Píldora para la memoria

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En un contexto en el que algunas ciudades del Estado español están en proceso de aplicación de la ley de Memoria Histórica a sus callejeros locales y que ello está suscitando una reacción por parte de algunos partidos políticos -que opinan que quitar calles nombradas en honor a dirigentes franquistas es “reabrir heridas”- y de ciertos sectores de la población, cabe ofrecer una reseña de un libro en forma de “píldora contra el olvido”. 

En España partida en dos (2013), Julián Casanova, Catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad de Zaragoza que cuenta con numerosas publicaciones que versan sobre el anarquismo, el anarcosindicalismo, la Guerra Civil española, el Franquismo, la II República española, etc., vuelve a tratar el grueso de la contienda española desde que en 2008 publicara La Guerra Civil Española.

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Imagen: Casa del Libro

Es muy amplia la bibliografía de que se dispone hoy sobre Historia en general, y sobre la Guerra Civil Española en particular. Sin embargo, se trata de libros propuestos para investigadores más que para lectores comunes. España partida en dos es uno de esos libros históricos que no cumplen función de meros manuales, siendo útil también a nivel informativo para la ciudadanía de a pie.

Narra la Guerra Civil sintéticamente y sin anclarse en datos que acaban olvidándose al término de cada página. Cualquiera puede hacer un viaje a 1936 y comprender sencillamente el conflicto bélico que tanta trascendencia tuvo y tiene en España. La utilización de imágenes y mapas hace fácil la comprensión.

Si bien es cierto que el autor narra el suceso con una brevedad y agilidad envidiables, su análisis no deja de ser profundo y diferente con respecto a otros ejemplares de la misma índole.  Casanova no se posiciona explícitamente con ningún bando contendiente, pero relata los hechos con una marcada conciencia histórica. No duda en desmentir esa afirmación que quedó impregnada en la sociedad: “rojos y azules, todos fueron igual de malos”.   

Es conciso en los puntos clave. Lo primero: sin Golpe de Estado no hubiera tenido lugar el estallido de la guerra. En segundo lugar: no es cierto que el desequilibrio de la República provocara la guerra civil.

Además, aclara que no se trató de una rebelión en bloque del conjunto militar, ni mucho menos. Al golpe se sumaron cuatro generales (Cabanellas, Queipo de Llano, Goded y Francisco Franco), y del total de 254.000 militares que había, solo 120.000 se unieron a los sublevados. Destaca la contribución en clave económica, armamentística y de capital humano de Hitler y Mussolini con los reaccionarios contra la República, incumpliendo el Pacto de No Intervención. Según relata Casanova, el mismo Hitler pronunció estas palabras: “«Italia y Alemania hicieron mucho por España en 1936… Sin ayuda de ambos países no existiría Franco hoy»”.

Hace especial hincapié en la activa participación de la Iglesia en el bando de los sublevados, que dio el nombre de “cruzada religiosa” al enfrentamiento y de “Guerra santa y odio anticlerical” al segundo apartado del libro. La Iglesia contaba con excesivos privilegios y gozaba del poder necesario para controlar centros de enseñanza en todo el territorio español. Con la proclamación de la Segunda República, la Iglesia fue uno de los sectores más desfavorecidos con las reformas del  Frente Popular. “Se declaró la no confesionalidad del Estado, se eliminó la financiación del clero, se introdujo el matrimonio civil y el divorcio y se prohibió el ejercicio de la enseñanza a las órdenes religiosas”. La Iglesia perdió el poder que tenía en periodos como la Restauración o la dictadura de Primo de Rivera y consideró que esas medidas conformaban un ataque directo y una “represión obsesiva” hacia ella. 

Lo que ocurría era que la Iglesia no comprendía la situación social de España y antepuso sus intereses clericales a los derechos sociales de la ciudadanía. El proletariado, entonces, constituyó la concepción de la Iglesia como una aliada del capitalismo más opresor. No se trataba de una persecución incesante por parte del Gobierno, sino que eran diversos los semblantes por los que la Iglesia era cada vez menos protagonista en la realidad española.

“Había una España muy católica, otra no tanto y otra muy anticatólica. Había más catolicismo en el norte que en el sur, en los propietarios que en los desposeídos, en las mujeres que en los hombres. La mayoría de los católicos eran anti-socialistas y gente de orden. A la izquierda, republicana u obrera, se la asociaba con el anticlericalismo”. El conflicto armado entre un régimen legítimo y otro que pretendía imponerse por la fuerza tornó en una lucha entre “la ciudad terrena de los «sin Dios»” y la “«ciudad celeste de los hijos de Dios»”. 

Casanova no deja de exponer también la violencia por parte del bando republicano, que aunque la cesaron mucho antes que los sublevados, también contribuyeron a que la contienda pasara de ser “terror «caliente» a terror «legal»” mediante “tribunales populares, sacas y paseos”.  Esto hace que el mensaje del autor, aunque con cierto sesgo, se asuma con credibilidad.

Por otra parte, supone un halo de esperanza y complacencia para todo republicano encontrar una página dedicada a Federico García Lorca, un mártir y referente innegable, “la víctima más conocida del terror militar fascista”.

Un epílogo como píldora para la memoria

“Tras el final de la guerra […] la destrucción del vencido se convirtió en prioridad absoluta. Comenzó […] un nuevo periodo de ejecuciones masivas y de cárcel y tortura para miles de hombres y mujeres”.

La Memoria Histórica resucita en las seis páginas que construyen el epílogo final del libro para contribuir a la constitución de la necesaria reminiscencia que necesitan todos los pueblos en general, y el español en particular, de cara a la futura historia que se va a suceder y escribir.

