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Me afino las cuerdas vocales

A veces me aburro de mí misma, pierdo el tiempo, no aprovecho la ocasión ni tomo nota. Yo también me boicoteo, busco excusas, me apoltrono en un rincón. No comprendo, rebusco en el cajón de los errores y solo a mí me encuentro. Tiritando. El acierto es apostar todo a que la próxima vez será otro quien me abra a mí y tirite. A veces apago la música, me pongo en el foco y me veo a mí misma en el futuro en el mismo rincón.

La zona de confort se hace pequeña, me aprieta entre las muelas, y a la vez me consuela y es arropo, y me arrodillo ante la espina que atraviesa mi garganta porque soplo y se disipa la amargura y a vivir -que no es gerundio pero el reloj no para ya ni pa’ mear.

A veces me cuestiono y no me dejo responder, me miro desnuda, me quiero en silencio y me rasgo los dientes intentando romper las dos esquinas del rincón. Levántate. Que no me levanto, que no sé bailar. A veces me hidrato bien los sueños y otras veces me dejo convencer de que es imposible que lluevan pianos. El barro que hoy me cae por los costados es el vino que bebí hace un par de telojuro‘s y ahora se me queda tieso el pecho cuando pienso en navegar el charco que me quedó para amar. No es casualidad que el mundo esté patas arriba, si es que nunca he despegado la cabeza del asfalto.

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Foto: Ángela de la Torre

A veces me aburro de mí misma, pierdo la vergüenza, no me escondo en ningún sitio y me da por cantar. Yo también bailo en la ducha, busco playas donde echar la siesta, deshago la cama -que es lo que nadie nunca me enseñó. Reinterpreto, rebusco en el cajón de los aciertos y solo a mí me encuentro. Respirando. El error es apostar todo a que la próxima vez será otro quien me abra a mí y me corte el aire. A veces subo el volumen, abro la ventana y me veo a mí misma en el presente no teniendo miedo.

Las muelas se me aprietan contra un pecho ajetreado y me arrodillo ante la falsa tersura de la felicidad porque es que inspiro y se me llenan los pulmones de verdad -que no es ni verbo pero está cara y este poco a mí me sabe a libertad.

A veces me formulo y la respuesta es lo de menos, me miro sin ropa –que no es lo mismo que desnuda, sino vacía de cargas-, me quiero en voz alta y me limo las uñas rompiendo el espacio que sobra en la cama. Descansa. Que no descanso, que soñar me sale mal, que quiero hacerme realidad. Uso mis piernas y no dejo que el invierno se me escape de las manos, que el buen frío ayuda a conservar mejor los atardeceres. A veces olvido que tengo la piel seca y afino el piano para que caiga bonito y me invite, aunque sea, a una última nana. El agua que hoy me brota por los poros es el después de la resaca tinta, y ahora ‘se me pone el alma pirata’ cuando pienso en la de versos que aún me quedan por untar bien en mi espalda. No es casualidad que el mundo esté desordenado, si es que nunca he pretendido caminar con cuidado en línea recta.

Déjate ser

Déjate ser. Si quieres… ríe aunque no toque, llora porque sí, teme a la muerte y anhélala a ratos, escribe para ti y para cualquiera, sé hipócrita, siente vergüenza y aprende, miéntete conscientemente para descubrir todas tus verdades, rómpete la boca a carcajadas en un baile, folla lento y no termines si no quieres, lánzate al vacío, desaparece, vuelve a renacer si te apetece, date una ducha en la bañera de los dioses cuando tengas miedo y después vuelve al infierno escogido, no te calles ni aunque te amordacen, destroza el bozal, átate de pies y manos cuando no sepas qué hacer, déjate mecer en el Cantábrico. Come lo que puedas, lo que quieras, lo que tus principios te permitan, come para cuidarte, para saciarte, para engordarte de alegría, y después cómete el mundo si te apetece, y si no, mastica bien tus miedos para que no se te hagan bola.

Ahorra, gástalo todo de golpe, dona tu cuerpo a la ciencia inexacta de otro cuerpo, duda, sal huyendo, regresa a ti y a todo, y aprende a bailar bien agarrada a la tristeza. Ponte a prueba y no te superes si no te sale. Sé tú en los tiempos verbales que te dé la gana. Sé cosas nuevas. No anheles ser libre, vive como si pudieras serlo. Acaricia sin poner nombre a la piel.

Y ama. Ama para toda la vida o solo un rato, ama un poco lento, algo más fuerte, algo más torpe. Ama unos segundos, deja de amar y perdónate, y perdona a la vida, y perdona los pisotones de los bailes, las heridas. Ama aunque no sepas cómo hacerlo, ama aunque no sepas si es amor, ama los instantes que te pongan de los nervios, ama a cientos de personas a la vez, ama en silencio y ama a viva voz, a viva piel, saca tu amor por la ventana y contamina tu barrio con ello. Ama a los seres que te regalan el lujo de respirar. Ama las curvas de la vejez, las arrugas de tu alma, la comisura de las caderas menos tonificadas, los dientes manchados de felicidad, las canas, los ojos rojos de llorar, o de fumar.

