asuntos que más preocupan a la ciudadanía española, aunque este último ha bajado 13,7 puntos desde febrero del pasado año. A ello le siguen los problemas económicos y “los políticos en general, los partidos políticos y la política”.

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Captura parcial de los indicadores del CIS

A pesar de ser la corrupción la segunda variable que más preocupa a los y las ciudadanas  y del hartazgo con respecto a lo que podríamos denominar la “clase política” (los matices de esta cuestión se abordarán en otro artículo), esta coyuntura ya no tan coyuntural sino más bien estructural, no parece provocar reacción concreta alguna. Esto puede comprobarse atendiendo a los resultados de los últimos comicios y a los últimos barómetros, que sitúan al partido en el que más casos de corrupción están siendo juzgados e investigados en los últimos años como claro y continuo ganador.

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Gráfico estimación de voto en elecciones generales / Metroscopia

El Partido Popular ha de estar frotándose las manos, pues las últimas resoluciones judiciales por casos de corrupción están pasando casi desapercibidas ante la espectacularización del proceso de primarias en Podemos, entre otras cosas, que está copando informativos y portadas. Cabe, entonces, bajar a la arena y hacer hincapié en lo verdaderamente alarmante.

Según relata eldiario.es, “el Tribunal Superior de Justicia de la Comunidad Valenciana (TSJ) ha condenado a 13 años de prisión a los cabecillas de la trama Gürtel, Francisco Correa y Pablo Crespo; a 12 a su lugarteniente Álvaro Pérez ‘El Bigotes’ y a 9 una exconsellera del PP, Milagrosa Martínez, por la operación urdida para conceder de manera irregular varias adjudicaciones de la Generalitat entre 2004 y 2009, cuando el PP gobernaba la Comunidad Valenciana, a empresas de la trama. Correa, Pérez y Crespo son culpables de tres delitos: Asociación ilícita, cohecho activo y tráfico de influencias”.

Además, el pasado miércoles se confirmó que el ex-ministro de Economía, Rodrigo Rato, cobró de varias empresas del IBEX cuando era Vicepresidente del Gobierno con Aznar, a través de una sociedad constituida con sus hermanos, con la intención de “lograr contratos de las empresas públicas del momento: Endesa, Retevisión, Altadis o Paradores, entre otras”,  según ha informado también eldiario.es.

Estas, como digo, son las últimas informaciones obtenidas, pero a ellas las han precedido decenas de otros hechos de igual bajeza moral. Las escandalosas cifras, que se pueden consultar en los enlaces adjuntos, son la cuestión de menor importancia en este proceso de continuo fraude al contribuyente. Es difícil afinar el porqué del aparente pasotismo ciudadano ante las evidencias, el porqué de la normalización de estas peripecias que no cesan.

¿La sobrecarga de casos de corrupción ha normalizado, efectivamente, la operación de expolio que está llevando a cabo desde hace años el partido de gobierno? ¿La palabra corrupción ha dejado de crear alarma? ¿El ‘exceso’ de información, fruto de los múltiples casos, ha hecho que se asuma impasiblemente esta situación de desvergüenza? ¿Se ha llegado al punto en el que el hecho de ser ‘atracados’ y ‘atracadas’ continuamente está perdonado de antemano?

Hace unos días, en Rumanía, la población consiguió que se derogara un decreto aprobado por el Gobierno que despenalizaba los casos de corrupción por debajo de los 44.000€.  Fue a partir de multitudinarias manifestaciones en la calle como, finalmente, se revertió la impudicia del gobierno. En España, a pesar de haber tenido lugar en toda su historia y solo que se conozcan casi 100 casos de corrupción, estos no han tenido excesivas consecuencias judiciales. Y, más preocupante aún, no han tenido, en absoluto, consecuencias políticas ni sociales.

Según un mapa de corrupción elaborado por El Mundo en 2014 (hoy son más los casos), solo 82/483 implicados han sido condenados, y, de estos últimos, solo 28 han estado o están en prisión. Son datos no actualizados, pero a la vista de acontecimientos más recientes, la tendencia no ha variado en demasía.

