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Sexismo musical en cifras

Se acerca el verano y, con él, la época del año en la que más festivales de música tienen lugar en España. Los hay de todos o casi todos los estilos musicales, con bandas y artistas de diversas procedencias, y se celebran en multitud de localidades a lo largo y ancho del país. Alicante, Cádiz, Barcelona, Valencia, Albacete, Bilbao y un largo etcétera de ciudades y provincias acogen estos multitudinarios eventos culturales –musicales- y hacen caja.

Hacen caja a través del consumo –compras, consumo de bebida y comida, servicios de transporte y atención ciudadana-, y también hace caja la desigualdad y la discriminación, según señalan colectivos como Mujeres y Música. Si bien es cierto que algunos colectivos y personas anónimas feministas se han organizado para habilitar puntos morados/violetas en muchos festivales, la violencia machista sigue manifestándose en numerosos sentidos. Según un estudio realizado por la organización Mujeres y Música en 2017, la media de bandas compuestas por mujeres o mujeres solistas presentes en los festivales de música más conocidos es del 11,87%.

ANÁLISIS ANDREA. FOTO PRINCIPAL (ÚNICA)

Este estudio recoge, con datos numéricos, la presencia de bandas compuestas por mujeres, bandas en las que alguno de los integrantes es mujer o mujeres solistas en los festivales musicales que se celebran en España cada año. Así, expone datos como que, en 2017, en el festival Viña Rock, solo 15 artistas eran mujeres frente a las 464 actuaciones protagonizadas por hombres: 0 bandas integradas por mujeres, 1 mujer solista y 9 bandas mixtas. En el Rototom, 503 de los artistas presentes eran hombres, mientras que solo 57 eran mujeres o bandas cuyas formaciones contenían a alguna mujer. En el Sansan, solo el 5,61% del cartel eran mujeres, en el BBK un 9,89%, en el FIB un 13,64%. El festival con mayor presencia femenina entre los artistas, de entre los analizados por Mujeres y Música, es el Xe Que Bo, con un 38,03%.

Por otra parte, el diario El País relataba en marzo de este año que en el caso del Weekend Beach de Málaga, solo 4 de los más de 60 artistas confirmados para este 2018 son mujeres. En el caso del festival que más público congrega, el Arenal Sound, “hasta 10 mujeres están presentes en las 41 confirmaciones” que había hasta la fecha

Antonio López, fundador de la sala de conciertos alicantina Marearock y organizador del festival de música del mismo nombre al 50% junto con Merche Ramos, explica que, “por lo general”, para la contratación de bandas musicales para el festival hacen “bastante caso a las peticiones del público a través de las redes sociales”. Cada año piden sugerencias al público y tratan de contactar con las bandas más solicitadas. López lamenta que, al parecer, “el público no tiene como prioridad la paridad a la hora de pedir grupos”. En 2017 lanzaron una pregunta abierta en redes sociales y el resultado fue que, de entre las 31 bandas solicitadas por el público, solo 1 tenía presencia femenina: Mafalda. En ese sentido, considera que “hace falta hacer mucha pedagogía”.

Asimismo, desde el equipo organizativo del festival Marearock, destacan la necesidad de “generar conciencia intragrupo”. Desde que pusieran en marcha el festival en 2005, han observado cómo “los propios grupos caen en la dinámica de grupos no mixtos. Estamos acostumbrados/as a ver grupos de hombres sobre los escenarios, donde no existe la representación femenina en ninguno de los instrumentos”.

Puntos violetas

“Vemos bastante indiferencia por parte de las autoridades. Sin ir más lejos, en el Marearock 2018 hemos diseñado un proyecto de punto violeta para visibilizar la importancia de generar espacios libres de sexismo, tanto como tener un equipo de seguridad o sanitario, y el Ayuntamiento no nos respondió nada al respecto cuando se le mandó el dossier del proyecto”, así explica Antonio López las dificultades encontradas a la hora de intentar coordinar una red de iniciativas contra el sexismo para festivales musicales de manera global. De la misma manera, encuentra “insuficientes” los puntos violetas presentes en los festivales para paliar las agresiones machistas y el sexismo, e indica que “es imprescindible conectar tres servicios: seguridad, sanidad y punto violeta. Solo con esos tres servicios ya podemos hablar de una atención más completa”.

Según un análisis interno del festival Marearock, al festival acuden una media de un 55% de hombres y un 45% de mujeres. Sin embargo, atendiendo a los datos del estudio de MYM citado, esa cifra no es directamente proporcional a las bandas musicales y artistas invitados en relación con la paridad en la presencia en los escenarios.

Ante estos datos, se pone de manifiesto una evidencia imperceptible: es una cuestión cultural. Para hacer de la presencia femenina en el espacio público una realidad viable es preciso coordinar una revolución que abarque todos los ámbitos: desde los procesos legislativos y ejecutivos más complejos hasta las prácticas individuales más insignificantes, pasando, por consiguiente, por un necesario cambio cultural contra-hegemónico. 

 

Margarita Ruiz: “¿Estás vendiendo un producto o estás vendiendo mi cuerpo?”

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Imagen cedida por Margarita Ruiz

Margarita Ruiz, natural de Murcia, tiene 21 años, es estudiante de Realización de proyectos audiovisuales y espectáculos y, desde enero de 2017, modelo en la agencia murciana Covers Models. Ha sido imagen de marcas como Inside, Rocai o Flamingos, entre otras. Se declara feminista y no se puede callar –afirma- “cuando hay algo que no le suena bien”. Nos habla de su experiencia en el mundo del modelaje y transmite su opinión acerca de la situación de las mujeres en esta industria y en la publicidad.

 

La modelo Cameron Russel, en diciembre de 2017, confesó en su cuenta de Instagram que, a la edad de 15 años, fue agredida sexualmente por el fotógrafo con el que hizo unas pruebas. A raíz de esta declaración, su perfil en las redes ha sido altavoz de hasta 60 casos de abuso a modelos.  Otras modelos, motivadas por las recientes denuncias de acoso por parte de actrices de Hollywood, también se han animado a hacer públicas situaciones de abuso vividas durante su carrera. ¿Has presenciado o vivido tú alguna situación de indefensión en primera persona desde que eres modelo?

 

Sí. Fue la única vez que me ha pasado algo así y desde entonces no he vuelto a trabajar con esa persona. Yo acababa de entrar en la agencia y me dijeron que tenía que hacer fotos en ropa interior o bikini (se hace para enseñar a las agencias cómo es tu cuerpo, si tienes tatuajes y demás) con un fotógrafo de renombre. Fui sin saber nada (normalmente no te informan mucho sobre el trabajo que vas a realizar, no te dicen exactamente lo que te vas a poner ni lo que vas a hacer). Me dieron un bikini muy pequeño y me asusté. Si esto se me llega a informar antes, hubiera dicho que no. Iba con una chica que era menor, sus padres firmaron el consentimiento.

En un momento dado, el fotógrafo me pidió que me quitase la parte de arriba. Pensé: “¿qué?”. No. Dije que no y fue que no. Pero después vi las fotos de la otra chica (yo no veía el trabajo de ella mientras lo hacía) y efectivamente esta chica sí que no llevaba nada, y era menor. Yo en ese momento no dije nada porque esta persona era bastante conocida, pero no volví a trabajar con él ni tengo interés en hacerlo. Yo tengo claro que hay cosas que no voy a hacer, porque tengo principios, y menos con alguien que no conozco.

En enero de este año, el New York Times publicaba que la reconocida compañía Condé Nast -propietaria de Elle, Cosmopolitan y otras publicaciones- ha establecido nuevas reglas para prevenir el acoso. Entre ellas se incluye no trabajar con modelos menores de edad, que no haya alcohol en los sets, que las modelos no se queden solas con fotógrafos u otros colaboradores, etc. ¿Crees que toda agencia de modelos o compañía propietaria de publicaciones de moda debería establecer normas de este tipo?

Por supuesto, porque parecen casos aislados pero no lo son, pasa. Se supone que, si un trabajo es realmente profesional, no debe haber ningún tipo de droga en el set. Ni de coña. Por otra parte, normalmente una sesión de fotos es una colaboración de al menos cinco personas, es imposible que estas cosas pasen, solo te dejan sola para cambiarte, nadie tiene por qué verte ni hacer nada. Pero, si estas cosas siguen pasando, será por algo, así que veo bien este tipo de medidas preventivas. Que todo se globalizara como una regla establecida sería positivo.

