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Margarita Ruiz: “¿Estás vendiendo un producto o estás vendiendo mi cuerpo?”

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Imagen cedida por Margarita Ruiz

Margarita Ruiz, natural de Murcia, tiene 21 años, es estudiante de Realización de proyectos audiovisuales y espectáculos y, desde enero de 2017, modelo en la agencia murciana Covers Models. Ha sido imagen de marcas como Inside, Rocai o Flamingos, entre otras. Se declara feminista y no se puede callar –afirma- “cuando hay algo que no le suena bien”. Nos habla de su experiencia en el mundo del modelaje y transmite su opinión acerca de la situación de las mujeres en esta industria y en la publicidad.

 

La modelo Cameron Russel, en diciembre de 2017, confesó en su cuenta de Instagram que, a la edad de 15 años, fue agredida sexualmente por el fotógrafo con el que hizo unas pruebas. A raíz de esta declaración, su perfil en las redes ha sido altavoz de hasta 60 casos de abuso a modelos.  Otras modelos, motivadas por las recientes denuncias de acoso por parte de actrices de Hollywood, también se han animado a hacer públicas situaciones de abuso vividas durante su carrera. ¿Has presenciado o vivido tú alguna situación de indefensión en primera persona desde que eres modelo?

 

Sí. Fue la única vez que me ha pasado algo así y desde entonces no he vuelto a trabajar con esa persona. Yo acababa de entrar en la agencia y me dijeron que tenía que hacer fotos en ropa interior o bikini (se hace para enseñar a las agencias cómo es tu cuerpo, si tienes tatuajes y demás) con un fotógrafo de renombre. Fui sin saber nada (normalmente no te informan mucho sobre el trabajo que vas a realizar, no te dicen exactamente lo que te vas a poner ni lo que vas a hacer). Me dieron un bikini muy pequeño y me asusté. Si esto se me llega a informar antes, hubiera dicho que no. Iba con una chica que era menor, sus padres firmaron el consentimiento.

En un momento dado, el fotógrafo me pidió que me quitase la parte de arriba. Pensé: “¿qué?”. No. Dije que no y fue que no. Pero después vi las fotos de la otra chica (yo no veía el trabajo de ella mientras lo hacía) y efectivamente esta chica sí que no llevaba nada, y era menor. Yo en ese momento no dije nada porque esta persona era bastante conocida, pero no volví a trabajar con él ni tengo interés en hacerlo. Yo tengo claro que hay cosas que no voy a hacer, porque tengo principios, y menos con alguien que no conozco.

En enero de este año, el New York Times publicaba que la reconocida compañía Condé Nast -propietaria de Elle, Cosmopolitan y otras publicaciones- ha establecido nuevas reglas para prevenir el acoso. Entre ellas se incluye no trabajar con modelos menores de edad, que no haya alcohol en los sets, que las modelos no se queden solas con fotógrafos u otros colaboradores, etc. ¿Crees que toda agencia de modelos o compañía propietaria de publicaciones de moda debería establecer normas de este tipo?

Por supuesto, porque parecen casos aislados pero no lo son, pasa. Se supone que, si un trabajo es realmente profesional, no debe haber ningún tipo de droga en el set. Ni de coña. Por otra parte, normalmente una sesión de fotos es una colaboración de al menos cinco personas, es imposible que estas cosas pasen, solo te dejan sola para cambiarte, nadie tiene por qué verte ni hacer nada. Pero, si estas cosas siguen pasando, será por algo, así que veo bien este tipo de medidas preventivas. Que todo se globalizara como una regla establecida sería positivo.

Christy Turlington, modelo de los años 90, dedicó unas palabras a propósito de la serie de denuncias que se desataron en Hollywood en torno al productor Harvey Weinstein. Decía que “el acoso y el maltrato siempre han sido ampliamente conocidos y tolerados en la industria de la moda”. ¿Dirías que es así? ¿El acoso y el abuso de poder son recurrentes en el mundo del modelaje?

Desde mi experiencia diría que no. El caso que he contado antes ha sido el único caso que he vivido y fue la primera sesión. Aunque es cierto que yo lo que hago son trabajos sueltos, porque a mí este mundo no me va. Me da dinero pero no me entusiasma. Pero bueno, no creo que el abuso sea algo recurrente, creo que hay otros problemas en el mundo del modelaje. Yo no he visto nada parecido. Tampoco tengo muchos amigos modelos.

Hablemos de redes sociales. Sin ellas no se entiende ninguna industria en la actualidad. Los trabajos que realizas para tu agencia no se quedan dentro de esta, sino que se comparte en las redes sociales. De esta manera, el público puede interactuar contigo directamente. ¿Has recibido algún comentario especialmente desagradable o inapropiado o conoces algún caso cercano?

Parece ser que, dentro de lo que cabe, tengo unos seguidores muy educados y, si piensan cosas, no comentan. Pero alguna vez sí he visto algún comentario con emoticonos que no me ha sentado bien. Son simples emoticonos, pero yo me pregunto “¿por qué?”, “¿para qué?”. Igual publico alguna foto en la que puedo ser –por decirlo de alguna manera- sugerente y la gente se cree con la libertad de comentar lo que le dé la gana. Emoticonos con babas y demás. Y, sinceramente, si no eres un amigo mío de confianza, la verdad es que me da un poco de grima. Pero en general no recibo comentarios así en público. Privados sí.

“Hay agencias que son nazis con los contratos”

Como modelo eres herramienta de y para la publicidad. Tu imagen, tu cuerpo, en última instancia, sirve a marcas concretas para vender sus productos. ¿Tienes o sientes que tienes libertad para elegir a quién sirves y a quién no? ¿Cuentas con algún tipo de herramienta de la que te puedas servir para rechazar ser imagen de una determinada marca cuyo producto o mensaje no te parece adecuado o no te interesa?

Depende de la agencia. Yo considero que en la mía, a lo mejor no tendré los mejores trabajos, pero tengo una libertad absoluta. Por eso estoy aquí. Podría estar en agencias en las que me salieran trabajos mejores, pero estoy contenta de poder decidir lo que quiera, cuando quiera y por los motivos que quiera. He rechazado trabajos porque tenía clase, porque no me encontraba bien o porque no iban conmigo con total libertad.

De la misma manera, conozco agencias que son –diría- nazis con los contratos. Exigen exclusividad máxima con multas de hasta 10.000€, etc. Y he trabajado con muchos modelos diferentes. Hay agencias en las que no tienes libertad ni para hacerte una foto a nivel profesional con un amigo tuyo, aunque no ganes dinero. Cedes tu imagen completamente a la agencia.

No es difícil encontrar diferencias entre imágenes de hombres y de mujeres en la publicidad. En ellos encontramos posturas, por lo general, más naturales. Sin embargo, en multitud de campañas podemos ver a mujeres siendo casi contorsionistas, con posturas incómodas e incluso peligrosas a simple vista. Hemos visto mujeres metidas en carros, haciendo formas con su cuerpo que en nada se corresponden con la realidad. ¿Qué opinas al respecto? ¿Has vivido alguna situación en la que la postura te incomodara o te pareciera surrealista o innecesaria?

Sí. De hecho, en la misma sesión de esta persona que contaba antes. Él está especializado en fotografía de desnudos y lo que pretende únicamente es crear sensualidad y provocar atracción con los cuerpos femeninos,  más que crear belleza. A mí no me han mandado a trabajar en nada así pero, si me dieran esas premisas, no aceptaría. Me preguntaría: “¿estás vendiendo un producto o estás vendiendo mi cuerpo?”. Veo horrible ese tipo de imágenes. Es publicidad hecha por hombres para hombres. Y la responsabilidad es de esas marcas que creen que es buena idea publicitar, por ejemplo, un perfume de esa manera.

