Que no me callo

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Nos dicen continuamente que “calladitas estamos más guapas”, que somos un incordio, unas pesadas, unas exageradas, que no es para tanto, que nos “relajemos”.

Hay que incomodar para dejar de estar incómodas. Por eso, yo no me callo. Por mí y por todas mis compañeras.

“Yo por ellas, madre, y ellas por mí”.

Tipos de Violencias Machistas

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A veces no está claro qué es violencia y qué no. Con el machismo no iba a ser menos. Aquí una modesta herramienta para identificar muchas de las situaciones en las que estamos siendo agredidas.

Margarita Ruiz: “¿Estás vendiendo un producto o estás vendiendo mi cuerpo?”

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Imagen cedida por Margarita Ruiz

Margarita Ruiz, natural de Murcia, tiene 21 años, es estudiante de Realización de proyectos audiovisuales y espectáculos y, desde enero de 2017, modelo en la agencia murciana Covers Models. Ha sido imagen de marcas como Inside, Rocai o Flamingos, entre otras. Se declara feminista y no se puede callar –afirma- “cuando hay algo que no le suena bien”. Nos habla de su experiencia en el mundo del modelaje y transmite su opinión acerca de la situación de las mujeres en esta industria y en la publicidad.

 

La modelo Cameron Russel, en diciembre de 2017, confesó en su cuenta de Instagram que, a la edad de 15 años, fue agredida sexualmente por el fotógrafo con el que hizo unas pruebas. A raíz de esta declaración, su perfil en las redes ha sido altavoz de hasta 60 casos de abuso a modelos.  Otras modelos, motivadas por las recientes denuncias de acoso por parte de actrices de Hollywood, también se han animado a hacer públicas situaciones de abuso vividas durante su carrera. ¿Has presenciado o vivido tú alguna situación de indefensión en primera persona desde que eres modelo?

 

Sí. Fue la única vez que me ha pasado algo así y desde entonces no he vuelto a trabajar con esa persona. Yo acababa de entrar en la agencia y me dijeron que tenía que hacer fotos en ropa interior o bikini (se hace para enseñar a las agencias cómo es tu cuerpo, si tienes tatuajes y demás) con un fotógrafo de renombre. Fui sin saber nada (normalmente no te informan mucho sobre el trabajo que vas a realizar, no te dicen exactamente lo que te vas a poner ni lo que vas a hacer). Me dieron un bikini muy pequeño y me asusté. Si esto se me llega a informar antes, hubiera dicho que no. Iba con una chica que era menor, sus padres firmaron el consentimiento.

En un momento dado, el fotógrafo me pidió que me quitase la parte de arriba. Pensé: “¿qué?”. No. Dije que no y fue que no. Pero después vi las fotos de la otra chica (yo no veía el trabajo de ella mientras lo hacía) y efectivamente esta chica sí que no llevaba nada, y era menor. Yo en ese momento no dije nada porque esta persona era bastante conocida, pero no volví a trabajar con él ni tengo interés en hacerlo. Yo tengo claro que hay cosas que no voy a hacer, porque tengo principios, y menos con alguien que no conozco.

En enero de este año, el New York Times publicaba que la reconocida compañía Condé Nast -propietaria de Elle, Cosmopolitan y otras publicaciones- ha establecido nuevas reglas para prevenir el acoso. Entre ellas se incluye no trabajar con modelos menores de edad, que no haya alcohol en los sets, que las modelos no se queden solas con fotógrafos u otros colaboradores, etc. ¿Crees que toda agencia de modelos o compañía propietaria de publicaciones de moda debería establecer normas de este tipo?

Por supuesto, porque parecen casos aislados pero no lo son, pasa. Se supone que, si un trabajo es realmente profesional, no debe haber ningún tipo de droga en el set. Ni de coña. Por otra parte, normalmente una sesión de fotos es una colaboración de al menos cinco personas, es imposible que estas cosas pasen, solo te dejan sola para cambiarte, nadie tiene por qué verte ni hacer nada. Pero, si estas cosas siguen pasando, será por algo, así que veo bien este tipo de medidas preventivas. Que todo se globalizara como una regla establecida sería positivo.

Christy Turlington, modelo de los años 90, dedicó unas palabras a propósito de la serie de denuncias que se desataron en Hollywood en torno al productor Harvey Weinstein. Decía que “el acoso y el maltrato siempre han sido ampliamente conocidos y tolerados en la industria de la moda”. ¿Dirías que es así? ¿El acoso y el abuso de poder son recurrentes en el mundo del modelaje?

Desde mi experiencia diría que no. El caso que he contado antes ha sido el único caso que he vivido y fue la primera sesión. Aunque es cierto que yo lo que hago son trabajos sueltos, porque a mí este mundo no me va. Me da dinero pero no me entusiasma. Pero bueno, no creo que el abuso sea algo recurrente, creo que hay otros problemas en el mundo del modelaje. Yo no he visto nada parecido. Tampoco tengo muchos amigos modelos.

Hablemos de redes sociales. Sin ellas no se entiende ninguna industria en la actualidad. Los trabajos que realizas para tu agencia no se quedan dentro de esta, sino que se comparte en las redes sociales. De esta manera, el público puede interactuar contigo directamente. ¿Has recibido algún comentario especialmente desagradable o inapropiado o conoces algún caso cercano?

Parece ser que, dentro de lo que cabe, tengo unos seguidores muy educados y, si piensan cosas, no comentan. Pero alguna vez sí he visto algún comentario con emoticonos que no me ha sentado bien. Son simples emoticonos, pero yo me pregunto “¿por qué?”, “¿para qué?”. Igual publico alguna foto en la que puedo ser –por decirlo de alguna manera- sugerente y la gente se cree con la libertad de comentar lo que le dé la gana. Emoticonos con babas y demás. Y, sinceramente, si no eres un amigo mío de confianza, la verdad es que me da un poco de grima. Pero en general no recibo comentarios así en público. Privados sí.