Recomendable el libro y, en parte, necesario. Además de tener un carácter formativo, su condición de ensayo hace posible que el lector contemple el conflicto desde un punto de vista notablemente diferente al de los libros de texto habituales; lo que amplía horizontes y perspectivas.

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Imagen: thepriceofmoney.blogspot.com

 

“Quiero dormir un rato.

Un rato, un minuto, un siglo;

Pero que todos sepan que no he muerto,

Que hay un establo de oro en mis labios,

Que soy el pequeño amigo del viento Oeste,

Que soy la sombra inmensa de mis lágrimas”. 

(García Lorca, 1936)

Fibromialgia: una enfermedad silenciosa

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El pasado 12 de mayo fue el Día de la Fibromialgia y numerosas asociaciones de afectados y afectadas por la fibromialgia (FM) y el síndrome de fatiga crónica volvieron a celebrar la fecha reivindicado la necesidad de ser reconocidos social e institucionalmente. Sin embargo, los medios de comunicación no hicieron cobertura del evento. Desde que algunos personajes públicos como Lady Gaga reconocieran que padecen FM, parece que la sociedad empieza, poco a poco, a hablar más sobre ella, pero no consigue hacerse hueco en la agenda mediática y, mucho menos, en la institucional. Parece una enfermedad silenciosa.

Entre que el abanico de síntomas es demasiado amplio y que la atención a esta enfermedad escasea, a la sociedad parece resultarle complejo acotar los términos de la fibromialgia. Cabe, entonces, despejar algunas dudas y esclarecer datos.

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Foto: COCEMFE Cantabria

¿Qué es la Fibromialgia (FM)?

En 1992, la Organización Mundial de la Salud clasificaba esta enfermedad como un tipo de reumatismo de partes blandas, pero, hacia el año 2006, la comunidad científica comenzó a estimar que la fibromialgia requería un “abordaje multidisciplinario más amplio”.

En 2006, la Sociedad Española de Reumatología definía la Fibromialgia (FM) como una enfermedad de origen desconocido que se caracteriza por el dolor crónico generalizado localizado en el aparato locomotor (huesos, articulaciones, ligamentos, músculos y tendones). “Además del dolor, otros síntomas, como fatiga intensa, alteraciones del sueño, depresión, ansiedad, rigidez articular, cefaleas y sensación de tumefacción en manos, se encuentran entre las manifestaciones más comunes”. Por su parte, pacientes de fibromialgia como Luisa Díaz afirman que “ésta enfermedad tiene unos 100 síntomas más, aparte del dolor crónico, que nunca se tienen en cuenta”. Entre ellos, problemas intestinales derivados de “intolerancias alimentarias como la celiaquía” provocados por la enfermedad.

En enero de este año, 2018, el Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad de España publicó la 10ª revisión de la Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE), y en ella clasificó la Fibromialgia como un tipo de entesopatía. La entesopatía es, en términos médicos, el resultado de un proceso inflamatorio que afecta el área donde los ligamentos o tendones se fijan al hueso (entesis).

La Fundación Española de Reumatología añade, en un artículo, que la FM consiste en una “anomalía en la percepción del dolor, de manera que se perciben como dolorosos, estímulos que habitualmente no lo son”. Por otra parte, la fundación explica que “no se conoce la causa de esta alteración, pero se piensa que hay muchos factores implicados. Se considera que cualquier situación de estrés agudo o crónico, físico o emocional, puede considerarse como un desencadenante” y “puede presentarse como única alteración (fibromialgia primaria) o asociada a otras enfermedades (fibromialgia concomitante)”.

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Puntos sensibles a la palpación en personas con FM / Imagen: MedLine

Díaz, tras cinco años de enfermedad diagnosticada (los médicos estiman que podría padecer la enfermedad desde que era joven), afirma que “parece que la FM es neurológica” y no entiende por qué los médicos de atención primaria suelen derivarlos “al reumatólogo, que sólo nos da calmantes para los dolores en las articulaciones”. “Además de crónica, la fibromialgia es una enfermedad degenerativa”, explica.

¿A cuántas personas afecta?

No existen cifras oficiales, porque las asociaciones de enfermos/as de FM calculan que alrededor del 90% de los casos no están diagnosticados, sin embargo, parece haber consenso en los datos sobre el número de pacientes de FM. Tanto las asociaciones y organismos institucionales que tratan temas relacionados con la reumatología como las organizaciones sociales de pacientes de fibromialgia estiman que entre el 3% y el 6% de la población mundial padecen esta enfermedad, lo que supone una cifra de más de 6 millones de personas. En España, el porcentaje ronda entre el 2% y el 4% (entre 930.980 y 1.861.061 personas padecen FM).

De entre esas cifras, el 90% de los casos se presentan en mujeres, y el resto se divide entre niños, adolescentes y hombres. Esto es, entre 837.882 y 1.674.954 personas que padecen FM son mujeres.

Incomprensión social, familiar y médica

A pesar de que es alarmantemente amplio el colectivo de personas que padecen FM, se trata de una enfermedad poco conocida y, sobre todo, poco comprendida. “Se nos juzga mal, se nos tacha de personas histéricas, vagas, nerviosas”. Así lo expresó la presidenta de ACAF en 2006 cuando explicaba a la agencia Europa Press la incomprensión que encontraban los y las afectadas de fibromialgia en sus familiares.

