Las mujeres no morimos por casualidad

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Es habitual que una mujer reciba insultos o comentarios de menosprecio y sea objeto de burlas cada vez que se defiende verbalmente de las agresiones machistas que sufre a diario. Es tan común que, a ratos, me da por pensar si es que, efectivamente, somos unas exageradas, unas “putas locas”. Sin embargo, por más reflexiono, la respuesta a esa pregunta siempre es ‘no’. Es ‘no’ porque el ‘sí’ ya lo imponen los hombres por todas nosotras.

Me pongo a recordar en qué momento empecé a ser una “histérica” para los hombres y nunca encuentro el instante exacto, sino una sucesión de situaciones violentas que he vivido o que compañeras, hermanas, han tenido la habitual desgracia de vivir. Voy a resumir tanto como me sea posible:

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Manifestación en Bilbao contra las violencias machistas / 25 de noviembre de 2017

Cuando vuelvo a casa en vacaciones, a mi abuelo o a alguno de mis tíos siempre les da por explicarme cosas. Cosas. Sin más ni más. Y no solo cosas que ignoro, sino también cosas que conozco mejor que ellos. Da igual, ellos sienten la imperiosa necesidad de hacerlo. Recuerdo que cuando vivía con mi padre, ambos salíamos de casa y regresábamos a ella a la misma hora (él para trabajar y yo para acudir a clase y estudiar) y, sin embargo, mientras yo me encargaba poner y quitar la mesa, él se sentaba en el sofá a disfrutar de un rato de televisión.

En clase, mis compañeros me interrumpen continuamente. Al parecer, lo que tengo que decir no es tan importante como para que ellos guarden un poco de silencio. En el metro suelo encontrarme con una invasión de mi espacio vital, ya sea porque un hombre se pega demasiado innecesariamente o porque ocupa su asiento y el mío con sus piernas. Acostumbro a escuchar a mis amigos, chicos, hacer bromas sobre lo fácil que les va a resultar o les ha resultado ligar con una chica al estar borracha.

Suelo sacar las llaves de casa un buen rato antes de llegar a la puerta para entrar lo antes posible, y siempre mirando hacia atrás continuamente. A mi hermana le da miedo ir sola por la calle aun siendo de día. Mi madre es la criada de su pareja. Mis profesoras cobran menos que mis profesores por el mismo trabajo. A mis amigas, sus novios les revisan el móvil. Es muy difícil que sea una mujer la que dé una charla como experta en la universidad. Tengo un profesor que llama ‘princesitas’ a algunas alumnas (y cosas peores).

Hace unas semanas, un chico de unos 13 años le dio un beso a una amiga mía en plena calle porque, sencillamente, le dio la puta gana. Unos días atrás, estaba yo tomando algo en un bar y, tras estar media hora mirándome descaradamente, un señor de unos 60 años comenzó a echarme fotos con su móvil. Continuó haciéndolo después de haberme cambiado a una mesa en el extremo opuesto del bar.

Hace unas semanas, en una discoteca, un chico no paraba de acercarse y tocar a una amiga a pesar de su negativa y tuvimos que irnos. A otra amiga, hace dos meses, un hombre la cogió del brazo mientras iba andando tranquila hacia casa y la invitó a irse a un hotel con él. Tuvo que salir corriendo despavorida. El año pasado, cinco hombres violaron a una chica en Sanfermines. Y en el último año 2017, 98 fueron las mujeres asesinadas a manos de hombres.

Entonces, vuelvo a pararme a pensar, y reparo en unas cuántas cosas:

No se trata de un abuelo sabio y servicial, no es un padre cansado de trabajar, no son compañeros de clase impacientes, no es un hombre al que se le aplastan los genitales por cruzar las piernas, no son amigos graciosos, no es un tío pesado en una discoteca, no es un novio curioso cuyos celos son síntoma del intenso amor que siente hacia su pareja. Claro que no.

Son hombres que han aprendido y asumido desde pequeños que las mujeres somos territorio de conquista. Son hombres que han interiorizado la idea de que pueden mirarnos, hablarnos, increparnos, tocarnos, besarnos, dominarnos, utilizarnos, violarnos y matarnos cuando, como y donde les apetezca.

El asesinato de una mujer no es fruto de una discusión puntual, de un arrebato momentáneo, de una enfermedad mental. No son casos aislados, no son casualidad. Todas las formas de violencia machista responden a un sistema cultural hegemónico denominado ‘heteropatriarcado’ que, a pesar de que la RAE (esa que hasta hace poco definía mujer como “sexo débil”) no quiera incluirlo en el diccionario de la lengua española, existe y supone la supeditación y opresión de la mujer, el dominio del hombre y de la heterosexualidad y el binarismo de género.

No estamos locas. Vivimos en guerra.

Lamentablemente, las mujeres comenzamos a ser asesinadas cuando nuestros abuelos empiezan, desde bien pequeñitas, a explicarnos cosas.

