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Margarita Ruiz: “¿Estás vendiendo un producto o estás vendiendo mi cuerpo?”

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Imagen cedida por Margarita Ruiz

Margarita Ruiz, natural de Murcia, tiene 21 años, es estudiante de Realización de proyectos audiovisuales y espectáculos y, desde enero de 2017, modelo en la agencia murciana Covers Models. Ha sido imagen de marcas como Inside, Rocai o Flamingos, entre otras. Se declara feminista y no se puede callar –afirma- “cuando hay algo que no le suena bien”. Nos habla de su experiencia en el mundo del modelaje y transmite su opinión acerca de la situación de las mujeres en esta industria y en la publicidad.

 

La modelo Cameron Russel, en diciembre de 2017, confesó en su cuenta de Instagram que, a la edad de 15 años, fue agredida sexualmente por el fotógrafo con el que hizo unas pruebas. A raíz de esta declaración, su perfil en las redes ha sido altavoz de hasta 60 casos de abuso a modelos.  Otras modelos, motivadas por las recientes denuncias de acoso por parte de actrices de Hollywood, también se han animado a hacer públicas situaciones de abuso vividas durante su carrera. ¿Has presenciado o vivido tú alguna situación de indefensión en primera persona desde que eres modelo?

 

Sí. Fue la única vez que me ha pasado algo así y desde entonces no he vuelto a trabajar con esa persona. Yo acababa de entrar en la agencia y me dijeron que tenía que hacer fotos en ropa interior o bikini (se hace para enseñar a las agencias cómo es tu cuerpo, si tienes tatuajes y demás) con un fotógrafo de renombre. Fui sin saber nada (normalmente no te informan mucho sobre el trabajo que vas a realizar, no te dicen exactamente lo que te vas a poner ni lo que vas a hacer). Me dieron un bikini muy pequeño y me asusté. Si esto se me llega a informar antes, hubiera dicho que no. Iba con una chica que era menor, sus padres firmaron el consentimiento.

En un momento dado, el fotógrafo me pidió que me quitase la parte de arriba. Pensé: “¿qué?”. No. Dije que no y fue que no. Pero después vi las fotos de la otra chica (yo no veía el trabajo de ella mientras lo hacía) y efectivamente esta chica sí que no llevaba nada, y era menor. Yo en ese momento no dije nada porque esta persona era bastante conocida, pero no volví a trabajar con él ni tengo interés en hacerlo. Yo tengo claro que hay cosas que no voy a hacer, porque tengo principios, y menos con alguien que no conozco.

En enero de este año, el New York Times publicaba que la reconocida compañía Condé Nast -propietaria de Elle, Cosmopolitan y otras publicaciones- ha establecido nuevas reglas para prevenir el acoso. Entre ellas se incluye no trabajar con modelos menores de edad, que no haya alcohol en los sets, que las modelos no se queden solas con fotógrafos u otros colaboradores, etc. ¿Crees que toda agencia de modelos o compañía propietaria de publicaciones de moda debería establecer normas de este tipo?

Por supuesto, porque parecen casos aislados pero no lo son, pasa. Se supone que, si un trabajo es realmente profesional, no debe haber ningún tipo de droga en el set. Ni de coña. Por otra parte, normalmente una sesión de fotos es una colaboración de al menos cinco personas, es imposible que estas cosas pasen, solo te dejan sola para cambiarte, nadie tiene por qué verte ni hacer nada. Pero, si estas cosas siguen pasando, será por algo, así que veo bien este tipo de medidas preventivas. Que todo se globalizara como una regla establecida sería positivo.

Christy Turlington, modelo de los años 90, dedicó unas palabras a propósito de la serie de denuncias que se desataron en Hollywood en torno al productor Harvey Weinstein. Decía que “el acoso y el maltrato siempre han sido ampliamente conocidos y tolerados en la industria de la moda”. ¿Dirías que es así? ¿El acoso y el abuso de poder son recurrentes en el mundo del modelaje?

Desde mi experiencia diría que no. El caso que he contado antes ha sido el único caso que he vivido y fue la primera sesión. Aunque es cierto que yo lo que hago son trabajos sueltos, porque a mí este mundo no me va. Me da dinero pero no me entusiasma. Pero bueno, no creo que el abuso sea algo recurrente, creo que hay otros problemas en el mundo del modelaje. Yo no he visto nada parecido. Tampoco tengo muchos amigos modelos.

Hablemos de redes sociales. Sin ellas no se entiende ninguna industria en la actualidad. Los trabajos que realizas para tu agencia no se quedan dentro de esta, sino que se comparte en las redes sociales. De esta manera, el público puede interactuar contigo directamente. ¿Has recibido algún comentario especialmente desagradable o inapropiado o conoces algún caso cercano?

Parece ser que, dentro de lo que cabe, tengo unos seguidores muy educados y, si piensan cosas, no comentan. Pero alguna vez sí he visto algún comentario con emoticonos que no me ha sentado bien. Son simples emoticonos, pero yo me pregunto “¿por qué?”, “¿para qué?”. Igual publico alguna foto en la que puedo ser –por decirlo de alguna manera- sugerente y la gente se cree con la libertad de comentar lo que le dé la gana. Emoticonos con babas y demás. Y, sinceramente, si no eres un amigo mío de confianza, la verdad es que me da un poco de grima. Pero en general no recibo comentarios así en público. Privados sí.

“Hay agencias que son nazis con los contratos”

Como modelo eres herramienta de y para la publicidad. Tu imagen, tu cuerpo, en última instancia, sirve a marcas concretas para vender sus productos. ¿Tienes o sientes que tienes libertad para elegir a quién sirves y a quién no? ¿Cuentas con algún tipo de herramienta de la que te puedas servir para rechazar ser imagen de una determinada marca cuyo producto o mensaje no te parece adecuado o no te interesa?

Depende de la agencia. Yo considero que en la mía, a lo mejor no tendré los mejores trabajos, pero tengo una libertad absoluta. Por eso estoy aquí. Podría estar en agencias en las que me salieran trabajos mejores, pero estoy contenta de poder decidir lo que quiera, cuando quiera y por los motivos que quiera. He rechazado trabajos porque tenía clase, porque no me encontraba bien o porque no iban conmigo con total libertad.

De la misma manera, conozco agencias que son –diría- nazis con los contratos. Exigen exclusividad máxima con multas de hasta 10.000€, etc. Y he trabajado con muchos modelos diferentes. Hay agencias en las que no tienes libertad ni para hacerte una foto a nivel profesional con un amigo tuyo, aunque no ganes dinero. Cedes tu imagen completamente a la agencia.

No es difícil encontrar diferencias entre imágenes de hombres y de mujeres en la publicidad. En ellos encontramos posturas, por lo general, más naturales. Sin embargo, en multitud de campañas podemos ver a mujeres siendo casi contorsionistas, con posturas incómodas e incluso peligrosas a simple vista. Hemos visto mujeres metidas en carros, haciendo formas con su cuerpo que en nada se corresponden con la realidad. ¿Qué opinas al respecto? ¿Has vivido alguna situación en la que la postura te incomodara o te pareciera surrealista o innecesaria?

