Archivos Mensuales: mayo 2016

“Nuestra pasividad no solo es la fuerza del enemigo, es una actitud suicida”

No todo Exsecretario General de un sindicato puede decir que vuelve a ser un mero militante. José Pascual Rubio Cano, después de ocupar el máximo lugar de representación de CGT Murcia, sigue en sus filas sin ocupar ningún cargo diferenciado, sin más responsabilidad que la que tiene con su propia persona y con la sociedad como activista.

Si le preguntas por qué nunca ha intentado disputar un puesto de más responsabilidad dentro de la organización, o por qué no ha apostado por participar en proyectos más grandes, te responderá que, para él, lo que hace cada día en las calles de su pequeña ciudad de residencia, ya es muy grande. Te dirá que formar a los trabajadores poco a poco y conseguir que estos tomen el poder de su vida dándoles a conocer sus derechos laborales y sociales, es más importante y determinante a largo plazo que mover masas de personas sin que estas dejen de ser eso, una masa.

Foto entrevistado JP.png

Imagen cedida por José Pascual

Él lo tiene claro: anarcosindicalismo, autogestión, acción directa. “Poner en el centro del problema a las personas que están afectadas por el mismo problema”, “participación directa de las personas afectadas en la resolución de los conflictos que afectan a dichas personas, sin intermediación de terceros”.

Para Rubio, la CGT “supone un compromiso, y una manera de hacer las cosas” cuyos principios son la honradez, la sencillez y la participación. Contempla otros estilos de vida, otras formas de vivir, aunque confiesa que a veces cuesta, pues entiende que “el Sistema te intenta sacar de esa manera de vivir”. Observa el Sistema como una amenaza, no solo en el ámbito laboral, sino en todos los sentidos, y lo explica así: “La misma multinacional es la que te exprime laboralmente, la que contamina el medio ambiente, la que reprime a pueblos indígenas en otros lugares, la que te está envenenando con la alimentación y la que te está envenenando con los medicamentos que te vende, también, para quitarte los males que te produce esa alimentación que te genera. Es todo un paquete”.

Lo que CGT pretende, ante todo, es conseguir que sean los propios protagonistas de un determinado conflicto laboral o social los capaces de enfrentarse a ese problema y dar la cara, en lugar de encargarse de tutelar la resolución del mismo. Ello, a través de la formación, de la traducción del lenguaje jurídico a un formato más sencillo y comprensible para todos y todas, con el fin de que todo trabajador y/o ciudadano pueda responder a tiempo ante las dificultades o injusticias que se le presenten. “El trabajo más laborioso es crear el clima para que esa persona pierda el miedo y pueda saltar”.

Además, José Pascual Rubio reivindica la necesidad de que cada persona sea protagonista de su problema, “que no vaya un Pablo Iglesias, entre comillas, a ser el portavoz de los Afectados por la Hipoteca, a ser el portavoz de no sé cuánto”. Que “la persona que se está partiendo la cara, la que está sufriendo esa injusticia”, sea la protagonista de su lucha.

“Los derechos que tenemos son fruto de unas luchas, y tenemos el derecho de disfrutarlos y la obligación de defenderlos”

Hacia el ecuador de la entrevista, José Pascual Rubio reflexiona sobre la importancia que tiene observar la desigualdad que hay entre empresarios y trabajadores, y advierte que “las generaciones que vienen detrás [de la suya], se van a encontrar con una situación laboral y social peor [que la que ha recibido]”, pues, según él, hay mucha gente que no comprende que los derechos no los hace posibles un determinado partido, sino las luchas de la ciudadanía. “El factor determinante es que hay hombres y mujeres que han dejado la vida en eso. Unos han dejado la vida literalmente. Que los han matado”.

Y hace hincapié en que los derechos no son propiedad de nadie, y que se tiene el derecho –valga la redundancia- de disfrutarlos, pero también “la obligación de defenderlos”.