Christy Turlington, modelo de los años 90, dedicó unas palabras a propósito de la serie de denuncias que se desataron en Hollywood en torno al productor Harvey Weinstein. Decía que “el acoso y el maltrato siempre han sido ampliamente conocidos y tolerados en la industria de la moda”. ¿Dirías que es así? ¿El acoso y el abuso de poder son recurrentes en el mundo del modelaje?

Desde mi experiencia diría que no. El caso que he contado antes ha sido el único caso que he vivido y fue la primera sesión. Aunque es cierto que yo lo que hago son trabajos sueltos, porque a mí este mundo no me va. Me da dinero pero no me entusiasma. Pero bueno, no creo que el abuso sea algo recurrente, creo que hay otros problemas en el mundo del modelaje. Yo no he visto nada parecido. Tampoco tengo muchos amigos modelos.

Hablemos de redes sociales. Sin ellas no se entiende ninguna industria en la actualidad. Los trabajos que realizas para tu agencia no se quedan dentro de esta, sino que se comparte en las redes sociales. De esta manera, el público puede interactuar contigo directamente. ¿Has recibido algún comentario especialmente desagradable o inapropiado o conoces algún caso cercano?

Parece ser que, dentro de lo que cabe, tengo unos seguidores muy educados y, si piensan cosas, no comentan. Pero alguna vez sí he visto algún comentario con emoticonos que no me ha sentado bien. Son simples emoticonos, pero yo me pregunto “¿por qué?”, “¿para qué?”. Igual publico alguna foto en la que puedo ser –por decirlo de alguna manera- sugerente y la gente se cree con la libertad de comentar lo que le dé la gana. Emoticonos con babas y demás. Y, sinceramente, si no eres un amigo mío de confianza, la verdad es que me da un poco de grima. Pero en general no recibo comentarios así en público. Privados sí.

“Hay agencias que son nazis con los contratos”

Como modelo eres herramienta de y para la publicidad. Tu imagen, tu cuerpo, en última instancia, sirve a marcas concretas para vender sus productos. ¿Tienes o sientes que tienes libertad para elegir a quién sirves y a quién no? ¿Cuentas con algún tipo de herramienta de la que te puedas servir para rechazar ser imagen de una determinada marca cuyo producto o mensaje no te parece adecuado o no te interesa?

Depende de la agencia. Yo considero que en la mía, a lo mejor no tendré los mejores trabajos, pero tengo una libertad absoluta. Por eso estoy aquí. Podría estar en agencias en las que me salieran trabajos mejores, pero estoy contenta de poder decidir lo que quiera, cuando quiera y por los motivos que quiera. He rechazado trabajos porque tenía clase, porque no me encontraba bien o porque no iban conmigo con total libertad.

De la misma manera, conozco agencias que son –diría- nazis con los contratos. Exigen exclusividad máxima con multas de hasta 10.000€, etc. Y he trabajado con muchos modelos diferentes. Hay agencias en las que no tienes libertad ni para hacerte una foto a nivel profesional con un amigo tuyo, aunque no ganes dinero. Cedes tu imagen completamente a la agencia.

No es difícil encontrar diferencias entre imágenes de hombres y de mujeres en la publicidad. En ellos encontramos posturas, por lo general, más naturales. Sin embargo, en multitud de campañas podemos ver a mujeres siendo casi contorsionistas, con posturas incómodas e incluso peligrosas a simple vista. Hemos visto mujeres metidas en carros, haciendo formas con su cuerpo que en nada se corresponden con la realidad. ¿Qué opinas al respecto? ¿Has vivido alguna situación en la que la postura te incomodara o te pareciera surrealista o innecesaria?

Sí. De hecho, en la misma sesión de esta persona que contaba antes. Él está especializado en fotografía de desnudos y lo que pretende únicamente es crear sensualidad y provocar atracción con los cuerpos femeninos,  más que crear belleza. A mí no me han mandado a trabajar en nada así pero, si me dieran esas premisas, no aceptaría. Me preguntaría: “¿estás vendiendo un producto o estás vendiendo mi cuerpo?”. Veo horrible ese tipo de imágenes. Es publicidad hecha por hombres para hombres. Y la responsabilidad es de esas marcas que creen que es buena idea publicitar, por ejemplo, un perfume de esa manera.

También vemos continuamente –esta es la base de la publicidad sexista- cómo se reproducen los estereotipos de los roles de género en las imágenes publicitarias: hombres fuertes, con imagen de seguridad, control, dominio de la situación y del espacio, mirada al frente. En contraposición, mujeres delicadas, con imagen de debilidad y la mirada más bien dirigida hacia un lado. Las mujeres no miran, son miradas. ¿Se percibe esto entre las mujeres dentro del mundo del modelaje?

La verdad es que no. En el único trabajo en grupo que he hecho, nosotras éramos las dominantes, totalmente al contrario. En la publicidad en general claro que lo veo. Es publicidad dirigida a un cliente concreto, al caucásico de entre 20 y 30 años que consume mucho porno y demás. En los look books se hacen posturas rarísimas e incómodas. Se podrían hacer posturas para que se viera bien la ropa, el maquillaje o los zapatos, pero se busca la extravagancia, hay que llamar la atención.

Compartes agencia con otras mujeres y también con otros hombres. ¿En base a qué criterios se establece el precio a tus trabajos? ¿Se sufre la brecha salarial también en el modelaje; cobras menos que tus compañeros hombres por trabajos similares?

Creo que no es ya una cuestión de género. Dependiendo del trabajo se cobra una cosa u otra –yo no decido cuánto cobro, evidentemente. Tampoco sé cuánto cobran los demás porque no acostumbro a preguntar por ello. Por otra parte, también depende de la agencia. Dos chicas, dentro de una misma agencia, pueden cobrar muy diferente. ¿En base a qué? No lo sé bien, pero supongo que será en base a la cantidad de contratos que hagan, la subida de caché, que tengas una imagen diferente, etc.

En la campaña grupal que hice, los chicos, entre ellos, cobraban diferente; la otra chica no sé cuánto cobraba, pero sí sé que cobraba más que yo. Igual que sé que los chicos cobraban alrededor de 100€ más que yo. No sé si por el hecho de ser hombre o por la agencia. No sabría decirte, pero desde entonces pienso mucho en ello.  Pienso que influyen muchos factores. La agencia, por ejemplo, se queda normalmente con un 20% de tu trabajo, y cada una tiene sus normas.

“Me pregunto por qué en un rodaje en exterior el chico lleva chaqueta, pantalón y bufanda y yo tengo que ir con faldita y en tirantes”

A medida que la conciencia feminista va teniendo más repercusión en todas las capas de la sociedad, los roles se van deconstruyendo, hay situaciones y mensajes que se dejan de tolerar y vamos viendo imágenes y estilos diferentes. Tú tienes un piercing visible en la cara y apareces con él en las fotos sin problemas. ¿Es posible generalizar una publicidad y, por ende, un modelaje feminista y que fomente la libertad de identidad y de decisión?

Yo creo que sí. La moda innova constantemente y vuelve hacia atrás. Es cíclica. Aun así, pienso que sí se da una adaptación constante a las necesidades. Antes se criticaba y se marginaba más, ahora creo que cada vez se acepta más que cada uno tiene su propio estilo. Es más natural, ya no eres “el raro”.

Por otra parte, si se publicitan cosas que no entiendo por qué se tienen que publicitar, ¿por qué no va a publicitarse esto (el feminismo), que es un movimiento que beneficia a todo el mundo? Yo creo que es un pensamiento que hay que inculcar desde la educación, desde pequeños. Hay que enseñar que esa chica o ese chico que tienes al lado es otra persona, y que da igual el género o la raza. Hay que darle publicidad (al feminismo), y habrá quien diga que es porque está de moda y se saca dinero con ello, pero pienso que no es así. Yo si cobrara lo mismo que mis compañeros, estaría igual de feliz que ellos, por ejemplo.

Desde tu ámbito de conocimiento y de trabajo, el del modelaje y la publicidad, entre otros, ¿crees que se desaprovechan las herramientas disponibles para transmitir mensajes que puedan cambiar a mejor la situación de discriminación, violencia y desprotección hacia las mujeres?

