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¿Para qué tanto faro con luz apagada? ¿Para qué tanto espacio vacío de vida? ¿Para qué tanto cielo cubierto de ojos que no pueden mirar? ¿Para qué tanto ladrillo que a nadie abriga? ¿Para qué tanto ornamento si el valle es de lágrimas? ¿Para qué tanta seguridad que a nadie protege? ¿Para qué tantos muros? ¿Para qué tantas balas disparadas por la paz? La belleza es más la brisa que el espacio, el hambre no se sacia con cemento, las almas no se pueden emparedar y la voz no la calla la mordaza.

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Qué vértigo observar a tantos tratando de hacer equilibrio allí arriba. Qué estúpido penar por encontrarse abajo, siendo cimiento. Qué necesario seguir caminando para que no haya cimas ni miserias, para que los ‘todos’ saboreen el barro de los ‘nadies’. Qué utopía y qué ineludible.

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Aquello que no vemos, pues tenemos la mirada emborronada con mentiras, es vereda hecha a gritos de lucha. La libertad queda lejos, pero sólo hay que saber enfocar los esfuerzos. Solemos quedarnos atados a la señal que indica que es correcta la senda que nunca emprendemos. Si unimos las manos en lugar de encadenar las pisadas, Dignidad estará cerca, justo al saltar la valla del miedo.

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A veces la Luna -que entra, que sale, que vive, que duerme, que crece, que mengua, que llora, que surge, que observa- nos mira confusa. A veces la Luna enmudece. Con gritos nublados nos cuenta lo mierdas que somos, la enorme miseria que estamos creando, los buenos valores que estamos perdiendo. Peor, los muchos que nunca adquirimos, lo cobardes que son los ojos vendados. Nos tilda de ruines y no pierde razones, advierte que el fin justifica los miedos, que los medios solo oprimen, asesinan, amargan al pueblo. La Luna comprende que, aun siendo una sola, la lucha no acaba. Que hay miles de puños tocando las puertas del cielo.

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Muy pocas veces lo vemos, aunque siempre está vivo. Detrás de ese nudo de polvo, de humo, egoísmo, oscuridad, desvergüenza y cinismo hay todo un mundo creando luz propia. Aquello que pretenden que pensemos que es fuego, es hoguera que da calor, ternura y aliento a la agotada esperanza social. Quedan océanos de tiempo para poder mirarte a los ojos, Justicia, pero alzando la voz abriremos la grieta de la sinrazón para construir con amor el poder de los pueblos.