Ámate. Ámate feliz y ámate insegura. Ámate sin fuerzas, ámate agotada. Ámate. Déjate sentir. Déjate ser. Así, sin apellidos.

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Foto original: Claudia Nicolás

Vista previa

Me amo y me detesto casi a partes iguales, yo también desayuno hipocresía y cada día me reinvento para no dejar de andar. A ratos no me entiendo ni a mí misma, me pongo de los nervios, aterrizo en cualquier cama, bebo vino y desaliento. El miedo me gusta tinto, el agua mejor del tiempo, desconozco bien el techo de mi alma, me acojono, cojo vuelos sin destino. El norte es vuelta casa, una huida hacia mi espíritu sin peajes, sin espigas. Me sobra respirar en esta curva de mi pecho y se me seca la garganta cuando pienso en el futuro. Me torturo cada día y también me hago el amor como si nada, desafino la guitarra a carcajadas y compongo mil canciones con un cúter en mi espalda. He aprendido a dar puntadas de alegría con espinas que ayer mismo me arañaban, y a hacer fuego en los empeines de mis pies para no sentir las puñaladas. Reivindico en cada espejo la tersura de la vida sin barreras a mi ombligo, y me encuentro en el reflejo del delirio, en el puerto de montaña del “yo, mí, me, conmigo”. A las noches en mi tripa son más dulces las caladas, el alquitrán de mis entrañas se resbala y me arrodillo ante el espacio entre mis precipicios. Me vuelvo a amar. Respiro. Miro a cámara, me enfoco las cosquillas. Aquí no hay vista previa. Me sonrío y me disparo hacia la vida.

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Foto original: Ángela de la Torre

El té de la tarde

Hace 204 días que marché de El Aaiún tras nueve días de parón, para mí, en el espacio y el tiempo. Todo se reanudó tan rápido al llegar a España que me quedé sin voz. Me la había dejado anclada a esas decenas de pupilas a las que no fui capaz de volver a mirar en el último adiós. Y desde entonces volver a casa no significa lo mismo.

El mundo es tan grande aquí fuera que se hace difícil hacer sonar vuestra voz. Todo son hagstags, trending topics, likes, enlaces compartidos, oídos que no escuchan, gargantas encabritadas por nimiedades, seguidores que suben y bajan, cuentas corrientes, acuerdos cautivos, móviles rotos, peleas por ver quién sale en la foto…

Y yo solo pienso
en las migas de pan,
en la arena que arde,
en el agua que falta,
en el té de la tarde.

En la melfa que esconde
todas las verdades,
en el cielo infinito,
en la mierda de cables.

En la luz que no llega,
en el rezo invisible,
en los ojos vidriosos,
en la ayuda inservible.

En el cole que acaba,
en el maldito hambre,
en el silencio nocturno,
en la lucha incansable.

Hoy es un día para hacer que el Estado empachado de poder mastique la arena del desierto, para llenar con claveles el fusil que asesina corazones aunque no dispare balas.

Sandrela os sigue echando de menos.

La lucha sigue. Sáhara Libre 

Té

Aprendiendo a hacer té saharaui en los campamentos de refugiados del Sáhara / El Aaiún

Grietas

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Salí a respirar y lo hice, me deshice y me recompuse. Pero el nudo permanece en mi garganta. Cada centímetro de universo me recuerda que donde antes habitada la eternidad ahora llueven pianos. Y escuece como una herida abierta sumergida en alcohol, aunque no me he mojado ni los labios.

Tengo la lengua agrietada de lamer mis propias cicatrices y, aún así, no es suficiente. No vine al mundo para fingir con orgullo, mi dignidad reside en el rugir de mis pupilas.

Al respirar

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No hay hogar para mi trajín aquí dentro.

Mi día es un vaivén de incómodas concesiones, de ruidosos ruiseñores que maldicen mi presente. Es un vis a vis con Jesse Pinkmann, un ir y venir desde el sol más cálido hasta las nubes más enfermizas, un no saber si perecer es más rentable que no vivir mientras se vive.

Aquí he cumplido estación, ciclo y vida. Sobra mi abrazo y se empalaga mi risa. Aborrezco vivir deprisa e interrumpir mis sueños.

Pero no hay hogar para mi trajín ahí fuera.

¿Cómo saber dónde habito si nadie es puerta de mi casa, si no tengo quien me pise mientras baila, si no hay saliva para trasnochar?

Quiero marchar, pero no quiero llegar a ningún sitio. Me rodea tanta nada que todo se atraganta al respirar.

