Archivos Mensuales: diciembre 2016

Ángel Olarán: “Este sistema que nos están obligando a aceptar globalmente, que es injusto y opresor, está creando muertes”

No sé si en Cantabria brillaba el sol o si el frío recorría las paredes del lugar en el que Ángel Olarán se sentó para responder a mis preguntas. Lo que no puedo negar es que su voz algodonosa traspasó los límites de la telefonía móvil para hacer cálido el final del otoño a pesar de los hechos tan duros que narraba a través de su experiencia.

Olarán es un hombre humilde de Hernani que, hace cuatro décadas, decidió posar su pies fuera de la parroquia para vivir la palabra de Dios donde, según él, reside la máxima expresión de la razón de ser de esta: el pobre, el mundo empobrecido.

Fue Tanzania, durante veinte años, el rincón del mundo en el que se inició como misionero, y es Etiopía y, más concretamente, Wukro donde Ángel Olarán está regalando sus días, sus ideas y su fe con el único objetivo de mejorar la vida diaria de las personas que allí lo acompañan.

Es plenamente consciente de la relevancia de su labor y dedicación a los proyectos que ha desarrollado y que sigue llevando a cabo en África, y tiene las ideas claras en cuanto a lo que, a su juicio, debe ser el mundo y la Iglesia se refiere. Sin embargo, con la misma delicadeza con que relata las difíciles condiciones de vida en la que millones de personas se encuentran en el continente olvidado, es capaz de huir de aplausos banales para mostrar su más sincero agradecimiento, ya que, explica, su trabajo en Etiopía “es lo más bonito que me está ocurriendo en la vida”.

15321597_10207826412682962_786901674_o

Ángel Olarán durante la entrevista. / Foto: Amaia Carracedo Arana

Hace ya cuatro décadas que decidió irse fuera de España para ayudar a personas que se encuentran en situación de precariedad. ¿Por qué eligió África?

No lo sé. Pero es de esas cosas que sabes que tienen que ser así, tiene que ser África. Desde que era pequeño, África siempre tuvo alguna atracción especial conmigo. ¡Quizá en alguna de mis reencarnaciones anteriores yo fui africano! Quién sabe. Yo creo que, más que una intuición, era algo que llevaba en la sangre. Y creo que no me he confundido. No sé lo que hubiera sido yo quedándome en Hernani o habiendo ido a otro país, pero sé que África ha sido un acierto porque ha hecho de mí  lo que soy, y estoy bastante conforme conmigo mismo.

Se considera que su proyecto estrella es el trabajo con los niños y niñas huérfanas, pero desarrolla otros muchos proyectos también relevantes y necesarios. ¿En qué consisten y por qué son tan importantes?

Para mí el trabajo estrella allí es que la gente me está llevando de la mano. Creo que es lo más bonito que me está ocurriendo en mi vida. Luego, secundario a eso –casi podría decir-, la contribución que yo puedo hacer allí en relación con la educación y demás. En cuanto al medio ambiente, por ejemplo, estamos con la reforestación y la rehabilitación de torrentes, con el fin de que el agua que llegue allí, en la medida de lo posible se quede en Wukro y no llegue a los mares.

También está la mejora de la semilla, la calidad del ganado… Son trabajos que, por una parte, van a mejorar la calidad humana en cuanto a educación, a salud, etc., y luego a crear un mejor ambiente para que la Madre Tierra siga ofreciéndonos todo lo que lleva en sus entrañas de una manera pura y no intoxicada como está ocurriendo ahora. Cuanto más puro sea el producto de la Madre Tierra, más pura será la vida de las personas.

Son logros que, aunque pequeños, creo que son necesarios. Hay que pensar globalmente y actuar individualmente. El pensamiento global está muy por encima de los logros individuales.

Según explicaba un parlamentario de uno de los barrios de Wukro, “la meta es conseguir la autosuficiencia”. ¿Qué proyectos o qué ideas se están desarrollando en este aspecto? Es decir, para ser independientes. ¿Se está creando industria propia?