Por supuesto, pero no interesa porque mueve dinero. El hecho de que decidan qué publicidad te estás comiendo en la televisión –tú y tus hijos- es una cuestión de interés, de control, de poder. Las herramientas están desaprovechadas porque se prioriza en la venta de productos a cualquier precio.

¿Qué se podría cambiar dentro del modelaje para que los trabajos tuvieran unos resultados menos sexistas?

Yo me pregunto por qué en un rodaje en exterior, por ejemplo, el chico lleva chaqueta, pantalón y bufanda –si me apuras-, y yo tengo que ir con una faldita, en tirantes y tengo que actuar como si no estuviera a 2ºC. O por qué a él tardas cinco minutos en maquillarlo y a mí una hora y media. Cambiar eso sería útil para transmitir una imagen diferente. Las mujeres no somos perfectas, ¿por qué se empeñan en hacer creer que lo somos? Lo único que se consigue es hacer pensar a las chicas que si no son perfectas no van a ser nadie en la vida. Hay que mostrar, además, la diversidad de cuerpos.

¿Qué le dirías a una mujer joven que esté pensando en adentrarse en el mundo del modelaje?

Muchas cosas. Lo fundamental es la madurez mental. Le diría que, hasta que no sienta que sus principios no van a ser perturbados por nadie, no lo haga. Tienes que ser una persona muy fuerte mentalmente para estar aquí. Tienes que enfrentarte a opiniones que te pueden afectar. Yo agradezco haber empezado con 20 años. Si hubiera empezado con 16, ¿quién me soportaría? Creo que sería una persona superficial y no apreciaría a la gente que me rodea. El mundo de la moda es así, es imagen y superficialidad. Le diría que no lo hiciera por fama, que los seguidores no importan nada, que medite mucho los trabajos –porque estás vendiendo tu imagen y puedes arrepentirte de muchas cosas- y que se forme, que estudie mucho. Pero, sobre todo, como digo, la madurez mental es clave. La necesitas para poder rechazar, para poder opinar, para no quedar como una estúpida el resto de tu vida.

 

Me afino las cuerdas vocales

A veces me aburro de mí misma, pierdo el tiempo, no aprovecho la ocasión ni tomo nota. Yo también me boicoteo, busco excusas, me apoltrono en un rincón. No comprendo, rebusco en el cajón de los errores y solo a mí me encuentro. Tiritando. El acierto es apostar todo a que la próxima vez será otro quien me abra a mí y tirite. A veces apago la música, me pongo en el foco y me veo a mí misma en el futuro en el mismo rincón.

La zona de confort se hace pequeña, me aprieta entre las muelas, y a la vez me consuela y es arropo, y me arrodillo ante la espina que atraviesa mi garganta porque soplo y se disipa la amargura y a vivir -que no es gerundio pero el reloj no para ya ni pa’ mear.

A veces me cuestiono y no me dejo responder, me miro desnuda, me quiero en silencio y me rasgo los dientes intentando romper las dos esquinas del rincón. Levántate. Que no me levanto, que no sé bailar. A veces me hidrato bien los sueños y otras veces me dejo convencer de que es imposible que lluevan pianos. El barro que hoy me cae por los costados es el vino que bebí hace un par de telojuro‘s y ahora se me queda tieso el pecho cuando pienso en navegar el charco que me quedó para amar. No es casualidad que el mundo esté patas arriba, si es que nunca he despegado la cabeza del asfalto.

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Foto: Ángela de la Torre

A veces me aburro de mí misma, pierdo la vergüenza, no me escondo en ningún sitio y me da por cantar. Yo también bailo en la ducha, busco playas donde echar la siesta, deshago la cama -que es lo que nadie nunca me enseñó. Reinterpreto, rebusco en el cajón de los aciertos y solo a mí me encuentro. Respirando. El error es apostar todo a que la próxima vez será otro quien me abra a mí y me corte el aire. A veces subo el volumen, abro la ventana y me veo a mí misma en el presente no teniendo miedo.

Las muelas se me aprietan contra un pecho ajetreado y me arrodillo ante la falsa tersura de la felicidad porque es que inspiro y se me llenan los pulmones de verdad -que no es ni verbo pero está cara y este poco a mí me sabe a libertad.

A veces me formulo y la respuesta es lo de menos, me miro sin ropa –que no es lo mismo que desnuda, sino vacía de cargas-, me quiero en voz alta y me limo las uñas rompiendo el espacio que sobra en la cama. Descansa. Que no descanso, que soñar me sale mal, que quiero hacerme realidad. Uso mis piernas y no dejo que el invierno se me escape de las manos, que el buen frío ayuda a conservar mejor los atardeceres. A veces olvido que tengo la piel seca y afino el piano para que caiga bonito y me invite, aunque sea, a una última nana. El agua que hoy me brota por los poros es el después de la resaca tinta, y ahora ‘se me pone el alma pirata’ cuando pienso en la de versos que aún me quedan por untar bien en mi espalda. No es casualidad que el mundo esté desordenado, si es que nunca he pretendido caminar con cuidado en línea recta.

Nunca estamos seguras

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Hace una tarde estupenda para ser esto Bilbao, qué extraño y qué bien. Sería un crimen quedarme en casa. Mira, un mensaje del grupo. Que si vamos a tomar algo al centro de la ciudad. Joder, pues claro. Va, me pongo lo primero que pille y fuera.

Hay que ver lo que tarda en llegar el ascensor cuando más ganas tiene una de salir a la calle. Uy, ya está aquí. Si antes lo pienso.

Cero. Uf, tampoco es que haga calor, eh. Pero esta chaqueta servirá, paso de subir otra vez a casa. Total, si voy a estar en un bar y seguramente habrá calefacción. Por lo menos hace sol, que, aunque no caliente demasiado, endulza el paisaje. La verdad es que Bilbao es una ciudad muy bonita. He acertado mudándome aquí para estudiar. Al principio todo es caos y desubicación, pero, joder, tengo dieciocho años, ¿qué más puedo pedir? ¡Ya iré aprendiendo!  En fin, ya debe quedar poco para llegar al sitio en el que hemos quedado. Creo que hay un teatro bastante conocido cerca. No estoy segura. Lo cierto es que debería salir a pasear y explorar la ciudad más a menudo.

La ría es una pasada. Aunque, a decir verdad, hoy parece un poco sucia. Se lo perdono a esta tierra tan bonita. Todo es verde mires donde mires. Es la recompensa por soportar lluvias casi a diario. Mis pupilas lo agradecen. ¡Qué llueva todo lo que tenga que llover, así se caiga el cielo! Qué exagerada soy, me he venido arriba. ¡Uy! Creo que me he pasado la calle. Al final voy a tener que poner el GPS, qué desastre. Bendita herramienta y bendita tecnología, ¿no? Ya estoy. Creo. Ah, sí, ahí están. Qué cabronas, han pedido ya.

Hola, ¿qué tal? Anda que esperáis. Vaya sol hace, ¿eh? Después de estar andando un rato tengo calor y todo. Quién lo diría. Buenas, una caña, por favor. ¿Qué tal el día, chicas? El mío ha sido algo aburrido, pero productivo. ¿Has estado toda la mañana durmiendo? Lo tuyo es un caso aparte. Veo que está siendo un lunes al uso para todas. Da gusto salir, al menos, un rato a tomar el aire. Oíd, he visto el cartel de una obra de teatro. Podríamos ir, creo que estará hasta la semana que viene. Gracias, ¿me cobras ya? Vale, gracias. Hmm qué fresca está.

¿Jugamos al billar? Os aviso que soy muy buena. ¡Venga, moved el culo! Va, yo echo la moneda. Pues hoy he estado practicando con la guitarra y he conseguir aprender a tocar una canción que me encanta. Qué gozada. ¡Bien! Vamos a lisas nosotras. Buen tiro. Sí, llevaba tiempo sin tocar, porque este verano no he parado de hacer cosas, pero ahora lo estoy retomando. He visto en las redes sociales las fotos de tu verano, tampoco lo has pasado mal tú, eh. ¡Mierda! ¿Cómo he sido capaz de meter la negra? Joder, qué mal. Pues nada, se acabó el juego. En fin, no voy a tardar en irme, que tengo que cenar, ducharme y demás antes de acostarme. A ver si quedamos más a menudo, ya que hemos coincidido en la ciudad.