También vemos continuamente –esta es la base de la publicidad sexista- cómo se reproducen los estereotipos de los roles de género en las imágenes publicitarias: hombres fuertes, con imagen de seguridad, control, dominio de la situación y del espacio, mirada al frente. En contraposición, mujeres delicadas, con imagen de debilidad y la mirada más bien dirigida hacia un lado. Las mujeres no miran, son miradas. ¿Se percibe esto entre las mujeres dentro del mundo del modelaje?

La verdad es que no. En el único trabajo en grupo que he hecho, nosotras éramos las dominantes, totalmente al contrario. En la publicidad en general claro que lo veo. Es publicidad dirigida a un cliente concreto, al caucásico de entre 20 y 30 años que consume mucho porno y demás. En los look books se hacen posturas rarísimas e incómodas. Se podrían hacer posturas para que se viera bien la ropa, el maquillaje o los zapatos, pero se busca la extravagancia, hay que llamar la atención.

Compartes agencia con otras mujeres y también con otros hombres. ¿En base a qué criterios se establece el precio a tus trabajos? ¿Se sufre la brecha salarial también en el modelaje; cobras menos que tus compañeros hombres por trabajos similares?

Creo que no es ya una cuestión de género. Dependiendo del trabajo se cobra una cosa u otra –yo no decido cuánto cobro, evidentemente. Tampoco sé cuánto cobran los demás porque no acostumbro a preguntar por ello. Por otra parte, también depende de la agencia. Dos chicas, dentro de una misma agencia, pueden cobrar muy diferente. ¿En base a qué? No lo sé bien, pero supongo que será en base a la cantidad de contratos que hagan, la subida de caché, que tengas una imagen diferente, etc.

En la campaña grupal que hice, los chicos, entre ellos, cobraban diferente; la otra chica no sé cuánto cobraba, pero sí sé que cobraba más que yo. Igual que sé que los chicos cobraban alrededor de 100€ más que yo. No sé si por el hecho de ser hombre o por la agencia. No sabría decirte, pero desde entonces pienso mucho en ello.  Pienso que influyen muchos factores. La agencia, por ejemplo, se queda normalmente con un 20% de tu trabajo, y cada una tiene sus normas.

“Me pregunto por qué en un rodaje en exterior el chico lleva chaqueta, pantalón y bufanda y yo tengo que ir con faldita y en tirantes”

A medida que la conciencia feminista va teniendo más repercusión en todas las capas de la sociedad, los roles se van deconstruyendo, hay situaciones y mensajes que se dejan de tolerar y vamos viendo imágenes y estilos diferentes. Tú tienes un piercing visible en la cara y apareces con él en las fotos sin problemas. ¿Es posible generalizar una publicidad y, por ende, un modelaje feminista y que fomente la libertad de identidad y de decisión?

Yo creo que sí. La moda innova constantemente y vuelve hacia atrás. Es cíclica. Aun así, pienso que sí se da una adaptación constante a las necesidades. Antes se criticaba y se marginaba más, ahora creo que cada vez se acepta más que cada uno tiene su propio estilo. Es más natural, ya no eres “el raro”.

Por otra parte, si se publicitan cosas que no entiendo por qué se tienen que publicitar, ¿por qué no va a publicitarse esto (el feminismo), que es un movimiento que beneficia a todo el mundo? Yo creo que es un pensamiento que hay que inculcar desde la educación, desde pequeños. Hay que enseñar que esa chica o ese chico que tienes al lado es otra persona, y que da igual el género o la raza. Hay que darle publicidad (al feminismo), y habrá quien diga que es porque está de moda y se saca dinero con ello, pero pienso que no es así. Yo si cobrara lo mismo que mis compañeros, estaría igual de feliz que ellos, por ejemplo.

Desde tu ámbito de conocimiento y de trabajo, el del modelaje y la publicidad, entre otros, ¿crees que se desaprovechan las herramientas disponibles para transmitir mensajes que puedan cambiar a mejor la situación de discriminación, violencia y desprotección hacia las mujeres?

Por supuesto, pero no interesa porque mueve dinero. El hecho de que decidan qué publicidad te estás comiendo en la televisión –tú y tus hijos- es una cuestión de interés, de control, de poder. Las herramientas están desaprovechadas porque se prioriza en la venta de productos a cualquier precio.

¿Qué se podría cambiar dentro del modelaje para que los trabajos tuvieran unos resultados menos sexistas?

Yo me pregunto por qué en un rodaje en exterior, por ejemplo, el chico lleva chaqueta, pantalón y bufanda –si me apuras-, y yo tengo que ir con una faldita, en tirantes y tengo que actuar como si no estuviera a 2ºC. O por qué a él tardas cinco minutos en maquillarlo y a mí una hora y media. Cambiar eso sería útil para transmitir una imagen diferente. Las mujeres no somos perfectas, ¿por qué se empeñan en hacer creer que lo somos? Lo único que se consigue es hacer pensar a las chicas que si no son perfectas no van a ser nadie en la vida. Hay que mostrar, además, la diversidad de cuerpos.

¿Qué le dirías a una mujer joven que esté pensando en adentrarse en el mundo del modelaje?

Muchas cosas. Lo fundamental es la madurez mental. Le diría que, hasta que no sienta que sus principios no van a ser perturbados por nadie, no lo haga. Tienes que ser una persona muy fuerte mentalmente para estar aquí. Tienes que enfrentarte a opiniones que te pueden afectar. Yo agradezco haber empezado con 20 años. Si hubiera empezado con 16, ¿quién me soportaría? Creo que sería una persona superficial y no apreciaría a la gente que me rodea. El mundo de la moda es así, es imagen y superficialidad. Le diría que no lo hiciera por fama, que los seguidores no importan nada, que medite mucho los trabajos –porque estás vendiendo tu imagen y puedes arrepentirte de muchas cosas- y que se forme, que estudie mucho. Pero, sobre todo, como digo, la madurez mental es clave. La necesitas para poder rechazar, para poder opinar, para no quedar como una estúpida el resto de tu vida.

 

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Ángel Olarán: “Este sistema que nos están obligando a aceptar globalmente, que es injusto y opresor, está creando muertes”

No sé si en Cantabria brillaba el sol o si el frío recorría las paredes del lugar en el que Ángel Olarán se sentó para responder a mis preguntas. Lo que no puedo negar es que su voz algodonosa traspasó los límites de la telefonía móvil para hacer cálido el final del otoño a pesar de los hechos tan duros que narraba a través de su experiencia.

Olarán es un hombre humilde de Hernani que, hace cuatro décadas, decidió posar su pies fuera de la parroquia para vivir la palabra de Dios donde, según él, reside la máxima expresión de la razón de ser de esta: el pobre, el mundo empobrecido.

Fue Tanzania, durante veinte años, el rincón del mundo en el que se inició como misionero, y es Etiopía y, más concretamente, Wukro donde Ángel Olarán está regalando sus días, sus ideas y su fe con el único objetivo de mejorar la vida diaria de las personas que allí lo acompañan.

Es plenamente consciente de la relevancia de su labor y dedicación a los proyectos que ha desarrollado y que sigue llevando a cabo en África, y tiene las ideas claras en cuanto a lo que, a su juicio, debe ser el mundo y la Iglesia se refiere. Sin embargo, con la misma delicadeza con que relata las difíciles condiciones de vida en la que millones de personas se encuentran en el continente olvidado, es capaz de huir de aplausos banales para mostrar su más sincero agradecimiento, ya que, explica, su trabajo en Etiopía “es lo más bonito que me está ocurriendo en la vida”.

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Ángel Olarán durante la entrevista. / Foto: Amaia Carracedo Arana

Hace ya cuatro décadas que decidió irse fuera de España para ayudar a personas que se encuentran en situación de precariedad. ¿Por qué eligió África?

No lo sé. Pero es de esas cosas que sabes que tienen que ser así, tiene que ser África. Desde que era pequeño, África siempre tuvo alguna atracción especial conmigo. ¡Quizá en alguna de mis reencarnaciones anteriores yo fui africano! Quién sabe. Yo creo que, más que una intuición, era algo que llevaba en la sangre. Y creo que no me he confundido. No sé lo que hubiera sido yo quedándome en Hernani o habiendo ido a otro país, pero sé que África ha sido un acierto porque ha hecho de mí  lo que soy, y estoy bastante conforme conmigo mismo.