Mundos Divididos: “Yo también he sentido cadenas, cosa que ahora no permito”

Detrás de Mundos Divididos hay una “persona que siente y no sabe cómo explicarlo, por lo que tiene que escribirlo”, concretamente una alfarrasinense de veinticuatro años que hace tres dejó a un lado sus presuntas inseguridades para contarle al mundo, a través de Youtube, que lo suyo era escribir.

A la edad de ocho ganó un concurso de poesía, pero no lo supo hasta hace unos días, que descubrió que su necesidad de transmitir su realidad mediante la escritura venía de lejos. Su mundo no está dividido, o sí, no lo sabe, pero lo que da nombre a su obra es el origen a pachas de un canal confeccionado entre dos amigas que finalmente decidieron tomar caminos separados en el mundo literario.

Tiene 55.913 suscriptores en Youtube, 20.312 seguidores en Facebook y más de 200.000 visitas en su blog. ¿Dónde está la clave? Según ella, en la escritura simple. “Si tengo que poner en mis vídeos que estoy hecha una mierda, pongo que estoy hecha una mierda”. La poesía no es para ella, “no he escrito ni la voy a escribir nunca”. Además, afirma, “si escribiera poesía tal vez la gente no se sentiría tan identificada”.

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Imagen cedida por Mundos Divididos

Mundos Divididos es tangible desde hace ya 3 años. ¿Has notado algún tipo de evolución tanto en la calidad como en la variedad temática de tus textos?

Yo quería quitar el primer vídeo, porque es como intentado imitar la voz de Mónica Gae, no soy yo, y con el tiempo me di cuenta de que si quería hacer algo mío tenía que ser yo. Finalmente no lo he eliminado porque refleja mi evolución.

Con respecto a la calidad de los textos, yo escribo lo que siento. Mi ventaja o mi inconveniente es que escribo lo que me da la gana, no pienso en si queda bien o mal.

Poco más de un año después de empezar a hacer vídeos publicaste tu primer libro. ¿Qué sentiste cuando hiciste la presentación en tu propio pueblo?

Fue el último sitio en el que hice la presentación, porque no quería. Fui a Valencia y a otros sitios a recitar y no me importaba, pero en mi pueblo no quería porque me conoce todo el mundo y suponía dar a conocer una parte de mí que yo, en ese momento, no quería que la gente conociera. Fue el alcalde el que me animó a hacerla y fue medio obligada. Al final me gustó mucho, pero reconozco que me costó mucho decir que era yo la que estaba haciendo eso.

¿Tus cercanos te apoyaron desde el principio? ¿Sentiste que alguien comenzaba a hacerlo una vez empezaste a tener éxito?

Yo tenía el libro hecho, pero sin terminar, y lo publiqué gracias a que un amigo me insistió en que lo terminara. Y tengo la suerte de que siempre he notado apoyo tanto de mis padres, que, aunque en un principio me negué, hicieron una inversión previa en ello, como del resto de gente cercana a mí. Hay gente del pueblo con la que, a lo mejor, no me llevo bien y luego me ven y me dicen que les gusta mucho lo que hago, pero pienso que ya no. Esa gente no me importa. Yo soy muy mía, yo y mi gente. Lo que pueda pensar el resto ahora mismo me da igual.

¿En algún momento te has planteado publicar con una editorial?

De momento no, porque es verdad que haciéndolo yo es mucho más trabajo pero es lo que yo quiero. Nadie me puede decir que no ponga un texto o no diga tal cosa. En mi libro hay una página en blanco que pone “en los libros, como en la vida, hay gente que no te aporta nada y tienes que pasar página”. A lo mejor una editorial no me permitiría dejar una página en blanco. Yo hago lo que me da la gana. Autopublicar te da muchísima libertad.

De momento así me ha ido bien, la gente que ha querido comprar ha podido hacerlo porque se puede comprar por internet a nivel mundial. Hay editoriales que solo distribuyen en España. Yo tengo más seguidores en México que en España, aunque suene raro. Lo que me interesaba, entre otras cosas, de la autopublicación era que llegase allí.

¿Da Youtube y la venta de libros para vivir?

Depende. El primer mes que publicas el libro te da para vivir tres meses. Pero el libro es como todo, cuando lo sacas lo compra todo el mundo, y luego la gente que ya lo ha comprado, lógicamente, no va a volver a hacerlo. Algo que me ha sorprendido es que se siguen vendiendo libros, porque cada vez hay más gente en el canal y al descubrir que tengo un libro publicado deciden comprarlo. No es lo mismo que el primer mes, pero sigo vendiendo libros. Ahora, solo con Youtube o solo con los libros no te da para vivir. Si lo juntas, dependiedo de la gente que vea los vídeos y demás, hay meses que sí y meses que no.