No, tías, no hace falta que me acompañéis, si estoy a diez minutos de casa y hay buen alumbrado público. De verdad, no es necesario. Sí, os avisaré cuando llegue. ¡Agur! Me encanta usar palabras en euskera, ojalá se me pegue aunque sea el acento, qué chorrada.  Uy, pues ha anochecido bastante rápido, con estas se me pasa el tiempo volado. Bueno, me gustan mucho las ciudades en su versión nocturna. La luna y el alumbrado iluminan la ría y se ven los edificios reflejados en el agua. Qué pasada. Voy a echar una foto. Uy, vaya mierda, no se ve casi nada. Bueno, servirá. ¡Hala! Ya son casi las diez. Hoy me tocará acostarme tardísimo, veremos cómo me levanto mañana para ir a clase.  Anda, este edificio tan grande debe de ser el teatro que había por la zona. “Teatro Arriaga”. Vaya nombre. Está guay, seguro que por dentro es enorme y precioso. La fachada es bonita. En fin. Uy, se nota ya la oscuridad. Da un poco de miedo, no hay casi gente por la calle. Excepto ese hombre que, por cierto, viene en la misma dirección que yo. ¿No parece que me mira mucho? A ver si me va a estar siguiendo. No, ¿no? Va, no seas tonta, es un hombre sin más. Tú a lo tuyo. ¿Por qué ando más rápido? En serio, relájate, que no es nada. ¿¡Qué me va a hacer!? Además, a ver si va a ver que aligero el paso y va a pensar que le tengo miedo y eso lo incomoda. Además, es que no le tengo miedo. Ya no queda mucho para llegar a casa, voy a tranquilizarme. ¿A ver? Joder, es que parece como si me estuviera siguiendo, no deja de mirarme. Qué imbécil. Me estoy poniendo de los nervios. Va, voy a caminar como si estuviera tranquila. Si ando rápido o corro se va a pensar que estoy histérica. Y no lo estoy. Casi. Igual me estoy montando una película yo sola y el hombre va a comprar el pan. Me cambio de acera y listo. ¿En serio? Hostia, que se ha cambiado él también. Esto ya no me gusta. Voy a girar por aquí a ver si lo despisto. Venga, por favor, rápido, tengo las piernas ya cansadas. Vale, ya. ¿A ver? No viene. Uf, menos mal. No me estaba siguiendo, si es que soy una paranoica.

Venga, que en dos calles estoy en casa. Creo. ¿O no? Mierda, ¿dónde estoy? Qué desastre, me he perdido. Con los nervios me he desorientado. Menos mal que me queda batería, puedo buscar en el GPS. Bueno, primero voy a avisar a alguien de lo del tipo ese, por si acaso, yo no me fio. “Tía, creo que me ha estado siguiendo un hombre. Vamos, creo que lo he despistado y ya no viene, pero estoy muy nerviosa, tengo miedo”. “No, no vengas, si ya no me sigue, creo que estoy cerca de casa pero no sé dónde exactamente. Era para que lo supieras. Voy a poner el GPS”. A ver, la tercera calle a la derecha, luego la primera a la izquierda y ya estaría. Vale, voy a guardar el móvil a ver si con la tontería me lo van a robar. La verdad es que esta calle ni me suena, ¿cómo narices habré llegado hasta aquí? En fin, rapidito ya para casa, coño, el turismo para otro día. Ya no queda na…¡¡¡AAAAAAH!!! ¿Quién eres? Por favor, no me hagas nada. Por favor. Solo quiero ir a casa, por favor, déjame. ¿A un hotel? No, no, no. Por favor. ¡SUÉLTAME, JODER!

Corre, corre. Mierda, joder, me va a matar, me va a violar, joder, no puedo respirar, corre. ¿Qué coño hago? Me sigue, me está siguiendo. El teléfono, corre, que no se me caiga. Vamos, cógemelo, por favor, rápido. Vamos, va.. “¿Hola? Tía, ven por favor, estoy por la ría. Un tío me ha agarrado del brazo. Estoy corriendo, no sé si viene detrás. Joder, ven por favor, avisa a alguien y ven. Vale. Vale, no tardes por favor”. No puedo respirar, no puedo más. ¿Dónde está? Mierda, no lo veo. Ya no viene. Joder, joder, joder. Va a salir de cualquier lado. No, por favor. Respira. Respira. No está, hay más luz. Venga, enseguida viene ésta a por mí. ¿Dónde está? ¿Por qué no llega? Voy a llamarla. “¿Dónde estás? Tengo mucho miedo, no lo veo, no sé dónde está. Vale, perdona, aquí estoy, no tardes, por favor”. Vale, tranquila, ya llega. Tengo frío. Y calor. Qué mierda todo. Que llegue ya, por favor. No pienso llorar. Vaya basura, qué asco. Joder, ya estoy llorando. Sshh, que no te oigan, que no te oigan. ¡AHÍ ESTÁ! Joder, menos mal. Por fin. Bendito abrazo, lo más cálido desde hace horas. “Gracias por venir, siento la molestia”.

“¿Por qué has venido sola? Ah, joder, gracias. No puedo tranquilizarme, estoy muy nerviosa. Lo siento. Joder, es que soy idiota. Mis amigas… No viene,  ¿no? Estate atenta, por favor. Mis amigas han dicho de acompañarme a casa, pero les he dicho que no porque estaba cerca. Tendría que haberles hecho caso. Soy imbécil. Perdona, siento haberte hecho venir, no sabía a quién llamar. Muchas gracias. Gracias, de verdad. Ya, sé que el problema no es que yo vaya sola y que la solución no es ir acompañada, pero es que no podemos ir tranquilas por la jodida calle. Es enfermizo. No puedo evitar tener miedo. Es que… primero me ha seguido un hombre cerca del teatro Arriaga, ¿lo conoces? Pues ese, al lado de la ría. Y me he puesto muy nerviosa, pero nada, lo he perdido de vista. Y después ya me estaba tranquilizando un poco y, de repente, un tío me ha agarrado súper fuerte del brazo y me ha dicho que si quería irme con él a un hotel. Sí, tía, tal cual. Me he asustado un montón, al principio no podía soltarme. No sé ni cómo he podido escaparme y salir corriendo. Estaba acojonada y pensaba que me seguía pero después he visto que no estaba. Qué mierda. Casi no podía respirar del susto. Creía que me iba a violar o a matar, joder. Necesito llegar a casa ya. Sí, será mejor que me tranquilice. No, gracias, no hace falta, me he dejado la cena preparada”.

Ya estamos, al fin. “Nunca dejaré de darte las gracias. Sí, ya ha pasado todo. Sí, lo he pensado, pero no creo que lo haga. No sabría describirlo físicamente, no recuerdo su cara, ni siquiera sé si se la he llegado a ver. Solo he sido capaz de salir corriendo. No serviría de nada denunciar sin datos. Lo que sí he pensado es escribir sobre ello y contar lo que me ha pasado públicamente. A lo mejor ayudo a otras mujeres. No sé, lo pensaré. Oye, me da miedo que vayas sola a casa. Es muy de noche, ¿y sí te pasa algo? Bueno, vale, pero avísame en cuanto llegues. Muchas gracias, de verdad. ¿Segura? Ya… Ya sé que nunca estamos seguras”.

Grietas

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Salí a respirar y lo hice, me deshice y me recompuse. Pero el nudo permanece en mi garganta. Cada centímetro de universo me recuerda que donde antes habitada la eternidad ahora llueven pianos. Y escuece como una herida abierta sumergida en alcohol, aunque no me he mojado ni los labios.

Tengo la lengua agrietada de lamer mis propias cicatrices y, aún así, no es suficiente. No vine al mundo para fingir con orgullo, mi dignidad reside en el rugir de mis pupilas.

Ser LGTBIQ no está normalizado | 2 MINUTICOS

Se hace viral el vídeo de un chico diciéndole a su madre que es gay. ¿Eso es normalización? Piensa por qué si eres LGTBIQ tienes que contarlo pero nadie pregunta a los y las heterosexuales por qué lo son ni cuándo se dieron cuenta de que lo eran.

Queda mucho por hacer. Debatamos.

