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Nunca estamos seguras

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Hace una tarde estupenda para ser esto Bilbao, qué extraño y qué bien. Sería un crimen quedarme en casa. Mira, un mensaje del grupo. Que si vamos a tomar algo al centro de la ciudad. Joder, pues claro. Va, me pongo lo primero que pille y fuera.

Hay que ver lo que tarda en llegar el ascensor cuando más ganas tiene una de salir a la calle. Uy, ya está aquí. Si antes lo pienso.

Cero. Uf, tampoco es que haga calor, eh. Pero esta chaqueta servirá, paso de subir otra vez a casa. Total, si voy a estar en un bar y seguramente habrá calefacción. Por lo menos hace sol, que, aunque no caliente demasiado, endulza el paisaje. La verdad es que Bilbao es una ciudad muy bonita. He acertado mudándome aquí para estudiar. Al principio todo es caos y desubicación, pero, joder, tengo dieciocho años, ¿qué más puedo pedir? ¡Ya iré aprendiendo!  En fin, ya debe quedar poco para llegar al sitio en el que hemos quedado. Creo que hay un teatro bastante conocido cerca. No estoy segura. Lo cierto es que debería salir a pasear y explorar la ciudad más a menudo.

La ría es una pasada. Aunque, a decir verdad, hoy parece un poco sucia. Se lo perdono a esta tierra tan bonita. Todo es verde mires donde mires. Es la recompensa por soportar lluvias casi a diario. Mis pupilas lo agradecen. ¡Qué llueva todo lo que tenga que llover, así se caiga el cielo! Qué exagerada soy, me he venido arriba. ¡Uy! Creo que me he pasado la calle. Al final voy a tener que poner el GPS, qué desastre. Bendita herramienta y bendita tecnología, ¿no? Ya estoy. Creo. Ah, sí, ahí están. Qué cabronas, han pedido ya.

Hola, ¿qué tal? Anda que esperáis. Vaya sol hace, ¿eh? Después de estar andando un rato tengo calor y todo. Quién lo diría. Buenas, una caña, por favor. ¿Qué tal el día, chicas? El mío ha sido algo aburrido, pero productivo. ¿Has estado toda la mañana durmiendo? Lo tuyo es un caso aparte. Veo que está siendo un lunes al uso para todas. Da gusto salir, al menos, un rato a tomar el aire. Oíd, he visto el cartel de una obra de teatro. Podríamos ir, creo que estará hasta la semana que viene. Gracias, ¿me cobras ya? Vale, gracias. Hmm qué fresca está.

¿Jugamos al billar? Os aviso que soy muy buena. ¡Venga, moved el culo! Va, yo echo la moneda. Pues hoy he estado practicando con la guitarra y he conseguir aprender a tocar una canción que me encanta. Qué gozada. ¡Bien! Vamos a lisas nosotras. Buen tiro. Sí, llevaba tiempo sin tocar, porque este verano no he parado de hacer cosas, pero ahora lo estoy retomando. He visto en las redes sociales las fotos de tu verano, tampoco lo has pasado mal tú, eh. ¡Mierda! ¿Cómo he sido capaz de meter la negra? Joder, qué mal. Pues nada, se acabó el juego. En fin, no voy a tardar en irme, que tengo que cenar, ducharme y demás antes de acostarme. A ver si quedamos más a menudo, ya que hemos coincidido en la ciudad.