Cabría hacerse unas cuantas preguntas: ¿Nos gusta que nos roben, o es que ni siquiera sentimos que nos lo estén haciendo? ¿Tenemos consciencia de la importancia de los servicios sociales y del necesario mantenimiento de los mismos para la mejor gestión de nuestras vidas? ¿Somos conscientes de que la corrupción, esa palabra ya tan explotada que ni parece doler, supone el robo explícito de los fondos que entre todos y todas llenamos cada día y que han de responder ante las necesidades sociales y no ante la codicia de unos pocos? ¿Sentimos como nuestras la sanidad, educación, transporte, pensiones, públicas? ¿De alguna manera, estamos contribuyendo al desmantelamiento de las mismas y, por consiguiente, al fomento del discurso de la inutilidad de estas?

A menudo se banalizan los debates haciendo sonar la palabra populismo. Si hablas explícitamente los problemas cotidianos de la gente, estás siendo populista. Sería bastante más útil observar lo que tienen de realidad ciertos discursos. Es verdad que si se vacía la hucha de las pensiones para solventar problemas que no hemos causado nosotras y nosotros, nuestros y nuestras mayores van a tener (como ya están teniendo que hacer) que elegir entre pagar la luz y comer.

Es verdad que, si se desvían fondos necesarios para cubrir las demandas educativas, el estudiantado no va a tener ni tizas para escribir en la pizarra, y los docentes van a ver mermadas sus posibilidades de desarrollo educativo en las aulas y frustradas sus condiciones de calidad laboral. Es verdad que si se adjudican obras a multinacionales se está perjudicando a la pequeña y mediana empresa y que ello se traduce en que la mayoría de familias van a tener que hacer malabares para llenar la nevera (porque las pymes representan el 99’9% del total de empresas en España, aunque se pretenda hacer ver otra cosa).

Es verdad que las relaciones que mantienen, en clave económica, miembros del gobierno con empresas estratégicas y el establecimiento de mecanismos para favorecer sus intereses mutuamente se traduce en que familias enteras no puedan poner la calefacción, ducharse con agua caliente, o que una señora muera incendiada por tener que usar velas por no poder pagar la luz.

Todo lo relatado, y muchas más cosas, forma parte de la realidad y es imprescindible entender que la relación entre la corrupción y las medidas políticas poco éticas con los problemas cotidianos de la gente son reales. Que las prácticas indecentes llevadas a cabo por quienes gobiernan afectan directamente a nuestra posibilidad de comprar la barra de pan de hoy. No es populismo, es afinar y traducir la realidad.

La corrupción es una lacra que hay que exterminar, no solo condenar verbalmente. Normalizar la desvergüenza es perpetuarla.

Mario Marzo: “No hay nada como salir para abrir la mente, e invito a todo el mundo a que lo haga”

Cinco años después del final de Los Protegidos, Mario Marzo vive inmerso en sus estudios musicales y en su canal de Youtube en Berlín. En un hueco entre los múltiples proyectos audiovisuales que está desarrollando, el actor y pianista madrileño hace un recorrido por su trayectoria profesional y relata las ventajas e inconvenientes que experimenta un joven de veintiún años que decide buscar su independencia económica a 1.870 kilómetros de casa.

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Mario Marzo frente al piano / Foto: Álex Domarco

Se te conoce, principalmente, por tu participación en la serie televisiva Los Protegidos, pero en la actualidad te dedicas a otras cosas. ¿Quién es Mario? ¿Cómo definirías tu vida profesional? ¿Cómo te presentas ante el mundo?