Se considera que su proyecto estrella es el trabajo con los niños y niñas huérfanas, pero desarrolla otros muchos proyectos también relevantes y necesarios. ¿En qué consisten y por qué son tan importantes?

Para mí el trabajo estrella allí es que la gente me está llevando de la mano. Creo que es lo más bonito que me está ocurriendo en mi vida. Luego, secundario a eso –casi podría decir-, la contribución que yo puedo hacer allí en relación con la educación y demás. En cuanto al medio ambiente, por ejemplo, estamos con la reforestación y la rehabilitación de torrentes, con el fin de que el agua que llegue allí, en la medida de lo posible se quede en Wukro y no llegue a los mares.

También está la mejora de la semilla, la calidad del ganado… Son trabajos que, por una parte, van a mejorar la calidad humana en cuanto a educación, a salud, etc., y luego a crear un mejor ambiente para que la Madre Tierra siga ofreciéndonos todo lo que lleva en sus entrañas de una manera pura y no intoxicada como está ocurriendo ahora. Cuanto más puro sea el producto de la Madre Tierra, más pura será la vida de las personas.

Son logros que, aunque pequeños, creo que son necesarios. Hay que pensar globalmente y actuar individualmente. El pensamiento global está muy por encima de los logros individuales.

Según explicaba un parlamentario de uno de los barrios de Wukro, “la meta es conseguir la autosuficiencia”. ¿Qué proyectos o qué ideas se están desarrollando en este aspecto? Es decir, para ser independientes. ¿Se está creando industria propia?

Eso sobrepasa nuestras posibilidades. Nosotros empezamos a un nivel más sencillo. Yo pienso en mejorar la calidad; esto es, tener más agua para que haya más regadío, para que haya mejor cosecha, para que las familias sean independientes económicamente, para que una familia pueda llegar al final de un año, dos años, tres años… Nuestro trabajo está a un nivel familiar, hacer que una familia tenga comida para un año y para otro. Lo de la industria está muy fuera de nuestro alcance.

También hay que tener en cuenta que lo de la industria es un tema que entra dentro de la economía global. África es un continente muy rico habitado por gente muy pobre. Es rico en petróleo, en coltán, en gas, en oro, en diamantes, en árboles exóticos, en potasio, en fosfatos. Tiene una riqueza extraordinaria. Y el Primer Mundo (cuando digo primer mundo me refiero al mundo occidental, desde China hasta Norte América) solo está interesado en extraer esta riqueza con el fin de crear beneficios para sí mismo. Al mundo occidental no le interesa que África crezca y se independice económicamente, solo busca tener una incidencia directa en la economía de Occidente.

Y mientras esto siga siendo así, África difícilmente va a poder tener industrias. Es una conciencia internacional. El flujo de capital africano es de muchos millones de euros al año que salen desde África, por la puerta falsa, ilegal, injusta, hacia occidente. Lo cual crea riqueza aquí (occidente) y allí solo deudas. Es un sistema económico que mata al Tercer Mundo, al mundo empobrecido.

“El oro que hay en la Iglesia nada tiene que ver con la cruz de Jesús”

“La presencia más objetiva de Dios en el mundo es el pobre”

Siempre se habla de Primer Mundo y Tercer Mundo. Hay quienes rechazan dicha denominación, e imagino que usted también la considerará negativa teniendo en cuenta la connotación de desprecio que puede verse reflejada en ella. ¿Cree que un cambio conceptual, en el lenguaje, podría ser parte fundamental de un cambio de conciencia en el mundo?

No sé si, a la hora de la verdad, los conceptos tienen tanta importancia, pero lo que está claro es que hay un mundo enriquecido y un mundo empobrecido.

Por ejemplo, alrededor de aquellos lugares donde hay petróleo, se crean focos de pobreza, de miseria humana, y el dinero de este petróleo enriquece al mundo enriquecido. Son conceptos, como dices, en los que hay una filosofía detrás. Cuando dices Tercer Mundo parece que han nacido para eso, que han nacido ahí y no pueden salir. Y no es así. Tienen capacidad para salir de ahí, pero nosotros (Occidente) somos más injustos, tenemos menos honradez.

Lo que sale de África cada año en cuestión de dinero es mucho más de lo que se le está devolviendo o invirtiendo.

 

Decía en entrevistas anteriores que “el hambre es un genocidio programado, tolerado”. ¿Qué experiencias le han llevado a hacer una afirmación tan dura?

Mira, en África, cada cinco segundos muere un niño entre los 0 años y los 10 años. Cada cinco segundos. Desde que hemos empezado a hablar tú y yo, imagínate los niños que han muerto. Igual serán 20, no sé. Muchos. [Llevábamos hablando más de 9 minutos. Lo cual, según los cálculos, serían 540 vidas cobradas]. Esto es porque no tienen acceso a una mínima comida saludable, a un mínimo requerimiento para la salud… Y no tienen acceso a esto porque toda la riqueza que produce África solo lucra al mundo occidental. Este sistema que nos están obligando a aceptar globalmente, que es injusto y opresor, está creando estas muertes. En este sentido es un genocidio, es un sistema criminal. Es duro.

Wukro tiene una organización institucional o de representación notablemente diferente a la europea. En Wukro la ciudadanía tiene poder real en la toma de decisiones que afectan al pueblo y son los políticos los que tienen que rendir cuentas ante ellos. Además, los parlamentarios y parlamentarias no cobran por representar a sus vecinos. ¿Cree que en España, por ejemplo, sería posible organizarse y funcionar de la misma manera?

Si no de la misma manera, puede ser un referente. Se puede adaptar un poco la situación de aquí.

Allí, igual que el pueblo tiene derecho a elegirte, tú tienes obligación de aceptar. Nadie se presenta como candidato para pertenecer a ese parlamento, y la gente tiene que trabajar. Hay muchos que no tienen trabajo dentro del arco parlamentario. Parlamentario puede ser la vecina, un señor de 40, 50, 60 años… Y entonces la filosofía es la siguiente: esto es un derecho constitucional, por tanto, tienes obligación de aceptar a no ser que tengas motivos fundamentados.

Y algunas de las personas que adquieren este cargo tienen trabajos propios. Son profesionales. Tienen que ser profesionales porque el alcalde, por ejemplo, cada 5 meses tiene que hacer un informe narrativo y económico de lo que ha hecho, el cual  pasa a la sociedad civil. La sociedad civil es la que va a evaluar, informe en mano, lo que el alcalde ha dicho que se ha hecho y se ha gastado en la ciudad. Apoyados por un técnico, que puede ser un ingeniero, evalúan las obras, y comunican al alcalde si está bien o mal. Si el alcalde no es capaz de hacer algo mejor, la sociedad civil decide echarlo de su puesto.

Esto está ocurriendo, es posible. Hace 6 meses echaron al alcalde de Wukro. Es una buena persona pero no tiene capacidad para cubrir ese puesto. Lo revocaron y entró en su trabajo anterior. Pero claro, para esto hace falta una dedicación muy seria. Son cinco comisiones y sus miembros tienen que ser capaces de resolver lo que se les presenta, sin dejar su trabajo. Este trabajo parlamentario, o bien lo hacen de 6 a 8, antes de entrar a su trabajo, después de las 5 de la tarde cuando acaban de trabajar, o sábados y domingos. Incluso durante sus vacaciones.

Lo estuvimos comentando allí y alguien me decía: “¿y quién va a hacer eso en el Estado español? ¿Quién va a coger el sábado y el domingo para trabajar por la sociedad civil sin cobrar nada?” Si hay gente que no es capaz de hacer eso por la sociedad, seguiremos como estamos.