No, tías, no hace falta que me acompañéis, si estoy a diez minutos de casa y hay buen alumbrado público. De verdad, no es necesario. Sí, os avisaré cuando llegue. ¡Agur! Me encanta usar palabras en euskera, ojalá se me pegue aunque sea el acento, qué chorrada.  Uy, pues ha anochecido bastante rápido, con estas se me pasa el tiempo volado. Bueno, me gustan mucho las ciudades en su versión nocturna. La luna y el alumbrado iluminan la ría y se ven los edificios reflejados en el agua. Qué pasada. Voy a echar una foto. Uy, vaya mierda, no se ve casi nada. Bueno, servirá. ¡Hala! Ya son casi las diez. Hoy me tocará acostarme tardísimo, veremos cómo me levanto mañana para ir a clase.  Anda, este edificio tan grande debe de ser el teatro que había por la zona. “Teatro Arriaga”. Vaya nombre. Está guay, seguro que por dentro es enorme y precioso. La fachada es bonita. En fin. Uy, se nota ya la oscuridad. Da un poco de miedo, no hay casi gente por la calle. Excepto ese hombre que, por cierto, viene en la misma dirección que yo. ¿No parece que me mira mucho? A ver si me va a estar siguiendo. No, ¿no? Va, no seas tonta, es un hombre sin más. Tú a lo tuyo. ¿Por qué ando más rápido? En serio, relájate, que no es nada. ¿¡Qué me va a hacer!? Además, a ver si va a ver que aligero el paso y va a pensar que le tengo miedo y eso lo incomoda. Además, es que no le tengo miedo. Ya no queda mucho para llegar a casa, voy a tranquilizarme. ¿A ver? Joder, es que parece como si me estuviera siguiendo, no deja de mirarme. Qué imbécil. Me estoy poniendo de los nervios. Va, voy a caminar como si estuviera tranquila. Si ando rápido o corro se va a pensar que estoy histérica. Y no lo estoy. Casi. Igual me estoy montando una película yo sola y el hombre va a comprar el pan. Me cambio de acera y listo. ¿En serio? Hostia, que se ha cambiado él también. Esto ya no me gusta. Voy a girar por aquí a ver si lo despisto. Venga, por favor, rápido, tengo las piernas ya cansadas. Vale, ya. ¿A ver? No viene. Uf, menos mal. No me estaba siguiendo, si es que soy una paranoica.

Venga, que en dos calles estoy en casa. Creo. ¿O no? Mierda, ¿dónde estoy? Qué desastre, me he perdido. Con los nervios me he desorientado. Menos mal que me queda batería, puedo buscar en el GPS. Bueno, primero voy a avisar a alguien de lo del tipo ese, por si acaso, yo no me fio. “Tía, creo que me ha estado siguiendo un hombre. Vamos, creo que lo he despistado y ya no viene, pero estoy muy nerviosa, tengo miedo”. “No, no vengas, si ya no me sigue, creo que estoy cerca de casa pero no sé dónde exactamente. Era para que lo supieras. Voy a poner el GPS”. A ver, la tercera calle a la derecha, luego la primera a la izquierda y ya estaría. Vale, voy a guardar el móvil a ver si con la tontería me lo van a robar. La verdad es que esta calle ni me suena, ¿cómo narices habré llegado hasta aquí? En fin, rapidito ya para casa, coño, el turismo para otro día. Ya no queda na…¡¡¡AAAAAAH!!! ¿Quién eres? Por favor, no me hagas nada. Por favor. Solo quiero ir a casa, por favor, déjame. ¿A un hotel? No, no, no. Por favor. ¡SUÉLTAME, JODER!

Corre, corre. Mierda, joder, me va a matar, me va a violar, joder, no puedo respirar, corre. ¿Qué coño hago? Me sigue, me está siguiendo. El teléfono, corre, que no se me caiga. Vamos, cógemelo, por favor, rápido. Vamos, va.. “¿Hola? Tía, ven por favor, estoy por la ría. Un tío me ha agarrado del brazo. Estoy corriendo, no sé si viene detrás. Joder, ven por favor, avisa a alguien y ven. Vale. Vale, no tardes por favor”. No puedo respirar, no puedo más. ¿Dónde está? Mierda, no lo veo. Ya no viene. Joder, joder, joder. Va a salir de cualquier lado. No, por favor. Respira. Respira. No está, hay más luz. Venga, enseguida viene ésta a por mí. ¿Dónde está? ¿Por qué no llega? Voy a llamarla. “¿Dónde estás? Tengo mucho miedo, no lo veo, no sé dónde está. Vale, perdona, aquí estoy, no tardes, por favor”. Vale, tranquila, ya llega. Tengo frío. Y calor. Qué mierda todo. Que llegue ya, por favor. No pienso llorar. Vaya basura, qué asco. Joder, ya estoy llorando. Sshh, que no te oigan, que no te oigan. ¡AHÍ ESTÁ! Joder, menos mal. Por fin. Bendito abrazo, lo más cálido desde hace horas. “Gracias por venir, siento la molestia”.