Es una pregunta bastante difícil. Yo llevo trece años tocando el piano, es lo que más he hecho en mi vida, seguramente, junto a comer y dormir. Entonces, se podría decir que soy pianista, que soy músico. Aunque, realmente, el dinero que gano no viene, para nada, del piano, porque soy músico clásico, no estoy en un grupo de rock-pop en el que pueda ganar dinero por conciertos o festivales. También he trabajado como actor y ahora mismo estoy dirigiendo mi primer documental. Eso es lo más serio que podría decir. (risas)

Tienes veintiún años y vives en Berlín de manera independiente. Hay quienes dirían que tal vez eres un poco joven para haberte lanzado así hacia el abismo de la vida adulta. ¿En qué momento decides dar ese paso y emprender proyectos diferentes fuera de las fronteras españolas?

Yo con quince años, cuando empecé a trabajar en Los Protegidos, estaba convencido de que iba a salir de mi casa a los 18 años, porque no aguantaba a mi madre, no aguantaba a mi padre, no aguantaba nada. Después, cuando llegué a los 18 años, se me pasó la tontería y vi la realidad. Me di cuenta de que no quería salir de casa, no por motivos económicos, sino porque los pensamientos que había tenido eran fruto de la adolescencia y vi que estaba muy bien en casa.

A los veinte años me concedieron una beca Erasmus en el conservatorio y vine a Berlín, porque conocía a un profesor con el que estaba muy interesado en trabajar. Después de un año trabajando con él, vi que estaba muy a gusto, que había mejorado mucho, que estaba aprendiendo y que me encontraba muy cómodo, de manera que decidí hacer pruebas en el conservatorio y entré. Esa ha sido la razón por la que me he ido a vivir al extranjero.

Tuve la posibilidad, gracias al Erasmus, de probar lo que era vivir solo lejos de casa, en un país en el extranjero. Dentro de que no fue una experiencia fácil, mereció la pena y, sobre todo, aprendí muchísimo. Aprendí cosas que no creo que hubiera sido capaz de aprender en Madrid. Gracias a eso me mojé los labios con la miel, me gustó y por eso ahora vivo solo.

En los últimos años, cientos de miles de jóvenes se han visto obligados a salir fuera de España para encontrar trabajo o, sencillamente, poder dedicarse a lo que querían. Por lo que cuentas, no es tu caso. ¿No es que no tuvieras un hueco en España sino que tenías otras aspiraciones?

El planteamiento cultural por parte del Gobierno de España es muy malo. Casi nulo, me atrevería a decir. No quiero comparar la cultura con la economía, pero no veo que haya un planteamiento cultural similar (con vistas al futuro), unas bases ni unas ganas de hacer crecer la cultura. Y hablo desde el sector más beneficiado, que es la música y la actuación. Si fuese escultor, pintor o escritor estaría, hablando rápido y mal, comiéndome los mocos.

Yo no me fui de España porque no tuviese oportunidades, sino porque quería estudiar, pero quizá no veo que tuviese esas limitaciones porque mis dos padres trabajan. No somos ricos, ni mucho menos, pero me puedo pagar la matrícula. Pero es cierto que, en España, la matrícula del conservatorio me costaba unos 2.000€ al año, aquí en Berlín me cuesta 400€ al año. El máster en Madrid creo que son 9.000€ el año y en Berlín, 600€. No me he ido porque me obligase España, pero tarde o temprano iba a salir. Para crecer como persona, para crecer como profesional y para sentirme valorado.

“Los de la serie fueron de los peores años de mi vida fuera del set de rodaje”

¿Cómo se produce ese cambio de actor a youtuber en términos personales? ¿Cuando estabas en Los Protegidos te planteabas dedicarte al mundo audiovisual?

Para nada. Yo llevo muy poco tiempo cogiendo una cámara. Hace un año, aproximadamente, edité mi primer vídeo. Nunca me había llamado la atención. Todo esto vino porque, a partir de la serie, conocí a gente que me hacía fotos y hacíamos excursiones en las que se dedicaban a hacerme fotos, a hacerse fotos entre ellos, etc., y, cuando no me hacían fotos a mí, yo solo miraba, no podía hacer nada. Ahí empezó a apetecerme tirar mis fotos.

