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Mabel Lozano, cineasta y activista española, ha dirigido recientemente –y tras diez años de investigación y trabajo- un largometraje llamado “Chicas Nuevas 24 Horas” sobre la Trata de Personas con fines de Explotación Sexual. En él puede contemplarse el nivel de miseria y humillación que padecen miles de mujeres en el mundo como consecuencia de estas prácticas, que vulneran con frialdad los Derechos Humanos día tras día.

A partir de la presentación del documental mencionado, alcanzo a estructurar una serie de pensamientos que espero sean útiles.

En un mundo en el que las cosas son verdad “porque salen en la tele”, huelga decir que resulta verdaderamente sangrante que sucesos del calibre de la vulneración de los Derechos Humanos –como es, en este caso, la trata de personas- no sea noticia, o lo sean de la manera que lo son (a través de imágenes de oscuridad, fomentando que sea un tema tabú en todos sus ámbitos). Pues, de esta manera, es inevitable que los espectadores los califiquen de inexistentes, de irrelevantes, o de hechos de los que solo debemos alejarnos física y mentalmente. Lo cual tiene como consecuencia que nada cambie.

Desafortunadamente parece que el “valor noticia” se configura en función de la audiencia que las emisiones vayan a generar. Priman el sensacionalismo y la inmediata actualidad;  y carecen de importancia –y, por consiguiente, de tiempo en antena- los reportajes basados en investigaciones en profundidad, de imprescindible emisión, que fomenten la concienciación de la ciudadanía con respecto a las innumerables y aberrantes injusticias que se producen cada día en el mundo. Y con “mundo” me refiero al portal de casa de uno mismo también. Cabe preguntarse si el “valor noticia” está destruyendo el “valor periodístico”, o lo que es peor, el “valor humano”.

Como decía Mabel Lozano, en los medios de comunicación se cubre el tema de la trata de personas con fines de explotación sexual desde el morbo y el amarillismo que mencionaba antes, y con un tono tan desafectuoso que parece que los artículos sobre ello son escritos por robots.

Sin embargo, la no cobertura o la precaria cobertura sobre la materia, no disminuye ni hace desaparecer a la misma. Sin embargo, en 2014, más de 30.000 mujeres fueron víctimas de trata en la Unión Europea. Sin embargo, 32.000 millones de dólares al año se obtienen a través de la explotación sexual. Sin embargo, miles de mujeres y niñas se encuentran, en el mismo momento en que usted lee estas líneas, en la dura tesitura de tener que soportar maltrato físico y psicológico y mantener relaciones sexuales de manera forzada, entre otras vejaciones, a cambio de conservar la vida. Si es que eso puede llamarse y considerarse como tal. Sin embargo, todas esas víctimas siguen siendo cifras. Sin embargo, la ingobernable corrupción en países como Perú o Colombia hace que sea imposible evitar lo anterior. Sin embargo, España es el tercer país demandante de esos “servicios” después de Tailandia y Puerto Rico. Sin embargo, sin embargo y sin embargo.

Y sin embargo es muy probable que, al término de la última línea de este humilde escrito, el 99% de los lectores agoten su lucha por la causa en un sentido suspiro, y sigan con sus vidas en libertad sin mayor desasosiego.

Esto último tiene mucho que ver con la Educación. Con la Educación en mayúscula. Se acostumbra a subestimar el poder de las aulas y de los medios de comunicación –que, en última instancia, son aulas también-, sin reparar en que los conocimientos que adquirimos y los valores morales que desarrollamos a lo largo de nuestra vida, a través de los diversos foros educativos, configuran directamente nuestra visión y nuestra afección con respecto a lo que nos rodea y nos estructura la existencia.

¿Qué estamos haciendo mal? ¿Cuán responsables somos, sin darnos cuenta, aquí en España, de lo que sucede más allá de nuestras opacas fronteras? ¿Qué podemos hacer para redimirnos de ello y contribuir con la desarticulación, en este caso, de la trata de personas y la explotación sexual? ¿Por qué hay tantas personas que todavía no se han hecho estas preguntas? ¿A qué esperan?

Las más de 30.000 Yandys, Sofías, Ana Ramonas, Estelas (protagonistas del largometraje en cuestión) del mundo, necesitan altavoces y, sobre todo, recuperar la libertad, la dignidad, la vida. Y ello solo será posible si aquellos y aquellas que tenemos oportunidades nos levantamos del sillón y salimos a la calle, cada uno desde su ámbito, a destapar estas aberraciones y a reclamar esas oportunidades que también les pertenecen a ellas. Ellas, que podríamos ser cualquiera de nosotras.

 «Mucha gente pequeña, en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas, puede cambiar el mundo». (Eduardo Galeano)