Luisa Díaz también cuenta las dificultades que encuentra en su entorno social y familiar: “Yo no estoy en la cama o el sofá porque sea vaga, sino porque no puedo hacer otra cosa. Para que se entienda mejor, es como si estuviera atrapada en el cuerpo de una anciana. Y ver cómo los que te rodean creen que todo es cuento resulta muy dañino”.

Por otra parte, los y las pacientes de fibromialgia encuentran dificultades también en la propia consulta médica. Parece que la falta de concienciación abarca también a la medicina de atención primaria y que es una generalización. “No hay entre los médicos conciencia de la enfermedad, a veces te tratan como si te lo estuvieras inventando. A mí, mi doctora me llegó a decir que yo era hipocondríaca, que mejor estaría trabajando para distraerme. Como si el dolor, el insomnio y los bloqueos mentales y un largo etc, se pudiera quitar de un plumazo por estar «entretenida»”, explica Díaz.

Falta de recursos y desinformación

Según un estudio del Grupo de Investigación en Salud Pública de la Universidad de Alicante, financiado por el Centro de Estudios sobre la Mujer (CEM), “los planes de salud (institucionales) no incluyen la FM entre los problemas de salud que priorizan en sus estrategias”. Denuncian “su difícil diagnóstico, la falta de recursos destinados a la investigación y a su tratamiento, así como la falta de reconocimiento social y de las incapacidades laborales”. Pacientes como Luisa creen que la falta de destinación de recursos a la investigación de esta enfermedad se debe a que, “mucho más rentable que investigar, es tratar los síntomas con medicación paliativa y con antidepresivos. Con eso creen que se soluciona”.

Díaz cuenta lo difícil que resulta, de la misma manera, encontrar y mantener un trabajo cuando se padece fibromialgia o síndrome de fatiga crónica. “Para empezar, no puedes decir que tienes la enfermedad porque no te contratarían. Y, después, si lo consigues, suele durar poco, pues estás más tiempo en las consultas médicas o bajo los efectos de la medicación que en el trabajo. Es que físicamente no puedes”.

En el presente, la atención institucional a los y las pacientes de FM y la cobertura mediática de la situación de desprotección de los y las afectadas por esta enfermedad ha disminuido notablemente. Aun así, la población afectada continúa organizada. La Sociedad Española de Fibromialgia y Síndrome de Fatiga Crónica celebró el Día de la Fibromialgia solicitando mayor atención a las instituciones públicas y agrupaciones de afectados y afectadas por la FM reivindicaron la necesidad de que esta sea reconocida social y médicamente, así como de considerarla como enfermedad incapacitante

Luisa Díaz cree que una de las causas más importantes de la incomprensión social y de la poca concienciación a todos los niveles tiene que ver con la falta de información al respecto, tanto por parte de las instituciones como de los medios de comunicación. “Esta enfermedad no es visible, pues no llevas una escayola o una venda. A simple vista no se percibe. El día que un familiar de un Ministro de Sanidad tenga fibromialgia, seguramente se tomarán medidas”.

La Marcha Verde: invasión marroquí y exilio forzado

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Hacía años que España había prometido al pueblo saharauis la celebración de un referéndum de autodeterminación como fin al proceso descolonizado que se estaba produciendo en toda África. Pero en octubre de 1975, España, Marruecos y Mauritania, con el amparo de otros países como EE.UU. o Francia, comienzan las negociaciones para que la invasión militar del territorio saharaui se lleve a cabo.

En noviembre de ese mismo año, cientos de miles de ciudadanos marroquíes (concretamente alrededor de 350.000) cruzan la frontera hacia el Sáhara Español, desde Tarfaya, Abattekh y Zag hacia Daoura, Hagunia y Mahbes, respectivamente. Se trataba de una marcha, en teoría, pacífica, sin embargo, otro frente se abrió entre ellos. A 300 kilómetros de las marchas aparentemente pacíficas ideadas por Hassan II, rey de Marruecos, más de 25.000 soldados marroquíes penetraron en el territorio español por la fuerza y protagonizaron la invasión del Sáhara y la consiguiente aniquilación de sus pueblos. El ejército marroquí ejecutó y enterró vivos a más de 4.500 saharauis en fosas comunes, según relataba la revista La Marea en abril de 2017. “El ganado también es exterminado, envenenan el agua de los pozos, arrasan y destruyen todo lo que encuentran a su paso”, así lo cuenta la asociación Por Un Sáhara Libre.

Ello ocurrió días antes de la firma de los Acuerdos Tripartitos de Madrid, entre España, Marruecos y Mauritania, como estrategia de presión sobre España para acelerar su abandono del territorio en disputa. Los anexos secretos de dicho acuerdo fueron declarados ilegales por el Tribunal Internacional de Justicia de la Haya en octubre de ese mismo año considerando que “el Sáhara Occidental no tiene lazos de soberanía con Marruecos o Mauritania” y que, por tanto, “debe aplicarse el derecho de autodeterminación”, establecían que España se comprometía a retirarse del territorio ocupado haciendo posible el reparto entre los otros dos países firmantes a cambio importantes concesiones en materia de pesca y de exportación de fosfatos.

La validez jurídica de ese Tratado fue cuestionada, además, por el Secretario General Adjunto de Asuntos Jurídicos y Asesor Jurídico de las Naciones Unidas, Hans Corell, en un dictamen de 29 de enero de 2002, pero, aun así, España se retiró del Sáhara Occidental cediendo el control absoluto y la explotación de los recursos naturales del territorio a Marruecos. Como consecuencia de todo lo relatado, más de 40.000 se vieron obligados a huir hacia Argelia y a levantar campamentos en mitad del desierto, al sur-oeste del territorio argelino.

