Archivos Mensuales: noviembre 2016

Vísteme despacio que tengo PRISA

Una vez más, un medio de gran tirada vuelve a actuar en fomento de su propia pérdida de credibilidad. El mismo día que se conoce que, finalmente, el partido de Albert Rivera tiene que indemnizar a su exjefa de prensa por acoso laboral, a Cebrián se le ocurre que cortar la frase de una declaración de Pablo Iglesias por donde convenga para hacer creer poco menos que el líder de Podemos está en contra de que las mujeres estén presentes en la vida política, es una buena idea. Qué jugada, maestro. Craso error.

Sin duda alguna ha dado frutos, pero a la inversa de como estaba previsto. Desde un tiempo a esta parte, la gente ha aprendido que hay que vestirse despacio cuando se tiene PRISA, porque luego pasa lo que pasa. Y ya se empieza a estar muy por encima de cualquier estrategia de manipulación. Con el hagstag #CortaPegaConPRISA ha advertido el intento de tergiversación de la cadena SER. Parece que algunos medios encuentran utilidad en Twitter cuando se trata de encontrar fuentes -las que sean y como sean- para lanzar noticias por doquier, pero no alcanzan a sortear la contra-utilidad de esta misma red social de manos de las lectoras, espectadoras, oyentes, cada día -y por suerte- más críticas.

De todas es sabido que la censura, como tal, no existe en España, pero que sí están activos diversos mecanismos -casi imperceptibles- que propician la autocensura o el acato de según que prácticas por parte de quien finalmente sostiene el bolígrafo. ¿Es lamentable? Bueno, claro, pero más lamentable es –reitero lo dicho en columnas anteriores- querer encontrar periodismo “en medios de comunicación cuya situación de dependencia económica les impide hacer tal cosa”.

[Foto: Wikimedia Commons]

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Estudiantes en lucha: rompiendo los muros de la violencia institucional

Este miércoles, estudiantes de varias facultades de la Universidad de Castilla-La Mancha escenificamos, en forma de encerrona en una de ellas, nuestra protesta contra los recortes en Educación del Partido Popular, contra el Real Decreto 310/2016 (que regula las evaluaciones de ESO y Bachillerato, esto es, establece las nuevas reválidas), contra la Ley Orgánica 8/2013, de 9 de diciembre, para la mejora de la calidad educativa (LOMCE) y contra el Real Decreto 43/2015 (más conocido como ‘3+2’), ya que consideramos, como la mayor parte de la comunidad educativa, que dichos movimientos legislativos atentan gravemente contra lo que entendemos por una Educación pública, gratuita, laica y de calidad.

Eran poco más de las ocho de la tarde cuando entramos al edificio que habitaríamos durante la noche y hacía frío. Fue un alivio encontrar la calefacción puesta, o recientemente desconectada. El aula conservaba una temperatura agradable. Las ganas de debatir por parte de algunos estaban menos calientes, todo sea dicho. O así lo supe percibir yo.  Aunque pasada la primera toma de contacto, ello cambió notablemente.

Abarrotamos las paredes con pancartas, pusimos música respetando los diversos gustos, comimos algo y empezamos a crear. Un trozo de papel blanco cubría la pizarra y, allí, algunas decenas de manos plasmaron, mediante dibujos y mensajes con diferentes tipografías, las demandas y necesidades, para sus mentes, vitales.

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Cerca de las diez y media de la noche, las primeras conversaciones entre algunas y algunos de los que entonces éramos desconocidos y unos cuantos acordes de guitarra pisaban levemente la música que salía de los altavoces.

Así terminamos traduciendo nuestras cualidades intelectuales, nuestras perspectivas, nuestras reivindicaciones sociales y educativas y nuestra rabia con lo que consideramos un indudable ejercicio de violencia del Estado hacia las clases trabajadoras (la mayoría social), en una asamblea en la que todas y todos pudimos contraponer ideas, aprender del resto y crear unidad y fuerza estudiantil.