“Hay agencias que son nazis con los contratos”

Como modelo eres herramienta de y para la publicidad. Tu imagen, tu cuerpo, en última instancia, sirve a marcas concretas para vender sus productos. ¿Tienes o sientes que tienes libertad para elegir a quién sirves y a quién no? ¿Cuentas con algún tipo de herramienta de la que te puedas servir para rechazar ser imagen de una determinada marca cuyo producto o mensaje no te parece adecuado o no te interesa?

Depende de la agencia. Yo considero que en la mía, a lo mejor no tendré los mejores trabajos, pero tengo una libertad absoluta. Por eso estoy aquí. Podría estar en agencias en las que me salieran trabajos mejores, pero estoy contenta de poder decidir lo que quiera, cuando quiera y por los motivos que quiera. He rechazado trabajos porque tenía clase, porque no me encontraba bien o porque no iban conmigo con total libertad.

De la misma manera, conozco agencias que son –diría- nazis con los contratos. Exigen exclusividad máxima con multas de hasta 10.000€, etc. Y he trabajado con muchos modelos diferentes. Hay agencias en las que no tienes libertad ni para hacerte una foto a nivel profesional con un amigo tuyo, aunque no ganes dinero. Cedes tu imagen completamente a la agencia.

No es difícil encontrar diferencias entre imágenes de hombres y de mujeres en la publicidad. En ellos encontramos posturas, por lo general, más naturales. Sin embargo, en multitud de campañas podemos ver a mujeres siendo casi contorsionistas, con posturas incómodas e incluso peligrosas a simple vista. Hemos visto mujeres metidas en carros, haciendo formas con su cuerpo que en nada se corresponden con la realidad. ¿Qué opinas al respecto? ¿Has vivido alguna situación en la que la postura te incomodara o te pareciera surrealista o innecesaria?

Sí. De hecho, en la misma sesión de esta persona que contaba antes. Él está especializado en fotografía de desnudos y lo que pretende únicamente es crear sensualidad y provocar atracción con los cuerpos femeninos,  más que crear belleza. A mí no me han mandado a trabajar en nada así pero, si me dieran esas premisas, no aceptaría. Me preguntaría: “¿estás vendiendo un producto o estás vendiendo mi cuerpo?”. Veo horrible ese tipo de imágenes. Es publicidad hecha por hombres para hombres. Y la responsabilidad es de esas marcas que creen que es buena idea publicitar, por ejemplo, un perfume de esa manera.

También vemos continuamente –esta es la base de la publicidad sexista- cómo se reproducen los estereotipos de los roles de género en las imágenes publicitarias: hombres fuertes, con imagen de seguridad, control, dominio de la situación y del espacio, mirada al frente. En contraposición, mujeres delicadas, con imagen de debilidad y la mirada más bien dirigida hacia un lado. Las mujeres no miran, son miradas. ¿Se percibe esto entre las mujeres dentro del mundo del modelaje?

La verdad es que no. En el único trabajo en grupo que he hecho, nosotras éramos las dominantes, totalmente al contrario. En la publicidad en general claro que lo veo. Es publicidad dirigida a un cliente concreto, al caucásico de entre 20 y 30 años que consume mucho porno y demás. En los look books se hacen posturas rarísimas e incómodas. Se podrían hacer posturas para que se viera bien la ropa, el maquillaje o los zapatos, pero se busca la extravagancia, hay que llamar la atención.

Compartes agencia con otras mujeres y también con otros hombres. ¿En base a qué criterios se establece el precio a tus trabajos? ¿Se sufre la brecha salarial también en el modelaje; cobras menos que tus compañeros hombres por trabajos similares?

Creo que no es ya una cuestión de género. Dependiendo del trabajo se cobra una cosa u otra –yo no decido cuánto cobro, evidentemente. Tampoco sé cuánto cobran los demás porque no acostumbro a preguntar por ello. Por otra parte, también depende de la agencia. Dos chicas, dentro de una misma agencia, pueden cobrar muy diferente. ¿En base a qué? No lo sé bien, pero supongo que será en base a la cantidad de contratos que hagan, la subida de caché, que tengas una imagen diferente, etc.

En la campaña grupal que hice, los chicos, entre ellos, cobraban diferente; la otra chica no sé cuánto cobraba, pero sí sé que cobraba más que yo. Igual que sé que los chicos cobraban alrededor de 100€ más que yo. No sé si por el hecho de ser hombre o por la agencia. No sabría decirte, pero desde entonces pienso mucho en ello.  Pienso que influyen muchos factores. La agencia, por ejemplo, se queda normalmente con un 20% de tu trabajo, y cada una tiene sus normas.

“Me pregunto por qué en un rodaje en exterior el chico lleva chaqueta, pantalón y bufanda y yo tengo que ir con faldita y en tirantes”

A medida que la conciencia feminista va teniendo más repercusión en todas las capas de la sociedad, los roles se van deconstruyendo, hay situaciones y mensajes que se dejan de tolerar y vamos viendo imágenes y estilos diferentes. Tú tienes un piercing visible en la cara y apareces con él en las fotos sin problemas. ¿Es posible generalizar una publicidad y, por ende, un modelaje feminista y que fomente la libertad de identidad y de decisión?