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Campamentos de personas refugiadas saharauis

Hoy, 42 años después de la huida forzada que protagonizó la población saharaui y tras la invasión marroquí, 150.000 personas viven en la parte del Sáhara Occidental, bajo ocupación marroquí, 50.000 personas sobreviven en la parte del Sáhara Occidental controlada por el Frente Polisario, en medio del desierto, y alrededor de 200.000 personas continúan viviendo en los 5 campamentos -llamados wilayas– de refugiados habilitados en el desierto de Argelia, dependientes de la ayuda humanitaria, esperando una solución política que nunca llega.

¿Es la editora una censora?

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Un profesor planteaba en clase la siguiente pregunta: ¿el editor es un censor?

En primer lugar, querido señoro, además de editores también hay en este mundo que usted cree solo suyo y de los suyos editoras. Con a. No hay que tener miedo a decirlo. Las as no muerden, y tampoco lo hacen las es.

Voy a darme por incluida en la pregunta que formulaba el profesor porque, de lo contrario, vería mi respuesta también restringida.

Cualquier cuestión habría de circunscribirse a una coyuntura concreta, que es la que va a determinar la respuesta. En este caso, en que se plantea una pregunta de manera más general y abierta, resulta complicado ofrecer una opinión que no sea ambigua. Sin embargo, hay algunos aspectos fácilmente destacables al respecto de si la tarea de editar textos acarrea situaciones de censura.

La editora -permítaseme emplear ahora a mí el “femenino genérico”- tiene como función principal revisar y corregir los errores gramaticales y ortográficos que pudieran cometer las redactoras, para hacer de sus textos artículos, columnas, noticias, reportajes, etc., más legibles y publicables. En caso de que el trabajo de la editora se desarrolle siempre en esos términos, no cabe controversia alguna entre ella y la redactora. Sin embargo, los problemas suelen aparecer cuando la editora cruza la línea entre la corrección formal y el cuestionamiento del contenido -que habitualmente tiene que ver con cuestiones de interés económico y político.

Si bien es cierto que las funciones de la editora incluyen, también, la valoración del contenido y de la conveniencia de la extensión y la calidad del estilo, en ocasiones surgen problemas por exceso de incursión en lo que tiene que ver con lo recién enumerado. Esto es, hay veces que la editora recorta demasiado la extensión de los textos provocando cierta pérdida de sentido del conjunto del relato. Otras veces, lo que ocurre es que una corrección gramatical excesiva hace que los textos pierdan el estilo propio de quien escribe, que es lo que le da personalidad a la narración.

Estas situaciones se asemejan a las que pueden darse entre las periodistas y las diseñadoras de un determinado periódico o de una revista. La periodista que realiza, por ejemplo, un reportaje sobre un tema social de calado como puede ser la trata de mujeres -cuya elaboración le ha supuesto un duro trabajo de investigación, recolección de información y redacción- puede verse afectada por la frialdad con la que a veces la diseñadora del medio maqueta dicho contenido. La diseñadora se centrará principalmente en la estética de la publicación, en que sea atractiva a la vista más allá de la narración de hechos. De esta manera, puede darse la situación de que un diseño de página que tenga poco o nada en cuenta que un determinado contenido pueda ser sensible y requerir un tratamiento menos estético, provoque la banalización del mismo.

Y luego vienen las cuestiones políticas -que no tanto ideológicas, porque la línea editorial de un medio es directamente proporcional a los réditos económicos que pueda obtener. El periodismo hace mucho que se encuentra especialmente intervenido por entidad externas a él y, por ende, el trabajo de las editoras también. Como ejemplo podemos observar un hecho publicado por el diario El País en diciembre de 2017.   

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“No queremos ni podemos vivir de espaldas a Google y Facebook. Estamos ante un cambio de paradigma y los editores hemos de aprender a adaptar las estrategias y las estructuras a la nueva realidad”. Son las palabras de Javier Moll -presidente de la Asociación de Medios de Información y de Prensa Ibérica-, según recogió El País.

Teniendo en cuenta que, como relataba también El País, “Google y Facebook absorben entre el 70% y el 80% de los ingresos publicitarios” controlando, así, “un negocio que antes estaba en manos de los editores”, lo comprensible y necesario no sería sino crear alarma y dar por hecho que, como evidencia, claro que es posible y viable que las editoras puedan constituirse en una de las mayores censoras en la actualidad. Si salvar el culo de un medio tiene que ver con cómo sobrevivir a Google y Facebook, lo primero que corre peligro es el contenido: hay que vender, informar y hacer piezas de calidad es lo de menos. 

En resumen, es evidente que los aspectos más técnicos del trabajo de las editoras (la corrección ortográfica y gramatical, etc.) son incuestionablemente necesarios, pero, de la misma manera, la parte filosófica (comercial) de la tarea es -también incuestionablemente- contaminante.

Sexismo musical en cifras

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Se acerca el verano y, con él, la época del año en la que más festivales de música tienen lugar en España. Los hay de todos o casi todos los estilos musicales, con bandas y artistas de diversas procedencias, y se celebran en multitud de localidades a lo largo y ancho del país. Alicante, Cádiz, Barcelona, Valencia, Albacete, Bilbao y un largo etcétera de ciudades y provincias acogen estos multitudinarios eventos culturales –musicales- y hacen caja.