Sí. De hecho, en la misma sesión de esta persona que contaba antes. Él está especializado en fotografía de desnudos y lo que pretende únicamente es crear sensualidad y provocar atracción con los cuerpos femeninos,  más que crear belleza. A mí no me han mandado a trabajar en nada así pero, si me dieran esas premisas, no aceptaría. Me preguntaría: “¿estás vendiendo un producto o estás vendiendo mi cuerpo?”. Veo horrible ese tipo de imágenes. Es publicidad hecha por hombres para hombres. Y la responsabilidad es de esas marcas que creen que es buena idea publicitar, por ejemplo, un perfume de esa manera.

También vemos continuamente –esta es la base de la publicidad sexista- cómo se reproducen los estereotipos de los roles de género en las imágenes publicitarias: hombres fuertes, con imagen de seguridad, control, dominio de la situación y del espacio, mirada al frente. En contraposición, mujeres delicadas, con imagen de debilidad y la mirada más bien dirigida hacia un lado. Las mujeres no miran, son miradas. ¿Se percibe esto entre las mujeres dentro del mundo del modelaje?

La verdad es que no. En el único trabajo en grupo que he hecho, nosotras éramos las dominantes, totalmente al contrario. En la publicidad en general claro que lo veo. Es publicidad dirigida a un cliente concreto, al caucásico de entre 20 y 30 años que consume mucho porno y demás. En los look books se hacen posturas rarísimas e incómodas. Se podrían hacer posturas para que se viera bien la ropa, el maquillaje o los zapatos, pero se busca la extravagancia, hay que llamar la atención.

Compartes agencia con otras mujeres y también con otros hombres. ¿En base a qué criterios se establece el precio a tus trabajos? ¿Se sufre la brecha salarial también en el modelaje; cobras menos que tus compañeros hombres por trabajos similares?

Creo que no es ya una cuestión de género. Dependiendo del trabajo se cobra una cosa u otra –yo no decido cuánto cobro, evidentemente. Tampoco sé cuánto cobran los demás porque no acostumbro a preguntar por ello. Por otra parte, también depende de la agencia. Dos chicas, dentro de una misma agencia, pueden cobrar muy diferente. ¿En base a qué? No lo sé bien, pero supongo que será en base a la cantidad de contratos que hagan, la subida de caché, que tengas una imagen diferente, etc.

En la campaña grupal que hice, los chicos, entre ellos, cobraban diferente; la otra chica no sé cuánto cobraba, pero sí sé que cobraba más que yo. Igual que sé que los chicos cobraban alrededor de 100€ más que yo. No sé si por el hecho de ser hombre o por la agencia. No sabría decirte, pero desde entonces pienso mucho en ello.  Pienso que influyen muchos factores. La agencia, por ejemplo, se queda normalmente con un 20% de tu trabajo, y cada una tiene sus normas.

“Me pregunto por qué en un rodaje en exterior el chico lleva chaqueta, pantalón y bufanda y yo tengo que ir con faldita y en tirantes”

A medida que la conciencia feminista va teniendo más repercusión en todas las capas de la sociedad, los roles se van deconstruyendo, hay situaciones y mensajes que se dejan de tolerar y vamos viendo imágenes y estilos diferentes. Tú tienes un piercing visible en la cara y apareces con él en las fotos sin problemas. ¿Es posible generalizar una publicidad y, por ende, un modelaje feminista y que fomente la libertad de identidad y de decisión?

Yo creo que sí. La moda innova constantemente y vuelve hacia atrás. Es cíclica. Aun así, pienso que sí se da una adaptación constante a las necesidades. Antes se criticaba y se marginaba más, ahora creo que cada vez se acepta más que cada uno tiene su propio estilo. Es más natural, ya no eres “el raro”.

Por otra parte, si se publicitan cosas que no entiendo por qué se tienen que publicitar, ¿por qué no va a publicitarse esto (el feminismo), que es un movimiento que beneficia a todo el mundo? Yo creo que es un pensamiento que hay que inculcar desde la educación, desde pequeños. Hay que enseñar que esa chica o ese chico que tienes al lado es otra persona, y que da igual el género o la raza. Hay que darle publicidad (al feminismo), y habrá quien diga que es porque está de moda y se saca dinero con ello, pero pienso que no es así. Yo si cobrara lo mismo que mis compañeros, estaría igual de feliz que ellos, por ejemplo.

Desde tu ámbito de conocimiento y de trabajo, el del modelaje y la publicidad, entre otros, ¿crees que se desaprovechan las herramientas disponibles para transmitir mensajes que puedan cambiar a mejor la situación de discriminación, violencia y desprotección hacia las mujeres?

Por supuesto, pero no interesa porque mueve dinero. El hecho de que decidan qué publicidad te estás comiendo en la televisión –tú y tus hijos- es una cuestión de interés, de control, de poder. Las herramientas están desaprovechadas porque se prioriza en la venta de productos a cualquier precio.

¿Qué se podría cambiar dentro del modelaje para que los trabajos tuvieran unos resultados menos sexistas?

Yo me pregunto por qué en un rodaje en exterior, por ejemplo, el chico lleva chaqueta, pantalón y bufanda –si me apuras-, y yo tengo que ir con una faldita, en tirantes y tengo que actuar como si no estuviera a 2ºC. O por qué a él tardas cinco minutos en maquillarlo y a mí una hora y media. Cambiar eso sería útil para transmitir una imagen diferente. Las mujeres no somos perfectas, ¿por qué se empeñan en hacer creer que lo somos? Lo único que se consigue es hacer pensar a las chicas que si no son perfectas no van a ser nadie en la vida. Hay que mostrar, además, la diversidad de cuerpos.

¿Qué le dirías a una mujer joven que esté pensando en adentrarse en el mundo del modelaje?

Muchas cosas. Lo fundamental es la madurez mental. Le diría que, hasta que no sienta que sus principios no van a ser perturbados por nadie, no lo haga. Tienes que ser una persona muy fuerte mentalmente para estar aquí. Tienes que enfrentarte a opiniones que te pueden afectar. Yo agradezco haber empezado con 20 años. Si hubiera empezado con 16, ¿quién me soportaría? Creo que sería una persona superficial y no apreciaría a la gente que me rodea. El mundo de la moda es así, es imagen y superficialidad. Le diría que no lo hiciera por fama, que los seguidores no importan nada, que medite mucho los trabajos –porque estás vendiendo tu imagen y puedes arrepentirte de muchas cosas- y que se forme, que estudie mucho. Pero, sobre todo, como digo, la madurez mental es clave. La necesitas para poder rechazar, para poder opinar, para no quedar como una estúpida el resto de tu vida.

 

Los libros de autoayuda contra la clase obrera | 2 MINUTICOS

Los libros de autoayuda o de superación personal ofrecen soluciones particulares a problemas colectivos. Anulan la capacidad organizativa de la sociedad civil. Lo explico de forma amena en este vídeo:

Nunca estamos seguras

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Hace una tarde estupenda para ser esto Bilbao, qué extraño y qué bien. Sería un crimen quedarme en casa. Mira, un mensaje del grupo. Que si vamos a tomar algo al centro de la ciudad. Joder, pues claro. Va, me pongo lo primero que pille y fuera.