Déjate ser

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Déjate ser. Si quieres… ríe aunque no toque, llora porque sí, teme a la muerte y anhélala a ratos, escribe para ti y para cualquiera, sé hipócrita, siente vergüenza y aprende, miéntete conscientemente para descubrir todas tus verdades, rómpete la boca a carcajadas en un baile, folla lento y no termines si no quieres, lánzate al vacío, desaparece, vuelve a renacer si te apetece, date una ducha en la bañera de los dioses cuando tengas miedo y después vuelve al infierno escogido, no te calles ni aunque te amordacen, destroza el bozal, átate de pies y manos cuando no sepas qué hacer, déjate mecer en el Cantábrico. Come lo que puedas, lo que quieras, lo que tus principios te permitan, come para cuidarte, para saciarte, para engordarte de alegría, y después cómete el mundo si te apetece, y si no, mastica bien tus miedos para que no se te hagan bola.

Ahorra, gástalo todo de golpe, dona tu cuerpo a la ciencia inexacta de otro cuerpo, duda, sal huyendo, regresa a ti y a todo, y aprende a bailar bien agarrada a la tristeza. Ponte a prueba y no te superes si no te sale. Sé tú en los tiempos verbales que te dé la gana. Sé cosas nuevas. No anheles ser libre, vive como si pudieras serlo. Acaricia sin poner nombre a la piel.

Y ama. Ama para toda la vida o solo un rato, ama un poco lento, algo más fuerte, algo más torpe. Ama unos segundos, deja de amar y perdónate, y perdona a la vida, y perdona los pisotones de los bailes, las heridas. Ama aunque no sepas cómo hacerlo, ama aunque no sepas si es amor, ama los instantes que te pongan de los nervios, ama a cientos de personas a la vez, ama en silencio y ama a viva voz, a viva piel, saca tu amor por la ventana y contamina tu barrio con ello. Ama a los seres que te regalan el lujo de respirar. Ama las curvas de la vejez, las arrugas de tu alma, la comisura de las caderas menos tonificadas, los dientes manchados de felicidad, las canas, los ojos rojos de llorar, o de fumar.

Ámate. Ámate feliz y ámate insegura. Ámate sin fuerzas, ámate agotada. Ámate. Déjate sentir. Déjate ser. Así, sin apellidos.

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Foto original: Claudia Nicolás

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Me amo y me detesto casi a partes iguales, yo también desayuno hipocresía y cada día me reinvento para no dejar de andar. A ratos no me entiendo ni a mí misma, me pongo de los nervios, aterrizo en cualquier cama, bebo vino y desaliento. El miedo me gusta tinto, el agua mejor del tiempo, desconozco bien el techo de mi alma, me acojono, cojo vuelos sin destino. El norte es vuelta casa, una huida hacia mi espíritu sin peajes, sin espigas. Me sobra respirar en esta curva de mi pecho y se me seca la garganta cuando pienso en el futuro. Me torturo cada día y también me hago el amor como si nada, desafino la guitarra a carcajadas y compongo mil canciones con un cúter en mi espalda. He aprendido a dar puntadas de alegría con espinas que ayer mismo me arañaban, y a hacer fuego en los empeines de mis pies para no sentir las puñaladas. Reivindico en cada espejo la tersura de la vida sin barreras a mi ombligo, y me encuentro en el reflejo del delirio, en el puerto de montaña del “yo, mí, me, conmigo”. A las noches en mi tripa son más dulces las caladas, el alquitrán de mis entrañas se resbala y me arrodillo ante el espacio entre mis precipicios. Me vuelvo a amar. Respiro. Miro a cámara, me enfoco las cosquillas. Aquí no hay vista previa. Me sonrío y me disparo hacia la vida.

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Foto original: Ángela de la Torre

La RAE contra el lenguaje no sexista

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El otro día estaba en clase y el profesor explicó a los y las alumnas el porqué de la necesidad de evitar el desdoblamiento de género u otras formas de paliar el lenguaje sexista. Para ello hizo de un libro de la RAE (sí, esa que definía mujer como “sexo débil”) sobre lenguaje no sexista su bandera. Se escudó en dos razones para él inamovibles: la credibilidad de la Academia y el hecho de que ese libro que estaba usando lo habían redactado (o firmado, quién sabe) mujeres. Entre compañeras rebatimos al profesor y no pudo continuar con su discurso como pretendía. Y ahora me he aventurado a hacer unas breves consultas.

Tiene gracia. La del lenguaje es la única economía que solo asfixia indiscutiblemente a las mujeres. Bueno, a las mujeres, a las personas de género fluido y a todo lo que no sea hombre y tenga pene (que ese es otro tema), en definitiva. Se tiende a minimizar el impacto del lenguaje en relación con la discriminación de las mujeres desde todos los ámbitos y, sin embargo, es un factor esencial en la vida de los seres humanos. ¿Qué sería todas nosotras y todos nosotros sin el lenguaje?

“Qué exagerada, si es una canción infantil sin importancia”, “hija, de verdad, cómo te pones, si es una frase hecha”, “mira que eres pesada, el plural masculino engloba a todo el mundo de toda la vida”. Esas y un interminable etcétera de sandeces piadosas son las que tenemos que deconstruir urgentemente.