Víctor Bueno: “La revolución tiene que ser un proceso personal”

El veinteañero Víctor Bueno, guadalajareño de sangre y madrileño de corazón, convierte la injusticia social en letras y acordes cada vez que puede. Al terminar el bachillerato de artes, pretendía estudiar sonido, pero finalmente decidió invertir su oxígeno en llenar de crítica todos los micros abiertos de Madrid. Se descalza para cantar y, aunque tiende a agachar la cabeza para sonreír, expone sus ideas con precisión y seguridad.

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Víctor Bueno en Retiro

Para quien no te conozca, ¿cómo te definirías?

Es complicado. Definir lo que vemos y a las personas que conocemos parece mucho más fácil que a uno mismo. Si me tengo que vender, quizá me vendería como un  cantautor que hace lo que le da la gana. Nací con vocación de ser cantante de rock and roll, pero hubo un día en que me di cuenta y me dije “no, tú eres cantautor, y lo demás está de más”.

Has tocado en Madrid, Plasencia, Cáceres, Ferrol, Guadalajara… Y la ruta continúa por Valladolid, Salamanca, e incluso estarás presente en Viña Rock. ¿Cómo se te presentan esas oportunidades?

Esos conciertos surgen en el momento en el que me pongo en el ordenador, en casa, empiezo a buscar sitios donde tocar y me dejan. Ninguno es que me hayan contratado. Lo del Viña es muy gracioso porque, cuando lo publiqué, mucha gente empezó a preguntarme sorprendida. Lo que vamos a hacer en realidad es un concierto en el camping. (risas) Montaré un altavoz y haré un concierto con un amigo rapero que toca también la flauta travesera. Creo que va a quedar muy guay.

¿Tu música recibe influencias de otras agrupaciones musicales o cantantes?

El comportamiento humano en sí está basado en la influencia. Los homínidos lo aprendemos todo a través de la imitación. Con la música pasa igual, creo que no hay melodías por inventar, todo se versiona. En mi caso, al principio estaba influenciado por el rock and roll en castellano, ahora por el mundo del cantautor.

¿Cómo definirías tu música si tuvieras que clasificarla en algún género?

Si tuviera que encajarlo en Spotify, ¿no? (risas) No lo sé. Creo que antes sí tenía un estilo más de balada, pero ahora hago lo que me viene. No sería capaz de definirlo, podría meter cada canción en un estilo, pero toda la obra no.

Libertad 8, Aleatorio Bar, La Fídula, Fulanita de Tal… son bares en los que se organizan micros abiertos musicales y poéticos. ¿Son realmente útiles estos espacios para los y las artistas que están empezando? 

Mi opinión es que sí, sin duda. Creo que es muy necesario para el movimiento de la cultura en una ciudad. Es muy importante que existan esos espacios. Cuando escribía mis primeras canciones, yo quería ir a La Riviera y llenarla, obviamente, pero ni tenía público ni tenía forma de hacer un concierto mío, ni tenía repertorio. Entonces iba al micro abierto, había 20, 30 o 40 personas que me estaban escuchando sin tener que mover yo a un público particular. Eso muy complicado. Luego pienso que es muy importante.

Por otra parte, en el caso, por ejemplo, de Libertad 8 hay mucho nivel, nunca te regalan el aplauso y eso te hace saber dónde estás en cada momento. Cuando recibes un poquito de ese aplauso te das cuenta de cómo avanzas y de la manera en que lo haces. A mí me aporta mucho.

¿En qué momento das el paso de participar en micros abiertos?

Hoy, casualmente, buscando unos apuntes, he encontrado una hoja que escribí el primer día que fui al Libertad 8, creo que fue el 3 de abril de 2015.  No fue el primer micro abierto al que fui pero sí fue el primero al que fui asustado, porque Libertad 8 es como el templo de la canción de autor, y es un sitio conocido en muchas partes del planeta. Es alucinante que un bar, por el hecho de acoger a la canción de autor, sea tan conocido.

La primera vez que fui a un micro abierto estaba en un proceso de montar bandas de rock and roll, tenía alrededor de 5 bandas y ninguna salíamos a tocar, pero me gustaba estar en movimiento e ir todos los días a la sala de ensayo. Recuerdo entonces que habíamos empezado a formar un grupo en Vallecas. Nacimos con la idea de tocar canciones del estilo de Extremoduro y un día le dije al guitarrista que había un micro abierto en Rivas y me apetecía ir. Toqué una o dos canciones mías y una de Rulo y fue precisamente porque no estaba preparado para dar un concierto como tal pero me quería subir a un escenario. Creo que, posiblemente, ir a un micro abierto surge por la necesidad de medirte y de verte en un escenario.

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Víctor Bueno en Retiro

¿Le pedirías algo a las instituciones en materia de oportunidades para el mundo de la música?

Es clara la respuesta: que se despenalice la música en directo. No puede ser que haya bares que tengan que echar el cierre porque no pueden hacer música en directo por las condiciones de los ayuntamientos y de los gobiernos. Entiendo que lo del ruido es algo que hay que medir, pero creo que todo el mundo podría hacer un concierto en un bar.

Y también sería muy importante despenalizar la música callejera. Entiendo también que hay algunos lugares en los que se debe regular, como son los centros de las ciudades, porque si no se llenarían, pero tiene que haber cultura en todos lados sin ningún tipo de prohibición. Creo que esas serían las dos cosas que habría que gritarle a la cara a las instituciones.

En tus canciones prima la crítica social y política. ¿Por qué crítica social y, de alguna manera, activismo musical, y no canciones de amor al uso? ¿Qué te lleva a escribir ese tipo de letras?

Mis primeras canciones eran de amor y desamor. Luego empecé a verme desde fuera, me miraba desde otras perspectivas y no entendía qué hacía escribiendo canciones de amor. A partir de ahí descarté hablar sobre ello, creo que no es útil. Todas las personas podemos enamorarnos y des-enamorarnos y no hace falta que nos cuenten cómo es.

También coincidió con que yo venía de un colegio privado de curas y estaba muy influenciado por ello. Vine a Madrid, conocí la escuela pública, conocí a las personas de la escuela pública, conocí el hecho de amar a otras personas que no son de tu cultura o de tu país y estas cosas básicas que de otra forma no hubiera podido conocer. Me pilló esa época entre ver cómo estaba el mundo y escribir sobre mi mundo. Descarté lo segundo, porque no le interesa a nadie, y pensé que era útil escribir lo que sucedía y propagarlo mediante las canciones.

Y ahora estoy en un momento en el que creo que tampoco es suficiente con escribir lo que ves y lo que hay y analizarlo. Los análisis ya están hechos, tenemos que ponernos a trabajar en dar soluciones, más bien por medio de uno mismo que a gran escala.

¿Combinas el activismo musical con el activismo en la calle?

Sí, pero tampoco mucho. Me he decepcionado muchísimo con lo que yo defino como grupos de izquierdas. No me refiero a los grupos de izquierdas como ideología sino como formas de actuar, asociaciones asamblearias y demás. He estado en muchas asociaciones y en organizaciones con fines sociales y al final me di cuenta de que pasábamos muchas horas debatiendo sobre el color de una pegatina, sobre la frase que íbamos a poner en una camiseta o sobre lo que íbamos a hacer en vez de haciendo cosas.

Entonces, he llegado a la conclusión de que la revolución tiene que ser un proceso personal, un proceso que tenemos que hacer con las personas que nos rodean más que a gran escala. Creo que si tú piensas que no debes tirar aceite por el fregadero para que no vaya a los ríos, en vez de ir a protestar y a tirar bengalas, a lo mejor es más útil no tirar el aceite por el fregadero y conseguir que no se haga en tu casa.

Volviendo a la música. ¿Te has planteado grabar un disco o un EP?

Desde que empecé a hacer la primera canción yo ya tenía el disco hecho. (risas) Hice una canción y dije “esto ya va, esto tiene que..”. Me fui dando cuenta de que no, de que había que hacerlo con calma. La primera canción la terminé en una semana y me motivé. La grabé en el estudio, me gasté un dinerito, sonaba muy bien, pero me di cuenta de todo lo que estaba haciendo, y tampoco quería sacar un disco sobre amor. Y al final creo que voy a tener que forzarme a sacar algo inminentemente, porque me estoy volviendo tan perfeccionista en algunos casos que al final no hago nada. Quiero que la canción sea perfecta, que acabe en la nota exacta que quiero, etc., y al final, o tienes unas aptitudes cojonudas o, en mi caso, no voy a conseguir esa perfección que tengo en mi mente.