Hay que ver lo que tarda en llegar el ascensor cuando más ganas tiene una de salir a la calle. Uy, ya está aquí. Si antes lo pienso.

Cero. Uf, tampoco es que haga calor, eh. Pero esta chaqueta servirá, paso de subir otra vez a casa. Total, si voy a estar en un bar y seguramente habrá calefacción. Por lo menos hace sol, que, aunque no caliente demasiado, endulza el paisaje. La verdad es que Bilbao es una ciudad muy bonita. He acertado mudándome aquí para estudiar. Al principio todo es caos y desubicación, pero, joder, tengo dieciocho años, ¿qué más puedo pedir? ¡Ya iré aprendiendo!  En fin, ya debe quedar poco para llegar al sitio en el que hemos quedado. Creo que hay un teatro bastante conocido cerca. No estoy segura. Lo cierto es que debería salir a pasear y explorar la ciudad más a menudo.

La ría es una pasada. Aunque, a decir verdad, hoy parece un poco sucia. Se lo perdono a esta tierra tan bonita. Todo es verde mires donde mires. Es la recompensa por soportar lluvias casi a diario. Mis pupilas lo agradecen. ¡Qué llueva todo lo que tenga que llover, así se caiga el cielo! Qué exagerada soy, me he venido arriba. ¡Uy! Creo que me he pasado la calle. Al final voy a tener que poner el GPS, qué desastre. Bendita herramienta y bendita tecnología, ¿no? Ya estoy. Creo. Ah, sí, ahí están. Qué cabronas, han pedido ya.

Hola, ¿qué tal? Anda que esperáis. Vaya sol hace, ¿eh? Después de estar andando un rato tengo calor y todo. Quién lo diría. Buenas, una caña, por favor. ¿Qué tal el día, chicas? El mío ha sido algo aburrido, pero productivo. ¿Has estado toda la mañana durmiendo? Lo tuyo es un caso aparte. Veo que está siendo un lunes al uso para todas. Da gusto salir, al menos, un rato a tomar el aire. Oíd, he visto el cartel de una obra de teatro. Podríamos ir, creo que estará hasta la semana que viene. Gracias, ¿me cobras ya? Vale, gracias. Hmm qué fresca está.

¿Jugamos al billar? Os aviso que soy muy buena. ¡Venga, moved el culo! Va, yo echo la moneda. Pues hoy he estado practicando con la guitarra y he conseguir aprender a tocar una canción que me encanta. Qué gozada. ¡Bien! Vamos a lisas nosotras. Buen tiro. Sí, llevaba tiempo sin tocar, porque este verano no he parado de hacer cosas, pero ahora lo estoy retomando. He visto en las redes sociales las fotos de tu verano, tampoco lo has pasado mal tú, eh. ¡Mierda! ¿Cómo he sido capaz de meter la negra? Joder, qué mal. Pues nada, se acabó el juego. En fin, no voy a tardar en irme, que tengo que cenar, ducharme y demás antes de acostarme. A ver si quedamos más a menudo, ya que hemos coincidido en la ciudad.

No, tías, no hace falta que me acompañéis, si estoy a diez minutos de casa y hay buen alumbrado público. De verdad, no es necesario. Sí, os avisaré cuando llegue. ¡Agur! Me encanta usar palabras en euskera, ojalá se me pegue aunque sea el acento, qué chorrada.  Uy, pues ha anochecido bastante rápido, con estas se me pasa el tiempo volado. Bueno, me gustan mucho las ciudades en su versión nocturna. La luna y el alumbrado iluminan la ría y se ven los edificios reflejados en el agua. Qué pasada. Voy a echar una foto. Uy, vaya mierda, no se ve casi nada. Bueno, servirá. ¡Hala! Ya son casi las diez. Hoy me tocará acostarme tardísimo, veremos cómo me levanto mañana para ir a clase.  Anda, este edificio tan grande debe de ser el teatro que había por la zona. “Teatro Arriaga”. Vaya nombre. Está guay, seguro que por dentro es enorme y precioso. La fachada es bonita. En fin. Uy, se nota ya la oscuridad. Da un poco de miedo, no hay casi gente por la calle. Excepto ese hombre que, por cierto, viene en la misma dirección que yo. ¿No parece que me mira mucho? A ver si me va a estar siguiendo. No, ¿no? Va, no seas tonta, es un hombre sin más. Tú a lo tuyo. ¿Por qué ando más rápido? En serio, relájate, que no es nada. ¿¡Qué me va a hacer!? Además, a ver si va a ver que aligero el paso y va a pensar que le tengo miedo y eso lo incomoda. Además, es que no le tengo miedo. Ya no queda mucho para llegar a casa, voy a tranquilizarme. ¿A ver? Joder, es que parece como si me estuviera siguiendo, no deja de mirarme. Qué imbécil. Me estoy poniendo de los nervios. Va, voy a caminar como si estuviera tranquila. Si ando rápido o corro se va a pensar que estoy histérica. Y no lo estoy. Casi. Igual me estoy montando una película yo sola y el hombre va a comprar el pan. Me cambio de acera y listo. ¿En serio? Hostia, que se ha cambiado él también. Esto ya no me gusta. Voy a girar por aquí a ver si lo despisto. Venga, por favor, rápido, tengo las piernas ya cansadas. Vale, ya. ¿A ver? No viene. Uf, menos mal. No me estaba siguiendo, si es que soy una paranoica.

Venga, que en dos calles estoy en casa. Creo. ¿O no? Mierda, ¿dónde estoy? Qué desastre, me he perdido. Con los nervios me he desorientado. Menos mal que me queda batería, puedo buscar en el GPS. Bueno, primero voy a avisar a alguien de lo del tipo ese, por si acaso, yo no me fio. “Tía, creo que me ha estado siguiendo un hombre. Vamos, creo que lo he despistado y ya no viene, pero estoy muy nerviosa, tengo miedo”. “No, no vengas, si ya no me sigue, creo que estoy cerca de casa pero no sé dónde exactamente. Era para que lo supieras. Voy a poner el GPS”. A ver, la tercera calle a la derecha, luego la primera a la izquierda y ya estaría. Vale, voy a guardar el móvil a ver si con la tontería me lo van a robar. La verdad es que esta calle ni me suena, ¿cómo narices habré llegado hasta aquí? En fin, rapidito ya para casa, coño, el turismo para otro día. Ya no queda na…¡¡¡AAAAAAH!!! ¿Quién eres? Por favor, no me hagas nada. Por favor. Solo quiero ir a casa, por favor, déjame. ¿A un hotel? No, no, no. Por favor. ¡SUÉLTAME, JODER!