“A veces escribo lo que me hubiera gustado que alguien me dijera cuando estaba mal”

Además de publicar, también pusiste voz a la intro del último disco de Forraje, que se grabó en DVD como último concierto de la última gira del grupo en Madrid. ¿Cómo surgió la oportunidad?

Yo había hecho una versión de una canción de Forraje y se ve que Lülu, el ahora excantante de Forraje, la vio y le gustó, y cuando fueron a sacar el último disco me habló para ver si quería hacer la intro de “Quince duchas de agua helada”. Yo era seguidora de ese grupo y me dio mucho vértigo. Pensé en no hacerlo, pero hablando con mi gente, que me animó, terminé grabándolo, y en el concierto de Madrid, en la Sala Caracol, lo pusieron y quedó grabado en el dvd de Forraje.

Normalmente escribes en primera persona, pero, ¿eres tú la que siente, ama, odia, llora, vive en tus textos?

Depende. La mayoría de cosas sí las escribo sobre algo que he sentido yo, aunque seguramente no en el momento. La gente dice que cuando se está mal es cuando mejor se escribe, pero yo, cuando estoy mal, lloro, no escribo. Entonces, si he estado mal en el pasado, escribo hoy lo que sentía en ese momento.

Algo que antes siempre hacía era escribir triste, porque le gusta a la gente y a mí me saca muchas espinas. Ahora si escribo triste siempre tiene un final de superación. Muchas veces lo que escribo es lo que me hubiera gustado que alguien me dijera cuando estaba mal. “No dejes que te pisen”, “si te está doliendo no te está queriendo bien…”, etc. Hay gente de 14 años que me habla y veo que está confundida con lo que es el amor y me pongo nerviosa de ver las relaciones que tienen con esa edad. Y eso que yo también las he tenido, yo también he estado presa en una relación y también he sentido cadenas, cosa que ahora no permito.

Entonces, hay veces que alguien me cuenta una historia y escribo sobre ello, pero la mayor parte de mis textos son cosas que he vivido yo.

¿Lees para escribir? ¿Qué te hace coger papel y boli cada día?

Leo muchísimo. Elvira Sastre, por ejemplo, me inspira mucho para escribir. Hay frases suyas a partir de las cuales puedo sacar un texto. Pero no, normalmente a lo mejor estoy en la cama y digo “me tengo que levantar a escribir”. Otras veces es al contrario, me pongo delante del ordenador y me pongo a escribir y si me sale algo bien y si no nada. Entonces, sí que leo mucho, pero porque me gusta. Sí es verdad que leo a gente que hace lo mismo que yo, prosa poética, porque me ayuda de alguna forma a escribir.

Tus textos suelen ser sobre amor, ya sean positivos o negativos, pero también tienes algunos más reivindicativos o de crítica social. ¿Por qué no escribes más de ese tipo?

Porque es más fácil escribir sobre el amor o el desamor. Tampoco quiero que mi canal se convierta en un canal de política. Quiero escribir en cada momento lo que yo sienta, lo que a mí me mueva. Si hay un día que me apetece escribir sobre que una mujer tiene el mismo derecho que un hombre, por ejemplo, lo escribo, pero la mayoría de veces me sale más sobre amor o desamor.

Al tener tantos seguidores y ser tan constante en la publicación de vídeos, ¿alguna vez te has sentido obligada a escribir?

Sí. Y no me gusta. Yo, de 5 vídeos que subo a la semana, a lo mejor realmente he sentido escribir tres. Yo tengo una ventaja y es que puedo ser, entre comillas, una máquina de escribir. Ahora me das un ordenador y te escribo un texto, de lo que sea. Pero no lo siento. Muchas veces lo he hecho y la gente no lo nota, porque le gusta, pero yo sí lo noto y la gente que me conoce sabe que ciertos textos no los he escrito porque me haya apetecido o lo haya necesitado.

Y no me gusta. Yo escribo porque quiero gritar cosas y no quiero que sea una obligación. Me he propuesto que, si no me apetece escribir, no voy a hacerlo. Porque la gente no lo nota pero yo me fuerzo y si me fuerzo no me gusta el resultado de lo que hago. Y si no me gusta a mí…

¿Cómo se vive el hecho de que haya gente que comente tus textos diciéndote que le ayudas o que se siente identificada con lo que transmites? ¿Sientes responsabilidad?

Nunca me lo he tomado como una responsabilidad. Me acuerdo de una chica, que fue la que más me marcó, que me dijo que llevaba un año y medio en una relación sufriendo maltrato psicológico y físico y que en uno de los vídeos se dijo a sí misma: “tengo que salir de aquí”. Me dijo que gracias a eso había salido de ahí. Que una chica te diga que gracias a ti se ha ido del lado de una persona que la está maltratando… Yo no sabía ni dónde meterme. No es una responsabilidad, pero cada vez que alguien te dice algo así te marca.