Eso sobrepasa nuestras posibilidades. Nosotros empezamos a un nivel más sencillo. Yo pienso en mejorar la calidad; esto es, tener más agua para que haya más regadío, para que haya mejor cosecha, para que las familias sean independientes económicamente, para que una familia pueda llegar al final de un año, dos años, tres años… Nuestro trabajo está a un nivel familiar, hacer que una familia tenga comida para un año y para otro. Lo de la industria está muy fuera de nuestro alcance.

También hay que tener en cuenta que lo de la industria es un tema que entra dentro de la economía global. África es un continente muy rico habitado por gente muy pobre. Es rico en petróleo, en coltán, en gas, en oro, en diamantes, en árboles exóticos, en potasio, en fosfatos. Tiene una riqueza extraordinaria. Y el Primer Mundo (cuando digo primer mundo me refiero al mundo occidental, desde China hasta Norte América) solo está interesado en extraer esta riqueza con el fin de crear beneficios para sí mismo. Al mundo occidental no le interesa que África crezca y se independice económicamente, solo busca tener una incidencia directa en la economía de Occidente.

Y mientras esto siga siendo así, África difícilmente va a poder tener industrias. Es una conciencia internacional. El flujo de capital africano es de muchos millones de euros al año que salen desde África, por la puerta falsa, ilegal, injusta, hacia occidente. Lo cual crea riqueza aquí (occidente) y allí solo deudas. Es un sistema económico que mata al Tercer Mundo, al mundo empobrecido.

“El oro que hay en la Iglesia nada tiene que ver con la cruz de Jesús”

“La presencia más objetiva de Dios en el mundo es el pobre”

Siempre se habla de Primer Mundo y Tercer Mundo. Hay quienes rechazan dicha denominación, e imagino que usted también la considerará negativa teniendo en cuenta la connotación de desprecio que puede verse reflejada en ella. ¿Cree que un cambio conceptual, en el lenguaje, podría ser parte fundamental de un cambio de conciencia en el mundo?

No sé si, a la hora de la verdad, los conceptos tienen tanta importancia, pero lo que está claro es que hay un mundo enriquecido y un mundo empobrecido.

Por ejemplo, alrededor de aquellos lugares donde hay petróleo, se crean focos de pobreza, de miseria humana, y el dinero de este petróleo enriquece al mundo enriquecido. Son conceptos, como dices, en los que hay una filosofía detrás. Cuando dices Tercer Mundo parece que han nacido para eso, que han nacido ahí y no pueden salir. Y no es así. Tienen capacidad para salir de ahí, pero nosotros (Occidente) somos más injustos, tenemos menos honradez.

Lo que sale de África cada año en cuestión de dinero es mucho más de lo que se le está devolviendo o invirtiendo.

 

Decía en entrevistas anteriores que “el hambre es un genocidio programado, tolerado”. ¿Qué experiencias le han llevado a hacer una afirmación tan dura?

Mira, en África, cada cinco segundos muere un niño entre los 0 años y los 10 años. Cada cinco segundos. Desde que hemos empezado a hablar tú y yo, imagínate los niños que han muerto. Igual serán 20, no sé. Muchos. [Llevábamos hablando más de 9 minutos. Lo cual, según los cálculos, serían 540 vidas cobradas]. Esto es porque no tienen acceso a una mínima comida saludable, a un mínimo requerimiento para la salud… Y no tienen acceso a esto porque toda la riqueza que produce África solo lucra al mundo occidental. Este sistema que nos están obligando a aceptar globalmente, que es injusto y opresor, está creando estas muertes. En este sentido es un genocidio, es un sistema criminal. Es duro.

Wukro tiene una organización institucional o de representación notablemente diferente a la europea. En Wukro la ciudadanía tiene poder real en la toma de decisiones que afectan al pueblo y son los políticos los que tienen que rendir cuentas ante ellos. Además, los parlamentarios y parlamentarias no cobran por representar a sus vecinos. ¿Cree que en España, por ejemplo, sería posible organizarse y funcionar de la misma manera?

Si no de la misma manera, puede ser un referente. Se puede adaptar un poco la situación de aquí.