Corre, corre. Mierda, joder, me va a matar, me va a violar, joder, no puedo respirar, corre. ¿Qué coño hago? Me sigue, me está siguiendo. El teléfono, corre, que no se me caiga. Vamos, cógemelo, por favor, rápido. Vamos, va.. “¿Hola? Tía, ven por favor, estoy por la ría. Un tío me ha agarrado del brazo. Estoy corriendo, no sé si viene detrás. Joder, ven por favor, avisa a alguien y ven. Vale. Vale, no tardes por favor”. No puedo respirar, no puedo más. ¿Dónde está? Mierda, no lo veo. Ya no viene. Joder, joder, joder. Va a salir de cualquier lado. No, por favor. Respira. Respira. No está, hay más luz. Venga, enseguida viene ésta a por mí. ¿Dónde está? ¿Por qué no llega? Voy a llamarla. “¿Dónde estás? Tengo mucho miedo, no lo veo, no sé dónde está. Vale, perdona, aquí estoy, no tardes, por favor”. Vale, tranquila, ya llega. Tengo frío. Y calor. Qué mierda todo. Que llegue ya, por favor. No pienso llorar. Vaya basura, qué asco. Joder, ya estoy llorando. Sshh, que no te oigan, que no te oigan. ¡AHÍ ESTÁ! Joder, menos mal. Por fin. Bendito abrazo, lo más cálido desde hace horas. “Gracias por venir, siento la molestia”.

“¿Por qué has venido sola? Ah, joder, gracias. No puedo tranquilizarme, estoy muy nerviosa. Lo siento. Joder, es que soy idiota. Mis amigas… No viene,  ¿no? Estate atenta, por favor. Mis amigas han dicho de acompañarme a casa, pero les he dicho que no porque estaba cerca. Tendría que haberles hecho caso. Soy imbécil. Perdona, siento haberte hecho venir, no sabía a quién llamar. Muchas gracias. Gracias, de verdad. Ya, sé que el problema no es que yo vaya sola y que la solución no es ir acompañada, pero es que no podemos ir tranquilas por la jodida calle. Es enfermizo. No puedo evitar tener miedo. Es que… primero me ha seguido un hombre cerca del teatro Arriaga, ¿lo conoces? Pues ese, al lado de la ría. Y me he puesto muy nerviosa, pero nada, lo he perdido de vista. Y después ya me estaba tranquilizando un poco y, de repente, un tío me ha agarrado súper fuerte del brazo y me ha dicho que si quería irme con él a un hotel. Sí, tía, tal cual. Me he asustado un montón, al principio no podía soltarme. No sé ni cómo he podido escaparme y salir corriendo. Estaba acojonada y pensaba que me seguía pero después he visto que no estaba. Qué mierda. Casi no podía respirar del susto. Creía que me iba a violar o a matar, joder. Necesito llegar a casa ya. Sí, será mejor que me tranquilice. No, gracias, no hace falta, me he dejado la cena preparada”.

Ya estamos, al fin. “Nunca dejaré de darte las gracias. Sí, ya ha pasado todo. Sí, lo he pensado, pero no creo que lo haga. No sabría describirlo físicamente, no recuerdo su cara, ni siquiera sé si se la he llegado a ver. Solo he sido capaz de salir corriendo. No serviría de nada denunciar sin datos. Lo que sí he pensado es escribir sobre ello y contar lo que me ha pasado públicamente. A lo mejor ayudo a otras mujeres. No sé, lo pensaré. Oye, me da miedo que vayas sola a casa. Es muy de noche, ¿y sí te pasa algo? Bueno, vale, pero avísame en cuanto llegues. Muchas gracias, de verdad. ¿Segura? Ya… Ya sé que nunca estamos seguras”.

Las migas de pan de la vergüenza

El segundo día que estuve en los campamentos de personas refugiadas del Sáhara, o el tercero… No lo recuerdo bien porque allí solo adviertes que el tiempo pasa cuando te encuentras haciendo de nuevo –y tan pronto- la mochila para marchar.

Ese día, el segundo, el tercero, todos o el que sea. Estaba ayudando a Fati, una niña saharaui preciosa de doce años (o veinte, o treinta y cuatro, dependiendo del momento y las necesidades de lo que para ella ha de ser su casa) a recoger los desperdicios de la comida, desde la jaima hasta la cocina. Yo, cínica y despreciablemente ajena –en mi subconsciente- a la precariedad, cogí las migas de pan que habían sobrado de algunos platos y le pregunté dónde estaba la basura.

– ¿Para qué? – me preguntó.

– Para tirar esto – respondí con una seguridad que desde entonces me avergüenza.

– No se puede tirar, porque tenemos que comerlo otra vez – me dijo, en un castellano envidiable para sus hermanas, con una sonrisa que pronto deshicieron sus ojos al bajar la mirada hacia la realidad.

Solo fui capaz, después de permanecer unos segundos petrificada, de responder: “claro, tienes razón”, sin poder devolverle la sonrisa. Se me había roto.

Unas horas más tarde la vi repartir un huevo frito entre dos de sus hermanas y ella misma con otra media sonrisa.

Al caluroso anochecer, después de una todavía más calurosa tarde y de una insoportable mañana de sol y de sol y de otro poco de sol, esa misma niña (que no es una niña abstracta, que tiene nombre y apellidos, un libro de texto casi como trofeo y unas ganas terribles de pilotar el avión que los lleve a ella y a su familia de vuelta al hogar que ni su madre pudo conocer), me dio, mientras jugábamos y sin querer, un golpe con la pierna en la nariz. Me mareé un poco y me dio por llorar, aunque nadie me vio.

Ya estaba muy oscuro y allá donde me escondí para sollozar sin alarmar a los demás, nadie podía descubrir mi dolor. Me preguntaba por qué era éste tan intenso. Solo la luna inmensa que hacía, como podía, las veces de alumbrado público, pudo y supo ver que mis lágrimas no eran por el golpe en la nariz, sino que contribuían a llenar el cubo de la vergüenza de una España impasible, responsable del reciclaje de aquellas migas de pan.

Víctor Bueno: “La revolución tiene que ser un proceso personal”

El veinteañero Víctor Bueno, guadalajareño de sangre y madrileño de corazón, convierte la injusticia social en letras y acordes cada vez que puede. Al terminar el bachillerato de artes, pretendía estudiar sonido, pero finalmente decidió invertir su oxígeno en llenar de crítica todos los micros abiertos de Madrid. Se descalza para cantar y, aunque tiende a agachar la cabeza para sonreír, expone sus ideas con precisión y seguridad.

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Víctor Bueno en Retiro

Para quien no te conozca, ¿cómo te definirías?

Es complicado. Definir lo que vemos y a las personas que conocemos parece mucho más fácil que a uno mismo. Si me tengo que vender, quizá me vendería como un  cantautor que hace lo que le da la gana. Nací con vocación de ser cantante de rock and roll, pero hubo un día en que me di cuenta y me dije “no, tú eres cantautor, y lo demás está de más”.

Has tocado en Madrid, Plasencia, Cáceres, Ferrol, Guadalajara… Y la ruta continúa por Valladolid, Salamanca, e incluso estarás presente en Viña Rock. ¿Cómo se te presentan esas oportunidades?