Mª Jesús Paredes, profesora de la Universidad de Cádiz, argumenta en un trabajo sobre el principio de economía lingüística que “la tendencia a la economía o a la brevedad es un principio comprendido en la naturaleza del propio lenguaje, que, de acuerdo a su función primordial de comunicación, busca la comodidad y el menor esfuerzo en la emisión y decodificación del mensaje”. Podemos hablar, continúa, “de economía lingüística cuando hacemos un uso abreviado del código (palabras acortadas, frases incompletas, eliminación de algún elemento lingüístico, etc.) y cuando “entre todos los semas que sirven para transmitir un mensaje determinado (…) el emisor elige aquél que le permite hacer pertinente menos rasgos, es decir, aquél cuyo empleo supone que se suministra al receptor una cantidad menor de indicación significativa”. Esto es, “existe una economía lingüística relacionada con la forma de expresión y otra con los significados”.

Y aquí surge el problema, en los significados. Surge en la no toma en consideración del hecho de que, mientras se habla y se escribe, se está educando, se está creando opinión pública, se está construyendo relato y discurso que posteriormente se traducirá en creencias y comportamientos concretos. Y qué  casualidad, en ese relato las mujeres siempre somos solo apéndices. 

El Diccionario Panhispánico de Dudas explica, en relación con el desdoblamiento de género (los alumnos y las alumnas, los trabajadores y las trabajadoras, etc.) que “se olvida que en la lengua está prevista la posibilidad de referirse a colectivos mixtos a través del género gramatical masculino, posibilidad en la que no debe verse intención discriminatoria alguna, sino la aplicación de la ley lingüística de la economía expresiva. Por otra parte, el afán por evitar esa supuesta discriminación lingüística, unido al deseo de mitigar la pesadez en la expresión provocada por tales repeticiones, ha suscitado la creación de soluciones artificiosas que contravienen las normas de la gramáticalas y los ciudadanos”.

Y la RAE pone la guinda al pastel: “el uso genérico del masculino se basa en su condición de término no marcado en la oposición masculino/femenino. Por ello, es incorrecto emplear el femenino para aludir conjuntamente a ambos sexos, con independencia del número de individuos de cada sexo que formen parte del conjunto. Así, los alumnos es la única forma correcta de referirse a un grupo mixto, aunque el número de alumnas sea superior al de alumnos varones“. Y ya está. Tal cual. Fin de la cita.

Por su parte, Ignacio Bosque, miembro de la RAE desde 1997, escribía en 2012 un documento llamado Sexismo lingüístico y visibilidad de la mujer en el que defendía la necesidad de que fueran académicos de la lengua y no organizaciones políticas o de la sociedad civil las que redactaran guías sobre el lenguaje no sexista  (como puede ser Tips para evitar el uso sexista del lenguaje cotidiano de OXFAM Intermón), y ridiculizaba también el desdoblamiento de género y otras formas de paliar el lenguaje sexista.

Sus palabras se entienden mejor atendiendo a unos datos muy simples a la par que clarificadores: el pleno de la RAE que suscribió ese documento estaba compuesto concretamente por 28 hombres y 5 mujeres; la relación actual de académicos y académicas numérico/as y correspondientes (españoles/as y extranjeros/as) de la RAE es de 146 hombres y 49 mujeres; y, por otra parte, no ha habido nunca académicas honorarias mujeres ni directoras de la RAE.

La necesidad de que sean personas académicas las que redacten guías lingüísticas sobre sexismo no tiene tanto que ver con la corrección ni con la normatividad como con la pérdida de poder masculino que supondría que fuera la calle la que construyera sus propias normas lingüísticas en base a la inclusión de todas las personas y el respeto a la diversidad.

La traducción de todo esto es la siguiente: que sí, que vale, que la princesita quiere estar incluida en el lenguaje y en el mundo, pues mira, hacemos una cosa, seguimos usando el masculino para todo y tú ya te das por incluida como puedas. Como siempre, vaya. Pero desde el respeto y la igualdad eh, con toda la buena intención, que no es que quiera invisibilizarte, es que, como denunciaría Rebecca Solnit, “este mundo no es (tuyo)”.

No es que se nos olvide que “está prevista la posibilidad de referirse a colectivos mixtos a través del género gramatical masculino”, sino que no nos vale. No nos vale como excusa la comodidad lingüística ni la legibilidad. No nos sirve porque seguimos ausentes y somos reales, porque el mundo también es nuestro pero la Historia no nos nombra. Nunca. 

La economía del lenguaje es, a su vez, la negación de las mujeres y del resto de géneros como seres humanos. Y hay alternativas. 

 

El té de la tarde

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Hace 204 días que marché de El Aaiún tras nueve días de parón, para mí, en el espacio y el tiempo. Todo se reanudó tan rápido al llegar a España que me quedé sin voz. Me la había dejado anclada a esas decenas de pupilas a las que no fui capaz de volver a mirar en el último adiós. Y desde entonces volver a casa no significa lo mismo.