Fue en ese momento cuando compré mi primera cámara, y me gustó mucho. Sobre todo, me encantó abrir las puertas del arte que yo quería transmitir, abrir las puertas de mi mente que antes estaba únicamente limitada a lo que podía hacer con la música y, si eso, con la actuación. Esa posibilidad fue un mundo completamente nuevo para mí. La cámara me ha aportado mucho, y no lo digo por dinero, acciones comerciales o por viajes y experiencias, que también, sino por la capacidad de transmitir algo que no podría hacer de otra manera. Hacer vídeos es donde veo que va a ir mi vida. Me he dado cuenta de que quiero contar cosas, y ojalá vaya muy bien y estas ganas que tengo de transmitir funcionen.

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Foto: Juan Carlos Quintero

Expones tus ambiciones como si de un híbrido entre el arte y el periodismo se tratara. Eso de transmitir historias de vida, de mostrar cada día algo más, el añadido a la simple imagen, lo que hay detrás, es lo que se está viendo en tus últimos trabajos.

Sí, donde me gustaría que fuera mi carrera como director o videógrafo sería conseguir lo más aséptico posible a mí. Yo no quiero salir en mis vídeos, sino ser un conector entre la historia y el espectador. Lo que pasa es que es muy difícil, sobre todo sabiendo tan poco como yo sé. Me gustaría hacer un contenido que fuese con mi sello, hecho por mí, editado y grabado a mí manera y demás, pero que yo no fuese el protagonista.

Ahora estoy planeando vídeos y tengo que aparecer yo porque, primero, es lo que mejor feedback, lo que mejor respuesta de la gente tiene y, aunque no me quiera vender a ello, si quiero tener vistas a producir un documental más grande necesito tener a gente detrás que lo respalde. Viviendo en mi torre de marfil del artista diciendo “no, yo solo hago lo que yo quiero, no me quiero vender” no lo voy a conseguir..

En este sentido, teniendo en cuenta que tú ya tienes una imagen pública construida a partir de tu papel en Los Protegidos, ¿has podido utilizar esa imagen para dar a conocer tu trabajo actual y posicionarte en las redes, o en alguna ocasión has sentido que tu trabajo se valoraba por quién eres y no por la calidad de tu contenido?

Puede ser que al principio fuese así, pero creo que después, cuando se ha ido asentando mi audiencia, la gente que se interesa por mi trabajo deja de ser ya por quién soy yo, que es lo que pasaba durante la serie. Los de la serie fueron de los peores años de mi vida fuera del set de rodaje por lo que conllevaba el reconocimiento público, el empezar a ser alguien y el que todo lo que dijera tuviese repercusión. Fue de las peores experiencias que he tenido en mi vida por culpa de la serie. Y todo lo que guardo de la serie es positivo. Echo mucho de menos trabajar allí, estar con la gente. Fueron, seguramente, los mejores años de mi vida, pero solo cuando estaba rodando. Cuando no, era un castigo, y maldecía el primer día en que me metí en ello porque no podía ir al cine, no podía ir con mis amigos a la calle, llamaban a mi casa, sabían mi teléfono.

Una vez se asentó el boom hubo gente que realmente quedó interesada por lo que yo hago. En este momento creo que la mayoría de gente no está en mi canal por ser quien soy sino porque tienen curiosidad por lo que hago y sienten empatía por la manera que tengo de contar las cosas.

¿Que haber salido en la serie me ha ayudado a tener los seguidores y la repercusión que tengo? Sin ninguna duda. ¿Que le debo gran parte de lo que estoy haciendo ahora a la serie? Sin ninguna duda. ¿Que sin la serie no hubiera sido posible? No creo. Hubiese sido más difícil, pero creo que la gente que ahora está diciendo que le gusta mucho mi contenido, si yo no hubiese sido Mario Marzo le hubiese gustado igual. Espero. (risas)

“Muchos españoles vienen aquí a Berlín, la ciudad del tecno, de las oportunidades, y se dan con la puerta en la cara”

Hablando del contenido, ¿cómo se te presentan esos proyectos? ¿Responden a iniciativas propias o los desarrollas partiendo de peticiones concretas de marcas?