Yo creo que sí. La moda innova constantemente y vuelve hacia atrás. Es cíclica. Aun así, pienso que sí se da una adaptación constante a las necesidades. Antes se criticaba y se marginaba más, ahora creo que cada vez se acepta más que cada uno tiene su propio estilo. Es más natural, ya no eres “el raro”.

Por otra parte, si se publicitan cosas que no entiendo por qué se tienen que publicitar, ¿por qué no va a publicitarse esto (el feminismo), que es un movimiento que beneficia a todo el mundo? Yo creo que es un pensamiento que hay que inculcar desde la educación, desde pequeños. Hay que enseñar que esa chica o ese chico que tienes al lado es otra persona, y que da igual el género o la raza. Hay que darle publicidad (al feminismo), y habrá quien diga que es porque está de moda y se saca dinero con ello, pero pienso que no es así. Yo si cobrara lo mismo que mis compañeros, estaría igual de feliz que ellos, por ejemplo.

Desde tu ámbito de conocimiento y de trabajo, el del modelaje y la publicidad, entre otros, ¿crees que se desaprovechan las herramientas disponibles para transmitir mensajes que puedan cambiar a mejor la situación de discriminación, violencia y desprotección hacia las mujeres?

Por supuesto, pero no interesa porque mueve dinero. El hecho de que decidan qué publicidad te estás comiendo en la televisión –tú y tus hijos- es una cuestión de interés, de control, de poder. Las herramientas están desaprovechadas porque se prioriza en la venta de productos a cualquier precio.

¿Qué se podría cambiar dentro del modelaje para que los trabajos tuvieran unos resultados menos sexistas?

Yo me pregunto por qué en un rodaje en exterior, por ejemplo, el chico lleva chaqueta, pantalón y bufanda –si me apuras-, y yo tengo que ir con una faldita, en tirantes y tengo que actuar como si no estuviera a 2ºC. O por qué a él tardas cinco minutos en maquillarlo y a mí una hora y media. Cambiar eso sería útil para transmitir una imagen diferente. Las mujeres no somos perfectas, ¿por qué se empeñan en hacer creer que lo somos? Lo único que se consigue es hacer pensar a las chicas que si no son perfectas no van a ser nadie en la vida. Hay que mostrar, además, la diversidad de cuerpos.

¿Qué le dirías a una mujer joven que esté pensando en adentrarse en el mundo del modelaje?

Muchas cosas. Lo fundamental es la madurez mental. Le diría que, hasta que no sienta que sus principios no van a ser perturbados por nadie, no lo haga. Tienes que ser una persona muy fuerte mentalmente para estar aquí. Tienes que enfrentarte a opiniones que te pueden afectar. Yo agradezco haber empezado con 20 años. Si hubiera empezado con 16, ¿quién me soportaría? Creo que sería una persona superficial y no apreciaría a la gente que me rodea. El mundo de la moda es así, es imagen y superficialidad. Le diría que no lo hiciera por fama, que los seguidores no importan nada, que medite mucho los trabajos –porque estás vendiendo tu imagen y puedes arrepentirte de muchas cosas- y que se forme, que estudie mucho. Pero, sobre todo, como digo, la madurez mental es clave. La necesitas para poder rechazar, para poder opinar, para no quedar como una estúpida el resto de tu vida.

 

Me afino las cuerdas vocales

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A veces me aburro de mí misma, pierdo el tiempo, no aprovecho la ocasión ni tomo nota. Yo también me boicoteo, busco excusas, me apoltrono en un rincón. No comprendo, rebusco en el cajón de los errores y solo a mí me encuentro. Tiritando. El acierto es apostar todo a que la próxima vez será otro quien me abra a mí y tirite. A veces apago la música, me pongo en el foco y me veo a mí misma en el futuro en el mismo rincón.

La zona de confort se hace pequeña, me aprieta entre las muelas, y a la vez me consuela y es arropo, y me arrodillo ante la espina que atraviesa mi garganta porque soplo y se disipa la amargura y a vivir -que no es gerundio pero el reloj no para ya ni pa’ mear.

A veces me cuestiono y no me dejo responder, me miro desnuda, me quiero en silencio y me rasgo los dientes intentando romper las dos esquinas del rincón. Levántate. Que no me levanto, que no sé bailar. A veces me hidrato bien los sueños y otras veces me dejo convencer de que es imposible que lluevan pianos. El barro que hoy me cae por los costados es el vino que bebí hace un par de telojuro‘s y ahora se me queda tieso el pecho cuando pienso en navegar el charco que me quedó para amar. No es casualidad que el mundo esté patas arriba, si es que nunca he despegado la cabeza del asfalto.

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Foto: Ángela de la Torre

A veces me aburro de mí misma, pierdo la vergüenza, no me escondo en ningún sitio y me da por cantar. Yo también bailo en la ducha, busco playas donde echar la siesta, deshago la cama -que es lo que nadie nunca me enseñó. Reinterpreto, rebusco en el cajón de los aciertos y solo a mí me encuentro. Respirando. El error es apostar todo a que la próxima vez será otro quien me abra a mí y me corte el aire. A veces subo el volumen, abro la ventana y me veo a mí misma en el presente no teniendo miedo.

Las muelas se me aprietan contra un pecho ajetreado y me arrodillo ante la falsa tersura de la felicidad porque es que inspiro y se me llenan los pulmones de verdad -que no es ni verbo pero está cara y este poco a mí me sabe a libertad.