El mundo es tan grande aquí fuera que se hace difícil hacer sonar vuestra voz. Todo son hagstags, trending topics, likes, enlaces compartidos, oídos que no escuchan, gargantas encabritadas por nimiedades, seguidores que suben y bajan, cuentas corrientes, acuerdos cautivos, móviles rotos, peleas por ver quién sale en la foto…

Y yo solo pienso
en las migas de pan,
en la arena que arde,
en el agua que falta,
en el té de la tarde.

En la melfa que esconde
todas las verdades,
en el cielo infinito,
en la mierda de cables.

En la luz que no llega,
en el rezo invisible,
en los ojos vidriosos,
en la ayuda inservible.

En el cole que acaba,
en el maldito hambre,
en el silencio nocturno,
en la lucha incansable.

Hoy es un día para hacer que el Estado empachado de poder mastique la arena del desierto, para llenar con claveles el fusil que asesina corazones aunque no dispare balas.

Sandrela os sigue echando de menos.

La lucha sigue. Sáhara Libre 

Té

Aprendiendo a hacer té saharaui en los campamentos de refugiados del Sáhara / El Aaiún

Elogio de la ilegalidad

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Al hilo de los últimos acontecimientos en Cataluña, se están produciendo interesantes puestas en escena para la defensa de la “legalidad” por parte de diferentes partidos políticos, con el apoyo, además, de gran parte de la prensa generalista española. El diario La Razón publicó, ya en mayo de este año, una especie de manifiesto propio en forma de editorial titulado “un pacto por la defensa de la legalidad” en el que se criminalizaban las pretensiones de la Generalitat al respecto del referéndum y se alababan las medidas que la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría anunció que se tendrían que tomar para frenar la “deslealtad” de Puigdemont.

También se han pronunciado al respecto de la defensa de la legalidad diarios como El Español o El País (este último con una noticia sobre una PNL presentada por el grupo parlamentario de Ciudadanos en Cataluña para el “apoyo institucional en defensa de la legalidad democrática en Cataluña”). Además, el Partido Popular, el PSOE y otros partidos sin representación parlamentaria como VOX o UPYD han utilizado también el concepto de “legalidad” como mantra principal para la construcción de sus respectivos discursos en torno al tema catalán.

(Léanse las siguientes líneas con voz fantasmagórica) Legalidad. Lo legal. La ley dice que. Hay que respetar la ley. La ley no lo permite. Solo se puede dialogar dentro de la legalidad. La legalidad vigente. (Ya se puede parar la voz fantasmagórica).

Se acostumbra a trazar un abismo entre lo legal y lo ilegal (mejor dicho, entre lo que, según aquellos que manejan la ley, ha de pasar por ella y lo que no en función de intereses muy concretos), entre constitucionalismo y anti-constitucionalismo, entre orden y desorden. Todo ello desde la realidad conceptual fabricada por las primeras opciones, las hegemónicas, y en detrimento de las segundas.

Quizá cabría preguntarse si la ley siempre es justa solo por su condición de norma jurídica; si lo ilegal siempre es negativo, violento e inaceptable solo porque reside fuera de los márgenes establecidos para la convivencia hasta un determinado momento; si una determinada Constitución sigue siendo útil y protege todas las necesidades de las personas que están sometidas a ella décadas después de su redacción inicial. Incluso, habría una de preguntarse qué había antes de que la ley fuera ley, cómo la ley se convirtió en ley, por qué de esa manera y no de otra, por qué unos determinados preceptos y no otros, en base a qué, como consecuencia de qué hechos, y un largo etcétera.

Utilizar la palabra “legalidad” de manera banal para dar empaque a un discurso que lo único que pretende es criminalizar todo aquello que cuestione unas ciertas prescripciones hegemónicas lo que consigue es, precisamente, restar validez y efectividad a dicho discurso. Lo hace ridículo y aburrido y lo aleja de la realidad de las calles.

Atendiendo a aquello de hacernos preguntas, sería interesante recordar algunas cosas que solo a través de la ruptura con la legalidad se convirtieron en logros de la sociedad civil que hoy los miembros de esa “legalidad” reivindican como victorias de la justicia y el parlamentarismo. Qué ironía.

De aquellas huelgas estos derechos

Los derechos de huelga, de reunión y manifestación son hoy una realidad incuestionable en el ordenamiento jurídico de la mayoría de países a nivel mundial (en términos teóricos, claro, porque hace mucho que se vislumbra una práctica contraria a la defensa de los mismos). Sin embargo, hubo un antes de esos derechos, no aparecieron por arte de magia en las constituciones de todo el mundo.