Hace falta voluntad para organizarse de tal forma…

Voluntad y conciencia, yo creo. En otros países, como Senegal o Burkina Faso, la sociedad civil, sin ser reconocida constitucionalmente y siendo perseguida por el poder político, han conseguido echar a presidentes. Al presidente de Senegal (Abdoulaye Wade) lo echaron, al de Burkina Faso también. En Senegal, la sociedad civil ha conseguido que el Gobierno cambie su filosofía en cuanto a la posesión del terreno. El entonces presidente, Wade, se había apoderado de 400 hectáreas de la gente y la ciudadanía consiguió que devolviera 350 de ellas a sus propietarios de origen. Hay una sociedad civil muy activa, y algunos de ellos han ido a la cárcel o han muerto, pero ahí siguen. Yo no sé si aquí hay esa conciencia, una sociedad exigente.

¿Quizá reduciendo los territorios? Porque en Wukro son 37.000 habitantes divididos en 3 parlamentos, es un volumen de personas mucho más reducido que en Madrid, por ejemplo, o incluso que cualquier barrio en una ciudad española.

Tampoco hay que copiar y pegar, eso es una alternativa. En Makele, por ejemplo, que hay 400.000 habitantes, no hay una sociedad civil, hay varias compartimentadas, como en Madrid. Aquí (en España) hay suficiente capacidad de ingenio y de análisis para establecer la ruta. Yo creo que eso (el tamaño de las ciudades) no sería el problema. El problema es: “¿hay gente que está dispuesta a comprometerse?”

En Wukro el presupuesto de los ayuntamientos está desglosado por la sociedad civil y por la sociedad administrativa, y, a la hora de hacer un solo presupuesto, la sociedad civil tiene un 51% de los votos.

Aquí una fórmula se podría sacar. Y la fórmula, para mí, pasa por que la sociedad civil tenga como mínimo un 51% de votos sobre la Constitución. Si no, difícilmente se podría desarrollar esta alternativa. Parece que hay políticos que viven para mantener sus puestos, porque la Constitución los protege. Entonces, el poder constitucional puede decir A, pero si la sociedad civil tiene A+, ese + se traduce en soberanía.

El parlamento de Wukro es una casucha con varias habitaciones, un patio de unos veinte metros por diez. Tienen un ordenador y una fotocopiadora para 220 personas, y este ordenador y esta fotocopiadora son premios que les han dado por el trabajo que están haciendo. No tienen ni una bicicleta. El gasto parlamentario es cero, salvo por cinco o seis personas que sí cobran y por los técnicos que ayudan a la sociedad a evaluar las obras, que también tienen un sueldo. El presupuesto para el parlamento está en diez sueldos y poco más. Y es un parlamento de 220 personas. Eso es una alternativa. Si allí se puede hacer, aquí también.

En África del Este, por ejemplo, el símbolo el desarrollo está en la bicicleta. Dicen “en esta bicicleta necesitamos a los jóvenes en el sillín, que son los que van a pedalear; a las mujeres en el manillar para dirigir el proyecto en la orientación que corresponda; y en el sillín de atrás a cuatro o cinco sabios, ancianos, que tengan una visión de servicio”.

“El pobre tendría que dirigir la Iglesia, y, sin embargo, en la Iglesia el pobre no tiene un puesto a no ser que sea para recibir caridades”

 

Ha declarado en numerosas ocasiones que la Iglesia, de alguna manera, no ha estado o no está a la altura de este tipo de circunstancias, ya que, según decía usted mismo, la Iglesia no está verdaderamente presente en la calle, no está cerca de los problemas de los más desfavorecidos. Además, reprocha a esta que su poder se vea más reflejado en su riqueza que en su mensaje. ¿Alguna vez se ha plateado abandonarla?

No, nunca. Yo creo que uno no abandona una familia porque el padre y la madre no actúen como deberían. La pertenencia a una familia a veces está por encima de cómo es el padre y de cómo es la madre. Estarás más o menos a disgusto, o apoyando, pero tu corazón está con esa familia que te ha visto crecer, ¿no? Pues de alguna forma la Iglesia es mi familia. Yo nunca he pensado en abandonar esta familia porque igual no funciona como yo creo. Eso sería como echar la toalla.

En cualquier institución, en cualquier grupo político, muchas veces la marcha del grupo no está en todos los miembros, sino que está en diez o quince personas que son las que inspiran y los que, a pesar de lo mal que pueda ir el grupo, creen y trabajan. Si esos quince que son los que lo tienen claro echan la toalla, ¿a dónde va el grupo? En la Iglesia siempre ha ocurrido eso, que cuando peor iban las cosas siempre ha habido individuos, como San Francisco de Asís, que han marcado una línea de servicio, una línea de orientación hacia el pobre.

Quizá podría pensarse que esa línea de la que usted habla no se corresponde con lo que, a simple vista, parece representar la Iglesia como institución. Es decir, tal vez algunas de las acciones llevabas a cabo por la Iglesia no se corresponden con lo que dicta la fe. Y en este sentido, tal vez en la Iglesia también haya una alternativa.

Es que tiene que haber. No es una alternativa, yo creo que tendría que ser “la” alternativa. Pero vivimos al margen de ella. Porque Jesús -nuestro jefe, vamos- se encarnó en el pobre. La presencia más objetiva de Dios en el mundo es el pobre. El pobre tendría que dirigir la Iglesia, y sin embargo en la Iglesia el pobre no tiene un puesto a no ser que sea para recibir caridades. Para mí la Iglesia ha tomado un ritmo que se adapta a la sociedad de consumo y creo que está al margen de la esencia del Evangelio. Pero no por ello voy a abandonarla.

El Papa Juan Pablo II decía que cuando una persona tiene hambre y en la Iglesia hay cosas supérfluas, habría que vender esas cosas en favor de la persona que tiene hambre. Esta es una afirmación completamente evangélica, pero en la práctica no se da. Mira cuánto oro hay en la Iglesia, que nada tiene que ver con la cruz de Jesús, y que no se vende a favor del pobre.

Hay dicotomías, pero ahí seguimos, dentro de esta familia intentando mejorar.

¿Qué ha aprendido, como sacerdote, de su experiencia en Tanzania y en Etiopía?

Yo no sabía lo que era ser sacerdote. Lo que yo soy como sacerdote lo he aprendido allí, me han llevado ellos de la mano. Es en tu trabajo, en el día a día, donde se materializa tu vocación. Yo no sé cómo hubiera sido sacerdote aquí. Sé cómo soy sacerdote allí, y te puedo asegurar que es la acogida de la gente, el cariño de la gente, la protección, incluso, que la gente me ha dado allí, lo que ha hecho que yo sea el sacerdote que soy. Se lo debo a ellos. Yo creo que esto es lo que llevo dentro.

¿Y como persona? ¿Qué ha cambiado dentro de usted después de 40 años cambiando la vida de tantas personas?

No es que haya cambiado, es que sigue cambiando. La vida no es monótona, la vida es que lo que el mañana me vaya a ofrecer va a hacer que yo sea mejor, va a purificar mi forma de actuar, va a cambiar mi visión del mundo.

La gente allí nunca se cansa de mirarte, de cuidarte, de sonreír. Esto es un proyecto para toda la vida. Yo espero que mi personalidad vaya creciendo en el ambiente que me está acogiendo allí. En cuestión de vocación y de personalidad creo que hay una finura en la forma de mirar, de coger una sonrisa, una mirada, de ver el entorno, de la alegría del crecimiento de un árbol… No es más de lo mismo, no es copiar y pegar, es un crecimiento diario. La vida no se acaba porque hayas llegado a una situación o a un estado. La vida no es mantener eso, la vida es proyección.

Ya te digo, aquí no sé cómo sería, pero en Wukro sé lo que soy y me apunto a seguir allí.

