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Por situarnos un poco: En el siglo XIX lo que había era periodismo de partido puro y duro. Un periodismo que estaba concebido como una herramienta de propaganda de un determinado partido político más que como un órgano a través de cual informar verazmente a los lectores y las lectoras. El periodista, entonces, no era sino un militante que vivía más de la política que de su trabajo periodístico. Esto fue así hasta que, ya en el siglo XX, empezaron a aflorar empresas cuyo ámbito de actuación o desarrollo iba a ser el de la comunicación. Este nuevo modelo de periodismo como negocio, que se ha dilatado hasta nuestros días, tenía como fin último la producción de beneficios económicos y la influencia política de manera teóricamente indirecta. Además, de esta forma el periodista ya pasa a vivir de la profesión, profesionalizada esta (valga la redundancia).

¿Qué ocurre hoy? Se habla de crisis de financiación de los medios, de crisis de pluralismo, de crisis de dependencia, de crisis ético-deontológica. Y dichos aspectos son dignos de ser debatidos profundamente. Pero, ¿y si estamos asistiendo, además, a una nueva transformación del modelo de periodismo que viaja más bien atrás en el tiempo? Cabría preguntarse si, al menos en España, el periodismo de empresa –dentro de las características  fijas que lo definían originalmente- está en parcial retroceso. Se teoriza pesando en la falta de pluralismo sin advertir que, tal vez, el periodismo plural nunca haya existido, no tenga ahora cabida o, para más inri, no sea factible ni en términos teóricos ni en términos prácticos. Y también se agoniza buscando la manera de alcanzar el ideal de objetividad en los medios informativos, lo cual parece sencillamente imposible.

Pensemos en la realidad actual de los medios de comunicación: Se trata de empresas dedicadas al mundo de la información que, por su condición de empresas anhelantes de beneficios millonarios, establecen una serie de confluencias e intereses empresariales y políticas que acaban por determinar las líneas editoriales de los mismos y, en última instancia, la senda del bolígrafo del periodista que redacta las piezas informativas. Eso, a nivel general. Por otra parte, en España puede realizarse una clasificación ideológica e incluso partidista de los medios de manera alarmantemente fácil. Entonces, ¿no es esto una especie de “periodismo empresarial de partido”? Se ha establecido la dinámica empresarial a un ejercicio periodístico potencialmente partidista. Es un híbrido entre los dos modelos anteriores.

Hace unos días, veintidós medios de comunicación críticos alternativos acordaron el inicio de un ejercicio periodístico cooperativo. Veintidós medios, ni más ni menos. ¿Crisis de pluralismo? No tiene por qué. Más bien, necesidad de reinventar el periodismo crítico, el periodismo que exige rendición de cuentas al poder, el periodismo como “guardián de la democracia”. Pero, ¿está ese ideal de periodismo exento de sesgos ideológicos? Tal cosa parece no existir, como ya se ha visto.  Esta veintena de medios de comunicación, entre los que se encuentran Diagonal, La Marea y/o Píkara Magazín, son medios cuyo ejercicio profesional parece estar en consonancia –con obvias transformaciones diferenciadoras- con aquel periodismo del siglo XIX en que el periodista era militante de un determinado partido político. Hoy no se hace de forma directa, pero en las publicaciones citadas se puede observar la adhesión a unos determinados valores comunes, fundamentalmente progresistas en este caso, que establecen una línea editorial clara a pesar de que no se encuentre una comunión concreta con ningún partido a lo largo de sus páginas o trabajos.

Es una posibilidad que parte de la crisis actual de los medios de comunicación tenga que ver con el hecho de no saberse parte de ningún tipo de periodismo. Esto es, con pasar por alto que, tal vez, uno de los aspectos que hacen perder credibilidad a los medios no es sino la no asunción de que el periodismo en profundidad, el periodismo de investigación, el periodismo comprometido, el periodismo crítico, el periodismo que parece faltar pero que en realidad existe –solo hay que buscar-, es un periodismo militante, un periodismo que no puede ser imparcial, que no puede concebirse como una fábrica imparable de datos noticiosos.

¿Es también una crisis de auto-reconocimiento?

 

 

[Foto: fascinanteprensaescrita.blogspot.com]