A veces me formulo y la respuesta es lo de menos, me miro sin ropa –que no es lo mismo que desnuda, sino vacía de cargas-, me quiero en voz alta y me limo las uñas rompiendo el espacio que sobra en la cama. Descansa. Que no descanso, que soñar me sale mal, que quiero hacerme realidad. Uso mis piernas y no dejo que el invierno se me escape de las manos, que el buen frío ayuda a conservar mejor los atardeceres. A veces olvido que tengo la piel seca y afino el piano para que caiga bonito y me invite, aunque sea, a una última nana. El agua que hoy me brota por los poros es el después de la resaca tinta, y ahora ‘se me pone el alma pirata’ cuando pienso en la de versos que aún me quedan por untar bien en mi espalda. No es casualidad que el mundo esté desordenado, si es que nunca he pretendido caminar con cuidado en línea recta.

Las mujeres no morimos por casualidad

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Es habitual que una mujer reciba insultos o comentarios de menosprecio y sea objeto de burlas cada vez que se defiende verbalmente de las agresiones machistas que sufre a diario. Es tan común que, a ratos, me da por pensar si es que, efectivamente, somos unas exageradas, unas “putas locas”. Sin embargo, por más reflexiono, la respuesta a esa pregunta siempre es ‘no’. Es ‘no’ porque el ‘sí’ ya lo imponen los hombres por todas nosotras.

Me pongo a recordar en qué momento empecé a ser una “histérica” para los hombres y nunca encuentro el instante exacto, sino una sucesión de situaciones violentas que he vivido o que compañeras, hermanas, han tenido la habitual desgracia de vivir. Voy a resumir tanto como me sea posible:

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Manifestación en Bilbao contra las violencias machistas / 25 de noviembre de 2017

Cuando vuelvo a casa en vacaciones, a mi abuelo o a alguno de mis tíos siempre les da por explicarme cosas. Cosas. Sin más ni más. Y no solo cosas que ignoro, sino también cosas que conozco mejor que ellos. Da igual, ellos sienten la imperiosa necesidad de hacerlo. Recuerdo que cuando vivía con mi padre, ambos salíamos de casa y regresábamos a ella a la misma hora (él para trabajar y yo para acudir a clase y estudiar) y, sin embargo, mientras yo me encargaba poner y quitar la mesa, él se sentaba en el sofá a disfrutar de un rato de televisión.

En clase, mis compañeros me interrumpen continuamente. Al parecer, lo que tengo que decir no es tan importante como para que ellos guarden un poco de silencio. En el metro suelo encontrarme con una invasión de mi espacio vital, ya sea porque un hombre se pega demasiado innecesariamente o porque ocupa su asiento y el mío con sus piernas. Acostumbro a escuchar a mis amigos, chicos, hacer bromas sobre lo fácil que les va a resultar o les ha resultado ligar con una chica al estar borracha.

Suelo sacar las llaves de casa un buen rato antes de llegar a la puerta para entrar lo antes posible, y siempre mirando hacia atrás continuamente. A mi hermana le da miedo ir sola por la calle aun siendo de día. Mi madre es la criada de su pareja. Mis profesoras cobran menos que mis profesores por el mismo trabajo. A mis amigas, sus novios les revisan el móvil. Es muy difícil que sea una mujer la que dé una charla como experta en la universidad. Tengo un profesor que llama ‘princesitas’ a algunas alumnas (y cosas peores).

Hace unas semanas, un chico de unos 13 años le dio un beso a una amiga mía en plena calle porque, sencillamente, le dio la puta gana. Unos días atrás, estaba yo tomando algo en un bar y, tras estar media hora mirándome descaradamente, un señor de unos 60 años comenzó a echarme fotos con su móvil. Continuó haciéndolo después de haberme cambiado a una mesa en el extremo opuesto del bar.

Hace unas semanas, en una discoteca, un chico no paraba de acercarse y tocar a una amiga a pesar de su negativa y tuvimos que irnos. A otra amiga, hace dos meses, un hombre la cogió del brazo mientras iba andando tranquila hacia casa y la invitó a irse a un hotel con él. Tuvo que salir corriendo despavorida. El año pasado, cinco hombres violaron a una chica en Sanfermines. Y en el último año 2017, 98 fueron las mujeres asesinadas a manos de hombres.

Entonces, vuelvo a pararme a pensar, y reparo en unas cuántas cosas:

No se trata de un abuelo sabio y servicial, no es un padre cansado de trabajar, no son compañeros de clase impacientes, no es un hombre al que se le aplastan los genitales por cruzar las piernas, no son amigos graciosos, no es un tío pesado en una discoteca, no es un novio curioso cuyos celos son síntoma del intenso amor que siente hacia su pareja. Claro que no.

Son hombres que han aprendido y asumido desde pequeños que las mujeres somos territorio de conquista. Son hombres que han interiorizado la idea de que pueden mirarnos, hablarnos, increparnos, tocarnos, besarnos, dominarnos, utilizarnos, violarnos y matarnos cuando, como y donde les apetezca.

El asesinato de una mujer no es fruto de una discusión puntual, de un arrebato momentáneo, de una enfermedad mental. No son casos aislados, no son casualidad. Todas las formas de violencia machista responden a un sistema cultural hegemónico denominado ‘heteropatriarcado’ que, a pesar de que la RAE (esa que hasta hace poco definía mujer como “sexo débil”) no quiera incluirlo en el diccionario de la lengua española, existe y supone la supeditación y opresión de la mujer, el dominio del hombre y de la heterosexualidad y el binarismo de género.

No estamos locas. Vivimos en guerra.

Lamentablemente, las mujeres comenzamos a ser asesinadas cuando nuestros abuelos empiezan, desde bien pequeñitas, a explicarnos cosas.