 

Itziar Canales: “No me siento feliz por lo que hago, porque ojalá no tuviera que hacerlo”

Desde hace cuatro décadas, cientos de miles de personas se encuentran sometidas al control de Marruecos debido a un proceso de descolonización que nunca se llevó a cabo. Unas 150.000 están ubicadas en la parte del Sáhara Occidental bajo ocupación marroquí; aproximadamente 30.000 se encuentran en la zona controlada por el Frente Polisario (movimiento de liberación del Sáhara Occidental); y alrededor de 125.000 viven en campamentos de refugiados en el desierto de Argel, dependientes de la ayuda humanitaria internacional.

Unos veinte años después del inicio de esta situación, una familia cántabra decidía unirse al programa “Vacaciones en paz”, que se lleva a cabo en casi todo el territorio español, y comenzaba a acoger a niños y niñas saharauis, durante el verano, para hacer de las altas temperaturas del desierto una oportunidad para los más pequeños de conocer la vida fuera de los campamentos. Entonces, Itziar Canales Carracedo, miembro de esta familia, tenía entre seis y siete años.

Esta ahora recién graduada en Educación Primaria por la Universidad de Cantabria y ya parte espiritual del pueblo saharaui, nos ofrece un recorrido por esa arena del desierto que tanto anhela durante el año, y por las sensaciones más personales que sus conocimientos sobre el conflicto y sobre la cultura árabe le han llevado a experimentar.

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Itziar Canales en Liencres (Cantabria) / Foto: Amaia Carracedo

Tu familia lleva alrededor de 20 años acogiendo a niños y niñas saharauis en verano a través del programa “Vacaciones en Paz”, que se lleva a cabo en casi todo el territorio  español. ¿Qué sensaciones te produce saberte contribuyendo a que esos niños y niñas salgan de los campamentos para conocer otras fronteras, descubrir otras perspectivas, en definitiva, vivir un poco de la vida que les falta, que les fue arrebatada…?

Es muy difícil. Lo nuestro ya se ha vuelto tan personal y tan familiar que, aunque evidentemente no podemos quitar los ojos del conflicto, la relación no es la misma que la que tiene una familia que simplemente acoge a un niño un año. Para mí es mi sobrina que viene a casa. Luego está todo lo relacionado con el conflicto. Lo sientes más cerca, sientes más frustración, impotencia, rabia. Yo no me siento realmente feliz por lo que hago, porque ojalá no tuviera que hacerlo.

Tú eras muy pequeña cuando tus padres comenzaron a participar en este proyecto de acogida. ¿Supiste siempre el motivo de que aquella niña saharaui pasara los veranos en tu casa?

Sí, me explicaron la situación, por qué venían y que tenían que estar a gusto. Tenía consciencia entonces pero, a decir verdad, de la primera niña no me acuerdo. Recuerdo que dormía en mi cama, pero no mucho más, tenía 5 o 6 años. Con Mahayuba (segunda niña de acogida) ya sí, intentaba protegerla, le presentaba a mis amigos, la llevaba a jugar conmigo… Era como mi hermana, como mi melliza.

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Itziar Canales (izquierda) y Mahayuba (derecha) / Foto: Amaia Carracedo

¿Crees que ese programa de acogida es estrictamente positivo? Hay gente que piensa que el programa, como idea, está muy bien, los niños vienen a España dos meses y se encuentran genial, pero después vuelven a un sitio que, realmente, de momento, es su pasado, su presente y su futuro.

Yo creo que ellos notan más esas cosas cuando ya son adolescentes, que tienen móviles, internet… Cuando ven el mundo que se abre fuera y que no es para ellos. Pero los niños, realmente, cuando se van, lo hacen súper contentos porque van a ver a su familia, les llevan regalos, etc. Para ellos esto no tiene tanto que ver con el conflicto, son dos meses de vacaciones. Evidentemente, se dan cuenta de que aquí tienen cosas que allí no tienen, pero cuando los ves allí piensas que las cosas que tienen aquí tampoco es que les hagan falta. Lo que más pueden notar es que tienen médicos. Allí no tienen suficientes medicinas y aquí pueden venir y seguir el tratamiento que necesiten. Les puedes nutrir durante dos meses, aportarle las necesidades médicas que tienen y que disfruten ese verano, pero ellos vuelven allí y son felices, no llegan y dicen “jo, aquí no tengo piscina”.

Una de las cosas más importantes de que vengas es poder dar visibilidad a la causa, que la gente les vea, pregunten y puedas explicar de dónde vienen y por qué tienen que venir.

Viajas al menos una vez al año a los campamentos de refugiados en el Sáhara… ¿qué sientes al llegar allí?

Fíjate si somos egoístas que yo voy allí y me siento como en casa, no necesito absolutamente nada. Te sientes completamente en paz, ves a los niños, nosotros vemos a nuestra familia, que no les vemos durante el resto del año, es una paz, una satisfacción…

Pero cuando llegas, también encuentras con que por allí no ha pasado el tiempo.

Claro… Ahora sí se está avanzando en el tema de electricidad. Este año ya tenían enchufes y luz en casa. Son pequeños avances que se entiende que a priori son positivos, pero luego ellos piensan: “esto nos viene muy bien para nuestro día a día, pero es frustrante. ¿Por qué nos ponen esto? ¿Significa que nos vamos a quedar mucho más tiempo?

¿Y al marchar qué sientes?

Las tres últimas horas necesito estar sola, salir fuera, sentir la arena, mirar a mi alrededor. Y empiezan a invadir los sentimientos de rabia, asco, impotencia, de ver que tenemos cosas que no nos hacen falta y gastamos el dinero, el tiempo y la vida en cosas que son nimiedades. Yo siento asco. Porque pienso “he estado una semana aquí, he estado encantada, no me ha faltado de nada, y me voy y les vuelvo a dejar aquí”. Acabas sintiéndote egoísta de lo bien que te sientes tú estando allí. Y luego estás aquí meses que estás físicamente aquí pero tu mente está allí. Cuando venimos en el autobús, que vas viendo el paisaje, yo sigo viendo el desierto. Tardas mucho en volver.

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Itziar Canales en los campamentos de Tinduf / Foto: Amaia Carracedo

¿Cómo es el día a día en el Sáhara? ¿Cómo son las condiciones en las que viven?

Difiere mucho de unos campamentos a otros. En El Aaiún la electricidad es de una placa solar, no es que ya tengan electricidad, como sí que tienen en otros campamentos.

El agua está racionalizada. La tienen durante un horario del día. Mahayuba, por ejemplo, tiene una manguera que sale del suelo, y tienen un horario y una cantidad de litros que, cuando la gastan, tienen que ir a comprar más, porque, como la traen en camiones cisterna, cuando se quedan sin agua las opciones son: esperar a la siguiente vez o pagar por ella.

Y para la comida les dan una canasta básica mensual que depende de los miembros de la familia, con azúcar, arroz, alguna legumbre… Cuando vamos nosotros tienen más cosas, no tiene nada que ver con cómo viven ellos. Hay gente que pide a los vecinos alfombras, cojines, colchones, la mejor vajilla que tengan, de todo. Luego te vas de allí y se quedan en nada.

¿Qué es lo primero que coges al llegar a tu casa en España?

La ducha. Pero es algo que sabes cuando llegas aquí, cuando estás allí no sientes la necesidad de ducharte. Para nada. Te limpias por limpiarte. Y cuando llegas aquí, sí, vas a la ducha y duermes en la cama, pero nada más.

Tanto cuando tienes en acogida a una niña saharaui en casa durante el verano como cuando acudes en apoyo a los campamentos, imagino que te sentirás más cerca que nunca del conflicto e incluso más capaz que en cualquier otro momento de servir de ayuda real. ¿Qué ocurre el resto del año? ¿Cómo te mantienes en la lucha?

Afortunadamente estoy en la asociación Alouda Cantabria, y tenemos reuniones semanales en las que vamos comentando todas las acciones que hay, todas las situaciones, todo lo que nos vamos enterando por nuestras familias, etc. Luego, gracias a las redes sociales, puedes seguir prensa de allí, puedes seguir a personas que tienen amplios conocimientos sobre lo que pasa tanto en los territorios ocupados como en los campamentos… Y cualquier pequeña acción que se pueda hacer, cualquier recogida de alimentos, concentración, manifestación, intentas estar ahí, ya que ellos no pueden, que por lo menos se te vea a ti, que gritas por ellos.