Hacen caja a través del consumo –compras, consumo de bebida y comida, servicios de transporte y atención ciudadana-, y también hace caja la desigualdad y la discriminación, según señalan colectivos como Mujeres y Música. Si bien es cierto que algunos colectivos y personas anónimas feministas se han organizado para habilitar puntos morados/violetas en muchos festivales, la violencia machista sigue manifestándose en numerosos sentidos. Según un estudio realizado por la organización Mujeres y Música en 2017, la media de bandas compuestas por mujeres o mujeres solistas presentes en los festivales de música más conocidos es del 11,87%.

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Este estudio recoge, con datos numéricos, la presencia de bandas compuestas por mujeres, bandas en las que alguno de los integrantes es mujer o mujeres solistas en los festivales musicales que se celebran en España cada año. Así, expone datos como que, en 2017, en el festival Viña Rock, solo 15 artistas eran mujeres frente a las 464 actuaciones protagonizadas por hombres: 0 bandas integradas por mujeres, 1 mujer solista y 9 bandas mixtas. En el Rototom, 503 de los artistas presentes eran hombres, mientras que solo 57 eran mujeres o bandas cuyas formaciones contenían a alguna mujer. En el Sansan, solo el 5,61% del cartel eran mujeres, en el BBK un 9,89%, en el FIB un 13,64%. El festival con mayor presencia femenina entre los artistas, de entre los analizados por Mujeres y Música, es el Xe Que Bo, con un 38,03%.

Por otra parte, el diario El País relataba en marzo de este año que en el caso del Weekend Beach de Málaga, solo 4 de los más de 60 artistas confirmados para este 2018 son mujeres. En el caso del festival que más público congrega, el Arenal Sound, “hasta 10 mujeres están presentes en las 41 confirmaciones” que había hasta la fecha

Antonio López, fundador de la sala de conciertos alicantina Marearock y organizador del festival de música del mismo nombre al 50% junto con Merche Ramos, explica que, “por lo general”, para la contratación de bandas musicales para el festival hacen “bastante caso a las peticiones del público a través de las redes sociales”. Cada año piden sugerencias al público y tratan de contactar con las bandas más solicitadas. López lamenta que, al parecer, “el público no tiene como prioridad la paridad a la hora de pedir grupos”. En 2017 lanzaron una pregunta abierta en redes sociales y el resultado fue que, de entre las 31 bandas solicitadas por el público, solo 1 tenía presencia femenina: Mafalda. En ese sentido, considera que “hace falta hacer mucha pedagogía”.

Asimismo, desde el equipo organizativo del festival Marearock, destacan la necesidad de “generar conciencia intragrupo”. Desde que pusieran en marcha el festival en 2005, han observado cómo “los propios grupos caen en la dinámica de grupos no mixtos. Estamos acostumbrados/as a ver grupos de hombres sobre los escenarios, donde no existe la representación femenina en ninguno de los instrumentos”.

Puntos violetas

“Vemos bastante indiferencia por parte de las autoridades. Sin ir más lejos, en el Marearock 2018 hemos diseñado un proyecto de punto violeta para visibilizar la importancia de generar espacios libres de sexismo, tanto como tener un equipo de seguridad o sanitario, y el Ayuntamiento no nos respondió nada al respecto cuando se le mandó el dossier del proyecto”, así explica Antonio López las dificultades encontradas a la hora de intentar coordinar una red de iniciativas contra el sexismo para festivales musicales de manera global. De la misma manera, encuentra “insuficientes” los puntos violetas presentes en los festivales para paliar las agresiones machistas y el sexismo, e indica que “es imprescindible conectar tres servicios: seguridad, sanidad y punto violeta. Solo con esos tres servicios ya podemos hablar de una atención más completa”.

Según un análisis interno del festival Marearock, al festival acuden una media de un 55% de hombres y un 45% de mujeres. Sin embargo, atendiendo a los datos del estudio de MYM citado, esa cifra no es directamente proporcional a las bandas musicales y artistas invitados en relación con la paridad en la presencia en los escenarios.

Ante estos datos, se pone de manifiesto una evidencia imperceptible: es una cuestión cultural. Para hacer de la presencia femenina en el espacio público una realidad viable es preciso coordinar una revolución que abarque todos los ámbitos: desde los procesos legislativos y ejecutivos más complejos hasta las prácticas individuales más insignificantes, pasando, por consiguiente, por un necesario cambio cultural contra-hegemónico. 

 

¿QUÉ ES EL FEMINISMO? | ANDREA LIBA

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La caverna heteropatriarcal trata de construir una definición criminalizadora del feminismo y consigue, muchas veces, que multitud de personas sientan rechazo o se avergüencen del feminismo.

El feminismo no es lo que algunos pretenden hacer creer. Por eso desmonto esa definición y ofrezco una mucho más cercana a la realidad.

Antes de decir ‘no’ al feminismo, conócelo.

Feminismo es libertad.

Que no me callo

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Nos dicen continuamente que “calladitas estamos más guapas”, que somos un incordio, unas pesadas, unas exageradas, que no es para tanto, que nos “relajemos”.

Hay que incomodar para dejar de estar incómodas. Por eso, yo no me callo. Por mí y por todas mis compañeras.

“Yo por ellas, madre, y ellas por mí”.

Tipos de Violencias Machistas

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A veces no está claro qué es violencia y qué no. Con el machismo no iba a ser menos. Aquí una modesta herramienta para identificar muchas de las situaciones en las que estamos siendo agredidas.

Margarita Ruiz: “¿Estás vendiendo un producto o estás vendiendo mi cuerpo?”