“A mí, el texto en el que más visitas tengo, no me gusta”

¿Guardas recuerdo de algo extraño o sorprendente que te haya pasado con algún seguidor?

Hubo una ocasión en que lo pasé fatal. Me habló una chica y me dijo que su prima había muerto de cáncer con 18 años y que ambas eran seguidoras mías. Quería leer algo mío en el entierro y me pidió que escribiese algo para ello. Sentía que no podía decir que no pero no sabía qué decir. Las palabras que yo podía decir no iban a ser suficientes. Lo pasé mal para escribir eso. Se lo envié a la chica, pero ahí sí noté cierta responsabilidad.

¿Hay algún texto que a priori no creyeras excesivamente bueno y luego resultara gustar mucho? ¿Y al revés?

El texto de “Hoy te he vuelto a recordar”, que es el que más visitas tiene (540.673), a mí no me gusta. Y no sé qué le pasa a la gente con ese texto, que despuntó, tiene el doble de visitas que el resto. Para mí es un texto que está bien pero no es de mis favoritos ni de lejos.

El de “Unos tanto y otros tan rotos”, por ejemplo, es un texto que me gusta muchísimo, que me parce que es un texto que hay que escuchar y solo tiene 6.400. Y hay otros que a lo mejor he escrito por obligación, como decía antes, y tienen 30.000. No suelo estar de acuerdo con la gente. (risas) Hay un texto que me parece precioso, “Sin motivos y a la vez por mil razones”, que creo es el que más visitas merece pero no es triste y la gente no lo escucha tanto.

Respondiendo a preguntas cortas…

  • Una canción que te salve la vida: Por verte sonreír, de La Fuga.
  • Una canción que nadie se esperaría que te guste: Se nos rompió el amor, de Rocío Jurado.
  • Tu texto propio favorito: Por todas tus heridas
  • Un lugar para amar: El lugar es quien tienes al lado, no un sitio concreto.
  • El lugar más extraño en el que hayas escrito un texto: En el festival ViñaRock a las 6 de la mañana.
  • Un libro que te haya cambiado/impactado: El sexo de la risa, de Irene X.
  • Un/a poeta que te sorprendiera: Iago de la Campa

¿Qué te sugieren estas palabras?

  • Amistad: Confianza
  • Cerveza: Amigos
  • Familia: Todo
  • Música: Vida
  • Valencia: Hogar
  • Madrid: “Ella es Madrid”
  • Poesía: Música

Si le preguntas sobre su futuro, Mundo Divididos responderá que no quiere verse de aquí a diez años, sino que prefiere “vivir el día a día”. Y sí, se aproxima a las estanterías de todos sus seguidores el segundo libro, pero hasta sobre ello se resiste a adelantar información. Ahora prefiere brindar “por estar viva”.

|Co-autora: Ainhoa Canales |

 

Víctor Bueno: “La revolución tiene que ser un proceso personal”

El veinteañero Víctor Bueno, guadalajareño de sangre y madrileño de corazón, convierte la injusticia social en letras y acordes cada vez que puede. Al terminar el bachillerato de artes, pretendía estudiar sonido, pero finalmente decidió invertir su oxígeno en llenar de crítica todos los micros abiertos de Madrid. Se descalza para cantar y, aunque tiende a agachar la cabeza para sonreír, expone sus ideas con precisión y seguridad.

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Víctor Bueno en Retiro

Para quien no te conozca, ¿cómo te definirías?

Es complicado. Definir lo que vemos y a las personas que conocemos parece mucho más fácil que a uno mismo. Si me tengo que vender, quizá me vendería como un  cantautor que hace lo que le da la gana. Nací con vocación de ser cantante de rock and roll, pero hubo un día en que me di cuenta y me dije “no, tú eres cantautor, y lo demás está de más”.

Has tocado en Madrid, Plasencia, Cáceres, Ferrol, Guadalajara… Y la ruta continúa por Valladolid, Salamanca, e incluso estarás presente en Viña Rock. ¿Cómo se te presentan esas oportunidades?

Esos conciertos surgen en el momento en el que me pongo en el ordenador, en casa, empiezo a buscar sitios donde tocar y me dejan. Ninguno es que me hayan contratado. Lo del Viña es muy gracioso porque, cuando lo publiqué, mucha gente empezó a preguntarme sorprendida. Lo que vamos a hacer en realidad es un concierto en el camping. (risas) Montaré un altavoz y haré un concierto con un amigo rapero que toca también la flauta travesera. Creo que va a quedar muy guay.

¿Tu música recibe influencias de otras agrupaciones musicales o cantantes?