Acabas de graduarte en Educación Primaria. ¿En esta materia, qué carencias has podido encontrar o advertir en los campamentos saharauis?

La preparación, porque no tienen una preparación como maestros, son gente que se presenta, yo creo, voluntaria, que puede recibir una pequeña formación pero no están preparados pedagógicamente, psicológicamente, no tienen recursos… Aunque la verdad es que allí se le da muchísima importancia a la educación, pero claro, de qué manera.

Alouda Cantabria ha presentado un proyecto de formación del profesorado, con profesionales de aquí, para aportarles recursos y enseñarles esos aspectos que nosotros sí estudiamos.

Luego, todo el material que reciben son donaciones. Cuando en los centros de otros países ya no quieren el material, lo mandan para allá. Entonces hay pizarras que están partidas por la mitad, los asientos igual no están en sus mejores condiciones, etc. Si les llegan lápices, los niños pueden tener lápices, si no, pues harán lo que puedan.

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Itziar Canales con Fatimetu (hija de Mahayuba) y otro niño en el Sáhara / Foto: Amaia Carracedo

¿Cómo definirías la enseñanza en los campamentos? ¿Los niños y niñas tienen un horario regular de clases, etc.?

Sí, tienen un horario. Entran bastante pronto, tienen recreo… No sé si entran a las 7 o a las 8 y salen a las 2 o las 3, depende del curso en el que estén. Y, como aquí, tienen clase de lengua, matemáticas, Islam, conocimiento del medio… las asignaturas son las mismas. Tienen inglés, francés, español, árabe, y el hassanía. Casi nada (risas).

¿Y el nivel es el mismo que aquí? Es decir, ¿las matemáticas de un niño de 11 años de allí, por ejemplo, equivalen a las de aquí con la misma edad?

No creo que sea el mismo. Allí tienen también el problema del idioma. Ellos hablan un idioma pero luego tienen que estudiar en árabe, porque el hassanía no se escribe. Ahora se ha empezado a transcribir, por poetas y tal, pero realmente ningún dialecto del árabe se escribe. Tanto la prensa como los libros están escritos en un árabe común. Y, claro, ellos tienen que aprender ese árabe, que es, digamos, el del Corán. Entonces, el nivel no es igual, para nada. 

Una mujer saharaui escribió un poema llamado “Cuántos versos hacen falta por escribir” del cual he extraído algunos versos:

“Cuántos versos hacen falta por escribir

Para que la dignidad sea una esencia

De nuestra existencia.

Cuántos versos hacen falta por escribir

Para que la independencia no sea

Un rehén

De nuestra ignorancia”

Estos últimos versos me recuerdan a Rousseau.  Rousseau decía que la educación es una forma de dominio social a través de la cual unos se imponen sobre otros en función de los conocimientos que poseen. ¿Crees que las carencias educativas en el Sáhara son uno de los motivos por los cuales el pueblo saharaui lleva tanto tiempo sometido, incapaz de forjar una salida real al dominio de Marruecos sobre él?

Allí también hay mucha gente que sí que sale fuera, estudia carreras y luego vuelve e intenta hacer lo que puede con los conocimientos que ha adquirido. ¿Realmente si tuvieran otra educación sería diferente? No lo sé.

La metralla también hace mucho…

Es eso, esto es muy crítico, lo que voy a decir. Algunos de los del Polisario, de los que están viviendo fuera de los campamentos, están como Dios. Están en su casa, tienen a su familia allí, tienen su dinerito, y viven una vida occidental. Pero es que no están allí, ellos están cómodos. Entonces, ¿podrían hacer más por resolver el conflicto? Pues podrían, pero…

“Gastamos la vida en cosas que son nimiedades”

¿Crees, entonces, que el pueblo saharaui tiene que luchar contra Marruecos y, además, un poco contra el Frente Polisario, en el sentido de, digamos, “apretarle las tuercas”?

Ahora ha cambiado el presidente del Polisario, hace menos de un año. Hay que ver cuáles son los pasos que va a dar esta persona. Es triste, pero yo creo que va a hacer falta que se levanten en armas para que alguien reaccione. Pero este es un tema muy controvertido, yo no estoy tan puesta en los movimientos del Frente Polisario como para decirte si efectivamente están haciendo las cosas bien o no.

El educador Paulo Freire planteaba, mediante su pedagogía libertadora, que los individuos se forman a través de una serie de situaciones basadas principalmente en dos momentos: “En la primera etapa el individuo deberá tomar conciencia de la realidad en la que vive, como ser sujeto de opresión. En un segundo momento, los oprimidos lucharán contra los opresores para liberarse”. ¿Crees que esos dos momentos pueden darse en el Sáhara?

Yo creo que ellos, ya desde pequeños, son plenamente conscientes de que son oprimidos. Tú ves a niños de 7 años que vienen y llevan la bandera, con “Sáhara Libre” y “Marruecos fuera del Sáhara”. Yo he visto los libros de Fati (hija de Mahayuba y actual niña de acogida) y las asignaturas utilizan mucho el tema de Sáhara y el tema nacional. Ellos son muy patriotas y saben lo que tienen. Hay cada vez más jóvenes que dicen “tenemos que luchar contra Marruecos porque llevamos 40 años en paz y se están riendo de nosotros”. Y hay otra facción que opina que no, que hay que continuar así y que Allah proveerá. In shaa Allah.

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Itziar Canales haciendo té en los campamentos de Tinduf / Foto: Amaia Carracedo

Perteneces a una asociación que trabaja para el apoyo a la causa saharaui, Alouda Cantabria. ¿Qué tipo de actividades lleva a cabo esta organización y con qué finalidad?

Por ejemplo, cuando hubo inundaciones el año pasado, se organizaron conciertos solidarios para recaudar dinero, comprar medicamentos y llevarlos luego en mano, porque los había pedido el Frente Polisario, era lo que urgía. También se hacen “Cuscús Solidarios”, porque Alouda participa en el programa de BUBISHER (programa de animación a la lectura) y se ha comprometido a pagar el sueldo de uno de los profesores. Lo que se saca del cuscús se manda allí. Se hacen actividades de visibilización, se dan charlas en colegios e institutos para informar acerca del conflicto; se ha sacado un libro de poemas, de Fernando Llorente, cuya recaudación va también para Alouda y los proyectos. Y tenemos ropa, material escolar, medicamentos, máquinas de anestesia que nos han donado… pero no hay un vehículo desde hace dos años para poder mandarlo.

También se han hecho concentraciones, manifestaciones, se han organizado reuniones en ayuntamientos de la comunidad (Cantabria) para que ayuden económicamente… Y el fin último es el referéndum de autodeterminación.

Es de imaginar que estás considerablemente vinculada a la cultura árabe e incluso a los valores de la religión islámica. No me refiero a que seas directamente partícipe, sino a que será algo para cuyo respeto estés especialmente concienciada. ¿Alguna vez ello te ha supuesto un problema en tus relaciones sociales en España?

Muchísimos. La ignorancia que hay aquí con el tema árabe y del Islam es atroz. Y la prensa no está ayudando en nada. Tenemos la cultura del etnocentrismo y todo lo demás es basura. Normalmente (estos problemas) suelen ser por casos de noticias, cualquier cosa que sale en la prensa, que la gente te da su opinión y esta entra en confrontación con la que tú tienes y con los conocimientos que tú tienes.

Por ejemplo, el tema del velo de la mujer. Aquí hay gente que no comprende que hay mujeres que lo quieren llevar porque ellas se sienten mejor llevándolo. Obviamente, hay gente que está oprimida y que les obligan a ponérselo, pero yo estoy convencida de que, aunque la mayor parte de las mujeres árabes que están en España quizá lo llevan por cultura, hay muchísimas que lo llevan por religión.