El 14 de noviembre del año 1.166 a.C., “obreros y artesanos egipcios construían el templo funerario de Ramsés III”. Había constantes retrasos en el pago de sus salarios (diez hogazas de pan y una medida de cerveza diaria) y el hambre se hacía cada vez más notorio. La situación era desesperante. Los obreros “abandonaron sus puestos de trabajo y permanecieron concentrados mientras no le pagaran lo que se les debía. “Hicieron sentadas, ocuparon edificios y acamparon una noche en el templo”. Así lo cuenta el portal Egiptomanía. En el Museo de Turín hoy se conserva el “Papiro de la Huelga” que recogía el testimonio de los manifestantes: “… los trabajadores traspasaron los muros de la necrópolis (se pusieron en huelga) diciendo: ‘Tenemos hambre, han pasado 18 días de este mes… hemos venido aquí empujados por el hambre y por la sed; no tenemos vestidos, ni grasa, ni pescado, ni legumbres. Escriban esto al faraón, nuestro buen señor y al visir nuestro jefe, que nos den nuestro sustento”.

Finalmente, los obreros consiguieron que les pagaran y el conjunto de sus acciones fueron consideradas como la primera huelga de la historia. No, claro que no tenían derecho a huelga. Se lo fabricaron ellos mismos. Aunque quizá tengan razón los “constitucionalistas” y lo que tendrían que haber hecho era dejarse morir de hambre, porque exigir el sustento vital no entraba dentro de la “legalidad vigente”.

 

Cuando el diálogo no sirve

Unos cuantos miles de años después de la primera huelga, tras años de protesta y peticiones formales a través de la participación en partidos políticos como el Partido Laborista Independiente, las sufragistas británicas “se cansaron de luchar con la palabra y pasaron a la acción. Deeds, notwords”. Así lo explica el diario El Mundo en un reportaje sobre las “sufragettes”. Por medio de la WSPU (Unión Social y Política Femenina) fundada en 1903con EmmelinePankhurst como lideresa referente, comenzaron a protagonizar acciones que las llevaron a estar fuera de los márgenes legales: sufrieron cargas policiales en manifestaciones como la de Londres en febrero de 1907; “se encadenaron a la verja de Downing Street, residencia del primer ministro, e incluso llegaron a entrar en ella; realizaban lanzamientos de octavillas desde globos; organizaban mítines multitudinarios para los que fletaban trenes (en el de 1908 en Hyde ParkThe Times calculó que 500.000 personas habían acudido)”, según narra la Universidad de Barcelona en un artículo sobre las principales luchas del movimiento sufragista.

Manifestación sufragista en Hyde Park el 21 de junio de 1908 / Foto: El País

Después de ello, engañadas de nuevo por los liberales -que prometían incluir a la mujer en el sufragio universal y finalmente desoyeron la petición-, la WSPU llevó a cabo en 1912 lo que denominó “el argumento de la piedra” y rompieron todos los escaparates de la zona comercial de Oxford Street en Londres. Fueron encarceladas, siguieron luchando desde la clandestinidad y continuaron los apedreamientos, los incendios provocados, las huelgas de hambre e incluso una de ellas, Emily Davidson, se arrojó a los pies del caballo del rey Jorge V en el Derbi de Epsom de 1913 y murió cuatro días más tarde, lo que “dio lugar a las manifestaciones sufragistas más importantes”.

En 1918, el Parlamento británico permitió votar a las mujeres mayores de 30 años. Fue el primer paso hacia el sufragio universal.

La jornada de ocho horas

Entre 1810 y 1817, cuando el empresario y socialista Robert Owen difundió la idea de que la calidad del trabajo está directamente relacionada con la calidad de vida del obrero y acuñó el lema “ocho horas de trabajo, ocho horas para vivir, ocho horas de descanso”, comenzó a gestarse la reivindicación de la reducción de la jornada laboral y con ello las protestas en los centros de trabajo a lo largo y ancho de EE.UU. con la jornada de trabajo de 8 horas como demanda principal.

Las condiciones de vida de las personas trabajadoras eran pésimas en EE.UU. en las décadas de los 70 y 80. El hambre y el cansancio eran notorios y con ello creció el descontento. La jornada laboral era, en muchos casos, de 18 horas y el trabajo infantil era una realidad irremediable. Como consecuencia de ello, los trabajadores empezaron a unirse, a organizarse y a protagonizar acciones de protesta. En 1886, la Federación Americana de Trabajadores, en su cuarta asamblea, estableció la petición al gobierno de la reducción de la jornada laboral a 8 horas, sin cuya toma en consideración se iría a la huelga.

“El presidente de Estados Unidos, Andrew Johnson, promulgó la llamada Ley Ingersoll, estableciendo lasocho horas de trabajo diarias”. Sin embargo, los empresarios desoyeron la nueva normativa e incumplieron sus preceptos, lo que provocó que el 1 de mayode ese mismo año tuvieran lugar multitudinarias manifestaciones de trabajadores en múltiples ciudades de EE.UU. Cientos de miles de trabajadores salieron a la calle para exigir que se cumpliera la ley. En Chicago, en la protesta contra la empresa de maquinaria agrícola McCormick, la carga policial dejó varios muertos y un número indeterminado de heridos.