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Imagen cedida por Margarita Ruiz

Margarita Ruiz, natural de Murcia, tiene 21 años, es estudiante de Realización de proyectos audiovisuales y espectáculos y, desde enero de 2017, modelo en la agencia murciana Covers Models. Ha sido imagen de marcas como Inside, Rocai o Flamingos, entre otras. Se declara feminista y no se puede callar –afirma- “cuando hay algo que no le suena bien”. Nos habla de su experiencia en el mundo del modelaje y transmite su opinión acerca de la situación de las mujeres en esta industria y en la publicidad.

 

La modelo Cameron Russel, en diciembre de 2017, confesó en su cuenta de Instagram que, a la edad de 15 años, fue agredida sexualmente por el fotógrafo con el que hizo unas pruebas. A raíz de esta declaración, su perfil en las redes ha sido altavoz de hasta 60 casos de abuso a modelos.  Otras modelos, motivadas por las recientes denuncias de acoso por parte de actrices de Hollywood, también se han animado a hacer públicas situaciones de abuso vividas durante su carrera. ¿Has presenciado o vivido tú alguna situación de indefensión en primera persona desde que eres modelo?

 

Sí. Fue la única vez que me ha pasado algo así y desde entonces no he vuelto a trabajar con esa persona. Yo acababa de entrar en la agencia y me dijeron que tenía que hacer fotos en ropa interior o bikini (se hace para enseñar a las agencias cómo es tu cuerpo, si tienes tatuajes y demás) con un fotógrafo de renombre. Fui sin saber nada (normalmente no te informan mucho sobre el trabajo que vas a realizar, no te dicen exactamente lo que te vas a poner ni lo que vas a hacer). Me dieron un bikini muy pequeño y me asusté. Si esto se me llega a informar antes, hubiera dicho que no. Iba con una chica que era menor, sus padres firmaron el consentimiento.

En un momento dado, el fotógrafo me pidió que me quitase la parte de arriba. Pensé: “¿qué?”. No. Dije que no y fue que no. Pero después vi las fotos de la otra chica (yo no veía el trabajo de ella mientras lo hacía) y efectivamente esta chica sí que no llevaba nada, y era menor. Yo en ese momento no dije nada porque esta persona era bastante conocida, pero no volví a trabajar con él ni tengo interés en hacerlo. Yo tengo claro que hay cosas que no voy a hacer, porque tengo principios, y menos con alguien que no conozco.

En enero de este año, el New York Times publicaba que la reconocida compañía Condé Nast -propietaria de Elle, Cosmopolitan y otras publicaciones- ha establecido nuevas reglas para prevenir el acoso. Entre ellas se incluye no trabajar con modelos menores de edad, que no haya alcohol en los sets, que las modelos no se queden solas con fotógrafos u otros colaboradores, etc. ¿Crees que toda agencia de modelos o compañía propietaria de publicaciones de moda debería establecer normas de este tipo?

Por supuesto, porque parecen casos aislados pero no lo son, pasa. Se supone que, si un trabajo es realmente profesional, no debe haber ningún tipo de droga en el set. Ni de coña. Por otra parte, normalmente una sesión de fotos es una colaboración de al menos cinco personas, es imposible que estas cosas pasen, solo te dejan sola para cambiarte, nadie tiene por qué verte ni hacer nada. Pero, si estas cosas siguen pasando, será por algo, así que veo bien este tipo de medidas preventivas. Que todo se globalizara como una regla establecida sería positivo.

Christy Turlington, modelo de los años 90, dedicó unas palabras a propósito de la serie de denuncias que se desataron en Hollywood en torno al productor Harvey Weinstein. Decía que “el acoso y el maltrato siempre han sido ampliamente conocidos y tolerados en la industria de la moda”. ¿Dirías que es así? ¿El acoso y el abuso de poder son recurrentes en el mundo del modelaje?

Desde mi experiencia diría que no. El caso que he contado antes ha sido el único caso que he vivido y fue la primera sesión. Aunque es cierto que yo lo que hago son trabajos sueltos, porque a mí este mundo no me va. Me da dinero pero no me entusiasma. Pero bueno, no creo que el abuso sea algo recurrente, creo que hay otros problemas en el mundo del modelaje. Yo no he visto nada parecido. Tampoco tengo muchos amigos modelos.

Hablemos de redes sociales. Sin ellas no se entiende ninguna industria en la actualidad. Los trabajos que realizas para tu agencia no se quedan dentro de esta, sino que se comparte en las redes sociales. De esta manera, el público puede interactuar contigo directamente. ¿Has recibido algún comentario especialmente desagradable o inapropiado o conoces algún caso cercano?

Parece ser que, dentro de lo que cabe, tengo unos seguidores muy educados y, si piensan cosas, no comentan. Pero alguna vez sí he visto algún comentario con emoticonos que no me ha sentado bien. Son simples emoticonos, pero yo me pregunto “¿por qué?”, “¿para qué?”. Igual publico alguna foto en la que puedo ser –por decirlo de alguna manera- sugerente y la gente se cree con la libertad de comentar lo que le dé la gana. Emoticonos con babas y demás. Y, sinceramente, si no eres un amigo mío de confianza, la verdad es que me da un poco de grima. Pero en general no recibo comentarios así en público. Privados sí.

“Hay agencias que son nazis con los contratos”

Como modelo eres herramienta de y para la publicidad. Tu imagen, tu cuerpo, en última instancia, sirve a marcas concretas para vender sus productos. ¿Tienes o sientes que tienes libertad para elegir a quién sirves y a quién no? ¿Cuentas con algún tipo de herramienta de la que te puedas servir para rechazar ser imagen de una determinada marca cuyo producto o mensaje no te parece adecuado o no te interesa?