El comportamiento humano en sí está basado en la influencia. Los homínidos lo aprendemos todo a través de la imitación. Con la música pasa igual, creo que no hay melodías por inventar, todo se versiona. En mi caso, al principio estaba influenciado por el rock and roll en castellano, ahora por el mundo del cantautor.

¿Cómo definirías tu música si tuvieras que clasificarla en algún género?

Si tuviera que encajarlo en Spotify, ¿no? (risas) No lo sé. Creo que antes sí tenía un estilo más de balada, pero ahora hago lo que me viene. No sería capaz de definirlo, podría meter cada canción en un estilo, pero toda la obra no.

Libertad 8, Aleatorio Bar, La Fídula, Fulanita de Tal… son bares en los que se organizan micros abiertos musicales y poéticos. ¿Son realmente útiles estos espacios para los y las artistas que están empezando? 

Mi opinión es que sí, sin duda. Creo que es muy necesario para el movimiento de la cultura en una ciudad. Es muy importante que existan esos espacios. Cuando escribía mis primeras canciones, yo quería ir a La Riviera y llenarla, obviamente, pero ni tenía público ni tenía forma de hacer un concierto mío, ni tenía repertorio. Entonces iba al micro abierto, había 20, 30 o 40 personas que me estaban escuchando sin tener que mover yo a un público particular. Eso muy complicado. Luego pienso que es muy importante.

Por otra parte, en el caso, por ejemplo, de Libertad 8 hay mucho nivel, nunca te regalan el aplauso y eso te hace saber dónde estás en cada momento. Cuando recibes un poquito de ese aplauso te das cuenta de cómo avanzas y de la manera en que lo haces. A mí me aporta mucho.

¿En qué momento das el paso de participar en micros abiertos?

Hoy, casualmente, buscando unos apuntes, he encontrado una hoja que escribí el primer día que fui al Libertad 8, creo que fue el 3 de abril de 2015.  No fue el primer micro abierto al que fui pero sí fue el primero al que fui asustado, porque Libertad 8 es como el templo de la canción de autor, y es un sitio conocido en muchas partes del planeta. Es alucinante que un bar, por el hecho de acoger a la canción de autor, sea tan conocido.

La primera vez que fui a un micro abierto estaba en un proceso de montar bandas de rock and roll, tenía alrededor de 5 bandas y ninguna salíamos a tocar, pero me gustaba estar en movimiento e ir todos los días a la sala de ensayo. Recuerdo entonces que habíamos empezado a formar un grupo en Vallecas. Nacimos con la idea de tocar canciones del estilo de Extremoduro y un día le dije al guitarrista que había un micro abierto en Rivas y me apetecía ir. Toqué una o dos canciones mías y una de Rulo y fue precisamente porque no estaba preparado para dar un concierto como tal pero me quería subir a un escenario. Creo que, posiblemente, ir a un micro abierto surge por la necesidad de medirte y de verte en un escenario.

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Víctor Bueno en Retiro

¿Le pedirías algo a las instituciones en materia de oportunidades para el mundo de la música?

Es clara la respuesta: que se despenalice la música en directo. No puede ser que haya bares que tengan que echar el cierre porque no pueden hacer música en directo por las condiciones de los ayuntamientos y de los gobiernos. Entiendo que lo del ruido es algo que hay que medir, pero creo que todo el mundo podría hacer un concierto en un bar.

Y también sería muy importante despenalizar la música callejera. Entiendo también que hay algunos lugares en los que se debe regular, como son los centros de las ciudades, porque si no se llenarían, pero tiene que haber cultura en todos lados sin ningún tipo de prohibición. Creo que esas serían las dos cosas que habría que gritarle a la cara a las instituciones.

En tus canciones prima la crítica social y política. ¿Por qué crítica social y, de alguna manera, activismo musical, y no canciones de amor al uso? ¿Qué te lleva a escribir ese tipo de letras?

Mis primeras canciones eran de amor y desamor. Luego empecé a verme desde fuera, me miraba desde otras perspectivas y no entendía qué hacía escribiendo canciones de amor. A partir de ahí descarté hablar sobre ello, creo que no es útil. Todas las personas podemos enamorarnos y des-enamorarnos y no hace falta que nos cuenten cómo es.

También coincidió con que yo venía de un colegio privado de curas y estaba muy influenciado por ello. Vine a Madrid, conocí la escuela pública, conocí a las personas de la escuela pública, conocí el hecho de amar a otras personas que no son de tu cultura o de tu país y estas cosas básicas que de otra forma no hubiera podido conocer. Me pilló esa época entre ver cómo estaba el mundo y escribir sobre mi mundo. Descarté lo segundo, porque no le interesa a nadie, y pensé que era útil escribir lo que sucedía y propagarlo mediante las canciones.