Tengo pensado sacar algo, pero no tengo un proyecto hecho. No sé si tengo que hacer lo que debería según mis cánones o lo que yo quiero en ese momento.

¿Lo harías con una discográfica u optarías por la autoproducción?

Autoproducción, sin duda. Y quiero hacerlo yo, diseñarlo yo (o un amigo, pero que sea lo más cercano posible a mí). Un disco ya no es un producto o un simple medio de ganancia, tiene que ser algo muy tuyo, es tu niño. Tengo que estar muy convencido de lo que hago.

Aparte de eso, no quiero saber nada de las productoras, en principio. Hasta que no salga una productora de discos que considere honesta y que sea algo que trabaja a escala cercana… De las grandes compañías, en principio, no quiero saber nada. Porque a mí me van a intentar manipular a toda costa. Si yo fuera Sabina, podría contratar con quien fuera porque publicarían lo que yo quisiera. O no, no lo sé. Pero no quiero saber nada de las multinacionales.

Algunas preguntas cortas:

  • Una canción imprescindible: La vida es la mayor canción imprescindible. Si quieres una canción de verdad… es imposible.
  • Un libro que te haya cambiado la vida: Hubo uno, que no era una novela ni nada, sobre el análisis del lenguaje corporal que me dejó loquísimo. Lo empiezas a leer y ya no puedes no prestar atención a esas pequeñas cosas.
  • Una canción para practicar sexo: alguna muy africana, con tambores, ¿no? (risas)
  • La película que te define: El guerrero pacífico
  • Un lugar para morir: Galicia

¿Qué piensas o sientes al escuchar estas palabras?:

  • Amor: Vida
  • Política: Circo
  • Música: Vibración
  • Hambre: Ímpetu
  • Democracia: Telón
  • Pobreza: Indigno
  • Dignidad: Libertad
  • Madrid: Todo

¿Qué esperas de tu futuro en relación con la música?

Trabajar poco y vivir bien.

(Hacer click en la imagen para reproducir vídeo)

Mario Marzo: “No hay nada como salir para abrir la mente, e invito a todo el mundo a que lo haga”

Cinco años después del final de Los Protegidos, Mario Marzo vive inmerso en sus estudios musicales y en su canal de Youtube en Berlín. En un hueco entre los múltiples proyectos audiovisuales que está desarrollando, el actor y pianista madrileño hace un recorrido por su trayectoria profesional y relata las ventajas e inconvenientes que experimenta un joven de veintiún años que decide buscar su independencia económica a 1.870 kilómetros de casa.

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Mario Marzo frente al piano / Foto: Álex Domarco

Se te conoce, principalmente, por tu participación en la serie televisiva Los Protegidos, pero en la actualidad te dedicas a otras cosas. ¿Quién es Mario? ¿Cómo definirías tu vida profesional? ¿Cómo te presentas ante el mundo?

Es una pregunta bastante difícil. Yo llevo trece años tocando el piano, es lo que más he hecho en mi vida, seguramente, junto a comer y dormir. Entonces, se podría decir que soy pianista, que soy músico. Aunque, realmente, el dinero que gano no viene, para nada, del piano, porque soy músico clásico, no estoy en un grupo de rock-pop en el que pueda ganar dinero por conciertos o festivales. También he trabajado como actor y ahora mismo estoy dirigiendo mi primer documental. Eso es lo más serio que podría decir. (risas)

Tienes veintiún años y vives en Berlín de manera independiente. Hay quienes dirían que tal vez eres un poco joven para haberte lanzado así hacia el abismo de la vida adulta. ¿En qué momento decides dar ese paso y emprender proyectos diferentes fuera de las fronteras españolas?

Yo con quince años, cuando empecé a trabajar en Los Protegidos, estaba convencido de que iba a salir de mi casa a los 18 años, porque no aguantaba a mi madre, no aguantaba a mi padre, no aguantaba nada. Después, cuando llegué a los 18 años, se me pasó la tontería y vi la realidad. Me di cuenta de que no quería salir de casa, no por motivos económicos, sino porque los pensamientos que había tenido eran fruto de la adolescencia y vi que estaba muy bien en casa.

A los veinte años me concedieron una beca Erasmus en el conservatorio y vine a Berlín, porque conocía a un profesor con el que estaba muy interesado en trabajar. Después de un año trabajando con él, vi que estaba muy a gusto, que había mejorado mucho, que estaba aprendiendo y que me encontraba muy cómodo, de manera que decidí hacer pruebas en el conservatorio y entré. Esa ha sido la razón por la que me he ido a vivir al extranjero.

Tuve la posibilidad, gracias al Erasmus, de probar lo que era vivir solo lejos de casa, en un país en el extranjero. Dentro de que no fue una experiencia fácil, mereció la pena y, sobre todo, aprendí muchísimo. Aprendí cosas que no creo que hubiera sido capaz de aprender en Madrid. Gracias a eso me mojé los labios con la miel, me gustó y por eso ahora vivo solo.

En los últimos años, cientos de miles de jóvenes se han visto obligados a salir fuera de España para encontrar trabajo o, sencillamente, poder dedicarse a lo que querían. Por lo que cuentas, no es tu caso. ¿No es que no tuvieras un hueco en España sino que tenías otras aspiraciones?

El planteamiento cultural por parte del Gobierno de España es muy malo. Casi nulo, me atrevería a decir. No quiero comparar la cultura con la economía, pero no veo que haya un planteamiento cultural similar (con vistas al futuro), unas bases ni unas ganas de hacer crecer la cultura. Y hablo desde el sector más beneficiado, que es la música y la actuación. Si fuese escultor, pintor o escritor estaría, hablando rápido y mal, comiéndome los mocos.

Yo no me fui de España porque no tuviese oportunidades, sino porque quería estudiar, pero quizá no veo que tuviese esas limitaciones porque mis dos padres trabajan. No somos ricos, ni mucho menos, pero me puedo pagar la matrícula. Pero es cierto que, en España, la matrícula del conservatorio me costaba unos 2.000€ al año, aquí en Berlín me cuesta 400€ al año. El máster en Madrid creo que son 9.000€ el año y en Berlín, 600€. No me he ido porque me obligase España, pero tarde o temprano iba a salir. Para crecer como persona, para crecer como profesional y para sentirme valorado.

“Los de la serie fueron de los peores años de mi vida fuera del set de rodaje”

¿Cómo se produce ese cambio de actor a youtuber en términos personales? ¿Cuando estabas en Los Protegidos te planteabas dedicarte al mundo audiovisual?

Para nada. Yo llevo muy poco tiempo cogiendo una cámara. Hace un año, aproximadamente, edité mi primer vídeo. Nunca me había llamado la atención. Todo esto vino porque, a partir de la serie, conocí a gente que me hacía fotos y hacíamos excursiones en las que se dedicaban a hacerme fotos, a hacerse fotos entre ellos, etc., y, cuando no me hacían fotos a mí, yo solo miraba, no podía hacer nada. Ahí empezó a apetecerme tirar mis fotos.

Fue en ese momento cuando compré mi primera cámara, y me gustó mucho. Sobre todo, me encantó abrir las puertas del arte que yo quería transmitir, abrir las puertas de mi mente que antes estaba únicamente limitada a lo que podía hacer con la música y, si eso, con la actuación. Esa posibilidad fue un mundo completamente nuevo para mí. La cámara me ha aportado mucho, y no lo digo por dinero, acciones comerciales o por viajes y experiencias, que también, sino por la capacidad de transmitir algo que no podría hacer de otra manera. Hacer vídeos es donde veo que va a ir mi vida. Me he dado cuenta de que quiero contar cosas, y ojalá vaya muy bien y estas ganas que tengo de transmitir funcionen.

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Foto: Juan Carlos Quintero

Expones tus ambiciones como si de un híbrido entre el arte y el periodismo se tratara. Eso de transmitir historias de vida, de mostrar cada día algo más, el añadido a la simple imagen, lo que hay detrás, es lo que se está viendo en tus últimos trabajos.