Sobre la visión que gran parte de la sociedad parece tener sobre el anarquismo –violencia, radicalismo-, se pronuncia con contundencia: “Normalmente es el Estado el que nos acusa de violentos y de desorden. ¿Cómo es posible que nos esté acusando de desorden una instancia que es la propia generadora de ese desorden? ¿Hay algo que desordene más que lo que se está viviendo día a día? ¿A ti, hay algo que te pueda desordenar más tu vida que te echen de tu casa?”. Y cree que, además, esa percepción violenta y de desorden que se tiene sobre el libertarismo es provocada “por los poderes económicos y políticos”, en cuyo fomento colaboran directamente los medios de comunicación.

Lo que se defiende desde la CGT es la democracia directa, lo cual conlleva un alto nivel de participación ciudadana, que, a su vez, necesita de un espacio de tiempo mucho más pausado que los ritmos que marcan las agendas políticas de los partidos. Observa Rubio a partidos como Podemos “encasillados”, pues, según explica, “tú en esos ritmos no puedes funcionar como estás diciendo que quieres funcionar. No puedes funcionar democráticamente si tienes que estar compareciendo ante los medios cada 20 minutos”.

Reivindica la necesidad de que haya mucha más participación, pero lamenta que “todo está montado, en definitiva, para que eso no se produzca”.

Desobediencia es una palabra que suena varias veces durante la entrevista. Rubio opina que “para realizar una transformación social –transformación, no renovación-, hay que hacer un ejercicio colectivo de desobediencia”. Y recordó el caso de Grecia, donde la población, por medio de un referéndum, dijo “no” al pago de la deuda, en otras palabras, dijo “sí” a la desobediencia, y su presidente del Gobierno se vio, finalmente, obligado a claudicar ante la Unión Europea.

Apostilla, a partir del ejemplo, que la desobediencia hay que organizarla, hay que emplear recursos en ello, en  “que la gente diga «hasta aquí hemos llegado», que la gente esté dispuesta a desobedecer, que la gente esté dispuesta a decir: «huelga general de dos semanas»”.

Reinventar el sindicalismo

El sindicalismo no está pasando por sus mejores momentos. La imagen viciada de algunos sindicatos mayoritarios –como consecuencia de algunas acciones llevadas a cabo- ha frustrado, de alguna manera, la pureza de la lucha obrera en las calles. Como dice el exsecretario general de CGT Murcia, “antes, el sindicalismo estaba vivo en las fábricas”, ahora no se tiene tanto esa apreciación.

Y al hilo de ello, afirma que uno de los mimbres básicos que han perdido algunos sindicatos –refiriéndose a los mayoritarios- es “el asamblearismo en las fábricas y en los centros de trabajo”. Y a ello se ha llegado, según él, porque “igual que hay una casta política, existe también una casta sindical”. No duda en referirse a UGT y CC.OO., no como cómplices, sino como parte del problema, como responsables de la situación laboral y social que vive el país actualmente, pues, según interpreta, “ellos tuvieron que llegar a un acuerdo con el poder político, que es el que usa el poder económico para gestionarnos, y acordaron la paz social. La paz social implica desmovilizar, que no haya conflictos. Y tú para que no haya conflictos no tienes que tener a sindicalistas en las empresas, tienes que tener personas que no se cuestionen nada. Te tienes que cargar el asamblearismo, te tienes que cargar la participación”.

¿Se pueden recuperar los valores perdidos? Él responderá que “no es cuestión de creer, es cuestión de necesidad”, pues “nuestra pasividad no solo es la fuerza del enemigo, es una actitud suicida”. Y ejemplifica con un detalle llamativo: “¿Tú puedes comer tomates si no plantas tomates? De ninguna manera”.

No se despide sin antes denunciar que “la represión es el lenguaje que utiliza el poder” para hacer ver a la población “quién manda”. “Si no lo entiendes, te hincho a palos. Y esa represión te la llevo hasta el infinito. Porque te hincho a palos, te llevo a juicio y te meto siete años de cárcel. Y, si sigues, te meto en aislamiento en régimen FIES. Y, si sigues, te torturo y te anulo como persona, y te hincho a fármacos dentro de la cárcel. Y, si sigues, te suicidas. Es así”.