El tema del hiyab. Hiyab es “modestia”, “vestir modestamente”. Esto significa que no tienes que presumir de tus cosas ni físicas ni materiales. Si realmente pillas la esencia, puedes llegar a entender que una mujer que viva su religión quiera vestir así. Pero aquí normalmente se toma todo desde una dimensión superficial.

El racismo, por desgracia, no parece estar en absoluto erradicado y, de hecho, Europa vive actualmente una fase de evidente fomento del mismo debido a la llamada “crisis de los refugiados”. Parece que algunas costumbres de otras religiones se toman como una amenaza. ¿Qué opinas sobre ello?

Es algo complicado. Una de las cosas que yo siempre digo es que, si lees el Corán, puedes ver que está terminantemente prohibido obligar a nadie a hacer absolutamente nada. Todo lo que se hace en los países islámicos de obligar a la mujer a vestir de una manera, por ejemplo, está totalmente prohibido en el Islam. Tú puedes aconsejar a una persona que, según el Corán, se debería hacer de esta manera. Pero lo que tiene el Islam es que es una religión que, salvo el shiísmo, que sí que tienen a los ayatollah, que serían los intermediarios y los que tienen que dirigir; en la facción sunní está Allah y estás tú, en medio no hay nada, y tú respondes ante él como tú consideras que tienes que hacerlo. Nadie puede venir y decirte que tienes que ir tapada, porque tú vives tu religión y la vives con Dios como tú consideras que debes hacerlo.

¿Y si tú respondes ante Dios como consideras, por qué en países como Marruecos una mujer se siente insegura o en peligro por no llevar burka, por ejemplo, en según qué situaciones?

Si tú conoces a buenos musulmanes de verdad ves que no te obligan, nunca te van a decir nada de una mujer musulmana que no lleve velo, o de un musulmán que no cumple un precepto que está estipulado. Tú lo haces como quieres, no puedes meterte en cómo lo hace otra persona.

Hablas de “buenos musulmanes de verdad”. ¿Quieres decir que la realidad allí es otra?

Es otra completamente distinta, el Gobierno es el que te obliga, y eso no se puede hacer. Por eso los países que se autodenominan islámicos porque la mayoría de personas es musulmana no están cumpliendo con los preceptos islámicos. Porque tú no puedes obligar a nadie a actuar de ninguna manera.

“La ignorancia que hay aquí con el tema árabe y del Islam es atroz. Tenemos la cultura del etnocentrismo y todo lo demás es basura”

En 2007/2008, Felipe González, en el contexto de una conferencia que dio sobre el conflicto del Sáhara Occidental, indicó que lo que sucede entre Marruecos y el Sáhara es “un empate infinito que no tiene solución”. ¿Crees que efectivamente es así? ¿Qué soluciones hay? 

No, lo que pasa es que hay que mojarse. Los países potentes tienen que actuar. España, de momento, no se moja, simplemente está ahí. Evidentemente tiene que haber una solución, y la solución es hacer un referéndum, y si se decide que quieren ser libres, ese territorio tendrá que ser abandonado. ¿Cómo? ¿Es difícil? Sí, es como lo que pasa en Palestina, ya son generaciones que han nacido allí y que a ver cómo lo solucionas, pero es que se está colonizando. El camino es el referéndum.

El día 26 de este mes (hace dos días) relataba El Confidencial Saharaui que Marruecos va a endurecer la represión contra los saharauis con la intención de apaciguar cualquier manifestación por la independencia o contra el desempleo empleando para ello todos los medios que sean necesarios. Parece que esos actos de protesta no hacen sino incrementarse a medida que Marruecos refuerza cuantitativamente la presencia militar y policial en el Sáhara. ¿Qué sensaciones te produce este tipo de informaciones provenientes de los campamentos? ¿Tienes tú otro tipo de información?

La última vez que estuvimos (en los campamentos) fuimos a ver la asociación de presos y desaparecidos. Nos pusieron un vídeo, que duraba 20 minutos, de palizas a mujeres allí. Solo te digo que no pudimos acabar el vídeo porque uno de nuestros compañeros se desmayó y tuvieron que parar el vídeo. Todos estábamos llorando, se oía cómo llorábamos todos, pero este no pudo aguantar. Es increíble. Y a mí me da rabia, además, que ves a los marroquíes luchando por Palestina, que hablando son súper pro-Palestina, y piensas, “pero si estáis haciendo vosotros lo mismo”. No vosotros personalmente, pero, vamos, estáis apoyando a un rey que está haciendo exactamente lo mismo con los saharauis. No consiguen trabajo, si lo consiguen es un trabajo de segunda, les tienen perseguidos, les apalean y no hay ningún tipo de represalia… A mí la gente que se queda a vivir allí porque dice “por narices que me quedo aquí porque esta es mi tierra” me produce una admiración… porque es que no sabes si un día vas a salir a la calle y vas a volver a casa, porque te pueden pegar un tiro en cualquier momento, te pueden dar una paliza o te puede pasar cualquier cosa.

Además, Marruecos es completamente diferente, o sea, tienen hasta otro dialecto, hablan diferente, visten diferente, tienen tradiciones diferentes. ¿En qué momento han pensado que este trozo de tierra les pertenece?.

¿Temes que la represión acabe provocando el estallido de una auténtica guerra?

Es lo que están consiguiendo. Pero la culpa es de todos los organismos internacionales de alrededor, que no hacen nada. Hasta que digan “mira, lo hemos intentado de todas las maneras, pero si lo que queréis es que entremos en guerra para que nos veáis, lo tendremos que hacer”. Es lo que nadie queremos, porque sabemos que sería una masacre, pero ¿qué otra cosa tienen?

Imagino que piensas en tu familia.

Evidentemente. Me vienen imágenes de bombardeos, de las niñas, de Mahayuba, del hermano de Mahayuba que está en el ejército… El año pasado, que ya había problemas, yo estaba pensando en cómo podíamos traer a los niños y a todos para acá.

¿Qué pedirías a las instituciones españolas en materia de este conflicto?

Que  asuman las responsabilidades que tienen. Porque está claro que el acuerdo tripartito no es legal. En algún momento hay que dejar de lado esos intereses.

¿Podrías definir lo que supone o significa para ti el conflicto saharaui en una cita? Ya sea propia, procedente de un libro, una canción, una película…

Un poema de Amaia (su madre). Te lo voy a leer:

Arena en tus ojos y en tu sonrisa

Tu melfa de viento en silencio grita

Erguida en la nada vences al sol soñando ser libre

Eres fuerte, eres bella,

Eres mujer saharaui como tu tierra.

– Amaia Carracedo Arana.

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Itziar Canales en los campamentos de Tinduf / Foto: Amaia Carracedo

La frustración, tanto de quienes habitan forzosamente en el desierto desde hace cuarenta años, como de aquellas personas que prestan su tiempo a hacerles sentir que no están solos, que no han sido olvidados, perdura en el espacio y el tiempo en que el generoso barro de unos y las oportunidades de libertad de otros se han unido al calor de una taza de té. El pueblo saharaui resiste sabiendo que “lo imposible solo tarda un poco más” (Paolo Ragone), y hermanos de este, como Itziar Canales, no abandonan la lucha fiel porque, como dijo Lluís Llach, “todo está por hacer, y todo es posible”.

“Nuestra pasividad no solo es la fuerza del enemigo, es una actitud suicida”

No todo Exsecretario General de un sindicato puede decir que vuelve a ser un mero militante. José Pascual Rubio Cano, después de ocupar el máximo lugar de representación de CGT Murcia, sigue en sus filas sin ocupar ningún cargo diferenciado, sin más responsabilidad que la que tiene con su propia persona y con la sociedad como activista.