Esos conciertos surgen en el momento en el que me pongo en el ordenador, en casa, empiezo a buscar sitios donde tocar y me dejan. Ninguno es que me hayan contratado. Lo del Viña es muy gracioso porque, cuando lo publiqué, mucha gente empezó a preguntarme sorprendida. Lo que vamos a hacer en realidad es un concierto en el camping. (risas) Montaré un altavoz y haré un concierto con un amigo rapero que toca también la flauta travesera. Creo que va a quedar muy guay.

¿Tu música recibe influencias de otras agrupaciones musicales o cantantes?

El comportamiento humano en sí está basado en la influencia. Los homínidos lo aprendemos todo a través de la imitación. Con la música pasa igual, creo que no hay melodías por inventar, todo se versiona. En mi caso, al principio estaba influenciado por el rock and roll en castellano, ahora por el mundo del cantautor.

¿Cómo definirías tu música si tuvieras que clasificarla en algún género?

Si tuviera que encajarlo en Spotify, ¿no? (risas) No lo sé. Creo que antes sí tenía un estilo más de balada, pero ahora hago lo que me viene. No sería capaz de definirlo, podría meter cada canción en un estilo, pero toda la obra no.

Libertad 8, Aleatorio Bar, La Fídula, Fulanita de Tal… son bares en los que se organizan micros abiertos musicales y poéticos. ¿Son realmente útiles estos espacios para los y las artistas que están empezando? 

Mi opinión es que sí, sin duda. Creo que es muy necesario para el movimiento de la cultura en una ciudad. Es muy importante que existan esos espacios. Cuando escribía mis primeras canciones, yo quería ir a La Riviera y llenarla, obviamente, pero ni tenía público ni tenía forma de hacer un concierto mío, ni tenía repertorio. Entonces iba al micro abierto, había 20, 30 o 40 personas que me estaban escuchando sin tener que mover yo a un público particular. Eso muy complicado. Luego pienso que es muy importante.

Por otra parte, en el caso, por ejemplo, de Libertad 8 hay mucho nivel, nunca te regalan el aplauso y eso te hace saber dónde estás en cada momento. Cuando recibes un poquito de ese aplauso te das cuenta de cómo avanzas y de la manera en que lo haces. A mí me aporta mucho.

¿En qué momento das el paso de participar en micros abiertos?

Hoy, casualmente, buscando unos apuntes, he encontrado una hoja que escribí el primer día que fui al Libertad 8, creo que fue el 3 de abril de 2015.  No fue el primer micro abierto al que fui pero sí fue el primero al que fui asustado, porque Libertad 8 es como el templo de la canción de autor, y es un sitio conocido en muchas partes del planeta. Es alucinante que un bar, por el hecho de acoger a la canción de autor, sea tan conocido.

La primera vez que fui a un micro abierto estaba en un proceso de montar bandas de rock and roll, tenía alrededor de 5 bandas y ninguna salíamos a tocar, pero me gustaba estar en movimiento e ir todos los días a la sala de ensayo. Recuerdo entonces que habíamos empezado a formar un grupo en Vallecas. Nacimos con la idea de tocar canciones del estilo de Extremoduro y un día le dije al guitarrista que había un micro abierto en Rivas y me apetecía ir. Toqué una o dos canciones mías y una de Rulo y fue precisamente porque no estaba preparado para dar un concierto como tal pero me quería subir a un escenario. Creo que, posiblemente, ir a un micro abierto surge por la necesidad de medirte y de verte en un escenario.

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Víctor Bueno en Retiro

¿Le pedirías algo a las instituciones en materia de oportunidades para el mundo de la música?

Es clara la respuesta: que se despenalice la música en directo. No puede ser que haya bares que tengan que echar el cierre porque no pueden hacer música en directo por las condiciones de los ayuntamientos y de los gobiernos. Entiendo que lo del ruido es algo que hay que medir, pero creo que todo el mundo podría hacer un concierto en un bar.

Y también sería muy importante despenalizar la música callejera. Entiendo también que hay algunos lugares en los que se debe regular, como son los centros de las ciudades, porque si no se llenarían, pero tiene que haber cultura en todos lados sin ningún tipo de prohibición. Creo que esas serían las dos cosas que habría que gritarle a la cara a las instituciones.

En tus canciones prima la crítica social y política. ¿Por qué crítica social y, de alguna manera, activismo musical, y no canciones de amor al uso? ¿Qué te lleva a escribir ese tipo de letras?

Mis primeras canciones eran de amor y desamor. Luego empecé a verme desde fuera, me miraba desde otras perspectivas y no entendía qué hacía escribiendo canciones de amor. A partir de ahí descarté hablar sobre ello, creo que no es útil. Todas las personas podemos enamorarnos y des-enamorarnos y no hace falta que nos cuenten cómo es.

También coincidió con que yo venía de un colegio privado de curas y estaba muy influenciado por ello. Vine a Madrid, conocí la escuela pública, conocí a las personas de la escuela pública, conocí el hecho de amar a otras personas que no son de tu cultura o de tu país y estas cosas básicas que de otra forma no hubiera podido conocer. Me pilló esa época entre ver cómo estaba el mundo y escribir sobre mi mundo. Descarté lo segundo, porque no le interesa a nadie, y pensé que era útil escribir lo que sucedía y propagarlo mediante las canciones.

Y ahora estoy en un momento en el que creo que tampoco es suficiente con escribir lo que ves y lo que hay y analizarlo. Los análisis ya están hechos, tenemos que ponernos a trabajar en dar soluciones, más bien por medio de uno mismo que a gran escala.

¿Combinas el activismo musical con el activismo en la calle?

Sí, pero tampoco mucho. Me he decepcionado muchísimo con lo que yo defino como grupos de izquierdas. No me refiero a los grupos de izquierdas como ideología sino como formas de actuar, asociaciones asamblearias y demás. He estado en muchas asociaciones y en organizaciones con fines sociales y al final me di cuenta de que pasábamos muchas horas debatiendo sobre el color de una pegatina, sobre la frase que íbamos a poner en una camiseta o sobre lo que íbamos a hacer en vez de haciendo cosas.

Entonces, he llegado a la conclusión de que la revolución tiene que ser un proceso personal, un proceso que tenemos que hacer con las personas que nos rodean más que a gran escala. Creo que si tú piensas que no debes tirar aceite por el fregadero para que no vaya a los ríos, en vez de ir a protestar y a tirar bengalas, a lo mejor es más útil no tirar el aceite por el fregadero y conseguir que no se haga en tu casa.

Volviendo a la música. ¿Te has planteado grabar un disco o un EP?

Desde que empecé a hacer la primera canción yo ya tenía el disco hecho. (risas) Hice una canción y dije “esto ya va, esto tiene que..”. Me fui dando cuenta de que no, de que había que hacerlo con calma. La primera canción la terminé en una semana y me motivé. La grabé en el estudio, me gasté un dinerito, sonaba muy bien, pero me di cuenta de todo lo que estaba haciendo, y tampoco quería sacar un disco sobre amor. Y al final creo que voy a tener que forzarme a sacar algo inminentemente, porque me estoy volviendo tan perfeccionista en algunos casos que al final no hago nada. Quiero que la canción sea perfecta, que acabe en la nota exacta que quiero, etc., y al final, o tienes unas aptitudes cojonudas o, en mi caso, no voy a conseguir esa perfección que tengo en mi mente.