Allí, igual que el pueblo tiene derecho a elegirte, tú tienes obligación de aceptar. Nadie se presenta como candidato para pertenecer a ese parlamento, y la gente tiene que trabajar. Hay muchos que no tienen trabajo dentro del arco parlamentario. Parlamentario puede ser la vecina, un señor de 40, 50, 60 años… Y entonces la filosofía es la siguiente: esto es un derecho constitucional, por tanto, tienes obligación de aceptar a no ser que tengas motivos fundamentados.

Y algunas de las personas que adquieren este cargo tienen trabajos propios. Son profesionales. Tienen que ser profesionales porque el alcalde, por ejemplo, cada 5 meses tiene que hacer un informe narrativo y económico de lo que ha hecho, el cual  pasa a la sociedad civil. La sociedad civil es la que va a evaluar, informe en mano, lo que el alcalde ha dicho que se ha hecho y se ha gastado en la ciudad. Apoyados por un técnico, que puede ser un ingeniero, evalúan las obras, y comunican al alcalde si está bien o mal. Si el alcalde no es capaz de hacer algo mejor, la sociedad civil decide echarlo de su puesto.

Esto está ocurriendo, es posible. Hace 6 meses echaron al alcalde de Wukro. Es una buena persona pero no tiene capacidad para cubrir ese puesto. Lo revocaron y entró en su trabajo anterior. Pero claro, para esto hace falta una dedicación muy seria. Son cinco comisiones y sus miembros tienen que ser capaces de resolver lo que se les presenta, sin dejar su trabajo. Este trabajo parlamentario, o bien lo hacen de 6 a 8, antes de entrar a su trabajo, después de las 5 de la tarde cuando acaban de trabajar, o sábados y domingos. Incluso durante sus vacaciones.

Lo estuvimos comentando allí y alguien me decía: “¿y quién va a hacer eso en el Estado español? ¿Quién va a coger el sábado y el domingo para trabajar por la sociedad civil sin cobrar nada?” Si hay gente que no es capaz de hacer eso por la sociedad, seguiremos como estamos.

Hace falta voluntad para organizarse de tal forma…

Voluntad y conciencia, yo creo. En otros países, como Senegal o Burkina Faso, la sociedad civil, sin ser reconocida constitucionalmente y siendo perseguida por el poder político, han conseguido echar a presidentes. Al presidente de Senegal (Abdoulaye Wade) lo echaron, al de Burkina Faso también. En Senegal, la sociedad civil ha conseguido que el Gobierno cambie su filosofía en cuanto a la posesión del terreno. El entonces presidente, Wade, se había apoderado de 400 hectáreas de la gente y la ciudadanía consiguió que devolviera 350 de ellas a sus propietarios de origen. Hay una sociedad civil muy activa, y algunos de ellos han ido a la cárcel o han muerto, pero ahí siguen. Yo no sé si aquí hay esa conciencia, una sociedad exigente.

¿Quizá reduciendo los territorios? Porque en Wukro son 37.000 habitantes divididos en 3 parlamentos, es un volumen de personas mucho más reducido que en Madrid, por ejemplo, o incluso que cualquier barrio en una ciudad española.

Tampoco hay que copiar y pegar, eso es una alternativa. En Makele, por ejemplo, que hay 400.000 habitantes, no hay una sociedad civil, hay varias compartimentadas, como en Madrid. Aquí (en España) hay suficiente capacidad de ingenio y de análisis para establecer la ruta. Yo creo que eso (el tamaño de las ciudades) no sería el problema. El problema es: “¿hay gente que está dispuesta a comprometerse?”

En Wukro el presupuesto de los ayuntamientos está desglosado por la sociedad civil y por la sociedad administrativa, y, a la hora de hacer un solo presupuesto, la sociedad civil tiene un 51% de los votos.

Aquí una fórmula se podría sacar. Y la fórmula, para mí, pasa por que la sociedad civil tenga como mínimo un 51% de votos sobre la Constitución. Si no, difícilmente se podría desarrollar esta alternativa. Parece que hay políticos que viven para mantener sus puestos, porque la Constitución los protege. Entonces, el poder constitucional puede decir A, pero si la sociedad civil tiene A+, ese + se traduce en soberanía.