Los derechos no caen como la lluvia, crecen como la hierba ni permanencen guardados a buen recaudo en ningún cajón. Hay que defenderlos y lucharlos cada día por conseguirlos y por no perderlos de nuevo, recordando siempre los valles de sudor, sangre y lágrimas que se derramaron. Y el respeto a la ciudadanía por parte de los poderes del Estado tampoco surge de la buena voluntad de nadie que los ostente. Como dirían Los Chikos del Maíz, “es necesario que el pueblo resista”, y para ello estuvimos ayer en ese aula, y por ello continuaremos llenando las calles por cada agresión – cuya mayoría de veces no es física, aunque también – de los de arriba hacia las de abajo.

Buscando periodismo donde no lo hay

¿Todos los medios han perdido credibilidad, u otorgamos la responsabilidad de tenerla a los medios equivocados? ¿Por qué insistimos en que ABC, El País, El Mundo, Antena 3, La Sexta, la cadena SER, y un largo etcétera tienen que ser los medios de referencia, y nos quejamos cada vez que no nos reconocemos en ellos? ¿Qué nos hace seguir manteniendo la aplicación de la SER en el móvil, seguir interrumpiendo nuestras comidas porque “empieza el Telediario” o continuar acompañando el café del desayuno con un periódico que no nos dice nada entre las manos?

Cabe recordar, además, que comunicación no es sinónimo de periodismo. El entretenimiento está bien, pero no es periodismo, es otra cosa. La banalización de los debates políticos y la espectacularización de la información, está bien, pero no es periodismo, es otra cosa. La cobertura y divulgación de los aspectos más morbosos de un suceso está bien –bueno, eso es discutible ciertamente-, pero no es periodismo, es otra cosa. Los constantes e incesantes flashes informativos en forma de tweets están bien, pero no es periodismo, es otra cosa. El copia y pega de declaraciones oficiales o de notas de prensa está bien, pero no es periodismo, es otra cosa. En definitiva, la comunicación, sea en el formato que sea, está bien, pero no es periodismo, es otra cosa.

Pascual Serrano, seguramente, diría que esa otra cosa es “una mierda”. Yo más optimista soy y prefiero entenderlo como una manera de entretener y de amenizar los aspectos duros de la realidad social y política de forma dinámica, en constante proceso de ‘novedosidad’. Permítanme la invención de la palabra. Como unos legítimos procesos de creación más artística que periodística en unos espacios y tiempos generosos para con la difusión y aceptación de los mismos.

No se trata de desacreditar los trabajos de cuantos se dedican al mundo de la comunicación y de la información, sino sencillamente de llamar a las cosas por su nombre, o mejor dicho –ya que a mí no me gustan las etiquetas-, de no llamar a las cosas por un nombre que definitivamente no les corresponde.

El hecho de que a casi todo lo que sale en la televisión, a casi todo lo que aparece en la prensa, a casi todo lo que suena por radio y a casi todo lo que nos ofrecen las redes sociales, queramos llamarlo Periodismo es uno de los motivos por los que este está siendo objeto de desaprobación y víctima de esa pérdida de credibilidad que los periodistas asumen como una lacra o inconveniencia que hay que paliar lo más rápidamente posible.

Sería infinitamente más útil dejar de buscar periodismo de calidad en aquellos medios de comunicación cuyas situaciones de dependencia económica les impiden hacer tal cosa. Las publicaciones alternativas tendrán, algún día, el lugar de prestigio que merecen.

[Foto: Pixabay]

Crisis del periodismo: ¿Volvemos al siglo XIX?