La respuesta de los trabajadores fue prolongar la huelga durante varios días. En ellos, la policía continuó cargando contra los manifestantes, asesinando a algunos de ellos, y los trabajadores siguieron agitando Chicago. El 4 de mayo, una carga policial con varios muertos y más de 200 heridos provocó que algunos huelguistas lanzaran una bomba, dejando a 7 policías muertos. Muchos trabajadores fueron detenidos, torturados, condenados y ejecutados. Los hechos fueron recogidos por periódicos como el Chicago Tribune (5 de mayo de 1886) o The New York Times (3 de mayo de 1886).

Mapa de los disturbios en Chicago en 1886 / Chicago Tribune

Según relata el portal Academic, a finales de ese mismo mes (mayo de 1886) “varios sectores patronales accedieron a otorgar la jornada laboral de ocho horas a centenares de miles de obreros”.

La abogada Isabel Elbal recuerda, en un artículo publicado en la revista La Marea, que la Constitución Española de 1978reza que “la justicia emana del pueblo” y que, sin embargo, el Poder Judicial, lejos de ser efectivamente “emanante de la soberanía popular”, está cada vez más “alejado del ciudadano medio y más próximo al defensor técnico del sistema establecido”, aquel que “no cuestiona el orden constitucional y lo acata ciegamente”.

La gestión de la problemática de Cataluña por parte del Gobierno actual se ha basado en “la resolución del conflicto político mediante la aplicación del Código Penal”. Ignorando el hecho de que el Estado español se circunscribe en términos teóricos como una democracia, Mariano Rajoy ha retorcido la “legalidad” para hacer que la justicia se convierta en un valor secundario, en un objetivo sin importancia. Lo mismo sucede con la democracia. A través de la continua reconstrucción del discurso oficial, se ha conseguido meter en el saco del desorden todo aquello que choque frontalmente con los intereses particulares del partido de gobierno y los poderes fácticos que lo mantienen. El imaginario colectivo es ahora el cajón desastre del franquismo, pues es evidente que se están vendido a precio de democracia políticas cuasi-fascistas sin que nadie se dé cuenta.

La legalidad que hoy defienden los partidos políticos y gran parte de los medios de comunicación abarca todas aquellas prácticas y medidas que, en cualquier país con un mínimo de salud democrática, deberían de estar consideradas como un delirio y deberían suscitar el rechazo masivo de la población o, como mínimo, de toda la clase obrera.

La reminiscencia de cómo únicamente sobrepasando los límites de la legalidad y del discurso de la legalidad se ha conseguido romper los techos de cristal de la injusticia (qué ironía), se torna necesaria en estos tiempos de enajenación democrática que está viviendo España. Pese a quien pese, es indiscutible que, frente a la opresión, la única receta útil siempre ha sido la desobediencia.

 

Los libros de autoayuda contra la clase obrera | 2 MINUTICOS

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Los libros de autoayuda o de superación personal ofrecen soluciones particulares a problemas colectivos. Anulan la capacidad organizativa de la sociedad civil. Lo explico de forma amena en este vídeo:

Nunca estamos seguras

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Hace una tarde estupenda para ser esto Bilbao, qué extraño y qué bien. Sería un crimen quedarme en casa. Mira, un mensaje del grupo. Que si vamos a tomar algo al centro de la ciudad. Joder, pues claro. Va, me pongo lo primero que pille y fuera.

Hay que ver lo que tarda en llegar el ascensor cuando más ganas tiene una de salir a la calle. Uy, ya está aquí. Si antes lo pienso.

Cero. Uf, tampoco es que haga calor, eh. Pero esta chaqueta servirá, paso de subir otra vez a casa. Total, si voy a estar en un bar y seguramente habrá calefacción. Por lo menos hace sol, que, aunque no caliente demasiado, endulza el paisaje. La verdad es que Bilbao es una ciudad muy bonita. He acertado mudándome aquí para estudiar. Al principio todo es caos y desubicación, pero, joder, tengo dieciocho años, ¿qué más puedo pedir? ¡Ya iré aprendiendo!  En fin, ya debe quedar poco para llegar al sitio en el que hemos quedado. Creo que hay un teatro bastante conocido cerca. No estoy segura. Lo cierto es que debería salir a pasear y explorar la ciudad más a menudo.

La ría es una pasada. Aunque, a decir verdad, hoy parece un poco sucia. Se lo perdono a esta tierra tan bonita. Todo es verde mires donde mires. Es la recompensa por soportar lluvias casi a diario. Mis pupilas lo agradecen. ¡Qué llueva todo lo que tenga que llover, así se caiga el cielo! Qué exagerada soy, me he venido arriba. ¡Uy! Creo que me he pasado la calle. Al final voy a tener que poner el GPS, qué desastre. Bendita herramienta y bendita tecnología, ¿no? Ya estoy. Creo. Ah, sí, ahí están. Qué cabronas, han pedido ya.