Si le preguntas por qué nunca ha intentado disputar un puesto de más responsabilidad dentro de la organización, o por qué no ha apostado por participar en proyectos más grandes, te responderá que, para él, lo que hace cada día en las calles de su pequeña ciudad de residencia, ya es muy grande. Te dirá que formar a los trabajadores poco a poco y conseguir que estos tomen el poder de su vida dándoles a conocer sus derechos laborales y sociales, es más importante y determinante a largo plazo que mover masas de personas sin que estas dejen de ser eso, una masa.

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Imagen cedida por José Pascual

Él lo tiene claro: anarcosindicalismo, autogestión, acción directa. “Poner en el centro del problema a las personas que están afectadas por el mismo problema”, “participación directa de las personas afectadas en la resolución de los conflictos que afectan a dichas personas, sin intermediación de terceros”.

Para Rubio, la CGT “supone un compromiso, y una manera de hacer las cosas” cuyos principios son la honradez, la sencillez y la participación. Contempla otros estilos de vida, otras formas de vivir, aunque confiesa que a veces cuesta, pues entiende que “el Sistema te intenta sacar de esa manera de vivir”. Observa el Sistema como una amenaza, no solo en el ámbito laboral, sino en todos los sentidos, y lo explica así: “La misma multinacional es la que te exprime laboralmente, la que contamina el medio ambiente, la que reprime a pueblos indígenas en otros lugares, la que te está envenenando con la alimentación y la que te está envenenando con los medicamentos que te vende, también, para quitarte los males que te produce esa alimentación que te genera. Es todo un paquete”.

Lo que CGT pretende, ante todo, es conseguir que sean los propios protagonistas de un determinado conflicto laboral o social los capaces de enfrentarse a ese problema y dar la cara, en lugar de encargarse de tutelar la resolución del mismo. Ello, a través de la formación, de la traducción del lenguaje jurídico a un formato más sencillo y comprensible para todos y todas, con el fin de que todo trabajador y/o ciudadano pueda responder a tiempo ante las dificultades o injusticias que se le presenten. “El trabajo más laborioso es crear el clima para que esa persona pierda el miedo y pueda saltar”.

Además, José Pascual Rubio reivindica la necesidad de que cada persona sea protagonista de su problema, “que no vaya un Pablo Iglesias, entre comillas, a ser el portavoz de los Afectados por la Hipoteca, a ser el portavoz de no sé cuánto”. Que “la persona que se está partiendo la cara, la que está sufriendo esa injusticia”, sea la protagonista de su lucha.

“Los derechos que tenemos son fruto de unas luchas, y tenemos el derecho de disfrutarlos y la obligación de defenderlos”

Hacia el ecuador de la entrevista, José Pascual Rubio reflexiona sobre la importancia que tiene observar la desigualdad que hay entre empresarios y trabajadores, y advierte que “las generaciones que vienen detrás [de la suya], se van a encontrar con una situación laboral y social peor [que la que ha recibido]”, pues, según él, hay mucha gente que no comprende que los derechos no los hace posibles un determinado partido, sino las luchas de la ciudadanía. “El factor determinante es que hay hombres y mujeres que han dejado la vida en eso. Unos han dejado la vida literalmente. Que los han matado”.

Y hace hincapié en que los derechos no son propiedad de nadie, y que se tiene el derecho –valga la redundancia- de disfrutarlos, pero también “la obligación de defenderlos”.

Sobre la visión que gran parte de la sociedad parece tener sobre el anarquismo –violencia, radicalismo-, se pronuncia con contundencia: “Normalmente es el Estado el que nos acusa de violentos y de desorden. ¿Cómo es posible que nos esté acusando de desorden una instancia que es la propia generadora de ese desorden? ¿Hay algo que desordene más que lo que se está viviendo día a día? ¿A ti, hay algo que te pueda desordenar más tu vida que te echen de tu casa?”. Y cree que, además, esa percepción violenta y de desorden que se tiene sobre el libertarismo es provocada “por los poderes económicos y políticos”, en cuyo fomento colaboran directamente los medios de comunicación.

Lo que se defiende desde la CGT es la democracia directa, lo cual conlleva un alto nivel de participación ciudadana, que, a su vez, necesita de un espacio de tiempo mucho más pausado que los ritmos que marcan las agendas políticas de los partidos. Observa Rubio a partidos como Podemos “encasillados”, pues, según explica, “tú en esos ritmos no puedes funcionar como estás diciendo que quieres funcionar. No puedes funcionar democráticamente si tienes que estar compareciendo ante los medios cada 20 minutos”.

Reivindica la necesidad de que haya mucha más participación, pero lamenta que “todo está montado, en definitiva, para que eso no se produzca”.

Desobediencia es una palabra que suena varias veces durante la entrevista. Rubio opina que “para realizar una transformación social –transformación, no renovación-, hay que hacer un ejercicio colectivo de desobediencia”. Y recordó el caso de Grecia, donde la población, por medio de un referéndum, dijo “no” al pago de la deuda, en otras palabras, dijo “sí” a la desobediencia, y su presidente del Gobierno se vio, finalmente, obligado a claudicar ante la Unión Europea.

Apostilla, a partir del ejemplo, que la desobediencia hay que organizarla, hay que emplear recursos en ello, en  “que la gente diga «hasta aquí hemos llegado», que la gente esté dispuesta a desobedecer, que la gente esté dispuesta a decir: «huelga general de dos semanas»”.

Reinventar el sindicalismo

El sindicalismo no está pasando por sus mejores momentos. La imagen viciada de algunos sindicatos mayoritarios –como consecuencia de algunas acciones llevadas a cabo- ha frustrado, de alguna manera, la pureza de la lucha obrera en las calles. Como dice el exsecretario general de CGT Murcia, “antes, el sindicalismo estaba vivo en las fábricas”, ahora no se tiene tanto esa apreciación.

Y al hilo de ello, afirma que uno de los mimbres básicos que han perdido algunos sindicatos –refiriéndose a los mayoritarios- es “el asamblearismo en las fábricas y en los centros de trabajo”. Y a ello se ha llegado, según él, porque “igual que hay una casta política, existe también una casta sindical”. No duda en referirse a UGT y CC.OO., no como cómplices, sino como parte del problema, como responsables de la situación laboral y social que vive el país actualmente, pues, según interpreta, “ellos tuvieron que llegar a un acuerdo con el poder político, que es el que usa el poder económico para gestionarnos, y acordaron la paz social. La paz social implica desmovilizar, que no haya conflictos. Y tú para que no haya conflictos no tienes que tener a sindicalistas en las empresas, tienes que tener personas que no se cuestionen nada. Te tienes que cargar el asamblearismo, te tienes que cargar la participación”.

¿Se pueden recuperar los valores perdidos? Él responderá que “no es cuestión de creer, es cuestión de necesidad”, pues “nuestra pasividad no solo es la fuerza del enemigo, es una actitud suicida”. Y ejemplifica con un detalle llamativo: “¿Tú puedes comer tomates si no plantas tomates? De ninguna manera”.

No se despide sin antes denunciar que “la represión es el lenguaje que utiliza el poder” para hacer ver a la población “quién manda”. “Si no lo entiendes, te hincho a palos. Y esa represión te la llevo hasta el infinito. Porque te hincho a palos, te llevo a juicio y te meto siete años de cárcel. Y, si sigues, te meto en aislamiento en régimen FIES. Y, si sigues, te torturo y te anulo como persona, y te hincho a fármacos dentro de la cárcel. Y, si sigues, te suicidas. Es así”.

Con esas duras palabras manifiesta su repulsa a la coacción, a la opresión y al poder violento que ejercen los poderes del Estado, recordando algunos casos concretos que se han dado y se dan en la realidad político-social.

Hablábamos de la sociedad, y lamentaba una actitud que cree bastante generalizada con un ejemplo: “La gente entra a un cajero y alguien que no tiene dónde caerse muerto le apunta con una navaja y le quita 30 euros, y monta un pollo de la hostia. Y su jefe le está quitando 300 pavos todos los meses y está callado”. Hacen falta más espacios de “participación real”, apuntó.

¿La España de sus sueños? “No sería España”.