“¿Por qué has venido sola? Ah, joder, gracias. No puedo tranquilizarme, estoy muy nerviosa. Lo siento. Joder, es que soy idiota. Mis amigas… No viene,  ¿no? Estate atenta, por favor. Mis amigas han dicho de acompañarme a casa, pero les he dicho que no porque estaba cerca. Tendría que haberles hecho caso. Soy imbécil. Perdona, siento haberte hecho venir, no sabía a quién llamar. Muchas gracias. Gracias, de verdad. Ya, sé que el problema no es que yo vaya sola y que la solución no es ir acompañada, pero es que no podemos ir tranquilas por la jodida calle. Es enfermizo. No puedo evitar tener miedo. Es que… primero me ha seguido un hombre cerca del teatro Arriaga, ¿lo conoces? Pues ese, al lado de la ría. Y me he puesto muy nerviosa, pero nada, lo he perdido de vista. Y después ya me estaba tranquilizando un poco y, de repente, un tío me ha agarrado súper fuerte del brazo y me ha dicho que si quería irme con él a un hotel. Sí, tía, tal cual. Me he asustado un montón, al principio no podía soltarme. No sé ni cómo he podido escaparme y salir corriendo. Estaba acojonada y pensaba que me seguía pero después he visto que no estaba. Qué mierda. Casi no podía respirar del susto. Creía que me iba a violar o a matar, joder. Necesito llegar a casa ya. Sí, será mejor que me tranquilice. No, gracias, no hace falta, me he dejado la cena preparada”.

Ya estamos, al fin. “Nunca dejaré de darte las gracias. Sí, ya ha pasado todo. Sí, lo he pensado, pero no creo que lo haga. No sabría describirlo físicamente, no recuerdo su cara, ni siquiera sé si se la he llegado a ver. Solo he sido capaz de salir corriendo. No serviría de nada denunciar sin datos. Lo que sí he pensado es escribir sobre ello y contar lo que me ha pasado públicamente. A lo mejor ayudo a otras mujeres. No sé, lo pensaré. Oye, me da miedo que vayas sola a casa. Es muy de noche, ¿y sí te pasa algo? Bueno, vale, pero avísame en cuanto llegues. Muchas gracias, de verdad. ¿Segura? Ya… Ya sé que nunca estamos seguras”.

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La Dignidad se recupera desenterrando la República

Que la Monarquía es anacrónica y contraria a los principios democráticos es un hecho tan evidente como ignorado desde el mismo día en que se reinstauró la misma en España tras la dictadura de Franco. No hace falta explicar el porqué de su anacronismo, pues va intrínseco en la definición del término. Pero parece evidente, visto lo visto, que sí es necesario explicar por qué la Monarquía es contraria a los principios democráticos.

Es antagónica a la Democracia porque dichos principios suponen que “todos los que nos representan han de ser libremente elegidos por el pueblo, incluido el jefe del Estado”, lo cual está evidentemente frustrado desde 1936. Además, si atendemos a los arts. 56 y 57 CE que prevén, entre otras cosas, que “la persona del Rey es inviolable y no está sujeta a responsabilidad” y que “la Corona de España es hereditaria en los sucesores de S. M. Don  Juan Carlos I de Borbón, ‘legítimo’ heredero de la dinastía histórica”, podemos confirmar esas profundas carencias democráticas, a pesar de que el discurso que quedara anclado en la sociedad fuera el de Juan Carlos I como salvador de la Democracia española.

Si somos fieles a la realidad en cuanto a lo que a fechas se refiere, son 77 los años que España lleva sin poder elegir el modelo de Estado que quiere. Setenta y siete años que suponen que la última generación que pudo hacerlo, está ya bajo tierra o es poco más que polvo y recuerdos -aparentemente olvidados, presuntamente lapidados con el granito de los falsos mitos de la Guerra Civil-. Setenta y siete años que suponen que España sigue profundamente dormida entre las sábanas de la sumisión, el conformismo y la restricción de cualquier opción de modelo para el país que no contemple la presencia de los que cazan elefantes en sus ratos libres.