Sí, donde me gustaría que fuera mi carrera como director o videógrafo sería conseguir lo más aséptico posible a mí. Yo no quiero salir en mis vídeos, sino ser un conector entre la historia y el espectador. Lo que pasa es que es muy difícil, sobre todo sabiendo tan poco como yo sé. Me gustaría hacer un contenido que fuese con mi sello, hecho por mí, editado y grabado a mí manera y demás, pero que yo no fuese el protagonista.

Ahora estoy planeando vídeos y tengo que aparecer yo porque, primero, es lo que mejor feedback, lo que mejor respuesta de la gente tiene y, aunque no me quiera vender a ello, si quiero tener vistas a producir un documental más grande necesito tener a gente detrás que lo respalde. Viviendo en mi torre de marfil del artista diciendo “no, yo solo hago lo que yo quiero, no me quiero vender” no lo voy a conseguir..

En este sentido, teniendo en cuenta que tú ya tienes una imagen pública construida a partir de tu papel en Los Protegidos, ¿has podido utilizar esa imagen para dar a conocer tu trabajo actual y posicionarte en las redes, o en alguna ocasión has sentido que tu trabajo se valoraba por quién eres y no por la calidad de tu contenido?

Puede ser que al principio fuese así, pero creo que después, cuando se ha ido asentando mi audiencia, la gente que se interesa por mi trabajo deja de ser ya por quién soy yo, que es lo que pasaba durante la serie. Los de la serie fueron de los peores años de mi vida fuera del set de rodaje por lo que conllevaba el reconocimiento público, el empezar a ser alguien y el que todo lo que dijera tuviese repercusión. Fue de las peores experiencias que he tenido en mi vida por culpa de la serie. Y todo lo que guardo de la serie es positivo. Echo mucho de menos trabajar allí, estar con la gente. Fueron, seguramente, los mejores años de mi vida, pero solo cuando estaba rodando. Cuando no, era un castigo, y maldecía el primer día en que me metí en ello porque no podía ir al cine, no podía ir con mis amigos a la calle, llamaban a mi casa, sabían mi teléfono.

Una vez se asentó el boom hubo gente que realmente quedó interesada por lo que yo hago. En este momento creo que la mayoría de gente no está en mi canal por ser quien soy sino porque tienen curiosidad por lo que hago y sienten empatía por la manera que tengo de contar las cosas.

¿Que haber salido en la serie me ha ayudado a tener los seguidores y la repercusión que tengo? Sin ninguna duda. ¿Que le debo gran parte de lo que estoy haciendo ahora a la serie? Sin ninguna duda. ¿Que sin la serie no hubiera sido posible? No creo. Hubiese sido más difícil, pero creo que la gente que ahora está diciendo que le gusta mucho mi contenido, si yo no hubiese sido Mario Marzo le hubiese gustado igual. Espero. (risas)

“Muchos españoles vienen aquí a Berlín, la ciudad del tecno, de las oportunidades, y se dan con la puerta en la cara”

Hablando del contenido, ¿cómo se te presentan esos proyectos? ¿Responden a iniciativas propias o los desarrollas partiendo de peticiones concretas de marcas?

A mí hacer vídeos me cuesta muchísimo, porque creo que hacer otro tipo de vídeos me sería mucho más fácil y me requeriría mucho más tiempo, pero lo que decía antes de mi torre de marfil, de lo que quiero yo hacer, no me lo permite. Me permite hacer vídeos que en un principio tendrían mejor repercusión o serían más aceptados. Me cuesta mucho hacer vídeos, no solo por el trabajo sino por la idea y por intentar que haya algo más detrás del vídeo. Y no siempre lo consigo.

En este caso vienen muy bien las marcas. Cuando una marca me escribe para un vídeo, me lanza palabras, ideas, que a mí me llevan a sacar mis propias conclusiones sobre qué es lo que me apetece hacer para colaborar con ellos. Y, aunque trabajar con marcas no es lo que más me guste hacer del mundo, lo veo completamente necesario porque, de otra manera, no podría permitirme mejorar mi equipamiento, viajar y demás. No tendría dinero.

Sería interesante, con respecto a la parte más técnica del trabajo que desarrollas, para todos aquellos jóvenes que se buscan la vida fuera de España ya sea por ambición o por necesidad, conocer un poco mejor cómo puedes permitirte llevar a cabo tus proyectos. Se entiende que eres freelance. ¿De dónde proviene la financiación de tus trabajos cuando no es de marcas? ¿Con qué equipo material cuentas?

Si yo estoy en Berlin ahora y si estuve el año pasado no fue por la beca. Fue porque, como he comentado, mis padres son funcionarios y yo he tenido la suerte de trabajar tres años en televisión y tengo dinero ahorrado. Si no, no me hubiese sido posible. La beca Erasmus era una miseria, no cambiaba nada que me la hubiesen dado o que no, económicamente hablando, y de ahí es de donde viene la posibilidad de que yo pueda hacer lo que hago.

Yo no pongo anuncios en mis vídeos porque no veo la necesidad. Es un incordio, el beneficio que me daría sería de 15€ al mes y la molestia es increíble. Cuando una marca me ofrece un dinero para hacer cierto tipo de contenido, intento gastar parte del dinero en hacer algo que sea de un poco más de calidad que el resto. Porque de eso se trata, creo yo. Creo que ahí está el problema de las colaboraciones que se hacen hoy en día en redes sociales, que la gente recibe el dinero, se lo queda y hace un vídeo completamente normal. Eso lo que hace es ensuciar un mundo bastante sucio de por sí como es el de la publicidad y tener muy poco respeto a lo que es el trabajo de los demás.

Yo intento ahorrar, porque sé que lo necesitaré en el futuro y porque, por supuesto, lo que me está pagando el alquiler son básicamente las redes sociales. Estimo qué dinero puedo ahorrar y el resto lo invierto en el vídeo, ya sea alquilando mejor equipo, contratando a gente que me pueda ayudar o en un viaje.

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Foto: Álex Domarco

¿Trabajas solo? ¿Con qué material de trabajo cuentas y cómo has ido pudiendo ampliarlo?

Trabajo completamente solo. Yo lo hago todo. Me gustaría tener a alguien conmigo y, si en algún momento los presupuestos son más elevados, podré permitirme llevar a alguien que me grabe a mí. Si no, no será posible.

En cuanto al material, todos mis vídeos están grabados con una cámara réflex y un par de lentes buenas. Ya está, eso es todo. Llevar más material es complicado. Por ejemplo, el vídeo de India fueron diez días de viaje con mi chica y fue tremendamente difícil, porque es un sitio muy incómodo, con mucha suciedad, los trenes se mueven mucho y hacen que en general el ambiente, aparte de que lo que ves no es agradable de por sí, sea un poco difícil para el trabajo. Si no hubiese sido así, me habría llevado un trípode, un micrófono, alguna luz. Pero no es posible.

¿Encontraste barreras en tu emigración a Alemania? ¿A qué tipo de inconvenientes o desventajas se enfrenta un joven de veinte años que decide mudarse a Berlín con recursos económicos limitados?

La barrera más importante es el idioma, y de esto me he dado cuenta hace relativamente poco tiempo. Llevo más de un año y medio viviendo fuera y, ahora que por motivos de trabajo viajé a Londres y que iba en el autobús y entendía la conversación que tenía la gente de detrás, que cuando estaba en el aeropuerto y decían el nombre de un vuelo y la hora a la que salía lo entendía sin prestarle atención… vi que eso hace que te sientas integrado en una sociedad, que seas parte de ella y estés cómodo.

Eso no me pasa en Alemania. Ahora que he vuelto, voy en el metro y no entiendo la conversación de quien tengo al lado, y eso que yo hablo alemán y puedo mantener una conversación, pero eso no implica que yo lo tenga interiorizado o naturalizado en mí, que yo vaya a un supermercado y entienda lo que la cajera le está diciendo a un señor. Eso es muy frustrante y crea una soledad y un no sentirte acogido por el país, de manera involuntaria, muy fuerte. Ese creo que es el mayor inconveniente.

“Ojalá estas ganas que tengo de transmitir funcionen”

¿Has podido conocer a gente de tu edad que se encuentre en una situación de mayor vulnerabilidad económica y tengan empleos que poco o nada tengan que ver con su ámbito de conocimiento?