Déjate ser

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Déjate ser. Si quieres… ríe aunque no toque, llora porque sí, teme a la muerte y anhélala a ratos, escribe para ti y para cualquiera, sé hipócrita, siente vergüenza y aprende, miéntete conscientemente para descubrir todas tus verdades, rómpete la boca a carcajadas en un baile, folla lento y no termines si no quieres, lánzate al vacío, desaparece, vuelve a renacer si te apetece, date una ducha en la bañera de los dioses cuando tengas miedo y después vuelve al infierno escogido, no te calles ni aunque te amordacen, destroza el bozal, átate de pies y manos cuando no sepas qué hacer, déjate mecer en el Cantábrico. Come lo que puedas, lo que quieras, lo que tus principios te permitan, come para cuidarte, para saciarte, para engordarte de alegría, y después cómete el mundo si te apetece, y si no, mastica bien tus miedos para que no se te hagan bola.

Ahorra, gástalo todo de golpe, dona tu cuerpo a la ciencia inexacta de otro cuerpo, duda, sal huyendo, regresa a ti y a todo, y aprende a bailar bien agarrada a la tristeza. Ponte a prueba y no te superes si no te sale. Sé tú en los tiempos verbales que te dé la gana. Sé cosas nuevas. No anheles ser libre, vive como si pudieras serlo. Acaricia sin poner nombre a la piel.

Y ama. Ama para toda la vida o solo un rato, ama un poco lento, algo más fuerte, algo más torpe. Ama unos segundos, deja de amar y perdónate, y perdona a la vida, y perdona los pisotones de los bailes, las heridas. Ama aunque no sepas cómo hacerlo, ama aunque no sepas si es amor, ama los instantes que te pongan de los nervios, ama a cientos de personas a la vez, ama en silencio y ama a viva voz, a viva piel, saca tu amor por la ventana y contamina tu barrio con ello. Ama a los seres que te regalan el lujo de respirar. Ama las curvas de la vejez, las arrugas de tu alma, la comisura de las caderas menos tonificadas, los dientes manchados de felicidad, las canas, los ojos rojos de llorar, o de fumar.

Ámate. Ámate feliz y ámate insegura. Ámate sin fuerzas, ámate agotada. Ámate. Déjate sentir. Déjate ser. Así, sin apellidos.

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Foto original: Claudia Nicolás

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Me amo y me detesto casi a partes iguales, yo también desayuno hipocresía y cada día me reinvento para no dejar de andar. A ratos no me entiendo ni a mí misma, me pongo de los nervios, aterrizo en cualquier cama, bebo vino y desaliento. El miedo me gusta tinto, el agua mejor del tiempo, desconozco bien el techo de mi alma, me acojono, cojo vuelos sin destino. El norte es vuelta casa, una huida hacia mi espíritu sin peajes, sin espigas. Me sobra respirar en esta curva de mi pecho y se me seca la garganta cuando pienso en el futuro. Me torturo cada día y también me hago el amor como si nada, desafino la guitarra a carcajadas y compongo mil canciones con un cúter en mi espalda. He aprendido a dar puntadas de alegría con espinas que ayer mismo me arañaban, y a hacer fuego en los empeines de mis pies para no sentir las puñaladas. Reivindico en cada espejo la tersura de la vida sin barreras a mi ombligo, y me encuentro en el reflejo del delirio, en el puerto de montaña del “yo, mí, me, conmigo”. A las noches en mi tripa son más dulces las caladas, el alquitrán de mis entrañas se resbala y me arrodillo ante el espacio entre mis precipicios. Me vuelvo a amar. Respiro. Miro a cámara, me enfoco las cosquillas. Aquí no hay vista previa. Me sonrío y me disparo hacia la vida.

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Foto original: Ángela de la Torre

La RAE contra el lenguaje no sexista

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El otro día estaba en clase y el profesor explicó a los y las alumnas el porqué de la necesidad de evitar el desdoblamiento de género u otras formas de paliar el lenguaje sexista. Para ello hizo de un libro de la RAE (sí, esa que definía mujer como “sexo débil”) sobre lenguaje no sexista su bandera. Se escudó en dos razones para él inamovibles: la credibilidad de la Academia y el hecho de que ese libro que estaba usando lo habían redactado (o firmado, quién sabe) mujeres. Entre compañeras rebatimos al profesor y no pudo continuar con su discurso como pretendía. Y ahora me he aventurado a hacer unas breves consultas.

Tiene gracia. La del lenguaje es la única economía que solo asfixia indiscutiblemente a las mujeres. Bueno, a las mujeres, a las personas de género fluido y a todo lo que no sea hombre y tenga pene (que ese es otro tema), en definitiva. Se tiende a minimizar el impacto del lenguaje en relación con la discriminación de las mujeres desde todos los ámbitos y, sin embargo, es un factor esencial en la vida de los seres humanos. ¿Qué sería todas nosotras y todos nosotros sin el lenguaje?

“Qué exagerada, si es una canción infantil sin importancia”, “hija, de verdad, cómo te pones, si es una frase hecha”, “mira que eres pesada, el plural masculino engloba a todo el mundo de toda la vida”. Esas y un interminable etcétera de sandeces piadosas son las que tenemos que deconstruir urgentemente.

Mª Jesús Paredes, profesora de la Universidad de Cádiz, argumenta en un trabajo sobre el principio de economía lingüística que “la tendencia a la economía o a la brevedad es un principio comprendido en la naturaleza del propio lenguaje, que, de acuerdo a su función primordial de comunicación, busca la comodidad y el menor esfuerzo en la emisión y decodificación del mensaje”. Podemos hablar, continúa, “de economía lingüística cuando hacemos un uso abreviado del código (palabras acortadas, frases incompletas, eliminación de algún elemento lingüístico, etc.) y cuando “entre todos los semas que sirven para transmitir un mensaje determinado (…) el emisor elige aquél que le permite hacer pertinente menos rasgos, es decir, aquél cuyo empleo supone que se suministra al receptor una cantidad menor de indicación significativa”. Esto es, “existe una economía lingüística relacionada con la forma de expresión y otra con los significados”.