Y ahora estoy en un momento en el que creo que tampoco es suficiente con escribir lo que ves y lo que hay y analizarlo. Los análisis ya están hechos, tenemos que ponernos a trabajar en dar soluciones, más bien por medio de uno mismo que a gran escala.

¿Combinas el activismo musical con el activismo en la calle?

Sí, pero tampoco mucho. Me he decepcionado muchísimo con lo que yo defino como grupos de izquierdas. No me refiero a los grupos de izquierdas como ideología sino como formas de actuar, asociaciones asamblearias y demás. He estado en muchas asociaciones y en organizaciones con fines sociales y al final me di cuenta de que pasábamos muchas horas debatiendo sobre el color de una pegatina, sobre la frase que íbamos a poner en una camiseta o sobre lo que íbamos a hacer en vez de haciendo cosas.

Entonces, he llegado a la conclusión de que la revolución tiene que ser un proceso personal, un proceso que tenemos que hacer con las personas que nos rodean más que a gran escala. Creo que si tú piensas que no debes tirar aceite por el fregadero para que no vaya a los ríos, en vez de ir a protestar y a tirar bengalas, a lo mejor es más útil no tirar el aceite por el fregadero y conseguir que no se haga en tu casa.

Volviendo a la música. ¿Te has planteado grabar un disco o un EP?

Desde que empecé a hacer la primera canción yo ya tenía el disco hecho. (risas) Hice una canción y dije “esto ya va, esto tiene que..”. Me fui dando cuenta de que no, de que había que hacerlo con calma. La primera canción la terminé en una semana y me motivé. La grabé en el estudio, me gasté un dinerito, sonaba muy bien, pero me di cuenta de todo lo que estaba haciendo, y tampoco quería sacar un disco sobre amor. Y al final creo que voy a tener que forzarme a sacar algo inminentemente, porque me estoy volviendo tan perfeccionista en algunos casos que al final no hago nada. Quiero que la canción sea perfecta, que acabe en la nota exacta que quiero, etc., y al final, o tienes unas aptitudes cojonudas o, en mi caso, no voy a conseguir esa perfección que tengo en mi mente.

Tengo pensado sacar algo, pero no tengo un proyecto hecho. No sé si tengo que hacer lo que debería según mis cánones o lo que yo quiero en ese momento.

¿Lo harías con una discográfica u optarías por la autoproducción?

Autoproducción, sin duda. Y quiero hacerlo yo, diseñarlo yo (o un amigo, pero que sea lo más cercano posible a mí). Un disco ya no es un producto o un simple medio de ganancia, tiene que ser algo muy tuyo, es tu niño. Tengo que estar muy convencido de lo que hago.

Aparte de eso, no quiero saber nada de las productoras, en principio. Hasta que no salga una productora de discos que considere honesta y que sea algo que trabaja a escala cercana… De las grandes compañías, en principio, no quiero saber nada. Porque a mí me van a intentar manipular a toda costa. Si yo fuera Sabina, podría contratar con quien fuera porque publicarían lo que yo quisiera. O no, no lo sé. Pero no quiero saber nada de las multinacionales.

Algunas preguntas cortas:

  • Una canción imprescindible: La vida es la mayor canción imprescindible. Si quieres una canción de verdad… es imposible.
  • Un libro que te haya cambiado la vida: Hubo uno, que no era una novela ni nada, sobre el análisis del lenguaje corporal que me dejó loquísimo. Lo empiezas a leer y ya no puedes no prestar atención a esas pequeñas cosas.
  • Una canción para practicar sexo: alguna muy africana, con tambores, ¿no? (risas)
  • La película que te define: El guerrero pacífico
  • Un lugar para morir: Galicia

¿Qué piensas o sientes al escuchar estas palabras?:

  • Amor: Vida
  • Política: Circo
  • Música: Vibración
  • Hambre: Ímpetu
  • Democracia: Telón
  • Pobreza: Indigno
  • Dignidad: Libertad
  • Madrid: Todo

¿Qué esperas de tu futuro en relación con la música?

Trabajar poco y vivir bien.

(Hacer click en la imagen para reproducir vídeo)

A 2017 le pido intolerancia

Sería infinitamente más útil, o, como mínimo, definitivamente menos agotador, que todas y cada una de esas personas que expresan sus mayores (y poco originales) deseos para el año que comienza a través de Facebook y otras redes, interrumpiendo el flujo de información interesante, lo hicieran por otras vías. Por ejemplo, para sí mismos. Se sorprenderían de lo placentero que es mantener una conversación con una misma sin romper el maravilloso silencio de las demás.

El caso es que, como esta práctica/bombardeo innecesario es algo que desequilibra mi paz interior cada enero, he decidido compartir mis anhelos también, a ver si puedo desequilibrar un poco la tranquilidad interior de algunas de mis iguales. No obstante, seré breve.

A 2017, sí, le pido intolerancia.