A mí hacer vídeos me cuesta muchísimo, porque creo que hacer otro tipo de vídeos me sería mucho más fácil y me requeriría mucho más tiempo, pero lo que decía antes de mi torre de marfil, de lo que quiero yo hacer, no me lo permite. Me permite hacer vídeos que en un principio tendrían mejor repercusión o serían más aceptados. Me cuesta mucho hacer vídeos, no solo por el trabajo sino por la idea y por intentar que haya algo más detrás del vídeo. Y no siempre lo consigo.

En este caso vienen muy bien las marcas. Cuando una marca me escribe para un vídeo, me lanza palabras, ideas, que a mí me llevan a sacar mis propias conclusiones sobre qué es lo que me apetece hacer para colaborar con ellos. Y, aunque trabajar con marcas no es lo que más me guste hacer del mundo, lo veo completamente necesario porque, de otra manera, no podría permitirme mejorar mi equipamiento, viajar y demás. No tendría dinero.

Sería interesante, con respecto a la parte más técnica del trabajo que desarrollas, para todos aquellos jóvenes que se buscan la vida fuera de España ya sea por ambición o por necesidad, conocer un poco mejor cómo puedes permitirte llevar a cabo tus proyectos. Se entiende que eres freelance. ¿De dónde proviene la financiación de tus trabajos cuando no es de marcas? ¿Con qué equipo material cuentas?

Si yo estoy en Berlin ahora y si estuve el año pasado no fue por la beca. Fue porque, como he comentado, mis padres son funcionarios y yo he tenido la suerte de trabajar tres años en televisión y tengo dinero ahorrado. Si no, no me hubiese sido posible. La beca Erasmus era una miseria, no cambiaba nada que me la hubiesen dado o que no, económicamente hablando, y de ahí es de donde viene la posibilidad de que yo pueda hacer lo que hago.

Yo no pongo anuncios en mis vídeos porque no veo la necesidad. Es un incordio, el beneficio que me daría sería de 15€ al mes y la molestia es increíble. Cuando una marca me ofrece un dinero para hacer cierto tipo de contenido, intento gastar parte del dinero en hacer algo que sea de un poco más de calidad que el resto. Porque de eso se trata, creo yo. Creo que ahí está el problema de las colaboraciones que se hacen hoy en día en redes sociales, que la gente recibe el dinero, se lo queda y hace un vídeo completamente normal. Eso lo que hace es ensuciar un mundo bastante sucio de por sí como es el de la publicidad y tener muy poco respeto a lo que es el trabajo de los demás.

Yo intento ahorrar, porque sé que lo necesitaré en el futuro y porque, por supuesto, lo que me está pagando el alquiler son básicamente las redes sociales. Estimo qué dinero puedo ahorrar y el resto lo invierto en el vídeo, ya sea alquilando mejor equipo, contratando a gente que me pueda ayudar o en un viaje.

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Foto: Álex Domarco

¿Trabajas solo? ¿Con qué material de trabajo cuentas y cómo has ido pudiendo ampliarlo?

Trabajo completamente solo. Yo lo hago todo. Me gustaría tener a alguien conmigo y, si en algún momento los presupuestos son más elevados, podré permitirme llevar a alguien que me grabe a mí. Si no, no será posible.

En cuanto al material, todos mis vídeos están grabados con una cámara réflex y un par de lentes buenas. Ya está, eso es todo. Llevar más material es complicado. Por ejemplo, el vídeo de India fueron diez días de viaje con mi chica y fue tremendamente difícil, porque es un sitio muy incómodo, con mucha suciedad, los trenes se mueven mucho y hacen que en general el ambiente, aparte de que lo que ves no es agradable de por sí, sea un poco difícil para el trabajo. Si no hubiese sido así, me habría llevado un trípode, un micrófono, alguna luz. Pero no es posible.