Y aquí surge el problema, en los significados. Surge en la no toma en consideración del hecho de que, mientras se habla y se escribe, se está educando, se está creando opinión pública, se está construyendo relato y discurso que posteriormente se traducirá en creencias y comportamientos concretos. Y qué  casualidad, en ese relato las mujeres siempre somos solo apéndices. 

El Diccionario Panhispánico de Dudas explica, en relación con el desdoblamiento de género (los alumnos y las alumnas, los trabajadores y las trabajadoras, etc.) que “se olvida que en la lengua está prevista la posibilidad de referirse a colectivos mixtos a través del género gramatical masculino, posibilidad en la que no debe verse intención discriminatoria alguna, sino la aplicación de la ley lingüística de la economía expresiva. Por otra parte, el afán por evitar esa supuesta discriminación lingüística, unido al deseo de mitigar la pesadez en la expresión provocada por tales repeticiones, ha suscitado la creación de soluciones artificiosas que contravienen las normas de la gramáticalas y los ciudadanos”.

Y la RAE pone la guinda al pastel: “el uso genérico del masculino se basa en su condición de término no marcado en la oposición masculino/femenino. Por ello, es incorrecto emplear el femenino para aludir conjuntamente a ambos sexos, con independencia del número de individuos de cada sexo que formen parte del conjunto. Así, los alumnos es la única forma correcta de referirse a un grupo mixto, aunque el número de alumnas sea superior al de alumnos varones“. Y ya está. Tal cual. Fin de la cita.

Por su parte, Ignacio Bosque, miembro de la RAE desde 1997, escribía en 2012 un documento llamado Sexismo lingüístico y visibilidad de la mujer en el que defendía la necesidad de que fueran académicos de la lengua y no organizaciones políticas o de la sociedad civil las que redactaran guías sobre el lenguaje no sexista  (como puede ser Tips para evitar el uso sexista del lenguaje cotidiano de OXFAM Intermón), y ridiculizaba también el desdoblamiento de género y otras formas de paliar el lenguaje sexista.

Sus palabras se entienden mejor atendiendo a unos datos muy simples a la par que clarificadores: el pleno de la RAE que suscribió ese documento estaba compuesto concretamente por 28 hombres y 5 mujeres; la relación actual de académicos y académicas numérico/as y correspondientes (españoles/as y extranjeros/as) de la RAE es de 146 hombres y 49 mujeres; y, por otra parte, no ha habido nunca académicas honorarias mujeres ni directoras de la RAE.

La necesidad de que sean personas académicas las que redacten guías lingüísticas sobre sexismo no tiene tanto que ver con la corrección ni con la normatividad como con la pérdida de poder masculino que supondría que fuera la calle la que construyera sus propias normas lingüísticas en base a la inclusión de todas las personas y el respeto a la diversidad.

La traducción de todo esto es la siguiente: que sí, que vale, que la princesita quiere estar incluida en el lenguaje y en el mundo, pues mira, hacemos una cosa, seguimos usando el masculino para todo y tú ya te das por incluida como puedas. Como siempre, vaya. Pero desde el respeto y la igualdad eh, con toda la buena intención, que no es que quiera invisibilizarte, es que, como denunciaría Rebecca Solnit, “este mundo no es (tuyo)”.

No es que se nos olvide que “está prevista la posibilidad de referirse a colectivos mixtos a través del género gramatical masculino”, sino que no nos vale. No nos vale como excusa la comodidad lingüística ni la legibilidad. No nos sirve porque seguimos ausentes y somos reales, porque el mundo también es nuestro pero la Historia no nos nombra. Nunca. 

La economía del lenguaje es, a su vez, la negación de las mujeres y del resto de géneros como seres humanos. Y hay alternativas. 

 

El té de la tarde

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Hace 204 días que marché de El Aaiún tras nueve días de parón, para mí, en el espacio y el tiempo. Todo se reanudó tan rápido al llegar a España que me quedé sin voz. Me la había dejado anclada a esas decenas de pupilas a las que no fui capaz de volver a mirar en el último adiós. Y desde entonces volver a casa no significa lo mismo.

El mundo es tan grande aquí fuera que se hace difícil hacer sonar vuestra voz. Todo son hagstags, trending topics, likes, enlaces compartidos, oídos que no escuchan, gargantas encabritadas por nimiedades, seguidores que suben y bajan, cuentas corrientes, acuerdos cautivos, móviles rotos, peleas por ver quién sale en la foto…

Y yo solo pienso
en las migas de pan,
en la arena que arde,
en el agua que falta,
en el té de la tarde.

En la melfa que esconde
todas las verdades,
en el cielo infinito,
en la mierda de cables.

En la luz que no llega,
en el rezo invisible,
en los ojos vidriosos,
en la ayuda inservible.

En el cole que acaba,
en el maldito hambre,
en el silencio nocturno,
en la lucha incansable.

Hoy es un día para hacer que el Estado empachado de poder mastique la arena del desierto, para llenar con claveles el fusil que asesina corazones aunque no dispare balas.

Sandrela os sigue echando de menos.