Tengo pensado sacar algo, pero no tengo un proyecto hecho. No sé si tengo que hacer lo que debería según mis cánones o lo que yo quiero en ese momento.

¿Lo harías con una discográfica u optarías por la autoproducción?

Autoproducción, sin duda. Y quiero hacerlo yo, diseñarlo yo (o un amigo, pero que sea lo más cercano posible a mí). Un disco ya no es un producto o un simple medio de ganancia, tiene que ser algo muy tuyo, es tu niño. Tengo que estar muy convencido de lo que hago.

Aparte de eso, no quiero saber nada de las productoras, en principio. Hasta que no salga una productora de discos que considere honesta y que sea algo que trabaja a escala cercana… De las grandes compañías, en principio, no quiero saber nada. Porque a mí me van a intentar manipular a toda costa. Si yo fuera Sabina, podría contratar con quien fuera porque publicarían lo que yo quisiera. O no, no lo sé. Pero no quiero saber nada de las multinacionales.

Algunas preguntas cortas:

  • Una canción imprescindible: La vida es la mayor canción imprescindible. Si quieres una canción de verdad… es imposible.
  • Un libro que te haya cambiado la vida: Hubo uno, que no era una novela ni nada, sobre el análisis del lenguaje corporal que me dejó loquísimo. Lo empiezas a leer y ya no puedes no prestar atención a esas pequeñas cosas.
  • Una canción para practicar sexo: alguna muy africana, con tambores, ¿no? (risas)
  • La película que te define: El guerrero pacífico
  • Un lugar para morir: Galicia

¿Qué piensas o sientes al escuchar estas palabras?:

  • Amor: Vida
  • Política: Circo
  • Música: Vibración
  • Hambre: Ímpetu
  • Democracia: Telón
  • Pobreza: Indigno
  • Dignidad: Libertad
  • Madrid: Todo

¿Qué esperas de tu futuro en relación con la música?

Trabajar poco y vivir bien.

(Hacer click en la imagen para reproducir vídeo)

¿Nos gusta que nos roben?

No he utilizado la palabra corrupción en el titular porque intuyo que casi nadie entraría a leer el artículo. Parece que ya no interesa. ¿Efectivamente es así?

Según los indicadores del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), el paro y la corrupción son, por ese orden, los asuntos que más preocupan a la ciudadanía española, aunque este último ha bajado 13,7 puntos desde febrero del pasado año. A ello le siguen los problemas económicos y “los políticos en general, los partidos políticos y la política”.

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Captura parcial de los indicadores del CIS

A pesar de ser la corrupción la segunda variable que más preocupa a los y las ciudadanas  y del hartazgo con respecto a lo que podríamos denominar la “clase política” (los matices de esta cuestión se abordarán en otro artículo), esta coyuntura ya no tan coyuntural sino más bien estructural, no parece provocar reacción concreta alguna. Esto puede comprobarse atendiendo a los resultados de los últimos comicios y a los últimos barómetros, que sitúan al partido en el que más casos de corrupción están siendo juzgados e investigados en los últimos años como claro y continuo ganador.

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Gráfico estimación de voto en elecciones generales / Metroscopia

El Partido Popular ha de estar frotándose las manos, pues las últimas resoluciones judiciales por casos de corrupción están pasando casi desapercibidas ante la espectacularización del proceso de primarias en Podemos, entre otras cosas, que está copando informativos y portadas. Cabe, entonces, bajar a la arena y hacer hincapié en lo verdaderamente alarmante.

Según relata eldiario.es, “el Tribunal Superior de Justicia de la Comunidad Valenciana (TSJ) ha condenado a 13 años de prisión a los cabecillas de la trama Gürtel, Francisco Correa y Pablo Crespo; a 12 a su lugarteniente Álvaro Pérez ‘El Bigotes’ y a 9 una exconsellera del PP, Milagrosa Martínez, por la operación urdida para conceder de manera irregular varias adjudicaciones de la Generalitat entre 2004 y 2009, cuando el PP gobernaba la Comunidad Valenciana, a empresas de la trama. Correa, Pérez y Crespo son culpables de tres delitos: Asociación ilícita, cohecho activo y tráfico de influencias”.

Además, el pasado miércoles se confirmó que el ex-ministro de Economía, Rodrigo Rato, cobró de varias empresas del IBEX cuando era Vicepresidente del Gobierno con Aznar, a través de una sociedad constituida con sus hermanos, con la intención de “lograr contratos de las empresas públicas del momento: Endesa, Retevisión, Altadis o Paradores, entre otras”,  según ha informado también eldiario.es.

Estas, como digo, son las últimas informaciones obtenidas, pero a ellas las han precedido decenas de otros hechos de igual bajeza moral. Las escandalosas cifras, que se pueden consultar en los enlaces adjuntos, son la cuestión de menor importancia en este proceso de continuo fraude al contribuyente. Es difícil afinar el porqué del aparente pasotismo ciudadano ante las evidencias, el porqué de la normalización de estas peripecias que no cesan.

¿La sobrecarga de casos de corrupción ha normalizado, efectivamente, la operación de expolio que está llevando a cabo desde hace años el partido de gobierno? ¿La palabra corrupción ha dejado de crear alarma? ¿El ‘exceso’ de información, fruto de los múltiples casos, ha hecho que se asuma impasiblemente esta situación de desvergüenza? ¿Se ha llegado al punto en el que el hecho de ser ‘atracados’ y ‘atracadas’ continuamente está perdonado de antemano?

Hace unos días, en Rumanía, la población consiguió que se derogara un decreto aprobado por el Gobierno que despenalizaba los casos de corrupción por debajo de los 44.000€.  Fue a partir de multitudinarias manifestaciones en la calle como, finalmente, se revertió la impudicia del gobierno. En España, a pesar de haber tenido lugar en toda su historia y solo que se conozcan casi 100 casos de corrupción, estos no han tenido excesivas consecuencias judiciales. Y, más preocupante aún, no han tenido, en absoluto, consecuencias políticas ni sociales.

Según un mapa de corrupción elaborado por El Mundo en 2014 (hoy son más los casos), solo 82/483 implicados han sido condenados, y, de estos últimos, solo 28 han estado o están en prisión. Son datos no actualizados, pero a la vista de acontecimientos más recientes, la tendencia no ha variado en demasía.

Cabría hacerse unas cuantas preguntas: ¿Nos gusta que nos roben, o es que ni siquiera sentimos que nos lo estén haciendo? ¿Tenemos consciencia de la importancia de los servicios sociales y del necesario mantenimiento de los mismos para la mejor gestión de nuestras vidas? ¿Somos conscientes de que la corrupción, esa palabra ya tan explotada que ni parece doler, supone el robo explícito de los fondos que entre todos y todas llenamos cada día y que han de responder ante las necesidades sociales y no ante la codicia de unos pocos? ¿Sentimos como nuestras la sanidad, educación, transporte, pensiones, públicas? ¿De alguna manera, estamos contribuyendo al desmantelamiento de las mismas y, por consiguiente, al fomento del discurso de la inutilidad de estas?