Hola, ¿qué tal? Anda que esperáis. Vaya sol hace, ¿eh? Después de estar andando un rato tengo calor y todo. Quién lo diría. Buenas, una caña, por favor. ¿Qué tal el día, chicas? El mío ha sido algo aburrido, pero productivo. ¿Has estado toda la mañana durmiendo? Lo tuyo es un caso aparte. Veo que está siendo un lunes al uso para todas. Da gusto salir, al menos, un rato a tomar el aire. Oíd, he visto el cartel de una obra de teatro. Podríamos ir, creo que estará hasta la semana que viene. Gracias, ¿me cobras ya? Vale, gracias. Hmm qué fresca está.

¿Jugamos al billar? Os aviso que soy muy buena. ¡Venga, moved el culo! Va, yo echo la moneda. Pues hoy he estado practicando con la guitarra y he conseguir aprender a tocar una canción que me encanta. Qué gozada. ¡Bien! Vamos a lisas nosotras. Buen tiro. Sí, llevaba tiempo sin tocar, porque este verano no he parado de hacer cosas, pero ahora lo estoy retomando. He visto en las redes sociales las fotos de tu verano, tampoco lo has pasado mal tú, eh. ¡Mierda! ¿Cómo he sido capaz de meter la negra? Joder, qué mal. Pues nada, se acabó el juego. En fin, no voy a tardar en irme, que tengo que cenar, ducharme y demás antes de acostarme. A ver si quedamos más a menudo, ya que hemos coincidido en la ciudad.

No, tías, no hace falta que me acompañéis, si estoy a diez minutos de casa y hay buen alumbrado público. De verdad, no es necesario. Sí, os avisaré cuando llegue. ¡Agur! Me encanta usar palabras en euskera, ojalá se me pegue aunque sea el acento, qué chorrada.  Uy, pues ha anochecido bastante rápido, con estas se me pasa el tiempo volado. Bueno, me gustan mucho las ciudades en su versión nocturna. La luna y el alumbrado iluminan la ría y se ven los edificios reflejados en el agua. Qué pasada. Voy a echar una foto. Uy, vaya mierda, no se ve casi nada. Bueno, servirá. ¡Hala! Ya son casi las diez. Hoy me tocará acostarme tardísimo, veremos cómo me levanto mañana para ir a clase.  Anda, este edificio tan grande debe de ser el teatro que había por la zona. “Teatro Arriaga”. Vaya nombre. Está guay, seguro que por dentro es enorme y precioso. La fachada es bonita. En fin. Uy, se nota ya la oscuridad. Da un poco de miedo, no hay casi gente por la calle. Excepto ese hombre que, por cierto, viene en la misma dirección que yo. ¿No parece que me mira mucho? A ver si me va a estar siguiendo. No, ¿no? Va, no seas tonta, es un hombre sin más. Tú a lo tuyo. ¿Por qué ando más rápido? En serio, relájate, que no es nada. ¿¡Qué me va a hacer!? Además, a ver si va a ver que aligero el paso y va a pensar que le tengo miedo y eso lo incomoda. Además, es que no le tengo miedo. Ya no queda mucho para llegar a casa, voy a tranquilizarme. ¿A ver? Joder, es que parece como si me estuviera siguiendo, no deja de mirarme. Qué imbécil. Me estoy poniendo de los nervios. Va, voy a caminar como si estuviera tranquila. Si ando rápido o corro se va a pensar que estoy histérica. Y no lo estoy. Casi. Igual me estoy montando una película yo sola y el hombre va a comprar el pan. Me cambio de acera y listo. ¿En serio? Hostia, que se ha cambiado él también. Esto ya no me gusta. Voy a girar por aquí a ver si lo despisto. Venga, por favor, rápido, tengo las piernas ya cansadas. Vale, ya. ¿A ver? No viene. Uf, menos mal. No me estaba siguiendo, si es que soy una paranoica.

Venga, que en dos calles estoy en casa. Creo. ¿O no? Mierda, ¿dónde estoy? Qué desastre, me he perdido. Con los nervios me he desorientado. Menos mal que me queda batería, puedo buscar en el GPS. Bueno, primero voy a avisar a alguien de lo del tipo ese, por si acaso, yo no me fio. “Tía, creo que me ha estado siguiendo un hombre. Vamos, creo que lo he despistado y ya no viene, pero estoy muy nerviosa, tengo miedo”. “No, no vengas, si ya no me sigue, creo que estoy cerca de casa pero no sé dónde exactamente. Era para que lo supieras. Voy a poner el GPS”. A ver, la tercera calle a la derecha, luego la primera a la izquierda y ya estaría. Vale, voy a guardar el móvil a ver si con la tontería me lo van a robar. La verdad es que esta calle ni me suena, ¿cómo narices habré llegado hasta aquí? En fin, rapidito ya para casa, coño, el turismo para otro día. Ya no queda na…¡¡¡AAAAAAH!!! ¿Quién eres? Por favor, no me hagas nada. Por favor. Solo quiero ir a casa, por favor, déjame. ¿A un hotel? No, no, no. Por favor. ¡SUÉLTAME, JODER!