La lucha sigue. Sáhara Libre 

Té

Aprendiendo a hacer té saharaui en los campamentos de refugiados del Sáhara / El Aaiún

Elogio de la ilegalidad

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Al hilo de los últimos acontecimientos en Cataluña, se están produciendo interesantes puestas en escena para la defensa de la “legalidad” por parte de diferentes partidos políticos, con el apoyo, además, de gran parte de la prensa generalista española. El diario La Razón publicó, ya en mayo de este año, una especie de manifiesto propio en forma de editorial titulado “un pacto por la defensa de la legalidad” en el que se criminalizaban las pretensiones de la Generalitat al respecto del referéndum y se alababan las medidas que la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría anunció que se tendrían que tomar para frenar la “deslealtad” de Puigdemont.

También se han pronunciado al respecto de la defensa de la legalidad diarios como El Español o El País (este último con una noticia sobre una PNL presentada por el grupo parlamentario de Ciudadanos en Cataluña para el “apoyo institucional en defensa de la legalidad democrática en Cataluña”). Además, el Partido Popular, el PSOE y otros partidos sin representación parlamentaria como VOX o UPYD han utilizado también el concepto de “legalidad” como mantra principal para la construcción de sus respectivos discursos en torno al tema catalán.

(Léanse las siguientes líneas con voz fantasmagórica) Legalidad. Lo legal. La ley dice que. Hay que respetar la ley. La ley no lo permite. Solo se puede dialogar dentro de la legalidad. La legalidad vigente. (Ya se puede parar la voz fantasmagórica).

Se acostumbra a trazar un abismo entre lo legal y lo ilegal (mejor dicho, entre lo que, según aquellos que manejan la ley, ha de pasar por ella y lo que no en función de intereses muy concretos), entre constitucionalismo y anti-constitucionalismo, entre orden y desorden. Todo ello desde la realidad conceptual fabricada por las primeras opciones, las hegemónicas, y en detrimento de las segundas.

Quizá cabría preguntarse si la ley siempre es justa solo por su condición de norma jurídica; si lo ilegal siempre es negativo, violento e inaceptable solo porque reside fuera de los márgenes establecidos para la convivencia hasta un determinado momento; si una determinada Constitución sigue siendo útil y protege todas las necesidades de las personas que están sometidas a ella décadas después de su redacción inicial. Incluso, habría una de preguntarse qué había antes de que la ley fuera ley, cómo la ley se convirtió en ley, por qué de esa manera y no de otra, por qué unos determinados preceptos y no otros, en base a qué, como consecuencia de qué hechos, y un largo etcétera.

Utilizar la palabra “legalidad” de manera banal para dar empaque a un discurso que lo único que pretende es criminalizar todo aquello que cuestione unas ciertas prescripciones hegemónicas lo que consigue es, precisamente, restar validez y efectividad a dicho discurso. Lo hace ridículo y aburrido y lo aleja de la realidad de las calles.

Atendiendo a aquello de hacernos preguntas, sería interesante recordar algunas cosas que solo a través de la ruptura con la legalidad se convirtieron en logros de la sociedad civil que hoy los miembros de esa “legalidad” reivindican como victorias de la justicia y el parlamentarismo. Qué ironía.

De aquellas huelgas estos derechos

Los derechos de huelga, de reunión y manifestación son hoy una realidad incuestionable en el ordenamiento jurídico de la mayoría de países a nivel mundial (en términos teóricos, claro, porque hace mucho que se vislumbra una práctica contraria a la defensa de los mismos). Sin embargo, hubo un antes de esos derechos, no aparecieron por arte de magia en las constituciones de todo el mundo.

El 14 de noviembre del año 1.166 a.C., “obreros y artesanos egipcios construían el templo funerario de Ramsés III”. Había constantes retrasos en el pago de sus salarios (diez hogazas de pan y una medida de cerveza diaria) y el hambre se hacía cada vez más notorio. La situación era desesperante. Los obreros “abandonaron sus puestos de trabajo y permanecieron concentrados mientras no le pagaran lo que se les debía. “Hicieron sentadas, ocuparon edificios y acamparon una noche en el templo”. Así lo cuenta el portal Egiptomanía. En el Museo de Turín hoy se conserva el “Papiro de la Huelga” que recogía el testimonio de los manifestantes: “… los trabajadores traspasaron los muros de la necrópolis (se pusieron en huelga) diciendo: ‘Tenemos hambre, han pasado 18 días de este mes… hemos venido aquí empujados por el hambre y por la sed; no tenemos vestidos, ni grasa, ni pescado, ni legumbres. Escriban esto al faraón, nuestro buen señor y al visir nuestro jefe, que nos den nuestro sustento”.

Finalmente, los obreros consiguieron que les pagaran y el conjunto de sus acciones fueron consideradas como la primera huelga de la historia. No, claro que no tenían derecho a huelga. Se lo fabricaron ellos mismos. Aunque quizá tengan razón los “constitucionalistas” y lo que tendrían que haber hecho era dejarse morir de hambre, porque exigir el sustento vital no entraba dentro de la “legalidad vigente”.

 

Cuando el diálogo no sirve

Unos cuantos miles de años después de la primera huelga, tras años de protesta y peticiones formales a través de la participación en partidos políticos como el Partido Laborista Independiente, las sufragistas británicas “se cansaron de luchar con la palabra y pasaron a la acción. Deeds, notwords”. Así lo explica el diario El Mundo en un reportaje sobre las “sufragettes”. Por medio de la WSPU (Unión Social y Política Femenina) fundada en 1903con EmmelinePankhurst como lideresa referente, comenzaron a protagonizar acciones que las llevaron a estar fuera de los márgenes legales: sufrieron cargas policiales en manifestaciones como la de Londres en febrero de 1907; “se encadenaron a la verja de Downing Street, residencia del primer ministro, e incluso llegaron a entrar en ella; realizaban lanzamientos de octavillas desde globos; organizaban mítines multitudinarios para los que fletaban trenes (en el de 1908 en Hyde ParkThe Times calculó que 500.000 personas habían acudido)”, según narra la Universidad de Barcelona en un artículo sobre las principales luchas del movimiento sufragista.