A menudo se banalizan los debates haciendo sonar la palabra populismo. Si hablas explícitamente los problemas cotidianos de la gente, estás siendo populista. Sería bastante más útil observar lo que tienen de realidad ciertos discursos. Es verdad que si se vacía la hucha de las pensiones para solventar problemas que no hemos causado nosotras y nosotros, nuestros y nuestras mayores van a tener (como ya están teniendo que hacer) que elegir entre pagar la luz y comer.

Es verdad que, si se desvían fondos necesarios para cubrir las demandas educativas, el estudiantado no va a tener ni tizas para escribir en la pizarra, y los docentes van a ver mermadas sus posibilidades de desarrollo educativo en las aulas y frustradas sus condiciones de calidad laboral. Es verdad que si se adjudican obras a multinacionales se está perjudicando a la pequeña y mediana empresa y que ello se traduce en que la mayoría de familias van a tener que hacer malabares para llenar la nevera (porque las pymes representan el 99’9% del total de empresas en España, aunque se pretenda hacer ver otra cosa).

Es verdad que las relaciones que mantienen, en clave económica, miembros del gobierno con empresas estratégicas y el establecimiento de mecanismos para favorecer sus intereses mutuamente se traduce en que familias enteras no puedan poner la calefacción, ducharse con agua caliente, o que una señora muera incendiada por tener que usar velas por no poder pagar la luz.

Todo lo relatado, y muchas más cosas, forma parte de la realidad y es imprescindible entender que la relación entre la corrupción y las medidas políticas poco éticas con los problemas cotidianos de la gente son reales. Que las prácticas indecentes llevadas a cabo por quienes gobiernan afectan directamente a nuestra posibilidad de comprar la barra de pan de hoy. No es populismo, es afinar y traducir la realidad.

La corrupción es una lacra que hay que exterminar, no solo condenar verbalmente. Normalizar la desvergüenza es perpetuarla.

A 2017 le pido intolerancia

Sería infinitamente más útil, o, como mínimo, definitivamente menos agotador, que todas y cada una de esas personas que expresan sus mayores (y poco originales) deseos para el año que comienza a través de Facebook y otras redes, interrumpiendo el flujo de información interesante, lo hicieran por otras vías. Por ejemplo, para sí mismos. Se sorprenderían de lo placentero que es mantener una conversación con una misma sin romper el maravilloso silencio de las demás.

El caso es que, como esta práctica/bombardeo innecesario es algo que desequilibra mi paz interior cada enero, he decidido compartir mis anhelos también, a ver si puedo desequilibrar un poco la tranquilidad interior de algunas de mis iguales. No obstante, seré breve.

A 2017, sí, le pido intolerancia.

Pido intolerancia a la escandalosa, estresante, demoledora y, como diría un grande que se acaba de marchar, líquida rutina que nos aprieta la garganta cada día. Pido intolerancia a los parches emocionales, a la contaminación y al aceite de palma. Pido intolerancia a la criminalización de la protesta ciudadana, a la represión de los pueblos a manos de las fuerzas armadas y a los Estados fascistas democratizados.

Pido intolerancia al maltrato animal, al maltrato psicológico hacia el prójimo, al maltrato físico, al maltrato. Pido intolerancia al machismo, al que se ve y se oye, y al que casi no se puede percibir.  Pido intolerancia a la falta de calidad informativa, a la manipulación de los medios, a la permanencia en prime time de personas que difaman, calumnian, mienten. Pido intolerancia a la corrupción, al adueñamiento de unos pocos de la Patria, de la cultura popular y de los valores de los pueblos. Intolerancia a la usurpación de la hegemonía.

Pido intolerancia al arrebatamiento de la libertad de las personas, de los animales y de todos los seres vivos que habitan el planeta. Pido intolerancia al aniquilamiento de la Madre Tierra, al consumo compulsivo y a la devaluación de la felicidad como camino y objetivo vital. Pido intolerancia a la explotación, la opresión, la hemorragia de la clase obrera, de los trabajadores y las trabajadoras (la mayoría social).

Pido intolerancia al egoísmo, a la deshumanización de las naciones, al cierre de fronteras y a la vulneración de los Derechos Humanos. Pido intolerancia a la alienación de la ciudadanía, al racismo y la xenofobia, a la pobreza energética y al abandono de nuestras iguales en la calle. Pido intolerancia a los desahucios, al hambre de nuestras vecinas y a los recortes en sentido común. Pido intolerancia al desmantelamiento de lo público: Educación, sanidad, pensiones, transporte.

Pido intolerancia al abuso de poder, a la violencia institucional, a la desigualdad salarial entre hombres y mujeres, a la desigualdad en general y a la discriminación. Pido intolerancia al fascismo, a la homofobia, a la experimentación con animales, a la asfixia de las pymes y a la colonización de los territorios y de los pueblos. Pido intolerancia a la provocación, la participación y el fomento de las guerras.

Pido intolerancia al autoritarismo, a la supeditación de la vida a las redes sociales, al dominio privado de los medios de producción y a los feminicidios. Pido intolerancia a la conservación de símbolos franquistas (fascistas), al olvido de nuestra historia y a las carencias democráticas. Intolerancia a la falta de solidaridad, de justicia, de equidad, de tranquilidad, de amor.

La intolerancia, a veces, se hace necesaria.

[Foto: Pixabay]

“No puedes no conocer a The Beatles”

Hay voces que gritan -porque no queda otra- que la invasión y el expolio de América fue el acto de inauguración oficial del capitalismo más salvaje. Luis Nitrihual recordaba hace unos días, en el contexto de una conferencia sobre la estructura de medios en América Latina, que la llegada de la modernidad y el progreso al continente llevó consigo poco menos que un “desarrollo frustrado del capitalismo” que comentaba antes, pues en lugar de permitir el desarrollo de una industria propia e independiente a los pueblos latinoamericanos, se apostó por la extracción abusiva de materias primas mediante la explotación de las tierras para una posterior producción de bienes en Europa. Dejando así, a estos, en la más absoluta situación de indefensión y dependencia económica. Es la enésima muestra de un ejercicio de desvergüenza en la historia de la humanidad.

Así contado, en un cutrísimo párrafo de ciento treinta y nueve palabras, suena frívolo y casi pueril. Y es una lástima, pero no tenemos la culpa de ser vividos –que no vivir- en la era del neofascismo democratizado cuyas ciudadanías crecen, se reproducen y mueren –convencidas de la idoneidad del mismo- desprovistas de cualquier fórmula de empoderamiento y control de la propia vida. Tampoco tenemos culpa de tener el discurso limitado a trescientas palabras en las que, además de contar todo lo que se sucede en su mundo, tenemos que demostrar que hemos leído Territorio Comanche del muy español y mucho español Pérez Reverte, que las mesas de nuestras casas están bien calzadas con Los pilares de la Tierra,  que tenemos una opinión formada sobre la cobra de Bisbal a Chenoa y que nos gustan The Beatles. No vaya a ser que en la esfera pública se empiece a leer a Bakunin.