Con esas duras palabras manifiesta su repulsa a la coacción, a la opresión y al poder violento que ejercen los poderes del Estado, recordando algunos casos concretos que se han dado y se dan en la realidad político-social.

Hablábamos de la sociedad, y lamentaba una actitud que cree bastante generalizada con un ejemplo: “La gente entra a un cajero y alguien que no tiene dónde caerse muerto le apunta con una navaja y le quita 30 euros, y monta un pollo de la hostia. Y su jefe le está quitando 300 pavos todos los meses y está callado”. Hacen falta más espacios de “participación real”, apuntó.

¿La España de sus sueños? “No sería España”.

 

 

 

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No hay más tiempo, 40 años bastan

Entro en El Confidencial Saharaui y leo un titular: “El Sáhara Occidental se prepara para la guerra”. Y su correspondiente desarrollo. “El pueblo saharaui está dispuesto a reanudar la lucha armada si Marruecos continúa su intransigencia”, relata la autora del artículo. Y a mí se me abren los ojos como platos, claro, aunque al instante comprendo.

En abril de 2015, el Consejo de Seguridad de la ONU certificó la resolución de prorrogar hasta abril de este año la Misión de las Naciones Unidas para el Referéndum en el Sáhara Occidental (MINURSO). Se aprobó, para ello, un presupuesto con una dotación económica de  $53.190.000 (casi 50 millones de euros), que prevé personal militar, personal civil, transportes varios, viajes oficiales, suministros, infraestructura, gastos médicos, tecnología, etc. Pero, ¿para qué?

¿Para qué? Están agotados.

Lo irritante no es que todavía hoy estén arrastrando el desastre causado por las lluvias torrenciales que sufrieron los campamentos a finales del año pasado, ni la terrible muerte de una niña saharaui hace tres días por la explosión de una mina, ni la incansable lucha de los presos saharauis que recientemente protagonizaron una huelga de hambre que costó la vida a uno de ellos. No es la agresión de la policía marroquí a un estudiante saharaui en una manifestación en Smara el mes pasado, ni la carga policial de ese mismo cuerpo a una mujer en El Aaiún. No es nada de eso.

Va más allá de los desesperanzadores acontecimientos que se han ido y se van sucediendo a corto plazo en torno al conflicto. Lo exasperante de todo es que son 40 los años que hace que al pueblo saharaui le fue arrebatada tanto la vida material como los derechos, la libertad y la dignidad como seres humanos. Cuatro décadas que representan el grueso de una vida entera lastrada por una situación de encierro físico y espiritual, y el desarrollo de varios peldaños generacionales condenados al abismo de una lucha interminable por la justa independencia. 480 meses de limitaciones materiales, económicas, educativas, médicas, jurídicas. 14.600 días de represión, de carencias, de amaneceres gobernados por la metralla y la tiranía.

No es de extrañar que el pueblo saharaui acabe volviéndose a levantar contra Marruecos. No es de extrañar porque no son sino refugiados permanentes viviendo a la sombra de la ocupación, la coacción, la imposición, la violencia física, psicológica y  moral. Y a la exposición del sol, por descontado, que derrite por momentos la esperanza de que se haga justicia.

Pero, a pesar de ello, es necesario evitar la guerra, porque el resultado de esta sería todavía peor, sin duda alguna. Y el camino hacia la paz verdadera, es la actuación por la vía institucional acompañada por un potente frente social que propicie lo que desde hace tanto están pidiendo y mereciendo los saharauis. Son bastantes los países de todo el mundo que están condenando uno tras otro la actitud de Marruecos, apoyando a la RASD y abogando por la celebración del referéndum de autodeterminación oportuno.

En España también existe apoyo, en este mismo sentido, por parte de algunas fuerzas políticas. Perseguir y conseguir que el Estado español se responsabilice de una vez por todas de esta deuda histórica que tiene con el territorio no es que sea conveniente, sino que es imperiosamente indispensable, ineludible. La recuperación de la vida digna, la vuelta a casa y el alcance de la independencia de cerca de medio millón de personas está en manos de todos. Y el momento es ahora. No hay más tiempo.