Manifestación sufragista en Hyde Park el 21 de junio de 1908 / Foto: El País

Después de ello, engañadas de nuevo por los liberales -que prometían incluir a la mujer en el sufragio universal y finalmente desoyeron la petición-, la WSPU llevó a cabo en 1912 lo que denominó “el argumento de la piedra” y rompieron todos los escaparates de la zona comercial de Oxford Street en Londres. Fueron encarceladas, siguieron luchando desde la clandestinidad y continuaron los apedreamientos, los incendios provocados, las huelgas de hambre e incluso una de ellas, Emily Davidson, se arrojó a los pies del caballo del rey Jorge V en el Derbi de Epsom de 1913 y murió cuatro días más tarde, lo que “dio lugar a las manifestaciones sufragistas más importantes”.

En 1918, el Parlamento británico permitió votar a las mujeres mayores de 30 años. Fue el primer paso hacia el sufragio universal.

La jornada de ocho horas

Entre 1810 y 1817, cuando el empresario y socialista Robert Owen difundió la idea de que la calidad del trabajo está directamente relacionada con la calidad de vida del obrero y acuñó el lema “ocho horas de trabajo, ocho horas para vivir, ocho horas de descanso”, comenzó a gestarse la reivindicación de la reducción de la jornada laboral y con ello las protestas en los centros de trabajo a lo largo y ancho de EE.UU. con la jornada de trabajo de 8 horas como demanda principal.

Las condiciones de vida de las personas trabajadoras eran pésimas en EE.UU. en las décadas de los 70 y 80. El hambre y el cansancio eran notorios y con ello creció el descontento. La jornada laboral era, en muchos casos, de 18 horas y el trabajo infantil era una realidad irremediable. Como consecuencia de ello, los trabajadores empezaron a unirse, a organizarse y a protagonizar acciones de protesta. En 1886, la Federación Americana de Trabajadores, en su cuarta asamblea, estableció la petición al gobierno de la reducción de la jornada laboral a 8 horas, sin cuya toma en consideración se iría a la huelga.

“El presidente de Estados Unidos, Andrew Johnson, promulgó la llamada Ley Ingersoll, estableciendo lasocho horas de trabajo diarias”. Sin embargo, los empresarios desoyeron la nueva normativa e incumplieron sus preceptos, lo que provocó que el 1 de mayode ese mismo año tuvieran lugar multitudinarias manifestaciones de trabajadores en múltiples ciudades de EE.UU. Cientos de miles de trabajadores salieron a la calle para exigir que se cumpliera la ley. En Chicago, en la protesta contra la empresa de maquinaria agrícola McCormick, la carga policial dejó varios muertos y un número indeterminado de heridos.

La respuesta de los trabajadores fue prolongar la huelga durante varios días. En ellos, la policía continuó cargando contra los manifestantes, asesinando a algunos de ellos, y los trabajadores siguieron agitando Chicago. El 4 de mayo, una carga policial con varios muertos y más de 200 heridos provocó que algunos huelguistas lanzaran una bomba, dejando a 7 policías muertos. Muchos trabajadores fueron detenidos, torturados, condenados y ejecutados. Los hechos fueron recogidos por periódicos como el Chicago Tribune (5 de mayo de 1886) o The New York Times (3 de mayo de 1886).

Mapa de los disturbios en Chicago en 1886 / Chicago Tribune

Según relata el portal Academic, a finales de ese mismo mes (mayo de 1886) “varios sectores patronales accedieron a otorgar la jornada laboral de ocho horas a centenares de miles de obreros”.

La abogada Isabel Elbal recuerda, en un artículo publicado en la revista La Marea, que la Constitución Española de 1978reza que “la justicia emana del pueblo” y que, sin embargo, el Poder Judicial, lejos de ser efectivamente “emanante de la soberanía popular”, está cada vez más “alejado del ciudadano medio y más próximo al defensor técnico del sistema establecido”, aquel que “no cuestiona el orden constitucional y lo acata ciegamente”.

La gestión de la problemática de Cataluña por parte del Gobierno actual se ha basado en “la resolución del conflicto político mediante la aplicación del Código Penal”. Ignorando el hecho de que el Estado español se circunscribe en términos teóricos como una democracia, Mariano Rajoy ha retorcido la “legalidad” para hacer que la justicia se convierta en un valor secundario, en un objetivo sin importancia. Lo mismo sucede con la democracia. A través de la continua reconstrucción del discurso oficial, se ha conseguido meter en el saco del desorden todo aquello que choque frontalmente con los intereses particulares del partido de gobierno y los poderes fácticos que lo mantienen. El imaginario colectivo es ahora el cajón desastre del franquismo, pues es evidente que se están vendido a precio de democracia políticas cuasi-fascistas sin que nadie se dé cuenta.

La legalidad que hoy defienden los partidos políticos y gran parte de los medios de comunicación abarca todas aquellas prácticas y medidas que, en cualquier país con un mínimo de salud democrática, deberían de estar consideradas como un delirio y deberían suscitar el rechazo masivo de la población o, como mínimo, de toda la clase obrera.

La reminiscencia de cómo únicamente sobrepasando los límites de la legalidad y del discurso de la legalidad se ha conseguido romper los techos de cristal de la injusticia (qué ironía), se torna necesaria en estos tiempos de enajenación democrática que está viviendo España. Pese a quien pese, es indiscutible que, frente a la opresión, la única receta útil siempre ha sido la desobediencia.