Depende de la agencia. Yo considero que en la mía, a lo mejor no tendré los mejores trabajos, pero tengo una libertad absoluta. Por eso estoy aquí. Podría estar en agencias en las que me salieran trabajos mejores, pero estoy contenta de poder decidir lo que quiera, cuando quiera y por los motivos que quiera. He rechazado trabajos porque tenía clase, porque no me encontraba bien o porque no iban conmigo con total libertad.

De la misma manera, conozco agencias que son –diría- nazis con los contratos. Exigen exclusividad máxima con multas de hasta 10.000€, etc. Y he trabajado con muchos modelos diferentes. Hay agencias en las que no tienes libertad ni para hacerte una foto a nivel profesional con un amigo tuyo, aunque no ganes dinero. Cedes tu imagen completamente a la agencia.

No es difícil encontrar diferencias entre imágenes de hombres y de mujeres en la publicidad. En ellos encontramos posturas, por lo general, más naturales. Sin embargo, en multitud de campañas podemos ver a mujeres siendo casi contorsionistas, con posturas incómodas e incluso peligrosas a simple vista. Hemos visto mujeres metidas en carros, haciendo formas con su cuerpo que en nada se corresponden con la realidad. ¿Qué opinas al respecto? ¿Has vivido alguna situación en la que la postura te incomodara o te pareciera surrealista o innecesaria?

Sí. De hecho, en la misma sesión de esta persona que contaba antes. Él está especializado en fotografía de desnudos y lo que pretende únicamente es crear sensualidad y provocar atracción con los cuerpos femeninos,  más que crear belleza. A mí no me han mandado a trabajar en nada así pero, si me dieran esas premisas, no aceptaría. Me preguntaría: “¿estás vendiendo un producto o estás vendiendo mi cuerpo?”. Veo horrible ese tipo de imágenes. Es publicidad hecha por hombres para hombres. Y la responsabilidad es de esas marcas que creen que es buena idea publicitar, por ejemplo, un perfume de esa manera.

También vemos continuamente –esta es la base de la publicidad sexista- cómo se reproducen los estereotipos de los roles de género en las imágenes publicitarias: hombres fuertes, con imagen de seguridad, control, dominio de la situación y del espacio, mirada al frente. En contraposición, mujeres delicadas, con imagen de debilidad y la mirada más bien dirigida hacia un lado. Las mujeres no miran, son miradas. ¿Se percibe esto entre las mujeres dentro del mundo del modelaje?

La verdad es que no. En el único trabajo en grupo que he hecho, nosotras éramos las dominantes, totalmente al contrario. En la publicidad en general claro que lo veo. Es publicidad dirigida a un cliente concreto, al caucásico de entre 20 y 30 años que consume mucho porno y demás. En los look books se hacen posturas rarísimas e incómodas. Se podrían hacer posturas para que se viera bien la ropa, el maquillaje o los zapatos, pero se busca la extravagancia, hay que llamar la atención.

Compartes agencia con otras mujeres y también con otros hombres. ¿En base a qué criterios se establece el precio a tus trabajos? ¿Se sufre la brecha salarial también en el modelaje; cobras menos que tus compañeros hombres por trabajos similares?

Creo que no es ya una cuestión de género. Dependiendo del trabajo se cobra una cosa u otra –yo no decido cuánto cobro, evidentemente. Tampoco sé cuánto cobran los demás porque no acostumbro a preguntar por ello. Por otra parte, también depende de la agencia. Dos chicas, dentro de una misma agencia, pueden cobrar muy diferente. ¿En base a qué? No lo sé bien, pero supongo que será en base a la cantidad de contratos que hagan, la subida de caché, que tengas una imagen diferente, etc.

En la campaña grupal que hice, los chicos, entre ellos, cobraban diferente; la otra chica no sé cuánto cobraba, pero sí sé que cobraba más que yo. Igual que sé que los chicos cobraban alrededor de 100€ más que yo. No sé si por el hecho de ser hombre o por la agencia. No sabría decirte, pero desde entonces pienso mucho en ello.  Pienso que influyen muchos factores. La agencia, por ejemplo, se queda normalmente con un 20% de tu trabajo, y cada una tiene sus normas.

“Me pregunto por qué en un rodaje en exterior el chico lleva chaqueta, pantalón y bufanda y yo tengo que ir con faldita y en tirantes”

A medida que la conciencia feminista va teniendo más repercusión en todas las capas de la sociedad, los roles se van deconstruyendo, hay situaciones y mensajes que se dejan de tolerar y vamos viendo imágenes y estilos diferentes. Tú tienes un piercing visible en la cara y apareces con él en las fotos sin problemas. ¿Es posible generalizar una publicidad y, por ende, un modelaje feminista y que fomente la libertad de identidad y de decisión?

Yo creo que sí. La moda innova constantemente y vuelve hacia atrás. Es cíclica. Aun así, pienso que sí se da una adaptación constante a las necesidades. Antes se criticaba y se marginaba más, ahora creo que cada vez se acepta más que cada uno tiene su propio estilo. Es más natural, ya no eres “el raro”.

Por otra parte, si se publicitan cosas que no entiendo por qué se tienen que publicitar, ¿por qué no va a publicitarse esto (el feminismo), que es un movimiento que beneficia a todo el mundo? Yo creo que es un pensamiento que hay que inculcar desde la educación, desde pequeños. Hay que enseñar que esa chica o ese chico que tienes al lado es otra persona, y que da igual el género o la raza. Hay que darle publicidad (al feminismo), y habrá quien diga que es porque está de moda y se saca dinero con ello, pero pienso que no es así. Yo si cobrara lo mismo que mis compañeros, estaría igual de feliz que ellos, por ejemplo.