El parlamento de Wukro es una casucha con varias habitaciones, un patio de unos veinte metros por diez. Tienen un ordenador y una fotocopiadora para 220 personas, y este ordenador y esta fotocopiadora son premios que les han dado por el trabajo que están haciendo. No tienen ni una bicicleta. El gasto parlamentario es cero, salvo por cinco o seis personas que sí cobran y por los técnicos que ayudan a la sociedad a evaluar las obras, que también tienen un sueldo. El presupuesto para el parlamento está en diez sueldos y poco más. Y es un parlamento de 220 personas. Eso es una alternativa. Si allí se puede hacer, aquí también.

En África del Este, por ejemplo, el símbolo el desarrollo está en la bicicleta. Dicen “en esta bicicleta necesitamos a los jóvenes en el sillín, que son los que van a pedalear; a las mujeres en el manillar para dirigir el proyecto en la orientación que corresponda; y en el sillín de atrás a cuatro o cinco sabios, ancianos, que tengan una visión de servicio”.

“El pobre tendría que dirigir la Iglesia, y, sin embargo, en la Iglesia el pobre no tiene un puesto a no ser que sea para recibir caridades”

 

Ha declarado en numerosas ocasiones que la Iglesia, de alguna manera, no ha estado o no está a la altura de este tipo de circunstancias, ya que, según decía usted mismo, la Iglesia no está verdaderamente presente en la calle, no está cerca de los problemas de los más desfavorecidos. Además, reprocha a esta que su poder se vea más reflejado en su riqueza que en su mensaje. ¿Alguna vez se ha plateado abandonarla?

No, nunca. Yo creo que uno no abandona una familia porque el padre y la madre no actúen como deberían. La pertenencia a una familia a veces está por encima de cómo es el padre y de cómo es la madre. Estarás más o menos a disgusto, o apoyando, pero tu corazón está con esa familia que te ha visto crecer, ¿no? Pues de alguna forma la Iglesia es mi familia. Yo nunca he pensado en abandonar esta familia porque igual no funciona como yo creo. Eso sería como echar la toalla.

En cualquier institución, en cualquier grupo político, muchas veces la marcha del grupo no está en todos los miembros, sino que está en diez o quince personas que son las que inspiran y los que, a pesar de lo mal que pueda ir el grupo, creen y trabajan. Si esos quince que son los que lo tienen claro echan la toalla, ¿a dónde va el grupo? En la Iglesia siempre ha ocurrido eso, que cuando peor iban las cosas siempre ha habido individuos, como San Francisco de Asís, que han marcado una línea de servicio, una línea de orientación hacia el pobre.

Quizá podría pensarse que esa línea de la que usted habla no se corresponde con lo que, a simple vista, parece representar la Iglesia como institución. Es decir, tal vez algunas de las acciones llevabas a cabo por la Iglesia no se corresponden con lo que dicta la fe. Y en este sentido, tal vez en la Iglesia también haya una alternativa.

Es que tiene que haber. No es una alternativa, yo creo que tendría que ser “la” alternativa. Pero vivimos al margen de ella. Porque Jesús -nuestro jefe, vamos- se encarnó en el pobre. La presencia más objetiva de Dios en el mundo es el pobre. El pobre tendría que dirigir la Iglesia, y sin embargo en la Iglesia el pobre no tiene un puesto a no ser que sea para recibir caridades. Para mí la Iglesia ha tomado un ritmo que se adapta a la sociedad de consumo y creo que está al margen de la esencia del Evangelio. Pero no por ello voy a abandonarla.

El Papa Juan Pablo II decía que cuando una persona tiene hambre y en la Iglesia hay cosas supérfluas, habría que vender esas cosas en favor de la persona que tiene hambre. Esta es una afirmación completamente evangélica, pero en la práctica no se da. Mira cuánto oro hay en la Iglesia, que nada tiene que ver con la cruz de Jesús, y que no se vende a favor del pobre.

Hay dicotomías, pero ahí seguimos, dentro de esta familia intentando mejorar.

¿Qué ha aprendido, como sacerdote, de su experiencia en Tanzania y en Etiopía?