¿Encontraste barreras en tu emigración a Alemania? ¿A qué tipo de inconvenientes o desventajas se enfrenta un joven de veinte años que decide mudarse a Berlín con recursos económicos limitados?

La barrera más importante es el idioma, y de esto me he dado cuenta hace relativamente poco tiempo. Llevo más de un año y medio viviendo fuera y, ahora que por motivos de trabajo viajé a Londres y que iba en el autobús y entendía la conversación que tenía la gente de detrás, que cuando estaba en el aeropuerto y decían el nombre de un vuelo y la hora a la que salía lo entendía sin prestarle atención… vi que eso hace que te sientas integrado en una sociedad, que seas parte de ella y estés cómodo.

Eso no me pasa en Alemania. Ahora que he vuelto, voy en el metro y no entiendo la conversación de quien tengo al lado, y eso que yo hablo alemán y puedo mantener una conversación, pero eso no implica que yo lo tenga interiorizado o naturalizado en mí, que yo vaya a un supermercado y entienda lo que la cajera le está diciendo a un señor. Eso es muy frustrante y crea una soledad y un no sentirte acogido por el país, de manera involuntaria, muy fuerte. Ese creo que es el mayor inconveniente.

“Ojalá estas ganas que tengo de transmitir funcionen”

¿Has podido conocer a gente de tu edad que se encuentre en una situación de mayor vulnerabilidad económica y tengan empleos que poco o nada tengan que ver con su ámbito de conocimiento?

Claro, aquí pasa mucho. En Berlín hay una falsa imagen de ciudad abierta y barata, que lo es, en la que con el inglés se sobrevive, y no es así. La gente viene aquí pensando que esto es jauja y para nada. Berlín tiene un paro altísimo, como en España, como en Madrid. Muchos españoles vienen aquí, a la ciudad del tecno, de las oportunidades, y se dan con la puerta en la cara. Conozco a mucha gente que está aquí en Berlín intentando buscarse la vida y todos trabajan de camareros o de repartidores, porque es el trabajo que hay. Es así. Yo tengo la suerte de que estoy en Berlín estudiando. Si no fuese así, trabajaría de redes sociales, pero no me daría para vivir y tendría que trabajar en otra cosa y, como no tengo alemán, los trabajos que me quedan son bastante limitados.

¿Qué le recomendarías a una persona que tuviera que plantearse la vida fuera de España con posibilidades mínimas? ¿Cómo retratarías la vida en el exterior?

Yo invito a toda la gente a que salga. Saliendo es como más se crece personal y laboralmente. Aunque vayas a un país en el que no puedas trabajar, ver cómo se trabaja allí, los sistemas, los estudios, va a hacer que espabiles. Y creo que ir a probar suerte dos años a París y volverte porque no has podido no es un fracaso. Contarás con una ventaja enorme cuando vuelvas. No hay nada como salir para abrir la mente, e invito a todo el mundo a que lo haga.

También se ha de saber a lo que se va, que ya no es un juego. A mí me echaron de la casa en la que vivía, me pusieron las cosas en la calle, y me tuve que buscar la vida. De repente entras en la vida real, en un nivel en el que no se puede guardar y volver hacia atrás (como en los videojuegos), ni hay una cama siempre disponible en la que dormir. Ya es la realidad. Y a mí me ha tratado muy bien, pero hay momentos en los que no, y hay que estar preparado, hay que saber qué puede pasar, hay que saber que, como me pasó a mí, si ocurre cualquier cosa estás solo anímicamente. Vendrán días malos que no van a mejorar de ninguna manera, pero que pasarán. Hay que saber sobrevivir y sobrellevar los mejores y los peores momentos.