Desde tu ámbito de conocimiento y de trabajo, el del modelaje y la publicidad, entre otros, ¿crees que se desaprovechan las herramientas disponibles para transmitir mensajes que puedan cambiar a mejor la situación de discriminación, violencia y desprotección hacia las mujeres?

Por supuesto, pero no interesa porque mueve dinero. El hecho de que decidan qué publicidad te estás comiendo en la televisión –tú y tus hijos- es una cuestión de interés, de control, de poder. Las herramientas están desaprovechadas porque se prioriza en la venta de productos a cualquier precio.

¿Qué se podría cambiar dentro del modelaje para que los trabajos tuvieran unos resultados menos sexistas?

Yo me pregunto por qué en un rodaje en exterior, por ejemplo, el chico lleva chaqueta, pantalón y bufanda –si me apuras-, y yo tengo que ir con una faldita, en tirantes y tengo que actuar como si no estuviera a 2ºC. O por qué a él tardas cinco minutos en maquillarlo y a mí una hora y media. Cambiar eso sería útil para transmitir una imagen diferente. Las mujeres no somos perfectas, ¿por qué se empeñan en hacer creer que lo somos? Lo único que se consigue es hacer pensar a las chicas que si no son perfectas no van a ser nadie en la vida. Hay que mostrar, además, la diversidad de cuerpos.

¿Qué le dirías a una mujer joven que esté pensando en adentrarse en el mundo del modelaje?

Muchas cosas. Lo fundamental es la madurez mental. Le diría que, hasta que no sienta que sus principios no van a ser perturbados por nadie, no lo haga. Tienes que ser una persona muy fuerte mentalmente para estar aquí. Tienes que enfrentarte a opiniones que te pueden afectar. Yo agradezco haber empezado con 20 años. Si hubiera empezado con 16, ¿quién me soportaría? Creo que sería una persona superficial y no apreciaría a la gente que me rodea. El mundo de la moda es así, es imagen y superficialidad. Le diría que no lo hiciera por fama, que los seguidores no importan nada, que medite mucho los trabajos –porque estás vendiendo tu imagen y puedes arrepentirte de muchas cosas- y que se forme, que estudie mucho. Pero, sobre todo, como digo, la madurez mental es clave. La necesitas para poder rechazar, para poder opinar, para no quedar como una estúpida el resto de tu vida.

 

Me afino las cuerdas vocales

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A veces me aburro de mí misma, pierdo el tiempo, no aprovecho la ocasión ni tomo nota. Yo también me boicoteo, busco excusas, me apoltrono en un rincón. No comprendo, rebusco en el cajón de los errores y solo a mí me encuentro. Tiritando. El acierto es apostar todo a que la próxima vez será otro quien me abra a mí y tirite. A veces apago la música, me pongo en el foco y me veo a mí misma en el futuro en el mismo rincón.

La zona de confort se hace pequeña, me aprieta entre las muelas, y a la vez me consuela y es arropo, y me arrodillo ante la espina que atraviesa mi garganta porque soplo y se disipa la amargura y a vivir -que no es gerundio pero el reloj no para ya ni pa’ mear.

A veces me cuestiono y no me dejo responder, me miro desnuda, me quiero en silencio y me rasgo los dientes intentando romper las dos esquinas del rincón. Levántate. Que no me levanto, que no sé bailar. A veces me hidrato bien los sueños y otras veces me dejo convencer de que es imposible que lluevan pianos. El barro que hoy me cae por los costados es el vino que bebí hace un par de telojuro‘s y ahora se me queda tieso el pecho cuando pienso en navegar el charco que me quedó para amar. No es casualidad que el mundo esté patas arriba, si es que nunca he despegado la cabeza del asfalto.

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Foto: Ángela de la Torre

A veces me aburro de mí misma, pierdo la vergüenza, no me escondo en ningún sitio y me da por cantar. Yo también bailo en la ducha, busco playas donde echar la siesta, deshago la cama -que es lo que nadie nunca me enseñó. Reinterpreto, rebusco en el cajón de los aciertos y solo a mí me encuentro. Respirando. El error es apostar todo a que la próxima vez será otro quien me abra a mí y me corte el aire. A veces subo el volumen, abro la ventana y me veo a mí misma en el presente no teniendo miedo.

Las muelas se me aprietan contra un pecho ajetreado y me arrodillo ante la falsa tersura de la felicidad porque es que inspiro y se me llenan los pulmones de verdad -que no es ni verbo pero está cara y este poco a mí me sabe a libertad.

A veces me formulo y la respuesta es lo de menos, me miro sin ropa –que no es lo mismo que desnuda, sino vacía de cargas-, me quiero en voz alta y me limo las uñas rompiendo el espacio que sobra en la cama. Descansa. Que no descanso, que soñar me sale mal, que quiero hacerme realidad. Uso mis piernas y no dejo que el invierno se me escape de las manos, que el buen frío ayuda a conservar mejor los atardeceres. A veces olvido que tengo la piel seca y afino el piano para que caiga bonito y me invite, aunque sea, a una última nana. El agua que hoy me brota por los poros es el después de la resaca tinta, y ahora ‘se me pone el alma pirata’ cuando pienso en la de versos que aún me quedan por untar bien en mi espalda. No es casualidad que el mundo esté desordenado, si es que nunca he pretendido caminar con cuidado en línea recta.