Por situarnos un poco: En el siglo XIX lo que había era periodismo de partido puro y duro. Un periodismo que estaba concebido como una herramienta de propaganda de un determinado partido político más que como un órgano a través de cual informar verazmente a los lectores y las lectoras. El periodista, entonces, no era sino un militante que vivía más de la política que de su trabajo periodístico. Esto fue así hasta que, ya en el siglo XX, empezaron a aflorar empresas cuyo ámbito de actuación o desarrollo iba a ser el de la comunicación. Este nuevo modelo de periodismo como negocio, que se ha dilatado hasta nuestros días, tenía como fin último la producción de beneficios económicos y la influencia política de manera teóricamente indirecta. Además, de esta forma el periodista ya pasa a vivir de la profesión, profesionalizada esta (valga la redundancia).

¿Qué ocurre hoy? Se habla de crisis de financiación de los medios, de crisis de pluralismo, de crisis de dependencia, de crisis ético-deontológica. Y dichos aspectos son dignos de ser debatidos profundamente. Pero, ¿y si estamos asistiendo, además, a una nueva transformación del modelo de periodismo que viaja más bien atrás en el tiempo? Cabría preguntarse si, al menos en España, el periodismo de empresa –dentro de las características  fijas que lo definían originalmente- está en parcial retroceso. Se teoriza pesando en la falta de pluralismo sin advertir que, tal vez, el periodismo plural nunca haya existido, no tenga ahora cabida o, para más inri, no sea factible ni en términos teóricos ni en términos prácticos. Y también se agoniza buscando la manera de alcanzar el ideal de objetividad en los medios informativos, lo cual parece sencillamente imposible.

Pensemos en la realidad actual de los medios de comunicación: Se trata de empresas dedicadas al mundo de la información que, por su condición de empresas anhelantes de beneficios millonarios, establecen una serie de confluencias e intereses empresariales y políticas que acaban por determinar las líneas editoriales de los mismos y, en última instancia, la senda del bolígrafo del periodista que redacta las piezas informativas. Eso, a nivel general. Por otra parte, en España puede realizarse una clasificación ideológica e incluso partidista de los medios de manera alarmantemente fácil. Entonces, ¿no es esto una especie de “periodismo empresarial de partido”? Se ha establecido la dinámica empresarial a un ejercicio periodístico potencialmente partidista. Es un híbrido entre los dos modelos anteriores.

Hace unos días, veintidós medios de comunicación críticos alternativos acordaron el inicio de un ejercicio periodístico cooperativo. Veintidós medios, ni más ni menos. ¿Crisis de pluralismo? No tiene por qué. Más bien, necesidad de reinventar el periodismo crítico, el periodismo que exige rendición de cuentas al poder, el periodismo como “guardián de la democracia”. Pero, ¿está ese ideal de periodismo exento de sesgos ideológicos? Tal cosa parece no existir, como ya se ha visto.  Esta veintena de medios de comunicación, entre los que se encuentran Diagonal, La Marea y/o Píkara Magazín, son medios cuyo ejercicio profesional parece estar en consonancia –con obvias transformaciones diferenciadoras- con aquel periodismo del siglo XIX en que el periodista era militante de un determinado partido político. Hoy no se hace de forma directa, pero en las publicaciones citadas se puede observar la adhesión a unos determinados valores comunes, fundamentalmente progresistas en este caso, que establecen una línea editorial clara a pesar de que no se encuentre una comunión concreta con ningún partido a lo largo de sus páginas o trabajos.

Es una posibilidad que parte de la crisis actual de los medios de comunicación tenga que ver con el hecho de no saberse parte de ningún tipo de periodismo. Esto es, con pasar por alto que, tal vez, uno de los aspectos que hacen perder credibilidad a los medios no es sino la no asunción de que el periodismo en profundidad, el periodismo de investigación, el periodismo comprometido, el periodismo crítico, el periodismo que parece faltar pero que en realidad existe –solo hay que buscar-, es un periodismo militante, un periodismo que no puede ser imparcial, que no puede concebirse como una fábrica imparable de datos noticiosos.

¿Es también una crisis de auto-reconocimiento?

 

 

[Foto: fascinanteprensaescrita.blogspot.com]