Claro, aquí pasa mucho. En Berlín hay una falsa imagen de ciudad abierta y barata, que lo es, en la que con el inglés se sobrevive, y no es así. La gente viene aquí pensando que esto es jauja y para nada. Berlín tiene un paro altísimo, como en España, como en Madrid. Muchos españoles vienen aquí, a la ciudad del tecno, de las oportunidades, y se dan con la puerta en la cara. Conozco a mucha gente que está aquí en Berlín intentando buscarse la vida y todos trabajan de camareros o de repartidores, porque es el trabajo que hay. Es así. Yo tengo la suerte de que estoy en Berlín estudiando. Si no fuese así, trabajaría de redes sociales, pero no me daría para vivir y tendría que trabajar en otra cosa y, como no tengo alemán, los trabajos que me quedan son bastante limitados.

¿Qué le recomendarías a una persona que tuviera que plantearse la vida fuera de España con posibilidades mínimas? ¿Cómo retratarías la vida en el exterior?

Yo invito a toda la gente a que salga. Saliendo es como más se crece personal y laboralmente. Aunque vayas a un país en el que no puedas trabajar, ver cómo se trabaja allí, los sistemas, los estudios, va a hacer que espabiles. Y creo que ir a probar suerte dos años a París y volverte porque no has podido no es un fracaso. Contarás con una ventaja enorme cuando vuelvas. No hay nada como salir para abrir la mente, e invito a todo el mundo a que lo haga.

También se ha de saber a lo que se va, que ya no es un juego. A mí me echaron de la casa en la que vivía, me pusieron las cosas en la calle, y me tuve que buscar la vida. De repente entras en la vida real, en un nivel en el que no se puede guardar y volver hacia atrás (como en los videojuegos), ni hay una cama siempre disponible en la que dormir. Ya es la realidad. Y a mí me ha tratado muy bien, pero hay momentos en los que no, y hay que estar preparado, hay que saber qué puede pasar, hay que saber que, como me pasó a mí, si ocurre cualquier cosa estás solo anímicamente. Vendrán días malos que no van a mejorar de ninguna manera, pero que pasarán. Hay que saber sobrevivir y sobrellevar los mejores y los peores momentos.

A 2017 le pido intolerancia

Sería infinitamente más útil, o, como mínimo, definitivamente menos agotador, que todas y cada una de esas personas que expresan sus mayores (y poco originales) deseos para el año que comienza a través de Facebook y otras redes, interrumpiendo el flujo de información interesante, lo hicieran por otras vías. Por ejemplo, para sí mismos. Se sorprenderían de lo placentero que es mantener una conversación con una misma sin romper el maravilloso silencio de las demás.

El caso es que, como esta práctica/bombardeo innecesario es algo que desequilibra mi paz interior cada enero, he decidido compartir mis anhelos también, a ver si puedo desequilibrar un poco la tranquilidad interior de algunas de mis iguales. No obstante, seré breve.

A 2017, sí, le pido intolerancia.

Pido intolerancia a la escandalosa, estresante, demoledora y, como diría un grande que se acaba de marchar, líquida rutina que nos aprieta la garganta cada día. Pido intolerancia a los parches emocionales, a la contaminación y al aceite de palma. Pido intolerancia a la criminalización de la protesta ciudadana, a la represión de los pueblos a manos de las fuerzas armadas y a los Estados fascistas democratizados.

Pido intolerancia al maltrato animal, al maltrato psicológico hacia el prójimo, al maltrato físico, al maltrato. Pido intolerancia al machismo, al que se ve y se oye, y al que casi no se puede percibir.  Pido intolerancia a la falta de calidad informativa, a la manipulación de los medios, a la permanencia en prime time de personas que difaman, calumnian, mienten. Pido intolerancia a la corrupción, al adueñamiento de unos pocos de la Patria, de la cultura popular y de los valores de los pueblos. Intolerancia a la usurpación de la hegemonía.

Pido intolerancia al arrebatamiento de la libertad de las personas, de los animales y de todos los seres vivos que habitan el planeta. Pido intolerancia al aniquilamiento de la Madre Tierra, al consumo compulsivo y a la devaluación de la felicidad como camino y objetivo vital. Pido intolerancia a la explotación, la opresión, la hemorragia de la clase obrera, de los trabajadores y las trabajadoras (la mayoría social).

Pido intolerancia al egoísmo, a la deshumanización de las naciones, al cierre de fronteras y a la vulneración de los Derechos Humanos. Pido intolerancia a la alienación de la ciudadanía, al racismo y la xenofobia, a la pobreza energética y al abandono de nuestras iguales en la calle. Pido intolerancia a los desahucios, al hambre de nuestras vecinas y a los recortes en sentido común. Pido intolerancia al desmantelamiento de lo público: Educación, sanidad, pensiones, transporte.

Pido intolerancia al abuso de poder, a la violencia institucional, a la desigualdad salarial entre hombres y mujeres, a la desigualdad en general y a la discriminación. Pido intolerancia al fascismo, a la homofobia, a la experimentación con animales, a la asfixia de las pymes y a la colonización de los territorios y de los pueblos. Pido intolerancia a la provocación, la participación y el fomento de las guerras.

Pido intolerancia al autoritarismo, a la supeditación de la vida a las redes sociales, al dominio privado de los medios de producción y a los feminicidios. Pido intolerancia a la conservación de símbolos franquistas (fascistas), al olvido de nuestra historia y a las carencias democráticas. Intolerancia a la falta de solidaridad, de justicia, de equidad, de tranquilidad, de amor.

La intolerancia, a veces, se hace necesaria.

[Foto: Pixabay]

Estudiantes en lucha: rompiendo los muros de la violencia institucional

Este miércoles, estudiantes de varias facultades de la Universidad de Castilla-La Mancha escenificamos, en forma de encerrona en una de ellas, nuestra protesta contra los recortes en Educación del Partido Popular, contra el Real Decreto 310/2016 (que regula las evaluaciones de ESO y Bachillerato, esto es, establece las nuevas reválidas), contra la Ley Orgánica 8/2013, de 9 de diciembre, para la mejora de la calidad educativa (LOMCE) y contra el Real Decreto 43/2015 (más conocido como ‘3+2’), ya que consideramos, como la mayor parte de la comunidad educativa, que dichos movimientos legislativos atentan gravemente contra lo que entendemos por una Educación pública, gratuita, laica y de calidad.

Eran poco más de las ocho de la tarde cuando entramos al edificio que habitaríamos durante la noche y hacía frío. Fue un alivio encontrar la calefacción puesta, o recientemente desconectada. El aula conservaba una temperatura agradable. Las ganas de debatir por parte de algunos estaban menos calientes, todo sea dicho. O así lo supe percibir yo.  Aunque pasada la primera toma de contacto, ello cambió notablemente.

Abarrotamos las paredes con pancartas, pusimos música respetando los diversos gustos, comimos algo y empezamos a crear. Un trozo de papel blanco cubría la pizarra y, allí, algunas decenas de manos plasmaron, mediante dibujos y mensajes con diferentes tipografías, las demandas y necesidades, para sus mentes, vitales.

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Cerca de las diez y media de la noche, las primeras conversaciones entre algunas y algunos de los que entonces éramos desconocidos y unos cuantos acordes de guitarra pisaban levemente la música que salía de los altavoces.

Así terminamos traduciendo nuestras cualidades intelectuales, nuestras perspectivas, nuestras reivindicaciones sociales y educativas y nuestra rabia con lo que consideramos un indudable ejercicio de violencia del Estado hacia las clases trabajadoras (la mayoría social), en una asamblea en la que todas y todos pudimos contraponer ideas, aprender del resto y crear unidad y fuerza estudiantil.

Los derechos no caen como la lluvia, crecen como la hierba ni permanencen guardados a buen recaudo en ningún cajón. Hay que defenderlos y lucharlos cada día por conseguirlos y por no perderlos de nuevo, recordando siempre los valles de sudor, sangre y lágrimas que se derramaron. Y el respeto a la ciudadanía por parte de los poderes del Estado tampoco surge de la buena voluntad de nadie que los ostente. Como dirían Los Chikos del Maíz, “es necesario que el pueblo resista”, y para ello estuvimos ayer en ese aula, y por ello continuaremos llenando las calles por cada agresión – cuya mayoría de veces no es física, aunque también – de los de arriba hacia las de abajo.