Yo no sabía lo que era ser sacerdote. Lo que yo soy como sacerdote lo he aprendido allí, me han llevado ellos de la mano. Es en tu trabajo, en el día a día, donde se materializa tu vocación. Yo no sé cómo hubiera sido sacerdote aquí. Sé cómo soy sacerdote allí, y te puedo asegurar que es la acogida de la gente, el cariño de la gente, la protección, incluso, que la gente me ha dado allí, lo que ha hecho que yo sea el sacerdote que soy. Se lo debo a ellos. Yo creo que esto es lo que llevo dentro.

¿Y como persona? ¿Qué ha cambiado dentro de usted después de 40 años cambiando la vida de tantas personas?

No es que haya cambiado, es que sigue cambiando. La vida no es monótona, la vida es que lo que el mañana me vaya a ofrecer va a hacer que yo sea mejor, va a purificar mi forma de actuar, va a cambiar mi visión del mundo.

La gente allí nunca se cansa de mirarte, de cuidarte, de sonreír. Esto es un proyecto para toda la vida. Yo espero que mi personalidad vaya creciendo en el ambiente que me está acogiendo allí. En cuestión de vocación y de personalidad creo que hay una finura en la forma de mirar, de coger una sonrisa, una mirada, de ver el entorno, de la alegría del crecimiento de un árbol… No es más de lo mismo, no es copiar y pegar, es un crecimiento diario. La vida no se acaba porque hayas llegado a una situación o a un estado. La vida no es mantener eso, la vida es proyección.

Ya te digo, aquí no sé cómo sería, pero en Wukro sé lo que soy y me apunto a seguir allí.

 

Anuncios

¿Son útiles las instituciones para las personas sin techo?

Gestión del sinhogarismo: alternativa libertaria

dsc_0235

Son cuatro los años que el Instituto Nacional de Estadística (INE) lleva sin actualizar los datos en relación con las personas sin hogar en España (en 2012 cifraba 22.398). A pesar de ello, asociaciones como RAIS Fundación y organismos como el Comité Europeo de las Regiones estiman que el número total de personas sin hogar se sitúa en torno a los 35.000 en España y los tres millones en Europa. Por su parte, activistas como Lagarder Danciu, constantes en el análisis de la situación de sinhogarismo a lo largo y ancho del Estado español, elevan la cifra nacional a 50.000 personas.

Desde el último estudio del INE, los datos numéricos de personas sin hogar no han hecho sino incrementarse. Además, según relata Alfonso Hernández, periodista especializado en el ámbito social y portavoz de RAIS Fundación, a partir de una campaña llamada “HomelessMeetUpValencia”, se ha encontrado que “cuanto más tiempo pasa una persona en la calle, más probable es que continúe en ella. En el caso de Valencia, un 35% de las personas permanecen, de media, en la calle más de 5 años, y un 15% más de 10 años”.

Según explica Patricia Benedicto, psicóloga clínica y maestra, las personas que se ven abocadas a esta situación de absoluta precariedad tienden a presentar “cuadros clínicos caracterizados por sentimientos de tristeza o vacío, pérdida de peso, fatiga, insomnio, sentimientos de culpa e inutilidad, indecisión y, en algunos casos, pensamientos recurrentes de muerte, inestabilidad, desmayos, opresión torácica, miedo”. Son síntomas que “se vienen manifestando desde que estas personas son conocedoras de su situación”, lo cual provoca que la ansiedad, por ejemplo, vaya en aumento.

Los niños tampoco están exentos de verse en estas tesituras  y, por consiguiente, de padecer los cuadros clínicos enumerados, ya que es algo que afecta a familias enteras. En este sentido, según relata Patricia Benedicto, “los programas de prevención de trastornos psicopatológicos en la infancia y la adolescencia son bastante escasos”, y aunque en situaciones tan estresantes es difícil evitar lo anterior, se puede “trabajar desde las escuelas y desde programas de acompañamiento”.

Es fundamental “contar con una extensa red social de apoyo”, tanto a nivel institucional como por parte del conjunto de la sociedad. Benedicto cree que una forma eficaz de revertir la parte “prejuiciosa” de la ciudadanía con respecto a las personas sin hogar puede ser el trabajo en la escuela, ya que entiende esta como “un espacio privilegiado para trabajar valores” como la empatía “y fomentar un estilo asertivo en los alumnos, caracterizado por el respeto a los demás y a uno mismo. Como podemos ver  escrito en la pared del centro de Jesús Abandonado  «si juzgas mi camino, te presto mis zapatos»”.