A 2017 le pido intolerancia

Sería infinitamente más útil, o, como mínimo, definitivamente menos agotador, que todas y cada una de esas personas que expresan sus mayores (y poco originales) deseos para el año que comienza a través de Facebook y otras redes, interrumpiendo el flujo de información interesante, lo hicieran por otras vías. Por ejemplo, para sí mismos. Se sorprenderían de lo placentero que es mantener una conversación con una misma sin romper el maravilloso silencio de las demás.

El caso es que, como esta práctica/bombardeo innecesario es algo que desequilibra mi paz interior cada enero, he decidido compartir mis anhelos también, a ver si puedo desequilibrar un poco la tranquilidad interior de algunas de mis iguales. No obstante, seré breve.

A 2017, sí, le pido intolerancia.

Pido intolerancia a la escandalosa, estresante, demoledora y, como diría un grande que se acaba de marchar, líquida rutina que nos aprieta la garganta cada día. Pido intolerancia a los parches emocionales, a la contaminación y al aceite de palma. Pido intolerancia a la criminalización de la protesta ciudadana, a la represión de los pueblos a manos de las fuerzas armadas y a los Estados fascistas democratizados.

Pido intolerancia al maltrato animal, al maltrato psicológico hacia el prójimo, al maltrato físico, al maltrato. Pido intolerancia al machismo, al que se ve y se oye, y al que casi no se puede percibir.  Pido intolerancia a la falta de calidad informativa, a la manipulación de los medios, a la permanencia en prime time de personas que difaman, calumnian, mienten. Pido intolerancia a la corrupción, al adueñamiento de unos pocos de la Patria, de la cultura popular y de los valores de los pueblos. Intolerancia a la usurpación de la hegemonía.

Pido intolerancia al arrebatamiento de la libertad de las personas, de los animales y de todos los seres vivos que habitan el planeta. Pido intolerancia al aniquilamiento de la Madre Tierra, al consumo compulsivo y a la devaluación de la felicidad como camino y objetivo vital. Pido intolerancia a la explotación, la opresión, la hemorragia de la clase obrera, de los trabajadores y las trabajadoras (la mayoría social).

Pido intolerancia al egoísmo, a la deshumanización de las naciones, al cierre de fronteras y a la vulneración de los Derechos Humanos. Pido intolerancia a la alienación de la ciudadanía, al racismo y la xenofobia, a la pobreza energética y al abandono de nuestras iguales en la calle. Pido intolerancia a los desahucios, al hambre de nuestras vecinas y a los recortes en sentido común. Pido intolerancia al desmantelamiento de lo público: Educación, sanidad, pensiones, transporte.

Pido intolerancia al abuso de poder, a la violencia institucional, a la desigualdad salarial entre hombres y mujeres, a la desigualdad en general y a la discriminación. Pido intolerancia al fascismo, a la homofobia, a la experimentación con animales, a la asfixia de las pymes y a la colonización de los territorios y de los pueblos. Pido intolerancia a la provocación, la participación y el fomento de las guerras.

Pido intolerancia al autoritarismo, a la supeditación de la vida a las redes sociales, al dominio privado de los medios de producción y a los feminicidios. Pido intolerancia a la conservación de símbolos franquistas (fascistas), al olvido de nuestra historia y a las carencias democráticas. Intolerancia a la falta de solidaridad, de justicia, de equidad, de tranquilidad, de amor.

La intolerancia, a veces, se hace necesaria.

[Foto: Pixabay]

“No puedes no conocer a The Beatles”

Hay voces que gritan -porque no queda otra- que la invasión y el expolio de América fue el acto de inauguración oficial del capitalismo más salvaje. Luis Nitrihual recordaba hace unos días, en el contexto de una conferencia sobre la estructura de medios en América Latina, que la llegada de la modernidad y el progreso al continente llevó consigo poco menos que un “desarrollo frustrado del capitalismo” que comentaba antes, pues en lugar de permitir el desarrollo de una industria propia e independiente a los pueblos latinoamericanos, se apostó por la extracción abusiva de materias primas mediante la explotación de las tierras para una posterior producción de bienes en Europa. Dejando así, a estos, en la más absoluta situación de indefensión y dependencia económica. Es la enésima muestra de un ejercicio de desvergüenza en la historia de la humanidad.