¿O sí?

 

 

Buscando periodismo donde no lo hay

¿Todos los medios han perdido credibilidad, u otorgamos la responsabilidad de tenerla a los medios equivocados? ¿Por qué insistimos en que ABC, El País, El Mundo, Antena 3, La Sexta, la cadena SER, y un largo etcétera tienen que ser los medios de referencia, y nos quejamos cada vez que no nos reconocemos en ellos? ¿Qué nos hace seguir manteniendo la aplicación de la SER en el móvil, seguir interrumpiendo nuestras comidas porque “empieza el Telediario” o continuar acompañando el café del desayuno con un periódico que no nos dice nada entre las manos?

Cabe recordar, además, que comunicación no es sinónimo de periodismo. El entretenimiento está bien, pero no es periodismo, es otra cosa. La banalización de los debates políticos y la espectacularización de la información, está bien, pero no es periodismo, es otra cosa. La cobertura y divulgación de los aspectos más morbosos de un suceso está bien –bueno, eso es discutible ciertamente-, pero no es periodismo, es otra cosa. Los constantes e incesantes flashes informativos en forma de tweets están bien, pero no es periodismo, es otra cosa. El copia y pega de declaraciones oficiales o de notas de prensa está bien, pero no es periodismo, es otra cosa. En definitiva, la comunicación, sea en el formato que sea, está bien, pero no es periodismo, es otra cosa.

Pascual Serrano, seguramente, diría que esa otra cosa es “una mierda”. Yo más optimista soy y prefiero entenderlo como una manera de entretener y de amenizar los aspectos duros de la realidad social y política de forma dinámica, en constante proceso de ‘novedosidad’. Permítanme la invención de la palabra. Como unos legítimos procesos de creación más artística que periodística en unos espacios y tiempos generosos para con la difusión y aceptación de los mismos.

No se trata de desacreditar los trabajos de cuantos se dedican al mundo de la comunicación y de la información, sino sencillamente de llamar a las cosas por su nombre, o mejor dicho –ya que a mí no me gustan las etiquetas-, de no llamar a las cosas por un nombre que definitivamente no les corresponde.

El hecho de que a casi todo lo que sale en la televisión, a casi todo lo que aparece en la prensa, a casi todo lo que suena por radio y a casi todo lo que nos ofrecen las redes sociales, queramos llamarlo Periodismo es uno de los motivos por los que este está siendo objeto de desaprobación y víctima de esa pérdida de credibilidad que los periodistas asumen como una lacra o inconveniencia que hay que paliar lo más rápidamente posible.

Sería infinitamente más útil dejar de buscar periodismo de calidad en aquellos medios de comunicación cuyas situaciones de dependencia económica les impiden hacer tal cosa. Las publicaciones alternativas tendrán, algún día, el lugar de prestigio que merecen.

[Foto: Pixabay]

Crisis del periodismo: ¿Volvemos al siglo XIX?

Por situarnos un poco: En el siglo XIX lo que había era periodismo de partido puro y duro. Un periodismo que estaba concebido como una herramienta de propaganda de un determinado partido político más que como un órgano a través de cual informar verazmente a los lectores y las lectoras. El periodista, entonces, no era sino un militante que vivía más de la política que de su trabajo periodístico. Esto fue así hasta que, ya en el siglo XX, empezaron a aflorar empresas cuyo ámbito de actuación o desarrollo iba a ser el de la comunicación. Este nuevo modelo de periodismo como negocio, que se ha dilatado hasta nuestros días, tenía como fin último la producción de beneficios económicos y la influencia política de manera teóricamente indirecta. Además, de esta forma el periodista ya pasa a vivir de la profesión, profesionalizada esta (valga la redundancia).

¿Qué ocurre hoy? Se habla de crisis de financiación de los medios, de crisis de pluralismo, de crisis de dependencia, de crisis ético-deontológica. Y dichos aspectos son dignos de ser debatidos profundamente. Pero, ¿y si estamos asistiendo, además, a una nueva transformación del modelo de periodismo que viaja más bien atrás en el tiempo? Cabría preguntarse si, al menos en España, el periodismo de empresa –dentro de las características  fijas que lo definían originalmente- está en parcial retroceso. Se teoriza pesando en la falta de pluralismo sin advertir que, tal vez, el periodismo plural nunca haya existido, no tenga ahora cabida o, para más inri, no sea factible ni en términos teóricos ni en términos prácticos. Y también se agoniza buscando la manera de alcanzar el ideal de objetividad en los medios informativos, lo cual parece sencillamente imposible.

Pensemos en la realidad actual de los medios de comunicación: Se trata de empresas dedicadas al mundo de la información que, por su condición de empresas anhelantes de beneficios millonarios, establecen una serie de confluencias e intereses empresariales y políticas que acaban por determinar las líneas editoriales de los mismos y, en última instancia, la senda del bolígrafo del periodista que redacta las piezas informativas. Eso, a nivel general. Por otra parte, en España puede realizarse una clasificación ideológica e incluso partidista de los medios de manera alarmantemente fácil. Entonces, ¿no es esto una especie de “periodismo empresarial de partido”? Se ha establecido la dinámica empresarial a un ejercicio periodístico potencialmente partidista. Es un híbrido entre los dos modelos anteriores.

Hace unos días, veintidós medios de comunicación críticos alternativos acordaron el inicio de un ejercicio periodístico cooperativo. Veintidós medios, ni más ni menos. ¿Crisis de pluralismo? No tiene por qué. Más bien, necesidad de reinventar el periodismo crítico, el periodismo que exige rendición de cuentas al poder, el periodismo como “guardián de la democracia”. Pero, ¿está ese ideal de periodismo exento de sesgos ideológicos? Tal cosa parece no existir, como ya se ha visto.  Esta veintena de medios de comunicación, entre los que se encuentran Diagonal, La Marea y/o Píkara Magazín, son medios cuyo ejercicio profesional parece estar en consonancia –con obvias transformaciones diferenciadoras- con aquel periodismo del siglo XIX en que el periodista era militante de un determinado partido político. Hoy no se hace de forma directa, pero en las publicaciones citadas se puede observar la adhesión a unos determinados valores comunes, fundamentalmente progresistas en este caso, que establecen una línea editorial clara a pesar de que no se encuentre una comunión concreta con ningún partido a lo largo de sus páginas o trabajos.

Es una posibilidad que parte de la crisis actual de los medios de comunicación tenga que ver con el hecho de no saberse parte de ningún tipo de periodismo. Esto es, con pasar por alto que, tal vez, uno de los aspectos que hacen perder credibilidad a los medios no es sino la no asunción de que el periodismo en profundidad, el periodismo de investigación, el periodismo comprometido, el periodismo crítico, el periodismo que parece faltar pero que en realidad existe –solo hay que buscar-, es un periodismo militante, un periodismo que no puede ser imparcial, que no puede concebirse como una fábrica imparable de datos noticiosos.

¿Es también una crisis de auto-reconocimiento?

 

 

[Foto: fascinanteprensaescrita.blogspot.com]