De esta manera, a través de lo que se entiende como una parcela de educación en valores en los centros educativos, se puede desarrollar una conciencia colectiva de asunción de las problemáticas sociales que se suceden y de respeto igualitario al resto de personas independientemente de su situación económica. Tal como relata Benedicto, “un estudio de la Universidad Complutense de Madrid afirma que el 46.7% de las personas sin hogar son felices. Quizás deberíamos plantearnos si no somos nosotros, las personas ajenas, las que tenemos miedo y no ellos”.

Centros de atención infrautilizados

Para paliar la incesante problemática de sinhogarismo, las instituciones ofrecen centros de atención a personas sin hogar y albergues con diferentes servicios básicos y –aunque no siempre- de orientación. En 2014, el total de centros ascendía a 619. La ocupación de los mismos nunca llega al 100% a pesar de la inferioridad del número de plazas con respecto al número de personas sin hogar.

centros-de-atencion-por-cc-aa-2014

Cabe preguntarse los motivos por los cuales ningún centro de este tipo consigue completar su aforo. En septiembre de 2015, el diario El Mundo mostraba que “solo 1 de cada 4 sin techo va a centros de atención”. El resto de personas decide “buscarse la vida fuera, en los metros, en los puentes, en los portales, en cualquier rincón”.

Un hombre, apodado “El Papi”, que ha vivido más de 22 años en las calles de Madrid, declaró en una entrevista concedida a eldiario.es que, si estuviera en su mano, “lo primero que haría sería acabar con los albergues, porque son como cárceles a régimen abierto”. También introdujo la idea de abrir espacios autogestionados donde ellos mismos pudieran organizarse “sin que hubiera detrás ninguna empresa con ánimo de lucro”. Muchas de las personas que han preferido ocupar las calles muestran su descontento con el trato recibido en dichos centros y con la inutilidad de los mismos a largo plazo.

La experiencia libertaria de La Esperanza

En este sentido, se podría enfocar la mirada hacia una extraordinaria experiencia autogestionaria que ha tenido lugar en Gran Canaria desde 2013: La Esperanza, considerada la mayor comunidad okupa de España. En ella viven 77 familias (alrededor de 250 personas). Se trata de “una experiencia libertaria llevada a cabo por gente no anarquista”. Esta iniciativa se desarrolló en un contexto “de precariedad social en Canarias”. El paro registrado alcanzaba el 35% y tuvieron lugar “más de 4.000 ejecuciones hipotecarias” durante ese año.

La Federación Anarquista de Gran Canaria (FAGC) planteó, entonces, el proyecto de ocupación de un edificio cuya construcción estaba inconclusa. Se unieron muchas familias, creando una comunidad en la que “el asamblearismo fue la principal forma de organización”, según cuenta Ruymán Rodríguez, portavoz de la FAGC. En La Esperanza viven con luz de obra, bidones de agua y aproximadamente un 30% de los vecinos se alimentan a partir de una huerta común. Entre todos los miembros de la comunidad gestionan el funcionamiento y la vida de la misma y son autosuficientes a partir del trabajo colectivo.

Comunidad “La Esperanza” / Fotos: cedidas por miembros de la comuna

 

Desde la Federación Anarquista de Gran Canaria, impulsora de esta comuna, explican la experiencia.

Cansadas de la inutilidad de los centros de atención, algunas voces han planteado que exista la posibilidad de habilitar espacios en los que las personas sin techo puedan autogestionar su situación. ¿Es una buena idea?

La autogestión pasa por ser hoy la única alternativa que ofrece garantías. El problema de los albergues es sólo que son parches temporales, y que sus ridículos requisitos y la propia estructura de la institución son diseñados para imposibilitar que las personas que sufren indigencia puedan encontrar soluciones reales a su situación. Y menos todavía que sean protagonistas de dichas soluciones. Por ahora, ni los subsidios ni las ONG’s han solucionado nada de forma duradera. En nuestra experiencia, sólo cuando las personas sin hogar se han organizado y han tomado inmuebles abandonados, han podido paliar su estado de desamparo.

