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Nos dicen continuamente que “calladitas estamos más guapas”, que somos un incordio, unas pesadas, unas exageradas, que no es para tanto, que nos “relajemos”.

Hay que incomodar para dejar de estar incómodas. Por eso, yo no me callo. Por mí y por todas mis compañeras.

“Yo por ellas, madre, y ellas por mí”.