Setenta y siete años en los que, curiosamente, se ha caminado hacia la incesante descalificación de la República y de aquellos que la defienden. Y digo curiosamente porque no fueron, precisamente, republicanos los que propiciaron el derrumbe de una sociedad democrática en construcción, ni la caída de un modelo de Estado elegido por el pueblo. No fueron republicanos los que favorecieron que se viviera en España una dictadura de 40 años, cuyo himno, más que ‘Cara al Sol’ no era sino ‘Cara al Miedo’. No fueron republicanos los que condenaron a muerte a miles de personas por su raza, ideología u orientación sexual. No fueron republicanos los que asumieron la jefatura del Estado por obra y gracia del Espíritu Santo abanderados por la palabra Democracia después de haber sido elegidos directa y explícitamente por el dictador.

Republicanos sí fueron los exiliados, asesinados, torturados durante y, sobretodo, tras la guerra. Republicanos sí fueron los que terminaron sufriendo y muriendo en campos de concentración nazis. Republicanos sí fueron los que liberaron París de los nazis durante la Segunda Guerra Mundial. Republicanos sí fueron los que comenzaron a construir una sociedad más participativa.

Republicanos sí fueron los que posibilitaron el sufragio femenino, las Misiones Pedagógicas, el derecho a la autonomía de las regiones. Republicanos sí fueron los que limitaron, por fin, los tradicionales privilegios y el desorbitado poder de la Iglesia, los que hicieron posible la libertad de culto e hicieron que la separación entre la Iglesia y el Estado fuera una justa realidad. Y republicanos sí fueron y son las miles de almas desaparecidas, relegadas en fosas comunes por todo el territorio español.

Este artículo no va encaminado a elaborar una posible república ideal para España, ni a señalar la laicidad que seguro representaría  ese Estado probable, ni a rescatar buenos artículos de la Constitución de 1931. No se trata de resucitar a Manuel Azaña ni de cortarle la cabeza al rey, sino de defender el derecho de cada individuo a elegir libre y democráticamente el modelo de Estado que quiere para su país, como han hecho la mayor parte de los países europeos en su paso de la Monarquía a la República. Se trata de recuperar la dignidad que la ciudadanía española perdió en julio de 1936, y que merece recobrar.

Se trata de entender que la democracia no consiste en poder votar cada cuatro años la configuración del Congreso, el Senado y el Parlamento europeo. Que ese discurso ha quedado desfasado. Se trata de comprender que la Democracia real llegará a España el día que entendamos que llevamos viviendo una mentira desde la muerte de Franco y proclamación de Juan Carlos I, pues este fue –y ahora su hijo es- el indiscutible y premeditadamente decorado sustento del espíritu dictatorial que frustró las libertades de los españoles durante cuatro largas décadas.

Por ello es necesario el referéndum, y este ha de ser vinculante. Porque no se entiende que un país se diga ni se sepa democrático teniendo un jefe de Estado no electo. Porque no se entiende que alguien se haga llamar demócrata, apoyando a una institución renacida y facilitada por el Franquismo. Porque el derecho a decidir es tan importante como el derecho a ser, incluso me atrevería a decir que es lo mismo. Porque vivimos la Libertad desde la imposición. Porque tenemos la Justicia sepultada en las cunetas de la vergüenza.

Porque la Dignidad se recupera, desenterrando la República.

Levanta del sillón para que no haya más “Chicas Nuevas 24 Horas”

Mabel Lozano, cineasta y activista española, ha dirigido recientemente –y tras diez años de investigación y trabajo- un largometraje llamado “Chicas Nuevas 24 Horas” sobre la Trata de Personas con fines de Explotación Sexual. En él puede contemplarse el nivel de miseria y humillación que padecen miles de mujeres en el mundo como consecuencia de estas prácticas, que vulneran con frialdad los Derechos Humanos día tras día.

A partir de la presentación del documental mencionado, alcanzo a estructurar una serie de pensamientos que espero sean útiles.