Así contado, en un cutrísimo párrafo de ciento treinta y nueve palabras, suena frívolo y casi pueril. Y es una lástima, pero no tenemos la culpa de ser vividos –que no vivir- en la era del neofascismo democratizado cuyas ciudadanías crecen, se reproducen y mueren –convencidas de la idoneidad del mismo- desprovistas de cualquier fórmula de empoderamiento y control de la propia vida. Tampoco tenemos culpa de tener el discurso limitado a trescientas palabras en las que, además de contar todo lo que se sucede en su mundo, tenemos que demostrar que hemos leído Territorio Comanche del muy español y mucho español Pérez Reverte, que las mesas de nuestras casas están bien calzadas con Los pilares de la Tierra,  que tenemos una opinión formada sobre la cobra de Bisbal a Chenoa y que nos gustan The Beatles. No vaya a ser que en la esfera pública se empiece a leer a Bakunin.

¿O sí?

 

 

Estudiantes en lucha: rompiendo los muros de la violencia institucional

Este miércoles, estudiantes de varias facultades de la Universidad de Castilla-La Mancha escenificamos, en forma de encerrona en una de ellas, nuestra protesta contra los recortes en Educación del Partido Popular, contra el Real Decreto 310/2016 (que regula las evaluaciones de ESO y Bachillerato, esto es, establece las nuevas reválidas), contra la Ley Orgánica 8/2013, de 9 de diciembre, para la mejora de la calidad educativa (LOMCE) y contra el Real Decreto 43/2015 (más conocido como ‘3+2’), ya que consideramos, como la mayor parte de la comunidad educativa, que dichos movimientos legislativos atentan gravemente contra lo que entendemos por una Educación pública, gratuita, laica y de calidad.

Eran poco más de las ocho de la tarde cuando entramos al edificio que habitaríamos durante la noche y hacía frío. Fue un alivio encontrar la calefacción puesta, o recientemente desconectada. El aula conservaba una temperatura agradable. Las ganas de debatir por parte de algunos estaban menos calientes, todo sea dicho. O así lo supe percibir yo.  Aunque pasada la primera toma de contacto, ello cambió notablemente.

Abarrotamos las paredes con pancartas, pusimos música respetando los diversos gustos, comimos algo y empezamos a crear. Un trozo de papel blanco cubría la pizarra y, allí, algunas decenas de manos plasmaron, mediante dibujos y mensajes con diferentes tipografías, las demandas y necesidades, para sus mentes, vitales.

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Cerca de las diez y media de la noche, las primeras conversaciones entre algunas y algunos de los que entonces éramos desconocidos y unos cuantos acordes de guitarra pisaban levemente la música que salía de los altavoces.

Así terminamos traduciendo nuestras cualidades intelectuales, nuestras perspectivas, nuestras reivindicaciones sociales y educativas y nuestra rabia con lo que consideramos un indudable ejercicio de violencia del Estado hacia las clases trabajadoras (la mayoría social), en una asamblea en la que todas y todos pudimos contraponer ideas, aprender del resto y crear unidad y fuerza estudiantil.

Los derechos no caen como la lluvia, crecen como la hierba ni permanencen guardados a buen recaudo en ningún cajón. Hay que defenderlos y lucharlos cada día por conseguirlos y por no perderlos de nuevo, recordando siempre los valles de sudor, sangre y lágrimas que se derramaron. Y el respeto a la ciudadanía por parte de los poderes del Estado tampoco surge de la buena voluntad de nadie que los ostente. Como dirían Los Chikos del Maíz, “es necesario que el pueblo resista”, y para ello estuvimos ayer en ese aula, y por ello continuaremos llenando las calles por cada agresión – cuya mayoría de veces no es física, aunque también – de los de arriba hacia las de abajo.