AntxetaMedia2

Foto: AntxetaMedia

Por un Sáhara libre. ¡40 años bastan!

Ideas desordenadas

Elena 1

En mi cara se dibuja tu recuerdo,

enloquezco, me divierto, me apresuro.

Pidamos a la vida un “alto al fuego”,

yo solo veo en tus ojos mi futuro.

Mirar los miedos siempre de reojo,

Ilusión me han contado que se llama

la ternura de pensarme independiente.

Acaricio con los dedos mis anhelos

aunque a veces se vuelven intermitentes.

Mirar los miedos siempre de reojo, es darle la razón a la corriente. Mejor luchar la vida codo a codo,  que vivir siempre condenado a la muerte.

Mirar los miedos siempre de reojo,

es darle el timón a la corriente.

Mejor luchar la vida codo a codo,

que vivir siempre condenado a muerte.

Maria 7

Escogí la libertad como alimento,

que ser mujer no ha de ser un sufrimiento.

Prefiero ir reconstruyendo los escombros,

que aceptar ya, tan temprano, el desaliento.

Elena 4

“El sol es una estufa de butano”, dijo Joaquín.

Yo siempre he sido de calor humano.

Añoro aquellos versos que, en mi espalda,

dibujabas con la arena de tus manos.

Elena 6

La oscuridad es mi libertad, siempre me escondo,

nunca guardo la sonrisa entre los dientes,

a veces me santiguo como Rubens,

mi vida parece pintada al óleo.

Maria 6

El límite de la alegría es un invento

de los dioses que crearon firmamento.

La meta no es final, sino camino.

Me lo llego a creer y no lo cuento.

 

Que si arrugas, que si granos, que si bolsas. Olvidemos por un rato tanta ruina. No maldigas los efectos de la vida, esta risa es más verano que la costa.

 

Que si arrugas, que si granos, que si bolsas.

Olvidemos por un rato tanta ruina.

No maldigas los efectos de la vida,

esta risa es más verano que la costa.

Soledad, qué bonito nombre tienes, cuando enredas con el tiempo mis pisadas. Si anduviera...¿ no habría visto tanta vida en las paredes.

Soledad, qué bonito nombre tienes

cuando enredas con el tiempo mis pisadas.

Si anduviera apuntalada a la rutina

no vería tanta vida en las paredes.

Maria 5

Tengo veinte años menos dos

y ocho meses de una hermosa taquicardia,

vivir fuera de casa es lo que tiene,

la sonrisa sale si bajo la guardia.

Son ciento dos los besos que nos dimos, un poema a medias que escribimos con la Luna, siempre nos despedimos en la cima, dejando todo lleno de locura.

Son ciento dos los besos que nos dimos,

un poema a medias que escribimos con la Luna,

siempre nos despedimos en la cima,

dejando todo lleno de locura.

Maria 2

Los labios se me agrietan a diario,

a veces me falta hasta el aliento.

La lluvia me cuelga de las pestañas

si pongo el alma fuera de mi barrio.

Maria 9

La impotencia de quien ve el telediario,

o la inocencia de creer que Dios nos guía.

Si me dieran a elegir, no tengo dudas,

yo me quedo con el humo del cigarro.

Las manchas de la lluvia de tu espalda, son rosas sin espinas en mi pecho, miradas que hacen fuego en la cocina, recuerdos de algún polvo a ras de cielo.

Las manchas de la lluvia de tu espalda

son rosas sin espinas en mi pecho,

miradas que hacen fuego en la cocina,

recuerdos de algún polvo a ras de cielo.

La luz a veces ciega, qué locura, y las dudas siempre campan a sus anchas , tendremos que cubrirnos las espaldas, la vida acompañada es menos dura.

La luz a veces ciega, qué locura,

y las dudas siempre campan a sus anchas,

tendremos que cubrirnos las espaldas,

la vida acompañada es menos dura.