Corre, corre. Mierda, joder, me va a matar, me va a violar, joder, no puedo respirar, corre. ¿Qué coño hago? Me sigue, me está siguiendo. El teléfono, corre, que no se me caiga. Vamos, cógemelo, por favor, rápido. Vamos, va.. “¿Hola? Tía, ven por favor, estoy por la ría. Un tío me ha agarrado del brazo. Estoy corriendo, no sé si viene detrás. Joder, ven por favor, avisa a alguien y ven. Vale. Vale, no tardes por favor”. No puedo respirar, no puedo más. ¿Dónde está? Mierda, no lo veo. Ya no viene. Joder, joder, joder. Va a salir de cualquier lado. No, por favor. Respira. Respira. No está, hay más luz. Venga, enseguida viene ésta a por mí. ¿Dónde está? ¿Por qué no llega? Voy a llamarla. “¿Dónde estás? Tengo mucho miedo, no lo veo, no sé dónde está. Vale, perdona, aquí estoy, no tardes, por favor”. Vale, tranquila, ya llega. Tengo frío. Y calor. Qué mierda todo. Que llegue ya, por favor. No pienso llorar. Vaya basura, qué asco. Joder, ya estoy llorando. Sshh, que no te oigan, que no te oigan. ¡AHÍ ESTÁ! Joder, menos mal. Por fin. Bendito abrazo, lo más cálido desde hace horas. “Gracias por venir, siento la molestia”.

“¿Por qué has venido sola? Ah, joder, gracias. No puedo tranquilizarme, estoy muy nerviosa. Lo siento. Joder, es que soy idiota. Mis amigas… No viene,  ¿no? Estate atenta, por favor. Mis amigas han dicho de acompañarme a casa, pero les he dicho que no porque estaba cerca. Tendría que haberles hecho caso. Soy imbécil. Perdona, siento haberte hecho venir, no sabía a quién llamar. Muchas gracias. Gracias, de verdad. Ya, sé que el problema no es que yo vaya sola y que la solución no es ir acompañada, pero es que no podemos ir tranquilas por la jodida calle. Es enfermizo. No puedo evitar tener miedo. Es que… primero me ha seguido un hombre cerca del teatro Arriaga, ¿lo conoces? Pues ese, al lado de la ría. Y me he puesto muy nerviosa, pero nada, lo he perdido de vista. Y después ya me estaba tranquilizando un poco y, de repente, un tío me ha agarrado súper fuerte del brazo y me ha dicho que si quería irme con él a un hotel. Sí, tía, tal cual. Me he asustado un montón, al principio no podía soltarme. No sé ni cómo he podido escaparme y salir corriendo. Estaba acojonada y pensaba que me seguía pero después he visto que no estaba. Qué mierda. Casi no podía respirar del susto. Creía que me iba a violar o a matar, joder. Necesito llegar a casa ya. Sí, será mejor que me tranquilice. No, gracias, no hace falta, me he dejado la cena preparada”.

Ya estamos, al fin. “Nunca dejaré de darte las gracias. Sí, ya ha pasado todo. Sí, lo he pensado, pero no creo que lo haga. No sabría describirlo físicamente, no recuerdo su cara, ni siquiera sé si se la he llegado a ver. Solo he sido capaz de salir corriendo. No serviría de nada denunciar sin datos. Lo que sí he pensado es escribir sobre ello y contar lo que me ha pasado públicamente. A lo mejor ayudo a otras mujeres. No sé, lo pensaré. Oye, me da miedo que vayas sola a casa. Es muy de noche, ¿y sí te pasa algo? Bueno, vale, pero avísame en cuanto llegues. Muchas gracias, de verdad. ¿Segura? Ya… Ya sé que nunca estamos seguras”.

Grietas

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Salí a respirar y lo hice, me deshice y me recompuse. Pero el nudo permanece en mi garganta. Cada centímetro de universo me recuerda que donde antes habitada la eternidad ahora llueven pianos. Y escuece como una herida abierta sumergida en alcohol, aunque no me he mojado ni los labios.

Tengo la lengua agrietada de lamer mis propias cicatrices y, aún así, no es suficiente. No vine al mundo para fingir con orgullo, mi dignidad reside en el rugir de mis pupilas.

Al respirar

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Ocha1

No hay hogar para mi trajín aquí dentro.

Mi día es un vaivén de incómodas concesiones, de ruidosos ruiseñores que maldicen mi presente. Es un vis a vis con Jesse Pinkmann, un ir y venir desde el sol más cálido hasta las nubes más enfermizas, un no saber si perecer es más rentable que no vivir mientras se vive.

Aquí he cumplido estación, ciclo y vida. Sobra mi abrazo y se empalaga mi risa. Aborrezco vivir deprisa e interrumpir mis sueños.

Pero no hay hogar para mi trajín ahí fuera.

¿Cómo saber dónde habito si nadie es puerta de mi casa, si no tengo quien me pise mientras baila, si no hay saliva para trasnochar?

Quiero marchar, pero no quiero llegar a ningún sitio. Me rodea tanta nada que todo se atraganta al respirar.