En La Esperanza hubo algunos problemas de organización cuando la FAGC se retiró de allí para dejar que el proyecto se desarrollara autónomamente. Quizá debido a que en la sociedad, en términos generales, no existe costumbre de asamblearismo y la organización de grupos de trabajo se torna difícil. ¿Cuáles son los pros y los contras de la autogestión?

Lo ocurrido en La Esperanza es parte de un proceso de aprendizaje, de ensayo y error. La FAGC intervino a petición de los vecinos, pero quizás hubieran llegado a las mismas conclusiones sin nuestra influencia. Probaron un modelo de delegación, presidencialista, y no les convenció. Actualmente se autogestionan solos al 100%.

Los pros de la autogestión son evidentes: permite al afectado intervenir en sus problemas de forma directa y hallar la solución que más se ajuste a sus necesidades. No solo reporta, a niveles psicológicos, responsabilidad, dignidad y autoestima; a nivel social y económico es mucho más funcional y resolutivo. ¿Esperar un subsidio que no llega cuando puedes ocupar un pedazo de tierra, plantar y alimentarte? ¿Aguardar por una vivienda de protección oficial que no vas a poder pagar cuando hay más de 135.000 casas vacías en Canarias? La autogestión es más eficiente.

Los contras: tomar decisiones por uno mismo, cuando se nos enseña desde la infancia a delegar, no es sencillo. Si algo se rompe, si surge algún problema, no hay estancias superiores a las que recurrir; es la comunidad, con sus límites, la que tiene que usar su saber y fuerza para resolver los problemas. Puede que vivir así implique un coste: la necesidad permanente de autocapacitarse. Pero vivir dignamente lo merece.

Aunque suene contradictorio, ¿hay algo que puedan hacer las instituciones para hacer que iniciativas de este cariz sean de más fácil desarrollo? ¿Es posible un proyecto mixto autogestión-institución?

Un “proyecto mixto” nunca sería realmente autónomo. La autonomía implica independencia de las instituciones. No es un concepto ideológico, sino de sentido común. Quien paga manda. Si una institución interviniera, el espacio para la autogestión sería mínimo, estaría encorsetado.

Las instituciones, en nuestra experiencia, sólo han entorpecido este tipo de proyectos. Para que pudieran hacer algo tendrían que cuestionarse principios como el de propiedad privada, competencia, capitalismo, y primar otros como el de derecho al techo, a la autonomía y a la propia vida por encima de cuestiones monetarias. Y los poderes públicos no están por la labor.

Podrían quitar las viviendas que “regalaron” a los fondos buitres, acabar con las gestoras privadas de vivienda pública, garantizar suministro eléctrico y acuífero a la población por debajo del umbral de la pobreza, entregar viviendas públicas con las que especulan a indigentes y desahuciados. Es algo que está en su mano, pero no lo hacen ni lo piensan hacer.

Por lo tanto, ¿cómo podrían ayudar? No estorbando.

¿Qué podemos aprender de La Esperanza?

Una lección de capacidad: sobre el potencial organizativo de los que han sido excluidos de la vida social y política; sobre la fuerza de las mujeres como dinamizadoras, sobre la plasticidad de los niños; sobre el talento desaprovechado de todo un sector de la población arrojado a la indigencia después de años construyendo mil estructuras con sus propias manos. Podemos aprender lo difícil que es asomarse a la autogestión sin sentir vértigo, lo duro que es romper con dependencias y subordinaciones, lo complicado de tener tu vida en tus manos sin tomar decisiones contraproducentes que saboteen tu propio proyecto.

 

“No puedes no conocer a The Beatles”

Hay voces que gritan -porque no queda otra- que la invasión y el expolio de América fue el acto de inauguración oficial del capitalismo más salvaje. Luis Nitrihual recordaba hace unos días, en el contexto de una conferencia sobre la estructura de medios en América Latina, que la llegada de la modernidad y el progreso al continente llevó consigo poco menos que un “desarrollo frustrado del capitalismo” que comentaba antes, pues en lugar de permitir el desarrollo de una industria propia e independiente a los pueblos latinoamericanos, se apostó por la extracción abusiva de materias primas mediante la explotación de las tierras para una posterior producción de bienes en Europa. Dejando así, a estos, en la más absoluta situación de indefensión y dependencia económica. Es la enésima muestra de un ejercicio de desvergüenza en la historia de la humanidad.