En un mundo en el que las cosas son verdad “porque salen en la tele”, huelga decir que resulta verdaderamente sangrante que sucesos del calibre de la vulneración de los Derechos Humanos –como es, en este caso, la trata de personas- no sea noticia, o lo sean de la manera que lo son (a través de imágenes de oscuridad, fomentando que sea un tema tabú en todos sus ámbitos). Pues, de esta manera, es inevitable que los espectadores los califiquen de inexistentes, de irrelevantes, o de hechos de los que solo debemos alejarnos física y mentalmente. Lo cual tiene como consecuencia que nada cambie.

Desafortunadamente parece que el “valor noticia” se configura en función de la audiencia que las emisiones vayan a generar. Priman el sensacionalismo y la inmediata actualidad;  y carecen de importancia –y, por consiguiente, de tiempo en antena- los reportajes basados en investigaciones en profundidad, de imprescindible emisión, que fomenten la concienciación de la ciudadanía con respecto a las innumerables y aberrantes injusticias que se producen cada día en el mundo. Y con “mundo” me refiero al portal de casa de uno mismo también. Cabe preguntarse si el “valor noticia” está destruyendo el “valor periodístico”, o lo que es peor, el “valor humano”.

Como decía Mabel Lozano, en los medios de comunicación se cubre el tema de la trata de personas con fines de explotación sexual desde el morbo y el amarillismo que mencionaba antes, y con un tono tan desafectuoso que parece que los artículos sobre ello son escritos por robots.

Sin embargo, la no cobertura o la precaria cobertura sobre la materia, no disminuye ni hace desaparecer a la misma. Sin embargo, en 2014, más de 30.000 mujeres fueron víctimas de trata en la Unión Europea. Sin embargo, 32.000 millones de dólares al año se obtienen a través de la explotación sexual. Sin embargo, miles de mujeres y niñas se encuentran, en el mismo momento en que usted lee estas líneas, en la dura tesitura de tener que soportar maltrato físico y psicológico y mantener relaciones sexuales de manera forzada, entre otras vejaciones, a cambio de conservar la vida. Si es que eso puede llamarse y considerarse como tal. Sin embargo, todas esas víctimas siguen siendo cifras. Sin embargo, la ingobernable corrupción en países como Perú o Colombia hace que sea imposible evitar lo anterior. Sin embargo, España es el tercer país demandante de esos “servicios” después de Tailandia y Puerto Rico. Sin embargo, sin embargo y sin embargo.

Y sin embargo es muy probable que, al término de la última línea de este humilde escrito, el 99% de los lectores agoten su lucha por la causa en un sentido suspiro, y sigan con sus vidas en libertad sin mayor desasosiego.

Esto último tiene mucho que ver con la Educación. Con la Educación en mayúscula. Se acostumbra a subestimar el poder de las aulas y de los medios de comunicación –que, en última instancia, son aulas también-, sin reparar en que los conocimientos que adquirimos y los valores morales que desarrollamos a lo largo de nuestra vida, a través de los diversos foros educativos, configuran directamente nuestra visión y nuestra afección con respecto a lo que nos rodea y nos estructura la existencia.

¿Qué estamos haciendo mal? ¿Cuán responsables somos, sin darnos cuenta, aquí en España, de lo que sucede más allá de nuestras opacas fronteras? ¿Qué podemos hacer para redimirnos de ello y contribuir con la desarticulación, en este caso, de la trata de personas y la explotación sexual? ¿Por qué hay tantas personas que todavía no se han hecho estas preguntas? ¿A qué esperan?

Las más de 30.000 Yandys, Sofías, Ana Ramonas, Estelas (protagonistas del largometraje en cuestión) del mundo, necesitan altavoces y, sobre todo, recuperar la libertad, la dignidad, la vida. Y ello solo será posible si aquellos y aquellas que tenemos oportunidades nos levantamos del sillón y salimos a la calle, cada uno desde su ámbito, a destapar estas aberraciones y a reclamar esas oportunidades que también les pertenecen a ellas. Ellas, que podríamos ser cualquiera de nosotras.

 «Mucha gente pequeña, en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas, puede cambiar el mundo». (Eduardo Galeano)