Pido intolerancia a la escandalosa, estresante, demoledora y, como diría un grande que se acaba de marchar, líquida rutina que nos aprieta la garganta cada día. Pido intolerancia a los parches emocionales, a la contaminación y al aceite de palma. Pido intolerancia a la criminalización de la protesta ciudadana, a la represión de los pueblos a manos de las fuerzas armadas y a los Estados fascistas democratizados.

Pido intolerancia al maltrato animal, al maltrato psicológico hacia el prójimo, al maltrato físico, al maltrato. Pido intolerancia al machismo, al que se ve y se oye, y al que casi no se puede percibir.  Pido intolerancia a la falta de calidad informativa, a la manipulación de los medios, a la permanencia en prime time de personas que difaman, calumnian, mienten. Pido intolerancia a la corrupción, al adueñamiento de unos pocos de la Patria, de la cultura popular y de los valores de los pueblos. Intolerancia a la usurpación de la hegemonía.

Pido intolerancia al arrebatamiento de la libertad de las personas, de los animales y de todos los seres vivos que habitan el planeta. Pido intolerancia al aniquilamiento de la Madre Tierra, al consumo compulsivo y a la devaluación de la felicidad como camino y objetivo vital. Pido intolerancia a la explotación, la opresión, la hemorragia de la clase obrera, de los trabajadores y las trabajadoras (la mayoría social).

Pido intolerancia al egoísmo, a la deshumanización de las naciones, al cierre de fronteras y a la vulneración de los Derechos Humanos. Pido intolerancia a la alienación de la ciudadanía, al racismo y la xenofobia, a la pobreza energética y al abandono de nuestras iguales en la calle. Pido intolerancia a los desahucios, al hambre de nuestras vecinas y a los recortes en sentido común. Pido intolerancia al desmantelamiento de lo público: Educación, sanidad, pensiones, transporte.

Pido intolerancia al abuso de poder, a la violencia institucional, a la desigualdad salarial entre hombres y mujeres, a la desigualdad en general y a la discriminación. Pido intolerancia al fascismo, a la homofobia, a la experimentación con animales, a la asfixia de las pymes y a la colonización de los territorios y de los pueblos. Pido intolerancia a la provocación, la participación y el fomento de las guerras.

Pido intolerancia al autoritarismo, a la supeditación de la vida a las redes sociales, al dominio privado de los medios de producción y a los feminicidios. Pido intolerancia a la conservación de símbolos franquistas (fascistas), al olvido de nuestra historia y a las carencias democráticas. Intolerancia a la falta de solidaridad, de justicia, de equidad, de tranquilidad, de amor.

La intolerancia, a veces, se hace necesaria.

[Foto: Pixabay]

Antídoto para la pérdida de conciencia

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– Ya está este hombre aquí dando el follón otra vez. Qué vergüenza me daría, qué mal suena, qué tortura. Ya son ganas de pasar calor por cuatro duros, lo que tendría que hacer es trabajar como hacemos todos.

– Ya hace un año que este hombre toca aquí. Tanto estudio para no poder vivir. Qué vergüenza de país que mata de hambre a sus vecinos, que lapida sentimientos, que sofoca la cultura cual incendio. Qué indecente sonreír a este desprecio, son ya más de cuatro años mutilando el arte para envenenar al pueblo. Ya son ganas de luchar después de todo. Ya son ganas de vivir, démosle vida.

Dos lecturas, una realidad.

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Tengo seis céntimos en el bolsillo, la chaqueta pintada de incertidumbre y una suela en mis botas con más dignidad que esos ojos que me miran como si tuvieran un piso en las nubes. Perdonad mi mala costumbre de comer todos los días. Me gusta la vida, y por ello visto dorado Sol, aunque a veces bordéis mi alma con negro ceniza.

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Veintitrés cosas que se pueden hacer en la playa:

Jugar a las palas, echar una partida de cartas, tomar el sol, comer tortilla y beber cerveza, charlar sin prisa, bañarse, nadar hasta perder la vista, ensuciarse a gusto, soñar despierto/a, dibujar, construir mundos de arena, surfear, conocer otras vidas buceando, contar estrellas, coger cochas, y piedras, y hacer un collar, y correr, y pescar, y dormir. Respirar.

Y también se puede morir antes de llegar a la orilla.

No conviene que el oleaje barra la ternura, la cordura, la conciencia.

 

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Algunxs dirían que el mundo se ve más grande a más altura. Inmenso se ve con la mirada desde el rincón de la amargura que habitan tantas vidas perdidas en la desigualdad. Desde aquí, el lugar hacia donde nadie gira la cabeza, se observa todo como con lupa, pero a la vez intensamente difuminado. Son los efectos de la pérdida de memoria, de la alienación de nuestrxs iguales, del abandono de la justicia y la entrega en cuerpo y alma a la vileza.