Así contado, en un cutrísimo párrafo de ciento treinta y nueve palabras, suena frívolo y casi pueril. Y es una lástima, pero no tenemos la culpa de ser vividos –que no vivir- en la era del neofascismo democratizado cuyas ciudadanías crecen, se reproducen y mueren –convencidas de la idoneidad del mismo- desprovistas de cualquier fórmula de empoderamiento y control de la propia vida. Tampoco tenemos culpa de tener el discurso limitado a trescientas palabras en las que, además de contar todo lo que se sucede en su mundo, tenemos que demostrar que hemos leído Territorio Comanche del muy español y mucho español Pérez Reverte, que las mesas de nuestras casas están bien calzadas con Los pilares de la Tierra,  que tenemos una opinión formada sobre la cobra de Bisbal a Chenoa y que nos gustan The Beatles. No vaya a ser que en la esfera pública se empiece a leer a Bakunin.

¿O sí?

 

 

¿Para qué país informa El País?

El 7 de mayo de 2014, El País titulaba en portada: “El bipartidismo recupera vigor ante las elecciones europeas”. Craso error.

bipartidismo-vigor

19 días más tarde se veía obligado a modificar sus palabras ante la inesperada irrupción de PODEMOS en el Parlamento Europeo con 5 escaños. Como dijo Nacho Escolar en el contexto de una conferencia en la Universidad de Castilla-La Mancha hace algunas semanas, en las últimas elecciones europeas los medios de comunicación no vieron –o no quisieron ver- lo que estaba pasando. Ellos titulaban una cosa, y en la calle sucedía otra. Ellos abogaban por la continuidad del sistema de partidos vigente entonces y, entretanto, la gente votaba diferente en las urnas.

irrumpe-podemos

Cinco escaños en Europa, varios de los principales ayuntamientos españoles como Madrid y Barcelona en manos de candidaturas de unidad popular, y 71 diputados en el Congreso después, El País parecía haberse dado cuenta de la realidad que no alcanzaban a ver con claridad (aunque su respuesta ante tal evidencia no ha sido sino una ferviente apuesta por ser trampolín de ese hegemónico discurso que ya no se sostiene).

Hoy, El País vuelve a titular parecido a 2014 tras el acuerdo sobre el salario mínimo interprofesional por parte de PP y PSOE: “PP y PSOE vuelven a dominar la acción política”. Aunque, todo hay que decirlo, esta vez el tamaño de letra es bastante más pequeño. Ello puede ser síntoma de que el titular no es más que otra falacia añadida a la larga lista de mentiras que profesan estos medios de desinformación.

pp-y-psoe-vuelven-a-dominar

Los hechos han sido otros: Unidxs Podemos llevó al Congreso una Proposición de Ley para subir el salario mínimo a 800€ el primer año y llegar a los 950€ al final de la legislatura, sin posibilidad de bajar en ningún caso. Se aprobó la toma en consideración de la misma con los votos a favor del PSOE y la abstención de Ciudadanos. Fue entonces cuando el PSOE regaló otro poco más de soberbia al PP pactando con este la “bajada de la subida” del SMI, en resumen, en vez de a 800€, se subirá a 707€ y además habrá pacto con los presupuestos (PGE).

A continuación, el PSOE presume de haber presionado al PP y haber conseguido, así, una subida del salario mínimo y El País, junto con otros medios, muestran en sus páginas algo así como que el bipartidismo es el que realmente trabaja en el Congreso y hace cosas por mejorar “la vida de los españoles” mucho españoles y muy españoles.

Ñeh. No termina de convencer. Como digo, hoy El País vuelve equivocarse en sus informaciones, pero con una diferencia notoria: esta vez no le será necesario rectificar porque, a estas alturas, poca gente cree en el relato de la realidad que este ofrece.